¿Cuál es la demostración de que Dios está conmigo: el sello de mi apostolado, que sois vosotros»: Apóstol Naasón Joaquín

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 9 de enero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4.30 de la mañana cuando el Apóstol, acompañado de sus colaboradores, ingresó al recinto sagrado. Esta mañana, como en los días anteriores, acudió a la colonia Hermosa Provincia un numeroso grupo de hermanos —hombres, mujeres y niños—, procedentes de las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara, para acompañar al insigne maestro

En el interior del templo, el Siervo de Dios elevó su plegaria al Creador, mientras el Orfeón local entonó las siguientes alabanzas: «Tengo un padre en la fe», «Él conmigo va», y «En tu amor». Entre tanto, los ministros doblaron sus rodillas —en el atrio lateral del templo— y, juntamente con la iglesia congregada, se unieron a la oración del justo.

Al término de su plegaria, el Mensajero del Evangelio eterno saludó a los integrantes del Orfeón local. En el trayecto a su casa, se detuvo un momento en la explanada del templo a escuchar el Coro de Niños del Distrito II (Tonalá y Zapopan), que en ese momento entonaba el himno «Somos más los que le amamos», que en una de sus estrofas refiere: «Le pedimos a Dios que le guarde y le cuide. La gente hoy murmura y critica que no hay Siervo de Dios. ¡Somos más los que tenemos esta dicha de creer que Dios lo eligió! Creemos que usted es un Apóstol de Dios. ¡Somos más!». Posteriormente, saludó a los niños.

 

Ante la adversidad, poner siempre la confianza en Dios

En la puerta de su casa, platicó con sus colaboradores. En primer lugar, retomó una frase del Coro Infantil Distrital, «Somos más los que le amamos», y comentó: «A través de este himno que cantaron los niños, los corazones me recuerdan el amor de la iglesia». Enseguida, trajo a la memoria el dolor que experimentó el Señor Jesucristo con quien, habiéndole conocido, le había entregado a los soldados romanos, como lo expresó en la Última Cena: «Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar» (Mateo 26: 21-23).

En relación con lo anterior, recordó la campaña mediática que la jerarquía católica, en contubernio con algunos medios de comunicación, orquestó en contra del Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín y la Iglesia del Señor —sin éxito—, con base en calumnias y bajezas, utilizando a personas que un día pertenecieron a la Iglesia, y abandonaron la fe (en la Primitiva Iglesia quedaron registrados testimonios semejantes, como el de Alejandro el calderero, Demas, Himeneo y Fileto, entre otros).

En este tenor, comentó: «A través del tiempo, a mí me tocó ver a mi padre, el Apóstol Samuel Joaquín, poner siempre la confianza en Dios. A pesar de la campaña difamatoria que a nivel mundial los medios de comunicación difundieron, vimos algo maravilloso: mientras ellos querían destruir, Dios continuaba prosperando. Fue en esa época cuando el Evangelio entró a Cuba y a otros países. En menos de un año, Dios estaba demostrando que estaba con su Iglesia y con su Siervo».

En aquel año, la Iglesia se fortaleció y se unió aún más a la Elección. Quedó demostrado que la Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad no es de hombres: es la única Iglesia de Jesucristo, levantada, sostenida y prosperada por Dios (v. Hechos 5:38).

Y añadió: «A mí no me ha tocado vivir una situación semejante… Pero ahí está Dios preparando los corazones de aquellos pequeños, quienes desde su temprana edad ya están manifestando: ¡Somos más los que estamos con usted!”. Enseguida, refirió que en la historia de la Primitiva Iglesia Cristiana, algunos de los Apóstoles estuvieron en la cárcel (v. Hechos 5:18), fueron azotados (v. 2 Corintios 6:4-5), perseguidos (v. Juan 15:20), y estuvieron en peligro de muerte (v. 2 Corintios 11:26), y a pesar de ello, la iglesia no decreció ni se terminó. Al contrario, se unía cada día más al Apóstol Pablo, recobró más fuerza y se expandió el Evangelio a distintas regiones de Asia.

 

Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbre

En este tenor, agregó: «A mi me tocó vivir con mi padre y fui testigo que la mano de Jehová es más poderosa. Me tocó comprobar que en su vida era más fuerte el que estaba con él, que aquellos que se levantaban en contra. Y aunque aparentemente se respaldaban en los ‘Goliat’ contemporáneos —los medios de comunicación tradicionales—, ahora, dos décadas después, las cosas han cambiado: Dios ha puesto esos medios a nuestro servicio» —en este contexto, cabe destacar que desde el inicio de su Ministerio Apostólico (14 de diciembre de 2014), los medios de comunicación impresos y electrónicos, nacionales y extranjeros, han dado cobertura oportuna y objetiva a la agenda de trabajo del Apóstol Naasón Joaquín (Santas Cenas, Primera Gira Universal, inauguraciones de templos, Jornadas de Evangelización, actividades filantrópicas y sociales, entre otros)—.

En relación con lo anterior, mencionó que a pesar de que quienes busquen tergiversar lo honesto, Dios estará siempre con su Pueblo y su Apóstol: «En mi oración le digo al Señor: ‘En el hueco de tu mano vamos. Así es que, si Tú fuiste con mi padre, y Tú me elegiste, vas a hacer conmigo. ¡Y lo ha demostrado! Cada día el Señor da muestras de amor, fidelidad y reconocimiento de su Iglesia a la Elección».

Respecto de los comentarios perversos de quienes abandonaron la fe y que, ocultos desde el anonimato, recurren a la calumnia y las bajezas —no a la doctrina religiosa— en las redes sociales, el Apóstol de Jesucristo indicó categórico: «A ellos ni siquiera hay que oírlos. Hay que seguir en nuestro camino, en nuestra labor… Siento dolor que algunos hermanos les contesten, porque eso es la vida de aquellos: lograr la molestia de los hermanos. Su nivel de ofensas es porque están viendo la prosperidad de la Iglesia, manifiesta ante la sociedad. Sin embargo, nosotros debemos seguir adelante, manifestando, siendo agradecidos para con Dios. ¡Nuestra confianza está en nuestro señor Jesucristo!

«La Iglesia crece incontenible y sigue siendo prosperada por Dios…. Y ahora hasta los niños son parte de este ejército espiritual, y luego escucho su himno: ‘Somos más los que creemos en usted’. Si Dios me puso, Él es el que seguirá haciendo la Obra. Una cosa es lo que ellos dicen, y otra cosa es lo que Dios ya ha dicho».

 

«Un Señor, una fe, un Dios y Padre de todos y una sola Elección»: características de la Iglesia de Jesucristo

En este tenor, el Siervo de Dios recordó que una de las promesas que Dios le hizo la mañana del 8 de diciembre de 2014 —el día de su Llamamiento Apostólico—, se vio cumplida el mismo día de la Manifestación Apostólica: «Yo vi la primera manifestación de Dios al entregarme a su iglesia, y aún a su Cuerpo Ministerial, como un solo hombre. ¡La Vara de Aarón entregada está!». Destacó que durante las consagraciones previas a la manifestación apostólica, que se desarrollaron en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara, uno de los hermanos que presidieron dijo a la Iglesia: «El Apóstol de Jesucristo ya está entre nosotros, solamente falta que Dios lo manifieste». Y, en efecto, así era.

En aquellos días, la Iglesia Universal experimentó lo que los discípulos de Emaús, en su encuentro con el Señor Jesucristo: «Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?» (Lucas 24:32). En este sentido, el Embajador del reino de los cielos expresó: «En los hermanos, a semejanza de los discípulos de Emaús, también ardía su corazón… solo estaban esperando que Dios, en su debido momento, manifestara a su Elegido».

El Mensajero del Evangelio eterno, con inocultable alegría, aseveró: «Somos muy felices al lado de nuestro Dios. Y no a partir del 14 de diciembre de 2014, sino el mismo día que el Apóstol Samuel Joaquín durmió y se dio la noticia. Se contemplaba un Pueblo unido, un Pueblo fuerte. ¿Quedó la iglesia sin cabeza?, ¿estaba desesperada?, nunca. ¿La iglesia corría por las calles sin saber qué hacer?, ¿pregonaba qué iba a pasar en el futuro?, nunca. ¿No hubo quién la dirigiera?, ¿estaba desunida?, nunca. ¡La Iglesia se encontraba en perfecta unidad! Una fe, un Señor, un Espíritu y una sola Elección: ¡Una sola Elección, no un solo hombre! ¡Una sola Elección!, porque la Elección ahí estaba. La iglesia estaba honrando un cuerpo, pero luego de ese acto de justicia, tuvo lugar la gloriosa manifestación de Dios.

«El Rey David, en uno de sus salmos, expresó: ‘Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento’ (Salmos 23: 1-4).

 

El Pueblo de Dios, seguro y prosperado en el hueco de su mano

En otro momento, expresó: “Mientras para algunos son días violentos, para nosotros son días de campo, de recreo, de dicha… Y aunque se levanten en nuestra contra y el enemigo ruja, no temeremos mal alguno porque Dios ha demostrado que está con nosotros. Aunque su vara y su callado a veces nos corrija, nosotros estamos seguros. Le dijo David a Gad: ‘En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres’ (2 Samuel 24:14). Su vara va acompañada con amor y misericordia.

«Si hacemos mal, estamos en las manos de Dios. ¿Nos castiga?, claro que si. Somos sus hijos y como tales nos reprende y disciplina cuando hacemos algo indebido (v. Hebreos 12: 6-7); pero cuando entendemos el mal que hemos hecho y volvemos al camino, el Señor vuelve a abrazarnos y a protegernos, pero nunca nos deja de su mano… ¡Y aquí estamos!».

Enseguida, habló la siguiente parábola: «Era común que en las casas de los hermanos había gallinas, y los niños traían en sus manos un pollito. Se les caía y con cuidado preferían raspar sus manitas y cubrir al polluelo. Así vamos nosotros con Dios. Así nos lleva. Ese es el significado de que estamos en el hueco de su mano. El Ser Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente nos lleva en el hueco de su mano. Si aquel niño protege el pollito, ¡imagínense al Todopoderoso!

«El Señor le dijo al profeta Jeremías: “Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo…” (Jeremías 1: 19). Con esto quiero decir que Dios permite que existan esos corazones y que Satanás trabaje en algunos de ellos… pero luego viene la confianza: “Pero no te vencerán”. ¿Cuál es la demostración que Dios está conmigo: el sello de mi apostolado».

En esta mañana de bendición, el Maestro se despidió de sus colaboradores: «Dios les pague por acompañarme. Dios los bendiga». A poca distancia, en el interior de la Casa de Oración, dio inicio la consagración del primer culto de este día.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.