En el Cuarto Aniversario del inicio de su Ministerio, el Apóstol de Jesucristo da gracias a Dios y felicita a la Iglesia

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La mañana del 14 de diciembre, memorable día para la Iglesia La Luz del Mundo, congregó en Hermosa Provincia a la iglesia de de la Zona Metropolitana de Guadalajara, al Cuerpo Ministerial y a innumerables hermanos y hermanas de diversas latitudes, que acudieron a la festiva celebración del Cuarto Aniversario de la manifestación gloriosa de la Elección de Dios en Su Siervo Naasón Joaquín; a quien Dios llamó para ejercer el apostolado y estar al frente del Pueblo del Señor presente y del esparcido por más de 56 países, y que gracias a la internet se enlazó para escuchar el genuino mensaje, pleno de devoción y ternura a Dios, que el Apóstol de Jesucristo pronunció ante los miles de redimidos.

Desde temprana hora, el sagrado recinto del templo sede de la Iglesia, fue ocupado por los coros Metropolitano de Guadalajara, del estado de Guerrero y de Hermosa Provincia, cuyos levitas encendían el fuego espiritual de la grey entonando alabanzas a Dios y enalteciendo su Obra. A las 10:00 de la mañana y en el espacio de consagración, el P.E. Samuel Díaz Soriano destacó que era día de proclamar libertad, redención y predicar el año agradable de Dios en esta celebración del Cuarto Aniversario de la manifestación de la Gracia de Dios, y para ello invitó a la iglesia a entonar el himno “Contigo estoy tan feliz”. Después de la lectura de uno de los bellos salmos del Apóstol Naasón Joaquín, la iglesia oró por el Ungido de Dios. Enseguida las melodiosas voces de los orfeones se unieron en la alabanza “El apóstol de la consolación”, mientras la iglesia se unía al sentir levantando sus puños en alto.

En tanto llegaba el Apóstol, el hermano Díaz destacó que la obra de Dios se produce en tres momentos: La Elección, que se da en lo secreto de Dios, desde antes de nacer el elegido, el llamamiento y la manifestación de ese llamamiento glorioso, a la iglesia, que este día se regocijaba al escuchar las trompetas que anunciaban el momento anhelado; emoción que se extendió por toda la glorieta por donde caminó el Siervo del Señor saludando a los hermanos. Al ingresar al interior del templo, le recibieron entonando la alabanza Hosana, gloria que el Embajador de Cristo depositó en Dios en oración, doblando sus rodillas al ocupar su ministerio. Plegaria de gratitud que se extendió entre los presentes.

Ya de pie, los Coros y la iglesia entonaron el himno “Otro gran aniversario”, que su autor Neftalí Medina Fuentes compuso para este día. El P.E. Oreste Sánchez, a nombre de todo el cuerpo ministerial, transmitió un mensaje al Ungido de Dios destacando que la historia eterna de Dios se conoce por la Revelación de los hombres elegidos por Él, cada uno en su tiempo y circunstancia. Respecto al llamamiento del Apóstol Naasón, hizo notorio que por esos días, (entre el 8 y 14 de diciembre) Dios fue haciendo la Obra para que la grey le reconociera, “un espíritu apacible fue recorriendo todos los lugares, traspasando mares y fronteras, conformando los corazones en un solo sentir, una sola fe y convicción. De igual manera en los ministros, que se unieron en un solo lenguaje, con convicción y certeza, integrándolos Dios a su bella historia; proceso que dijo fue coordinado y dirigido por Dios, en los más de 600 mil hermanos y que por internet estaban conectados. Mientras que la confirmación se produjo en el momento en que se escuchó el nombre y el cuerpo ministerial reiteraba su adhesión incondicional e irrevocable al ministerio de la nueva era apostólica de la Restauración; acto que maravilló a las visitas, a autoridades, comunicólogos e investigadores y académicos presentes. Ambiente místico del que fueron testigos y no pueden obviar, porque sólo pudo producirse con la intervención de Dios.

Por su parte el P. E. Joel Herrera en un cántico destacó el gozo que al unísono experimentó la iglesia aquella madrugada, en que Dios manifestó su misericordia y Elección: “…su hermosa y dulce presencia, nos trajo consolación”.

A su vez el P. O. Daniel Núñez, en representación de toda la iglesia, ratificó la adhesión al apostolado expresando: “si para otros no es Apóstol, para nosotros ciertamente lo es, pues el sello del apostolado somos nosotros en el Señor.” Sello indeleble fundido en los corazones, regalo y tesoro de Dios que aconsejó cuidar con celo y defenderlo con doctrina, a través del cual la iglesia goza de consuelo, protección, defensa, cuidado, alimento, dirección, vida, incontables bendiciones, enseñanza y salud.

Después de escuchar y recibir las muestras de reconocimiento a su Ministerio y alabar la Obra de Dios y la unidad, el Apóstol de Jesucristo en su saludo de este 4º, aniversario, expresó a la iglesia: “Que la paz, consuelo y fortaleza que Dios nos hizo sentir el 14 de diciembre de 2014 more permanentemente en vuestros corazones” y con la sencillez que caracteriza a los hombres de Dios, hizo alusión a la humildad de David, que Dios lo llamó de la majada y como él también le dijo: “¿Quién soy yo para que te hayas dignado en llamarme, siendo yo el último de mi casa?” Por esta gran deferencia, -exclamó-, ¡No a nosotros oh Dios, sino a tu nombre sea la gloria.”

Respecto a aquel aciago momento, pero también portentoso, el Hombre de Dios aseguró que no había incertidumbre en la iglesia, que estaba concentrada en honrar el cuerpo del Apóstol Samuel Joaquín, pero estaba tranquila y esperaba en Dios, que en profecía les había anunciado que serían muy bendecidos, prosperados y engrandecidos; por lo que la iglesia estaba esperando la última palabra, la de Dios, pues el hombre puede planear y organizar, pero es sabido que la bendición y la última palabra la tiene Dios y así fue: “Aquel 8 de diciembre fue la primera vez que yo escuchaba su dulce voz y platicaba con Él cara a cara, era la primera oportunidad que Dios me presentaba, de darme una responsabilidad que humanamente ningún hombre está capacitado para asumir, si no es puesto por Dios para estar al frente de su iglesia…”

Recordó que antes del llamamiento él ya tenía planes para su vida, dejar el pastorado e irse a una iglesia lejana; pero Dios entre millones de gentes, quiso darle el ministerio del apostolado, el de revelación para salvación de las almas, poder para ir rompiendo las barreras que el enemigo va poniendo y recibir el consejo de Dios y su dirección para gloria y triunfo del pueblo del Señor; por lo que bendijo a Dios por haberlo mirado como un hombre excelente y enalteció a Dios por la Elección a él y hacia el pueblo del Señor que Dios reunió para hacer con él grandes prodigios. “El primero de ellos fue el mayor milagro, tomar los corazones en un momento, hacer patente la unidad y convicción de todos al recibir la Elección, tanto en los presente como en los ausentes”.

Gracia y bendición con la que Dios le empezó a demostrar el cumplimiento de la palabra prometida; por lo que en esa satisfacción espiritual, el Apóstol de Jesucristo invitó a la iglesia a entonar el himno 315, “Le dio Jesús a mi vida, una esperanza que cambió todo mi ser”. Con esta afirmación aseguró que en estos cuatro años él ha sido muy feliz sirviendo al Señor, porque fuera de la Gracia no hay verdadera felicidad, sino llevar una vida amarga y miserable. Después que entonaron la alabanza, el Ungido de Dios refrendó su voto santo de servir al Señor y dio testimonio de la forma justa de agradecer a Dios, y que nunca digan: Señor te agradezco por todo, porque así es nada y es no darle la gloria a Dios por las bendiciones.

Al agradecer a Dios reconoce y dale la gloria por cada bendición

Por ello enfatizó: “Al agradecer tenemos que testificar nuestro agradecimiento a Dios por cada bendición, darle el reconocimiento por cada una de las gracias que ha hecho por ti y por mí al darme el santo ministerio. Yo quiero dar reconocimiento a Dios por cada obra, por cada situación, sería injusto si no valorara cada suceso, cada bendición, cada gira, su sublime e indescriptible presencia, la cercanía de su imponente presencia y al recordar mi transportación a su Reino, al recordar su tierna voz, al recibir sus consejos y sus órdenes bendecirle y glorificar su nombre al sentir la indescriptible emoción de estar con Dios y Jesucristo.”

Reiteró el Interlocutor diáfano del evangelio que al Altísimo hay que agradecerle por cada dádiva, igual al sentir la necesidad de entender la mente de Dios y en cada situación agradecer a su hijo amado Jesucristo, agradecerle por la obra perfecta de creer en su Elección, por la unidad y adhesión del Cuerpo ministerial, cuya Obra y hechos alaban los ajenos. “Incluso los medios de comunicación se maravillan al ver el crecimiento de la iglesia, del santo ministerio y el trabajo de su hermano Naasón, ¡cuántos empresarios!, ¡cuántas visitas se conmueven en mis presentaciones!, ¡cuánta admiración de la gente que alaba a la Iglesia santa y la forma en que es administrada! Ante todo esto, no puedo guardar silencio, sino reconocer y agradecer la intervención de Dios al elegirme entre millones de personas, para guiar a su Iglesia. Así que todo lo que he logrado, -dijo el Apóstol de Jesucristo-, ha sido por la mediación de Dios.” Aseguró que no es porque humanamente sea dinámico, proactivo o más inteligente que otros, o porque sea estratégico o porque lo preparó el Apóstol Samuel, su padre, para ocupar este ministerio.

Mi mayor virtud es ser agradecido con Dios

El Apóstol Naasón Joaquín precisó que tampoco su preparación o sus conocimientos le han aportado para cumplir su encomienda, “todo lo que yo he hecho es lo que Dios me ha permitido; por ello hoy vengo a decir al Señor: ¡Gracias sean dadas a mi Dios que me ha dado la victoria por medio del Señor Jesucristo!, ¡gracias Señor por la gloriosa encomienda santa de llevar su palabra, por encomendarme el ministerio pleno, por encomendarme la salvación de sus hijos y por tantas bendiciones. Él es mi supremo Rey, Él es mi señor y redentor, no hay nada más razonable, nada más justo que honrar a Dios todopoderoso por sus beneficios, por llevarme en sus brazos poderosos y por usar mi vaso para que Él se manifieste, para tomar mis labios para dirigirse a su pueblo santo, por hacer maravillas a través de mis manos, por convencer a los poderosos con la debilidad de mi ser y por hacer poderosa mi palabra…”

La iglesia le seguía atenta y glorificaba al recibir la predicación del Ángel del Apocalipsis enviado por Dios a enseñar a los hombres a adorar a Dios, y que entre sollozos y con voz entrecortada por la emoción espiritual este mediodía reiteraba: “Todo lo que he realizado, sea de palabra o hecho, ha sido por Dios, en el nombre de Jesucristo dando gracias a Dios nuestro padre, por medio de él. Por ello hago público mi agradecimiento, el mismo que le expreso a Dios y a Jesucristo en mis pláticas con él en el oratorio, cuando vengo a orar por su pueblo.” Lugar y momento en que dijo que derrama su alma ante Dios y le agradece; pero ahora quiso hacer extensivo ese agradecimiento y darle gloria públicamente a Dios por todos los bienes recibidos.

En ese tenor y emocionado en el espíritu, con gran ternura hizo un recuento de las bendiciones y salmodiando exclamó:

¡Cómo agradeceré a Dios tantos beneficios generosos,
a donde he ido él ha caminado conmigo,
en los lugares que he estado no se ha separado de mí,
cuando yo hablo Él me dice cómo y qué decir,
cuando yo actúo Él me dirige.
Mi Dios Jamás se ha apartado de mí,
día y noche conmigo va.
Mis triunfos Él me los dio,
mis victorias Él las peleó,
mis medallas Él las ganó.
mi Cristo es mi guía,
Cristo es mi brújula,
Cristo me lleva junto a él
y nunca me suelta de su mano.

Agregó el Siervo del Señor que en su caso, para agradecer a Dios no es suficiente la alabanza ni la acción de gracias, dado que son inconmensurables las bendiciones que le ha prodigado y la lluvia de bendiciones que ha derramado en su alma y en el pueblo que le encomendó, que al estar diseminado por el mundo, al ir a consolarlo y visitar a la iglesia, también ha visto la sequía y el polvo de la tierra en la dureza de corazón de gente para la que el cielo está cerrado.

Agregó que también ha visto la aflicción y pesadumbre del corazón del hombre en medio de una tierra árida, endurecida como si fuese de hierro, con pocas esperanzas, que no permite penetrar el arado, ni da esperanza de fruto alguno; sin embargo, -aseveró entusiasta: “con la palabra, de todos los confines de la tierra, el cielo fue cambiando, empezó como un rocío, se convirtió en gotas de agua viva, luego copiosa lluvia y la tierra ha empezado a humedecerse abriéndose a la vida, las almas han empezado a brotar a la vida, la obra se empezó a realizar, la dureza cambió a suavidad, lo estéril se ha hecho fecundo, la dicha y la salvación está llegando a los rincones más lejanos, es la palabra de bendición, la lluvia celestial y Dios me dijo que llevara lluvia a la tierra estéril, que confiara, que donde sólo había tierra seca, habría un bello jardín con arbustos llenos de frutos agradables a Dios y a Jesucristo“.

Al escuchar al Varón de Dios y sentirse aludidos o saberse de los abarcados entre los redimidos para salvación, la iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad, conmovida glorificaba a Dios y el Siervo del Señor les acrecentaba el júbilo, al decirles que “Dios ha probado ese delicioso fruto y se ha deleitado en él, hoy te ve como un árbol frondoso y se regocija en su sombra hermosa…” Obra por la que no se cansa de agradecer al Dios todo poderoso, ante quien se considera deudor, dada la magnitud de la obra portentosa; por lo que un nuevo salmo a la grandeza de Dios brotó de sus labios y dijo henchido de gratitud y reconocimiento:

“¿A quién debo las bendiciones y crecimiento del pueblo del Señor?
¿quién cambió las razones y aún los corazones?
¿quién puso a mis pies los dones?
¿A quién debo la aceptación de los poderosos?
¿a quién debo el halago de los sabios?
¿A quién debo la aceptación de los santos?
¿A quién debo todo lo que soy?
¡A ti oh Dios y Padre eterno!
¡A ti único Dios verdadero, señor del cielo y de la tierra
que me ha colmado de virtudes y fortalezas,
que me ha dado la revelación y enseñanza.
A ti bendito Señor Jesucristo,
que con tu amor has permitido que logre lo imposible,
que realice lo increíble y logre tus proyectos.
A ti hermoso Señor que permitiste que tu pueblo se enamorara de la Elección y no de un hombre,
a ti mi señor debo las bendiciones de lo alto,
a ti mi amado Jesucristo, que cubres mi ser de perfección y de tu brillo,
a ti que hundes mi cuerpo en tu santidad,
a ti mi salvador divino.
A ti Dios poderoso, agradezco que me mires con aprecio,
agradezco tu santa bondad
agradezco tu dirección y aceptación infinita, tu compañía permanente.
a mi Dios y a tu hijo Jesucristo sea la gloria, la honra y la alabanza, desde ahora y para siempre.

Ya para concluir su inspirada elocución, invitó a la feligresía a acompañarlo a agradecer el nombre de Dios y expresarle su amor en la forma en que suele hacerlo en su lugar de oración, porque Dios es soberano y todo lo que quiso ha hecho. Así, mientras la iglesia y el Apóstol del Señor iban al jardín de la oración, esta vez no con petición, sino con profunda gratitud a Dios por todas sus bondades, el Coro entonaba una alabanza; presente grato al Señor, que cual incienso subió y perfumó a Dios llevando el anhelo de los fieles, de seguir en la mente del Señor y seguir recibiendo sus bendiciones, esperar siempre en Él, en el dador de todas las cosas.

Como corolario de la festiva conmemoración que los unió esa mañana, el Padre de la fe concluyó: “Hoy 14 de diciembre de 2018 puedo decir nuevamente con libertad, yo soy Naasón Joaquín, siervo del Dios vivo y Apóstol de Jesucristo y a la iglesia, Manada pequeña, ¡firmes y adelante!, porque Dios es con nosotros, ¡desde este día y hasta el último aliento, seremos fieles! ¡Feliz aniversario! Dios los bendiga y guarde”.

Bajó de su ministerio y al retirarse del sagrado recinto iba departiendo bendiciones y dejando una preciosa este de bendiciones en el corazón de los fraternos, se dirigió a la Casa apostólica y desde el balcón bendijo a la iglesia que se había apostado en el exterior del templo y con su característica pedagogía del maestro, el Ungido del Señor enfatizó en el consejo de esa mañana, que: “al agradecer a Dios no digan te agradezco por todo, porque todo es nada, sino que enuncien cada una de las bendiciones recibidas y por las que acuden a agradecer a Dios. Esta es también una forma de dar la gloria Dios”.