Digamos y demos testimonio que la Iglesia de Dios, sigue adelante

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Después de visitar a los hermanos de la colonia Vista hermosa, el Mensajero de Dios Naasón Joaquín García se dirigió a la colonia Pablo L. Martínez en San José del Cabo, donde llegó a las 11 horas. Le acompañaban su esposa la hermana Alma Zamora, sus hermanos los Pastores Uziel y Benjamín Joaquín, además del hermano Encargado Joram Núñez.

En esta congregación le dio la bienvenida el coro del Estado de Sinaloa dirigido por el hermano Edy Arreola, quienes fueron invitados por el Apóstol de Jesucristo para participar en su presentación del próximo domingo 18 de noviembre en el Centro de Convenciones de Los Cabos. A su vez el ministro Antonio Méndez Rivera dirigió unas palabras de bienvenida al Siervo del Señor y lo invitó a pasar al interior de la Casa de oración que ya se encontraba pletórica de hermanos y visitas que lo esperaban con evidente interés.

Al entrar al santuario y saludar a los congregados que levantaban sus manos portando una Palma en señal de triunfo, el Apóstol caminó por el pasillo central y a su paso saludó de mano a dos mujeres que habían acudido a escucharle, (una de ellas de la tercera edad) e iban como visitas a la iglesia esa mañana. Ellas con lágrimas en sus ojos extendían sus manos para tocarlo. “Dios les bendiga” –les dijo al estrechar sus manos, para enseguida continuar su camino al ministerio.
Al estar frente al micrófono, dijo a todos los que henchidos de gozo espiritual, llorando le escuchaban: “¡Qué hermosa bendición, volver a un lugar de bellos recuerdos! Y digo bellos recuerdos, no porque yo me alegre en la tristeza que hace cuatros años invadía esta ciudad y también vuestras almas; sino porque aquí Dios me permitió ver una hermosa obra en la comunidad: de respeto y admiración hacia la Iglesia del Señor”.

Enseguida, el hermano Naasón hizo un pequeño relato del recuerdo de aquellos días en que el Apóstol Samuel lo envió para traer víveres y enseres domésticos a los damnifiados por aquel desastre natural. Recordó que en esta comunidad se estableció un comedor para personas afectadas, independientemente de la fe que profesaran y observó cómo, a pesar de la rapiña que se había desatado en algunos pobladores de este lugar, a causa del huracán, “a la Iglesia La Luz del Mundo siempre la respetaron como una institución noble, donde aún para venir a sus comedores hacían largas filas para esperar su turno, en orden y sin sobresalto alguno, ¡qué bonita gloria me tocó contemplar a mí en aquel momento de parte de la ciudadanía para con la Iglesia! –recordó el amado Apóstol a los hermanos, que asentían con su cabeza y con reiterados amén, en señal de afirmación.

Después de la alusión a este acontecimiento, el Apóstol del Señor agregó: “Han pasado cuatro años y veo que Dios los ha multiplicado y engrandecido y veo que la Iglesia de San José del Cabo, sigue creciendo ¡Me lleno de alegría al volver a un lugar de bellos recuerdos!, donde Dios me permitió contemplar su obra manifestada en la sociedad hacia la Iglesia. Pero yo te vengo a decir, -expresó enfático: Esto no termina aquí, hay una grande promesa que Dios le ha dado a su hermano…” Aseveraba ante todos los presentes contagiados de la bendición de Dios y los exhortaba con brío espiritual a que crean en las promesas de Dios, quien no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta y que todo lo que promete lo cumple (V. Números 23:19).

De forma estratégica el Ungido del Señor los invitó a aprovechar las oportunidades que genera el desarrollo urbano y turístico de la ciudad, que conlleva crecimiento poblacional; para que inviten a toda la gente que sigue llegando a buscar trabajo a Los Cabos, a conocer la Iglesia La Luz del Mundo y su mensaje de esperanza y salvación. A la vez agregó: “Yo sé que la Iglesia de Dios también irá creciendo. Dios los va a bendecir y conforme a su promesa que Él me dio: ˂si hoy ves a este pueblo grande, yo lo he de multiplicar˃ Yo creo en esa hermosa promesa, solo os vengo a invitar para que prediquéis este hermoso evangelio, que vayáis por las calles, con los familiares, que les platiquen de esta hermosa doctrina” –les encarecía el embajador de los cielos.

Antes de invitarlos a orar los instó a no conformarse, sino a “echar la redes” confiando en su palabra, asegurándoles que la fe en Dios y la confianza en la palabra de un Enviado de Dios, es lo que acarrea bendición y prosperidad. Enseguida los invitó a orar: “Yo he venido para, juntamente contigo doblar mis rodillas y pedirle a Dios que él te bendiga, que Dios te multiplique, te engrandezca y que la hermosa obra que se está desarrollando en San José del Cabo, Dios la multiplique día a día para la gloria de su nombre” y en un momento de implícita unidad espiritual, Apóstol e iglesia doblaron sus rodillas y dieron libertad a sus almas para recrearse en una plática íntima con su creador, en un momento que duró varios minutos de solemne espiritualidad cristiana.

“¡Me voy feliz y contento! –Expresó el Ángel de Dios- al contemplar como Dios sigue multiplicando a san José del Cabo, y yo deseo regresar en un tiempo no muy lejano para atestiguar cómo Dios os va a multiplicar aún más, solamente os suplico, que se unan a su hermano Naasón en esta batalla, que sigáis dando testimonio para que Dios, a través de vuestra palabra cumpla lo que Él me ha prometido ¡Digamos y demos testimonio que la Iglesia de Dios sigue adelante, conforme las promesas de nuestro Dios!” y de la manera que lo ha hecho en casi todas las iglesias, el Padre de la fe llevó sus manos a sus labios y les impartió un beso santo que hizo eco en el corazón de los creyentes, quienes con la bendición que ya disfrutaban desde el momento mismo de su llegada, ahora desbordaban sintiéndose impregnados del amor de Dios a través de su Enviado.