«Fe y fanatismo: sus diferencias en orígenes y manifestaciones»: enseñanza apostólica a la Iglesia

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El martes 8 de enero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en la Iglesia de la colonia Bethel, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4:26 de la mañana cuando salió de su casa —en dicha colonia— y encaminó sus pasos al templo. En su recorrido, el Apóstol Naasón Joaquín saludó a su paso a los hermanos que lo esperaban en las calles Betsayda y Hebron, así como en los espaciosos atrios.

En el interior del templo, los Coros de Casados y Jóvenes entonaban sus cánticos espirituales a Dios y a su hijo Jesucristo. Las notas de los himnos «Contigo estoy tan feliz» y «Qué dulce es el amor de mi Jesús», se escucharon en el transcurso de la plegaria apostólica. Los ministros y la Iglesia, congregados en el interior y el exterior del recinto sagrado, se unieron a la oración del Justo.

Al término de su plegaria, el Siervo de Dios se despidió de los integrantes de los dos coros de la Iglesia de la colonia Bethel. En la puerta de su casa platicó con sus colaboradores: «El día de ayer los hermanos hablaron de los principios de la Iglesia, principios que deben ser inculcados a los niños desde pequeños en las consagraciones y en la oración… Enseñarles a agradecer a Dios, en vez de reprocharle; entender lo que significa ser simiente santa; despertar en ellos la gratitud por haber nacido en un Pueblo de Dios —el mejor de los pueblos—; transmitirles que si Dios creó al mundo, lo hizo por nosotros y para nosotros —para nuestro beneficio—».

En relación con lo anterior, abundó: «Debemos enseñarles que si hay alguien que realmente disfruta de este mundo, somos nosotros. Lo que los hombres hacen de lo perfecto que hizo Dios, eso ya no es disfrutar del mundo… Las drogas no las creó Dios, el creó las uvas y las plantas, pero tal cual esas plantas y esas uvas son buenos, son un fruto agradable —la medicina, en un 95 % se desprende de los árboles, plantas y flores—».

En otro momento, destacó que si el niño y el joven no conocen sus principios, lamentablemente vivirán renegando al vivir en una «tradición» —que no en enseñanza, porque no la conocen ni la practican—. Citó el ejemplo del católico romano, cuya religiosidad es por tradición, y no por el conocimiento de su doctrina, y que a pesar de su ignorancia religiosa permanece arraigado en las tradiciones de sus padres. Así explicó el contraste: «El padre de familia no le interesa si va a misa o no. Lo único que quiere es que el niño sepa que nació en la iglesia católica y que ahí va a morir. Con nosotros no es así. A través del entendimiento y la comprensión de la Palabra de Dios, se crea la fe de Dios en nuestros hijos».

El 15 de enero de 2015, en Talca, Chile —la primera iglesia que visitó en su Gira Universal—, el Apóstol Naasón Joaquín afirmó categórico: «Donde hay Palabra de Dios nace la fe, y donde nace la fe hay obras, y donde hay obras, hay crecimiento y prosperidad».

 

Fe y fanatismo: las diferencias

Luego de lo anterior, recordó: «La fe y el fanatismo son dos conceptos que el mundo ha confundido. En sus formas de proceder se pudiera decir que son parecidos… pero en su esencia, el fanatismo es completamente diferente a la fe. El fanático actúa sin entender ni comprender lo que cree, sin saber por qué lo hace. Quien tiene la fe practica lo que cree, con entendimiento y plena convicción».

En relación con la diferencia entre la fe y el fanatismo, el Apóstol de Jesucristo ha instruido al respecto: «Vivir en la fe significa creer en lo que entiendo, contrario al fanatismo, que es ignorancia y que induce a aceptar sin investigar el origen de aquella creencia» (Silao, Guanajuato, 8 de abril de 2017). «La fe de Dios es conocimiento, discernimiento y comprensión. Por eso, desde el niño hasta el hermano más antiguo de la iglesia, cuando le preguntan por su fe, sabe dar razón de ella» (Ciudad de Guatemala, Guatemala, 12 de febrero de 2017).

En este tenor, trajo a colación algunos actos de fanatismo perpetrados en contra de miembros de la Iglesia La Luz del Mundo, no porque estos busquen ofender al prójimo, sino porque cuando es necesario defienden su fe y sus templos. De manera particular, recordó los sucesos que tuvieron lugar en la colonia Bethel en el año 1983, cuando un grupo de fanáticos, azuzados por el sacerdote católico, pretendieron ingresar a la fuerza una imagen de la virgen de Zapopan en el interior del templo, en oposición a la libertad de creencias. Ante la oposición de los hermanos, en la intentona hubo agresiones físicas en contra de estos. Al final, los fanáticos se retiraron sin lograr su cometido. Otro acto de intolerancia religiosa se registró en la colonia Lomas del Gallo, cuando se construía el templo: un contingente de fanáticos agredieron a los hermanos en el interior del recinto por no compartir el credo católico. Ante tales actos, el Siervo de Dios expresó: «Hay actitudes que el Señor nos enseña a aceptar, si es por Cristo; pero si se trata de un grupo de fanáticos que viola nuestros derechos humanos, están las autoridades para impartir justicia» (v. Romanos 13.1-4).

 

Recordar la doctrina en todo tiempo: un deber del ministro

Enseguida, reanudó su comentario inicial: «La doctrina es muy basta, por ello es necesario que el ministro la repase continuamente en el templo». Recordó que aunque hay pastores evangélicos —y aún sacerdotes católicos— que se acercan, de manera velada, a la festividad de la Santa Cena, con el propósito de absorber la enseñanza de la Iglesia, no la pueden retener: «Ellos absorben la doctrina para ir a enseñarla a sus iglesias. Sin embargo, no la pueden hablar igual porque toda la enseñanza que se habla en la Iglesia, la cual es inspirada por el Espíritu de Dios y dirigida por Él mismo. En su explicación, el hermano comienza o termina reconociendo la Elección, algo que los pastores falsos no pueden aceptar. Por eso, cuando ellos quieren hablar la doctrina sin tomar en cuenta la Elección, ya no pueden empezar o terminar su tema, y tienen que inventar falsedades e incongruencias, conceptos que no se encuentran en la Palabra de Dios, para tratar de resanar lo que el Espíritu de Dios no les ha dado a ellos».

En otro momento, indicó a sus colaboradores que es necesario hablar la doctrina: de la fe, del amor, de la esperanza, de las obligaciones, de los derechos que tienen los hermanos…: «Es importante que durante el año, en las iglesias, repasemos la doctrina. Que no se deje de hablar de la Elección, pero si un mes consta de cuatro semanas, una que se hable de la Elección, que es basto, porque no hay un tema que hablemos donde no esté presente la Elección, cuando está la fe verdadera —nadie puede llegar a Cristo si no es por los Apóstoles: ‘El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió’ (Juan 13:20)—».

Y añadió: «Los otros domingos que se hable de los distintos temas doctrinales. Solamente que se esté en construcción, aceptaré que se hable seguido de la liberalidad, pero los que no estén en construcción, deben hablar sobre los diversos temas doctrinales». Mencionó que los ministros que no recuerdan y ponen por obra la Palabra de Dios, corren el riesgo de deslizarse en conductas inadecuadas.

 

Los principios y valores, tanto humanos como espirituales, inician en el hogar

Antes de despedirse, reiteró: «Hay que transmitir a la Iglesia los consejos que se darán. A todos los ministros de la Zona Metropolitana de Guadalajara y a la Iglesia Universal, porque la iglesia necesita recordarlos, y niñez y la juventud, aprenderlos”. Insistió en que tanto el padre y el ministro irresponsables cometen una falta grave al creer que por el hecho de enviar a sus hijos al templo es suficiente, deslindándose de la instrucción correspondiente.

«Los principios y valores, tanto humanos como espirituales, inician en el hogar… Las niñas se ponen los zapatos de su mamá y la imitan; se ponen una chalina en su cabeza y se miran ante el espejo con su Biblia, y ‘llevan’ la oración de nueve de la mañana… Es decir, lo que van aprendiendo de sus padres. El niño aprende más lo que nos ve hacer que lo que le decimos. Se deja llevar más por el ejemplo que por la palabra».

Para finalizar, externó a los hermanos del Consejo de Obispos que los temas doctrinales destinados a los niños, adolescentes y jóvenes se transmitan, a través de la señal de internet, a todas las iglesias. Y añadió: «temas que se tienen que recordar. Y el primer principio es este: ‘Leerás este libro (la Sagrada Escritura) y lo tendrás en tu casa. Lo leerás en todo momento. Cuando estés en el hogar y vayas de viaje. Lo leerás y lo repetirás todos los días de tu vida de generación en generación’.

«Nunca se va a terminar la enseñanza de estar recordando… Alguno dirá: ‘Ya acabé de leer la Biblia’. Sin embargo, de ese libro pequeño cuántos textos han salido para los temas que hablaron en su tiempo el Hermano Aarón, el Hermano Samuel, y ahora su Hermano Naasón en este tiempo… Aunque estamos tomando como referencia los mismos textos de ese libro, ¡no es el libro el que nos está dando la enseñanza!: ¡Es el Espíritu de Dios! Lo que estoy diciendo es que seguimos apoyándonos en la Sagrada Escritura, como un testimonio para la iglesia y para los oyentes».

Cabe recordar las palabras que el Apóstol de Jesucristo, en el contexto anterior, expresara a la Iglesia Universal: «Invito a las familias de la Iglesia a leer una hora diaria la Biblia durante toda su vida… Establezco una hora diaria para leer la Biblia en la familia y explicarles a los hijos lo que no comprendan, aunque hay misterios en las Sagradas Escrituras que solo son dilucidados por un Apóstol, como Felipe explicó al eunuco… Si tú atiendes este mandamiento, estarás construyendo una iglesia de fe sólida, alimentada con la doctrina de los Apóstoles, la Iglesia que fundo Jesucristo» (Los Ángeles, California, 24 de mayo de 2015).

El Embajador del reino de los cielos, luego de las instrucciones específicas dadas a sus colaboradores, con una sonrisa esbozada en su rostro, se despidió de ellos: «Dios les pague por acompañarme. Dios los bendiga».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.