«Hasta la venida de Jesucristo, la batalla espiritual continúa»: consigna apostólica a la iglesia de Heriberto Kehoe

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El lunes 4 de enero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, luego de visitar a los hermanos de la Iglesia de Altamira, Sección 2, colonia Mata del Abra, visitó a los hermanos de la Iglesia de Ciudad Madero, Tamaulipas.

El reloj marcaba la 1:10 de la tarde cuando, acompañado por su esposa, la hermana Alma Zamora, y los hermanos P.E. José Moreno, P.E. Daniel Valerio, P.E. Joel Herrera, P.E. Miguel González y P.E. Jesús Magallón, el insigne Apóstol de Jesucristo arribó al templo ubicado en la calle Cecilio Guzmán n. 526, colonia Heriberto Kehoe.

En la entrada del templo, actualmente en construcción, se encontraba un grupo de niños en espera de recibir al insigne visitante. En una pancarta que uno de ellos portaba, se leía: «Somos la reserva de sus Batallones Espirituales». Y es que la niñez de la Iglesia, como en reiteradas ocasiones lo ha destacado el Apóstol de Jesucristo, no es la Iglesia del futuro: «La niñez es la Iglesia del presente», quien espera cumplir la mayoría de edad para unirse a los jóvenes obreros para predicar la Palabra de Dios alrededor del mundo.

«Lucharon otros por la fe y por nuestras libertades: ¿seremos cobardes para continuar en esta batalla?»: Apóstol Naasón Joaquín

En el ingreso del Embajador del reino de los cielos a la Casa de Oración, la iglesia entonó el himno insignia del apostolado contemporáneo: «Soy yo soldado de Jesús», que se escuchó estentóreo más allá de los muros del templo en construcción. Luego de escuchar el canto, el Apóstol de Jesucristo se dirigió a los hermanos de la colonia Heriberto Kehoe:

«Qué hermosa alabanza estáis entonando… Sin embargo, el Espíritu de Dios nos enseña que nuestras alabanzas tienen que ser cantadas con el entendimiento (v. 1 Corintios 14:15). A través de este himno ustedes dicen: ‘Lucharon otros por la fe, cobarde no he de ser’. La alabanza también habla de una batalla. Es verdad, no se refiere a una batalla material —con armas o fusiles—: es una batalla que se libra por medio de la Palabra de Dios.

«Antes de que tú estuvieras aquí, lucharon otros por la fe y por tu libertad. Libraron batallas para que pudieras alabar y bendecir a Dios con plena libertad. Ahora nos toca a nosotros adoptar este pensamiento, teniendo los hermosos ejemplos del Hermano Aaron, del Hermano Samuel y de la Iglesia que estuvo con ellos. ¿Seremos cobardes? De ninguna manera».

En otro momento, expresó: «Las circunstancias han cambiado, las situaciones son distintas… Ahora, Dios le ha dado a su Hermano Naasón unas promesas de prosperidad, grandeza y bendición. Así es que esta batalla no se ha terminado. ¡La batalla continua! En esta tierra no tendremos descanso… ¡Nuestro descanso será al lado de Dios, por toda la eternidad! Nos corresponde, entonces, seguir en esta batalla espiritual, porque después de esta batalla, Dios nos va a coronarnos con la vida eterna que Él ha prometido» (v. Apocalipsis 2: 10).

«Hermanos de la colonia Heriberto Kehoe: ¡Qué alegría conocerlos y contemplar la construcción que están levantando para la gloria de Dios! Sé que lo están haciendo con esfuerzo y sacrificio, y veo que vuestra Casa de Oración ya luce casi llena. Tal vez cuando la terminen sea ya insuficiente, porque Dios los va a bendecir y a multiplicar… Y para eso ha venido su Hermano Naasón a este lugar: a conocerlos, a pisar este lugar para que, como abono espiritual, mi presencia sirva para que brote más fruto de este árbol espiritual».

Enseguida, invitó a los hermanos a elevar una oración a Dios: «Voy a pedir bendiciones para ustedes para que Dios los multiplique y engrandezca. Que todo lo que hagan por la Obra del Señor, Él se los recompense en su vida y en sus familias. A continuación, elevó su plegaria al Creador. El Cuerpo Ministerial, la iglesia y las visitas se unieron a la oración del Justo. La bendición de Dios se experimentó sobremanera en Ciudad Madero.

Hijo de Dios es aquel que lo demuestra con sus hechos

Luego de la plegaria, el Apóstol de Jesucristo se despidió de sus hijos espirituales: «Dios me ha concedido venir a este hermoso estado de Tamaulipas, contemplar la Iglesia que el Hermano Aarón empezó a edificar en su época, y que también, a través del trabajo del Apóstol Samuel, Dios permitió este hermoso crecimiento… Pero, créanmelo, Dios también a mí me dio unas promesas, y esas promesas nos hablan de bendición y prosperidad.

«Si tú has creído en mi, Dios te ha de prosperar y bendecir como lo visteis en los inicios de la iglesia en este lugar, con los otros Apóstoles. Solamente te toca unirte a mi batalla espiritual —que es la batalla de mi Señor Jesucristo—, y que tu vida, conducta y hablar sea cual luminaria que alumbre al mundo. Que al ver tu buen testimonio, los hombres digan: ’Verdaderamente, ellos son hijos de Dios’. Porque no es hijo de Dios aquel que lo dice a través de las palabras; hijo de Dios es aquel que lo demuestra con sus hechos.

«Si Dios nos ha hecho sus hijos, con gratitud demostrémosle al mundo —con nuestro buen ejemplo y forma de vivi— que realmente Él nos ha adoptado, y que esta bendición está abierta para todo aquel que crea en Jesucristo, para que no se pierda y tenga vida eterna. En un día no muy lejano, he de volver a este lugar y sé que que me encontraré con una Iglesia más grande —multiplicada—, porque Dios cumplirá sus promesas. Hasta entonces. Dios los bendiga y los prospere, en su santo y bendito amor».

Despedida

Al término de su presentación, el hermano Enc. José Luis Ramírez, ministro de la iglesia en la colonia Heriberto Kehoe, invitó al Apóstol del Señor a un refrigerio que la iglesia le preparó en la casa pastoral. En este momento de descanso, el Apóstol platicó con sus colaboradores sobre el significado de la expresión del Señor Jesucristo dirigida al pueblo de Israel: «Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Mateo 23:39), en referencia a que la entrada del judaísmo a la gracia va a ser ahora en el reconocimiento a la Elección Apostólica. «De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió» (Juan 13:20).

El reloj marcaba la 1:42 de la tarde, cuando el Embajador del reino de los cielos se despidió de sus hijos espirituales de Ciudad Madero. La Iglesia de la colonia Garza Leal, en Tampico, sería el siguiente destino de su periplo.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.