La bendición de Dios viene para aquellos que trabajan

Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín en la iglesia de la colonia 4 de marzo

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Tras el histórico cierre de la Decimocuarta etapa de su Gira Universal, que el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García llevó a cabo, con su magistral presentación en el Centro de Convenciones de Los Cabos, visitó esa misma tarde del domingo, a sus hijos de la colonia 4 de marzo, quienes han sido los anfitriones por excelencia de todo lo que implica la honrosa visita apostólica, debido a que esta iglesia fue el centro neurálgico de toda la organización y logística del evento.

El servicio de Acción de gracias a Dios fue presidido por el Pastor Samuel Díaz Soriano, mientras que las alabanzas fueron ofrecidas a Dios por hermanos invitados del Apóstol de Jesucristo; entre ellos el P.E. Benjamín Chávez y su esposa Ana Delgado, un grupo de hermanos de Berera Internacional, otro grupo conformado por esposas de los Pastores que acompañan al Siervo de Dios y la hermana Noa Joaquín. El Punto de doctrina fue expuesto por el P.E. Jonathan Mendoza. Participaciones que provocaron en la iglesia un disfrute de bendición divina, destacando los testimonios y sentimientos de gratitud que cada uno vive en este tipo de experiencias en su trabajo en el Cuerpo ministerial. Participaciones que además de olor fragante para Dios, hicieron que la iglesia estuviese de plácemes en un servicio cubierto por ministros y con la grata presencia del Ungido de Dios entre ellos.

El Apóstol de Jesucristo estuvo observando el servicio desde un lugar preparado para ello con antelación, y cuando culminó la recordación de la palabra de Dios, justamente a las ocho de la noche, el Mensajero de Dios de manera sorpresiva e inspirado por, Dios hizo su entrada a la Casa de Oración, provocando el regocijo espiritual de una multitud de hermanos y visitas que esa tarde habían llenado cada metro cuadrado del hermoso Templo ubicado en esta colonia de Cabo San Lucas.

“¡Qué alegría contemplar vuestros rostros!, ¡Cómo anhelaba mi alma verles a ustedes y estar entre vosotros y recordar tan hermosos momentos inolvidables para su hermano!” –fueron sus primeras palabras para una iglesia rebosante de júbilo espiritual. Dijo que, en todos los lugares que ha visitado en esta etapa de su gira, surgen recuerdos, anécdotas y testimonios de las cosas que Dios manifestó hace algunos años cuando juntamente con él realizaron algunos proyectos de trabajo. De este particular recordó que, en Los Cabos, el Apóstol Samuel lo envió a traer ayuda humanitaria a los afectados por el huracán Odile y recordó aquellos momentos donde se manifestó la gracia de Dios con ellos.

“Pero también deseaba verlos para dejarles una bendición”. Al pronunciar esa frase el Apóstol de Jesucristo, la multitud de almas que habían estado esperando este momento con reverente consideración a la persona del Apóstol, gritaron a voz en cuello “Gloria a Cristo, Gloria al Señor” porque entienden a la perfección el significado de esa frase apostólica de bendición, “y aunque mi primer Gira Universal termine en un año, o año y medio, yo volveré a visitar este lugar y quiero dejarles una encomienda…” El Mensajero de Dios recordó el apoyo de la iglesia, al asistir a un foro que hace algunos años, organizó para defensa de las libertades de la Iglesia; donde los hermanos reunidos en ese entonces eran muy pocos, pero ahora que él vuelve como Apóstol de Jesucristo, se encontró con la grata sorpresa, que la iglesia de este lugar se ha multiplicado de manera exponencial.

De manera muy personal y con todo el amor de un padre a un hijo les refirió a los hermanos que se congregan en esta hermosa Casa de oración de la colonia 4 de marzo: “No solamente quería visitarte en aquel lugar (el Centro de Convenciones) y dejarte una palabra de bendición que edifique tu fe. Yo quería venir a este templo, aquí en tu lugar para pedirle a Dios que te bendiga” los domésticos de la fe, no podían contener el gozo espiritual y la alegría de su corazón, porque estar en la mente de un Hombre de Dios, significa estar en la mente de Cristo. Para la iglesia sede y anfitriona de la visita apostólica, esas palabras que sonaban en sus oídos como un canto de amor para sus almas, fueron también balsamo y canto del amor de Dios que permeó en todo su ser.

Así, de manera muy íntima los invitó a unirse en una oración a Dios, una oración de amor recíproco: “¿Quieres acompañarme en esta oración?” –los hermanos gritaban “amén” al tiempo que levantaban sus manos “Acompáñame entonces y tu pedirás por mí, que Dios me dé fuerzas, que Dios me dé salud y yo le pediré a Dios: ¡Bendice a esta iglesia, engrandécela, multiplícala en plenitud!” Los hermanos no pudiendo soportar más y ahogando la voz del amado entre el gozo de los hijos, doblaron sus rodillas y se entregaron a la oración, como el bálsamo del alma que ahora vivía su amor, su momento de amor divino, ante la presencia física del Enviado de Dios entre ellos.

Al término de una larguísima oración, que bien evocaba el estruendo de las muchas aguas agitadas, en la que los santos hablaron lenguas angélicas como en un pentecostés, el Ángel del Evangelio eterno les aseguró: “tu hermano regresará en el momento que Dios me lo permita, pero sé que habréis de cumplir con mi palabra y nos alegraremos y mis rodillas se volverán a doblar para seguir pidiendo bendición por ti; pero recuerda que la bendición de Dios viene para aquellos que trabajan, para aquellos que multiplican los bienes del Señor e interrogó, ¿cuáles son los bienes del Señor? Las almas. Hoy veo muchos talentos, mañana os traeré más talentos y diré al Señor: ¡Señor, sigue multiplicando estos talentos! Entonces daré gracias contigo y pagaré votos al Señor, al ver que Dios te ha bendecido…”

Como si la bendición que Dios había derramado sobre la iglesia a través de la presencia apostólica no fuese suficiente, en ese momento el Apóstol de Jesucristo les anunció a sus amados hijos, que por amor a ellos se quedaría dos días más en este lugar; un grito de júbilo se generalizó en el templo; tras el que el Hombre de Dios dijo: “Así es que, con alegría te digo: sigue gozando y disfrutando de la compañía que tu hermano trae en los ministros, para que la gracia de Dios se complete en sus consejos y hasta que su hermano regrese: La paz de Dios quede con ustedes, Dios los bendiga, Dios les guarde…” y llevando sus manos a sus labios, les envió un beso santo que se oyó en el micrófono, como el beso que provocó en sus corazones las palabras de Malaquías cuando dijo: saltaréis como becerros de manada (V. Malaquías 4:2).

Así se despidió de ellos esa noche y pasó a un lugar que de antemano le tenían preparado para poner mesa delante de él, mesa que esa noche pudo compartir en plena tranquilidad con sus amigos los pastores y con sus amados hijos de la bienaventurada colonia 4 de marzo, que en esta ocasión se constituyeron en su aldea de Betania.