«La época de prosperidad y bendición, apenas comienza»: Apóstol Naasón Joaquín a la iglesia de Mata del Abra

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El lunes 4 de enero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, luego de visitar a los hermanos de la Iglesia de Altamira, colonia Primavera, reanudó su periplo y recorrió tres iglesias más en el estado de Tamaulipas. Tocó a la Iglesia de Altamira, Sector 2, ser la segunda Casa de Oración visitada.

El reloj marcaba las 11:56 de la mañana cuando el Apóstol del Señor arribó al templo ubicado en la calle Agustín Melgar n. 303, colonia Mata del Abra que, en su interior y exterior, le esperaba numeroso grupo de hermanos, procedentes de las iglesias de El Repecho, Praxedis Balboa, San Antonio Rayón y Nuevo Madero. Entre los asistentes se encontraban algunas visitas.

El hermano Enc. Carlos Sánchez, ministro de la Iglesia en Mata de Abra, dio la bienvenida al insigne visitante.

Desde su llegada y durante su estancia en el recinto sagrado, las expresiones de amor, gratitud y reconocimiento al Enviado de Dios fueron manifiestas sobremanera. Desde el área de su ministerio, el Apóstol Naasón Joaquín saludó a sus hijos espirituales y dirigió una palabra de bendición: «Qué hermoso es venir a contemplar la hermosa Obra que Dios ha hecho en este bello estado».

«En vosotros veo el cumplimento de la promesa que Dios me hizo»: Apóstol Naasón Joaquín

Enseguida, abundó: «Siento una enorme satisfacción al contemplar el crecimiento espiritual que Dios ha dado en este estado. Sin embargo, como lo dije en la Iglesia de Altamira, esta bendición no tiene término en esta época, en este año o en este día, sino todo lo contrario: ¡Esta bendición, apenas empieza!… Dios me hizo una promesa: ¡Si hoy ves grande este Pueblo, yo lo voy a multiplicar aún más! Yo he contemplado a través de estos cuatro años de mi ministerio, que la mano de Dios ha sido sobre mí y me ha llevado de triunfo en triunfo…

«En vosotros veo el cumplimiento de las promesas que Dios me hizo. Contemplo con grande satisfacción, orgullo y alegría las promesas que Dios le dio al Apóstol Samuel Joaquín., y ¡cómo me gozaba en ello! Dios lo llevó de triunfo en triunfo, hasta conformar este grande Pueblo. A pesar de ello, este Pueblo todavía es pequeño con relación al estado y la ciudad en donde vivimos. Si comparamos el número de hermanos que hay en esta colonia, qué somos para este estado, que no lo habitan miles de personas, sino millones».

La batalla espiritual continua hasta la venida de Jesucristo por su Iglesia

Y añadió: «Sin embargo, viene una época de abundancia: el cumplimiento de las promesas. A través de ellas, Dios anuncia una época de abundancia aún mayor a la que Dios nos ha dado hasta este día. Y yo creo que esta Palabra es fiel, porque no me lo dio un dios muerto; esta promesa me la dio un Dios Vivo, del cual constato que todas sus promesas fueron cumplidas en sus Siervos Aarón Joaquín y Samuel Joaquín, y hoy que Dios me ha levantado como su Apóstol, Él sigue siendo fiel en el cumplimiento de sus promesas».

Enseguida, aunado al deseo de visitarlos y conocerlos, dejó el siguiente consejo a los hermanos tamaulipecos: «Hoy vengo a decirte que la lucha no termina. En este ministerio, la batalla espiritual sigue adelante hasta que el Señor venga por su Iglesia. Mientras tanto, yo te quiero invitar a ser parte de esta prosperidad y bendición… En esta mañana doblaré mis rodillas y le pediré a Dios que todo aquel hermano que obedezca a mi palabra y que siga dando testimonio de esta verdad, sea bendecido, engrandecido y prosperado… y que cuando yo vuelva a visitar este lugar, yo sé que me alegraré al ver una Iglesia en Tamaulipas más prospera y abundante, para la gloria de Dios». Enseguida, invitó a los hermanos a elevar una plegaria a Dios por las bendiciones alcanzadas y darle el tributo que solo a Él le corresponde: la adoración en Espíritu y verdad» (v. Juan 4;24).

Vosotros sois la la luz del mundo

En sus palabras de despedida, el Siervo de Dios dejó su bendición apostólica: «¡Vosotros sois La Luz del Mundo! El Señor Jesucristo dijo: ‘Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa’ (Mateo 5:14). La luz se enciende para ponerla en lo alto, y que alumbre toda la tierra.

«Hermanos de Altamira: en esta ciudad hay una hermosa lumbrera. Permíteme, entonces, levantar esta lámpara… Dios te siga bendiciendo y hasta muy pronto, cuando Dios me conceda volver a vosotros y le dé la gloria por contemplar sus promesas cumplidas. La paz de Dios quede en vuestros corazones»

Las vistas, quienes desde temprana hora ingresaron al templo para conocer y escuchar al Apóstol Naasón Joaquín, se acercaron a despedirse de él, mientras que en sus rostros, ademas de húmedos, se apreciaba la paz que solamente el Espíritu de Dios da al ser humano.

El reloj marcaba las 12:36 de la tarde cuando el insigne visitante se despidió de los hermanos de este municipio tamaulipeco.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.