Los Apóstoles de Jesucristo, custodios de la doctrina cristiana

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 18 de noviembre por la noche, después de presentarse con los hermanos de la colonia 4 de marzo; el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, compartió el pan y la sal con los ministros y sus esposas que tuvieron la bendición de acompañarlo en esta etapa de su Gira Universal. El momento no pudo ser más oportuno para impartir –como siempre- una enseñanza más, a sus amados discípulos. Al llegar al lugar que los hermanos han denominado, La Palapa; una especie de restaurante hecho de materiales en concreto, acero y madera pero cubierto en su totalidad por palmas de coco, algo que se estila mucho en los puertos, ya que no permite que se filtre el agua de lluvia a la vez que amortigua el calor habitual en estas zonas; el Apóstol de Jesucristo comenzó a explicar a los ministros, quienes ya se encontraban acomodados en sus respectivos lugares.

“En el tiempo que Dios nos permite estar en su pueblo (habla de los apóstoles de Cristo), él nos permite gozar no solamente de un amor de la iglesia incondicional que Dios pone en los corazones de los hermanos, sabiendo Dios que lo que hacemos, solamente lo hacemos a través de la indicación, revelación o inspiración que el Señor nos da. En nosotros no puede haber engaño, envidia, no puede haber aparceramiento para ofender a Dios; puede haber gracia y misericordia, más no aparceramiento” –dijo, para explicar que, en la diversidad de manifestaciones de amor y reconocimiento que la iglesia ha tenido para los apóstoles en todos los tiempos, se corre el riesgo de confundir el momento y el lugar.

Dicho de otra manera, existen formas de honra espiritual y formas de honra humana “La Iglesia en dichas manifestaciones a veces se deja llevar por ese amor, afecto –aun humano, que llega a confundir los corazones”. Con todo detalle explicó el Varón de Dios, que en la transfiguración de Cristo, que mencionan los evangelistas Mateo y Marcos en los capítulos 17 y 9 respectivamente, el Señor Jesucristo se presentó ante los discípulos de una forma majestuosa en aquella transfiguración y que, viendo al Señor y a dos Profetas que estaban con él, Moisés y Elías, se llenaron de asombro.

Como una aclaración pertinente, el Siervo de Dios observó que hasta ese momento los discípulos aún no habían recibido el Espíritu Santo, que es quien guía al creyente a toda verdad y a toda justicia (V. Juan 16:13) así es que, todavía en ellos habían pensamientos humanos, debilidades y conductas no dictadas por el Espíritu Santo, del cual carecían, pues incluso el Apóstol Pedro negó al Señor Jesucristo ante el temor de ser encarcelado o incluso sometido al mismo suplicio que su maestro; sin embargo, cuando aquellos discípulos contemplan a los dos profetas al lado de Cristo, los ubicaron en el mismo nivel espiritual, esa era la razón por la que quisieron hacer una enramada para cada uno, dejándose guiar por un pensamiento que aún no podía entender las cosas espirituales. Enseguida dijo el Apóstol Naasón que, en ese instante desapareció la transfiguración porque, el maestro observó que la mente humana se desvió a adorar y a servir, lo que ellos creían eran deidades.

En ese mismo sentido, recordó que, dentro de las múltiples enseñanzas que Cristo dio a sus discípulos, una de ellas fue que, ˂solo a Dios se debe de adorar˃ (V. Mateo 4:10) y el apóstol Pablo refiere que también a Jesucristo se adora por obediencia (V. Hebreos 1:6). En virtud de ello, el custodio de la doctrina pidió a sus ministros explicar a la iglesia que, “La Casa de Oración es un lugar donde solamente se da la honra, la gloria y la alabanza a Dios y a su hijo amado Jesucristo. Se puede hablar de la Elección, para dar a entender un tema bíblico para comprensión de la Iglesia, pero no es el lugar para alabar a un apóstol…” –enfatizó con visible celo de Dios, como custodio de la doctrina y de la adoración exclusiva para Dios y para su hijo Jesucristo.

Más adelante, especificó que, “Hay lugares para manifestar el cariño, el afecto humano, y hay lugares para manifestar el amor de Dios, y para poder agradecerle a Dios, solamente en su nombre y en el nombre de su hijo amado” y pidió encarecidamente a sus amigos que expliquen a la iglesia lo que significa el mandamiento de Cristo: ˂Mi casa, Casa de oración es˃ referido en Mateo 21:13, resaltando que el único ser digno de adoración es el Dios todopoderoso.

Continuó el Siervo del Señor enseñando que, cuando un hermano le pide de su oración, ésta es para que él interceda como Apóstol vivo, como amigo de Dios y facultado para hacerlo, pero no porque él personalmente vaya a hacer la obra, “porque toda obra la hace Dios” –aclaró, al tiempo que hacía la observación que este consejo lo impartía –y así desea que se imparta a la iglesia, no como una reprensión, sino como un consejo de amor, como una enseñanza que deje claro en las conciencias de los hermanos que, una de sus funciones como Apóstol de Jesucristo es precisamente la de cuidar que la doctrina no sea tergiversada.

Finalmente hizo un paralelismo con dos hechos históricos: Uno sucedido en Cesarea de Filipos cuando el también Apóstol Pedro, enviado por Dios llegó a la casa de un centurión llamado Cornelio y éste hombre, temeroso de Dios y piadoso con toda su casa, pero sin conocimiento de la doctrina, quiso adorar al Apóstol; pero inmediatamente el Mensajero de Dios le levantó y como una enseñanza para él y toda su familia reunida, les aclaró que, al igual que él, también era un hombre, un ser humano y que al único que debía adorar era a Dios. (V. Hechos capítulo 10, versos 25 y 26) y el otro más reciente, apenas en el siglo XX cuando algunos hermanos establecidos en los inicios de la colonia Hermosa Provincia, comenzaron a tomar agua de una fuente que puso el hermano Aarón, asegurando que esa agua curaba cualquier enfermedad.

Ante tal acto de los hermanos –recordó el Mensajero de Dios que, al ver el Apóstol Samuel que estaban desviando su confianza del Dios Omnipotentemente, indicó al Pastor José Chávez que explicara a la iglesia que “nuestro Dios, no es un Dios de muertos, sino que es un Dios de vivos” y que, la Iglesia entendió y obedeció la enseñanza apostólica para no volver a repetir esos errores, concluyendo así que, “el cariño, el afecto al hombre no es malo, pero hay lugares donde se debe de demostrar y hay formas también”. No quiso pasar por alto el hecho de que, en su momento su padre también recibió esa honra, pero puede asegurar que si se hubiese hecho dentro del templo, también él lo hubiese prohibido, “oramos por el Siervo de Dios, pero no le oramos al Siervo de Dios” –aclaró esa noche.

Para culminar su enseñanza de esa memorable noche, el Apóstol aclaró: “Yo no me siento mal porque ustedes enseñen la doctrina, siempre y cuando sea para edificación de la Iglesia, no para atacar la Elección. Cuando es para la edificación de la Iglesia, háblenlo con libertad y tenemos enseñanza para hablarlo de una forma hermosa, que la Iglesia lo entienda… Hay quien diga –El tiempo del hermano Aarón era más santo. –Todos los tiempos donde ha habido Siervo de Dios son santos, todos. También en la Iglesia primitiva y ellos (los apóstoles) a veces, daban también ciertas libertades, cuando veían que aquello no ofendía a Dios, ni apartaba a la Iglesia de su fe y cuidando siempre que aquellas libertades no se convirtieran en libertinaje” –culminó.

Después de compartir el pan y la sal con sus ministros, agradeció a éstos su amistad y fidelidad en el ejercicio de su ministerio y de manera muy especial volteó la mesa donde se encontraban las esposas de los pastores y les agradeció por todo su trabajo que llevan a cabo: “Dios les pague y les siga dando dones en su palabra, en su fe, en su conocimiento y experiencia, sean ayuda al trabajo de su hermano a través del apoyo a sus compañeros, sean un estorbo para el pecado y sean una ayuda en todo lo bueno”. Las hermanas de manera espontánea comenzaron a llorar ante las palabras del Varón de Dios y también le agradecieron el hecho de haberles permitido acompañarle en esta decimocuarta etapa de su gira.