«Los principios y valores cristianos no se imponen: es un proceso de instrucción en la fe»: Apóstol Naasón Joaquín

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 10 de enero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4.31 de la mañana cuando el Apóstol del Señor, acompañado de sus colaboradores, ingresó al templo. En el interior del recinto sagrado, elevó su plegaria al Creador, mientras el Orfeón local entonó las siguientes alabanzas: «Nuestro consuelo», «Una vida feliz», y «Maravilloso es».

Entre tanto, los ministros doblaron sus rodillas —en el atrio lateral del templo— y, juntamente con la iglesia congregada, se unieron a la oración del justo. Al término de su plegaria, el Mensajero del Evangelio eterno se despidió de los integrantes del Coro.

En la puerta de su casa, platicó con sus colaboradores: «La Palabra de Dios nos enseña a instruir al niño en su carrera, y aún cuando fuere viejo no se apartara de ella. Es por ello que debemos inculcar en el niño la fe y los valores, porque, a semejanza de un árbol, cuando este se tuerce es muy difícil poder enderezarlo, y al intentarlo se puede quebrar, porque ya tiene una forma. Por eso, desde que aquel árbol es un tronquito flexible, se puede moldear —hablando en relación con el adolescente—. Todavía podemos ponerle guías, palitos y lazos amarrados para que lo tensen y crezca derecho, porque de esta manera va agarrando forma: de su consistencia interna verde, pasa a convertirse en madera. En esta etapa, si se intenta desdoblarlo no se quiebra».

 

El alma de un hermano, cuando habita la fe en su corazón, es como un niño

Enseguida, prosiguió con el tema de la niñez: «La mayoría de los hermanos son obediente porque, a través de la fe, Dios los mantiene como niños: de esta manera el Señor identifica a quienes tienen un limpio corazón. ‘Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos’ (Mateo 18: 2-3); ‘… Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él’» (Lucas 18:16-17).

En relación con lo anterior, así refirió: «Esta fue una enseñanza, no una palabra dicha por decirla: que todo aquel de corazón noble, limpio, sincero, honesto y sin maldad, como el de un niño, quien no tiene malicia y es muy trasparente en lo que dice, siente y hace.

«El alma del hermano —aún cuando es adulto—, es como un niño cuando la fe de Dios está en su corazón. Esa alma es limpia, dócil y moldeable, dispuesta a toda buena obra, por eso la enseñanza del Señor Jesucristo… Se acercó un Apóstol a prohibirles a los niños que abrazaran al Maestro, cuando él estaba impartiendo una enseñanza, y permitió que un pequeño de acercara y dijo a sus discípulos: ‘Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios».

 

El crecimiento en la fe lleva un proceso

Enseguida, mencionó que cuando un ministro aconseja y exhorta a un hermano —o hermana— que cometió una falta, y este recibe para bien la disciplina, es semejante a la siguiente parábola: «En un descuido, un árbol pudo contraer una plaga, pero llega el jardinero y lo abonar y limpia, entonces aquel árbol vuelve a retoñar de nueva cuenta. Previamente, le dice el jardinero al dueño de la viña: ‘No lo destruyas, déjame abonarlo y regarlo. Si en un año no da frutos lo cortas, pero si da, déjame seguir cuidándolo’. De la misma manera, aquel hermano que en su descuido cometió una falta, través de la fe es abonado y regado. La fe que entra por el oír la Palabra de Dios, pero esto es un proceso».

Y agregó: «El crecimiento se da siempre a través de un proceso. ¿Cuánto le cuesta al niño aprender a caminar?, ¿cuánto le cuesta aprender a leer?, ¿cuánto le cuesta aprender los valores y los principios?… El bebé toma una cuchara, agarra la comida y se mancha su cara, pero va creciendo y en el futuro aprende a comer. Luego se pone de pie y en su inquietud comienza a moverse. Enseguida , comienza a gatear y se apoya en los objetos a su alcance. Es decir, que el crecimiento es poco a poco, y no de un día a otro. Es un proceso de enseñanza, cuidado y constancia».

En otro momento, expresó: «Por eso, cuando el hermano asiste por primera vez a la Iglesia, cuando aún no conoce a Dios, y le predican que que es necesario acudir todos los días a la oración, para que su alma sea alimentada por la Palabra de Dios, y en su consejo encuentre paz, descanso y consuelo, para él es una enseñanza nueva». Comentó que poco a poco, al escuchar la Palabra de Dios, la vida de aquel hermano iba a cambiar.

 

La Palabra de Dios es la que convence, persuade y llena el espíritu

Y Abundó: «Aún en los matrimonios, cuando se canta la alabanza de honra: ‘Que los dos que al altar se aproximan a jurarse su fe mutuamente, busquen siempre de Dios en la fuente el secreto de dicha inmortal. Y si acaso de duelo y tristeza se empañasen sus sendas un día, en Jesús hallarán dulce guía que otra senda les muestre mejor’, la enseñanza nos dice que en la tristeza, tribulación, pleito y desavenencias, hay una manera de volver a reacomodar su vida: ¡En Jesus está la fuente de vida eternal! Para ello, hay que buscarle todos los días y escuchar el consejo de la Palabra de Dios.

«Quien desconoce esta bendición, pregunta al hermano: ‘¿Todos los días vas a tus oraciones?, ¡qué aburrido!’. Sin embargo, el hermano que abrazó la fe asiste todos los días a la Casa de Oración: canta con alegría, ora con lágrimas….».

Y añadió: «¿Por qué llora el hermano? ¡Porque está hablando con Dios! Y no hay mayor bendición, comunión y confianza que la que Dios le da a sus hijos… platicar y desahogarse con Dios; experimentar que Él extiende sus alas y los abraza; que comienzan a sentir el cobijo, protección y amparo. ¡A sentir la presencia de Dios! Es cierto, Dios no le responderá cara a cara al hermano, pero este sentirá la presencia del Espíritu de Dios, sus alas que le están cobijando, y los brazos que lo están protegiendo. Y de su interior comienza a desbordar de amor, de lagrimas de alegría… ¡Cómo no va a llorar!».

«Las personas que desconocen la Palabra de Dios, cuestionan el por qué los hermanos cuando acuden a la Casa de Oración lloran cuando elevan su oración a Dios. Esto obedece —recordó el Apóstol— a que muchas personas “se inclinan ante una imagen —hecha por las manos del hombre, de yeso, madera o metal— que además de no tener vida, no les inspira absolutamente nada: no les habla, nos los puede ver, no los pueden oír…» (Salmos 115: 1:8).

 

En el Pueblo de Dios no se practica en fanatismo, el cual engendra ignorancia

El Embajador del reino de los cielos reiteró que la enseñanza de valores y principios en la niñez y adolescencia de la Iglesia del Señor, no es por imposición: es un proceso en el cual, por medio de la Palabra de Dios, va formando fe en los corazones desde la temprana edad. En este tenor, citó las palabras de Salomón: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6) —cabe destacar que en la Iglesia La Luz del Mundo no se predica a la fuerza, ni se impone la doctrina, ni se obliga a nadie a abrazar la fe. La Palabra de Dios es la que convence, persuade y llena el espíritu—.

En contraste, en la liturgia católica los padres del niño recién nacido lo llevan a bautizar, aunque carezca del uso de razón. Y más aún: a han registrado casos donde el niño se resiste a que el sacerdote lo obligue a zambullir su cabecita en la pila. Incluso, algunos niños han perecido ahogados al tratar de imponerles a la fuerza este rito (el bautismo de niños no una enseñanza cristiana). Al respecto, el Apóstol de Jesucristo así ha instruido: «En la Iglesia del Señor no se pueden bautizar niños porque el requisito principal que Cristo pide es creer. ¿Un niño recién nacido puede creer?, no. Dirán algunos: ‘Pero sus padres sí creen.’ Sin embargo, la salvación es individual: ni el padre por el hijo ni el hijo por el padre; el alma que pecare esa morirá… pero el alma que se arrepienta y se convierta, esa es aspirante a la vida eterna» (Honolulu, Hawai, 17 de enero de 2016).

Antes de despedirse de sus colaboradores, el Apóstol de Jesucristo refirió: «En aquel acto —el bautismo de niños— no le están engendrando al niño conocimiento, saber o inteligencia… se le está imponiendo una tradición que no entiende, y en algunos casos no quiere y se resiste a ser bautizado… En el Pueblo de Dios no se practica en fanatismo, el cual engendra ignorancia. En la Iglesia del Dios Vivo se engendra conocimiento de Dios en el corazón de cada uno de sus hijos».

Luego de impartir la precedente enseñanza, se dirigió a sus colaboradores con singular satisfacción: «Las cuerdas nos cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que nos ha tocado vivir. Dios les pague por acompañarme. Dios los bendiga».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.