Apóstol Naasón Joaquín visita Puente de Ixtla en Morelos

Puente de Ixtla: última de las Iglesias visitadas por el Apóstol Naasón Joaquín en Morelos, en el marco de la décima etapa de su Gira Universal

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La sagrada promesa de Dios de dar bendición a quien bendijere a su ungidos, tuvo su cumplimiento en los en la Iglesia de la colonia San Mateo, en Puente de Ixtla, Morelos, quien el miércoles 31 de mayo recibió la visita del Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García quien dejó a los hermanos de esta ciudad un regalo espiritual.

Cuando el Apóstol del Señor entró al templo —inaugurado en 2010—, dirigió unas palabras a la grey: «¡Qué hermoso es estar entre ustedes este día y contemplar vuestros rostros!». Enseguida, hizo alusión al pasaje bíblico cuando llegó un profeta de Dios —Elías— a la casa de una mujer viuda que vivía en extrema pobreza y recogía dos leños para cocinar lo poco de harina y aceite que tenía y dejarse morir ella y su hijo. Así se lo hizo saber al Siervo de Dios cuando él le pidió un alimento, a lo que él contestó a la mujer: «Ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero…» (v. 1 Reyes 17: 8-16).

«Pareciera un acto de injusticia —dijo el Ungido del Señor— de desconsideración hacia la situación económica que tenía la mujer. ¡Cómo llega el profeta de Dios con aquella exigencia!, ¡qué mal sentir de despojar a la mujer de lo único que ella tenía! Pero cuando el profeta continuó su camino la mujer encontró que su vasija no se vació ni la harina escaseó.

«Yo también hoy vengo a este lugar y tú me viste que pasé a tomar unos alimentos que me preparaste. No era el alimento lo que me trajo a este lugar… el que me atrajo a este lugar sois vosotros”. Entre expresiones de alegría de la iglesia regocijada en el espíritu, el Apóstol del Señor les recordó la promesa que hay de parte de Dios: «Bendeciré a los que te bendijeren» (v. Génesis 12.3), y desde luego nuestro Señor Jesucristo también estableció otra promesa: «Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos tan sólo un vaso de agua, no perderá su recompensa» (v. Mateo 10:42).

«Señor, tú me has puesto como lumbrera en tu Pueblo, como su guía espiritual, como su representante en este lugar y donde Tú llevas mi cuerpo, en donde pisan mis pies, allí derramas tu bendición. Yo quiero pasar por esta iglesia, quiero pisar en este lugar, quiero tomar aquella torta que me están ofreciendo porque quiero que cumplas tu promesa en ellos! ¡Que Tú les bendigas y les prosperes y que este hermoso lugar, Puente de Ixtla, sea muy prosperado y muy bendecido en tu nombre!

“Si tu así lo sientes, te digo con verdad, no te preocupes… ¡Dios te va a bendecir! Déjame entonces doblar mis rodillas, acompáñame para que yo pueda levantar mis brazos y decirle al Señor: ‘Ellos me dieron un vaso de agua fría, me dieron una torta, me dieron un alimento… cumple tus promesas según tu Palabra y esta iglesia sea bendecida de tu parte y muy prosperada».

En una larga y ferviente plegaria, la Iglesia oró junto al Apóstol de Jesucristo. Ya de pie, reiteró: “Si tú has creído en mi palabra, Dios te va a bendecir, prosperar y engrandecer; así que hermanos, sigamos adelante”.

Antes de salir del sagrado recinto, les recomendó seguir esforzándose por la Obra de Dios y procurar levantar un santuario más grande del que está actualmente y que se consagró en el año 2010, a fin que albergue cómodamente a las almas de la pesca milagrosa y la bendición que en su visión está viendo que vendrá en cumplimiento de la promesa de Dios a su Siervo. Al despedirse agregó: “Puente de Ixtla, Dios te pague por tu atención, Dios te bendiga en el nombre de Jesucristo”. Partió entre los llantos de alegría y gozo de su pueblo, dejando su palabra de bendición.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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