«No hay mejor forma de aprovechar el tiempo que buscando a Dios»: mensaje apostólico de Año Nuevo

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El lunes 31 de diciembre, en el templo sede internacional de la Iglesia La Luz del Mundo, tuvo lugar el servicio de acción de gracias para despedir el año 2018, y dar bienvenida al 2019, presidido por el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, quien elevó su plegaria al Creador. Estuvieron presentes las iglesias de la Zona Metropolitana de Guadalajara, así como un numeroso grupo de visitas.

Previo a la presentación apostólica, correspondió el hermano P.E. Rogelio Rojas presidir el servicio de alabanzas. El reloj marcaba las nueve de la noche cuando inició el solemne culto. Participaron con sus alabanzas los orfeones de Hermosa Provincia, Bethel, Metropolitano, Silentes, Adolescentes, Idiomas y Niños del Distrito II (Tonalá y Zapopan), quienes entonaron diferentes cánticos, que avivaron el fuego espiritual en los corazones.

Las catorce hectáreas que comprenden la colonia Hermosa Provincia se encontraban pletóricas de hermanos. Allende las fronteras, centenas de miles de hermanos, congregados en sus respectivas Casas de Oración, se unieron al júbilo espiritual —a través de la página web de Berea Internacional, el servicio de acción de gracias se transmitió en vivo—.

Durante el servicio, el ministro leyó algunos saludos que las iglesias de México y el extranjero enviaron al Apóstol del Señor. Enseguida, cuando el reloj marcaba las 10:22 de la noche, el Coro de Silentes cantó, en su «lenguaje», el himno «Juntos haciendo historia».

 

Salutación apostólica

El reloj marcaba las 11:01 de la noche cuando el Apóstol de Jesucristo ingresó a la Casa de Oración. El momento esperado por la Iglesia Universal había llegado. Mientras caminaba por el pasillo central, en dirección a su ministerio, se escuchó el himno insignia del apostolado contemporáneo: «Soy yo soldado de Jesús». Sin mencionar palabras, el Siervo de Dios dobló sus rodillas y elevó su primera oración en esta noche. La Iglesia, como un solo hombre, con singular fervor se unió a la plegaria apostólica

Enseguida, los coros entonaron al unísono el himno «El Apóstol de la Consolación», que en sus estrofas expresa el Llamamiento del Apóstol Naasón Joaquín, la consolación que Dios proporcionó a su Pueblo y el testimonio de las promesas cumplidas. Aún se escuchaban las estrofas del cántico, cuando el Apóstol de Jesucristo asentó: «¡Qué hermoso es el sello del Apostolado! ¡Qué hermosa es la Obra perfecta de Dios! … un recuerdo que nos mantiene con gratitud a Dios, a ti y a mí, porque Dios nos selló como un solo hombre».

Luego de haber cantado el himno, el Embajador del reino de los cielos inició con su mensaje a la Iglesia Universal, esparcida por los cinco continentes: «Saludo a los hermanos, deseando que las bendiciones recibidas en 2018 se renueven y multipliquen a raudales en el próximo año 2019, y que Dios os llene de la paz y bienaventuranza de sus hijos amados». Enseguida, recordó las bendiciones experimentadas en el año que se va, entre ellas la celebración de la primera Santa Cena a nivel nacional en Estados Unidos, donde más de cien mil hermanos se reunieron en San Bernardino, California, para recordar la muerte del Señor Jesucristo, finalizando con la decimocuarta etapa de la Gira Apostólica, que tuvo lugar en cinco estados del norte de México. Por las incontables bendiciones recibidas, asentó: «Dios ha estado con su hermano Naasón y con su Pueblo. Han pasado cuatro años de la manifestación apostólica, y Dios ha hecho grandes maravillas: su mano fuerte nos ha sostenido y a la Iglesia la ha engrandecido por todo el mundo…».

 

Gratitud: virtud indispensable para servir a Dios

Enseguida destacó que, durante el servicio de acción de gracias, los hermanos habían adorado a Dios al escuchar los cánticos espirituales, y agregó: «La alabanza a la Elección es agradecerle a Dios que Él nos ha abarcado en su gracia. Porque, ¿en qué época Dios se manifestó a la humanidad? En los tiempos que Él puso a un Profeta, envío a su Hijo y dejó como representantes a sus Apóstoles. Mientras no hubo Profeta de Dios o Apóstoles de Jesucristo sobre la faz de la tierra, no se sintió ni se vio ni se conoció la presencia de Dios en este mundo. Por eso vuelvo a recalcar: los cantos de Elección son un reconocimiento de gratitud a Dios, porque a través de ella, Él nos sigue abarcando en su grande misericordia».

Recordó también que alrededor del mundo cada hermano espera a que esta noche él levante sus brazos y eleve su oración a Dios, hablé con Él y le pida bendiciones y prosperidad espiritual en favor del Pueblo: «No ignoro que muchos se alegrarán en este día y le pedirán a Dios que les conceda ser mejores cristianos, padres, hijos, esposos… Pero sé que vienen también otros con su cabeza agachada, aquellos hermanos que el mundo los ha cautivado; que su carnalidad los ha arrastrado al pecado, pero que todavía hay una brasa encendida en sus corazones, y que al saber que hoy es un día en que su Hermano Naasón se levanta para orar por ellos, tienen la esperanza de que al venir a este lugar, la oración apostólica, que es como el viento que sopla sobre la flamita para que esté encendida y vuelve otra vez a prender el fuego espiritual que hay en cada uno de ellos».

Luego de la salutación, el Apóstol del Señor expresó: «Nuestra reunión no es un evento social. Estamos reunidos para recibir el nuevo año conforme el mundo ha marcado en estas fechas, trayendo al corazón sabiduría mediante el recuento de los días y el análisis de nuestras acciones; buscando, a través de la gratitud, servir mejor a Dios el próximo año que se acerca». Antes de ingresar al templo —mencionó— le pidió a Dios que el consejo que habría de dar a sus hijos materiales fuera exactamente el mismo para sus hijos espirituales.

 

Tema: El tiempo de vida que Dios nos concede sobre la faz de la tierra

Previo al consejo de esta noche, el Apóstol invitó a los Coros a cantar el himno «La vida se va como el viento», que habla de la brevedad de la vida del ser humano, con el propósito de invitar a un análisis y meditación sobre el caminar de cada hermano en el año que concluye y que, posteriormente, se manifieste el deseo de servir mejor a Dios el año 2019, con gratitud y reconocimiento.

Luego de cantar el himno, el Siervo del Señor refirió que la letra del himno es una palabra que da aliento para continuar buscando a Dios, como el año que en unos minutos concluiría. Enseguida, mencionó el tema que trataría esta noche: «El tiempo de vida que Dios nos concede sobre la faz de la tierra».

En primer lugar, comenzó con la narración del principio de la Creación, cuando todo estaba desordenado y la tierra se encontraba vacía; cuando no existía ni la luz, ni la vida, ni el tiempo… y Dios, con su poder infinito, comenzó la Obra de su Creación. En este tenor, citó el siguiente pasaje: «Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue en la tarde y la mañana un día» (Génesis 1:5), y agregó: «Todo lo anterior lo formó Dios para el beneficio del hombre». Enseguida, así reanudó: «Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto» (Génesis 1: 14-18).

 

El tiempo, una Creación de Dios para el hombre: ¡Dios es la fuente de la eternidad!

Luego de la lectura anterior, el Apóstol de Jesucristo afirmó: «El tiempo, como lo conocemos, es Creación de Dios para el hombre, pues el tiempo para Dios no existe. Para Él no pasan los años, pues Él es la fuente de la eternidad. Dios es atemporal e infinito. Para Él no hay edad ni años ni siglos… ¡Él es la vida misma! ¡La eternidad de la eternidad! El origen de todo lo que hoy vemos y conocemos, pero que quiso formar al hombre para que reconociera el poder de Dios, y al crearlo formó también el tiempo, y puso en el hombre los límites y el orden para los tiempos; de esta forma, el hombre nace, crece, se reproduce e indefectiblemente muere».

Y abundó: «Dios determinó al ser humano un orden y un límite de tiempo para que existiera sobre la faz de la tierra. Y en ese breve espacio de tiempo —70 años, y en los más robustos 80—, quiso dar al hombre la oportunidad de alcanzar la inmortalidad… El hombre fue formado por Dios, así como el tiempo que Él le dio con un solo propósito: que el hombre buscara a Dios y lo encontrara, y que, encontrándolo, lo amara y viviera eternamente». En este contexto, citó el siguiente texto: «Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos» (Hechos 17:26-28).

 

¡No fuimos creados para el tiempo: fuimos creados para la eternidad!

A pocos minutos de finalizar el año 2019, el Apóstol Naasón Joaquín destacó la importancia de valorar el tiempo que Dios le permite a su Pueblo: «Dios nos concede el tiempo propicio no solo para que cumplamos nuestros objetivos, planes y metas —y que con ello no nos hagamos vanidosos y vanagloriosos—. ¿Para qué nos da Dios la oportunidad de vivir un año más?, principalmente para que busquemos a Dios entre tanto tengamos tiempo; es decir, mientras nos permita la vida. Así pues, el tiempo es la oportunidad que Dios da al hombre para alcanzar la inmortalidad en un breve espacio de años, al que llamamos vida. ¡No fuimos creados para el tiempo: fuimos creados para la eternidad!

«Dios mismo creó el tiempo en el principio y le dio orden a la vida y a la Creación que formó: las señales para las estaciones, los siglos, los años y los días… Y es el mismo Dios que con su Palabra hará que el tiempo no exista más. Aunque Él vive por los siglos de los siglos, Él es la eternidad misma. Los años pasan y para Él todo es presente: para Dios no hay pasado, y el futuro es Él». En este contexto, invitó a leer el siguiente pasaje: «Y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más» (Apocalipsis 10:6).

Enseguida, agregó: «¿Qué va a hacer el Señor en algún momento? El tiempo que Él creó para nosotros, lo va a quitar… el tiempo que ahorba conocemos dejará de ser, y al dejar de ser, el hombre dejará de tener la oportunidad de buscar a Dios, semejante a cuando deja de existir y no puede hacer más con el tiempo que tuvo en vida: para quien muere se acabó la oportunidad que tuvo en vida de buscar a Dios».

Para abundar en lo anterior, el Apóstol del Señor citó, a manera de paralelismo, el testimonio del Arca de Noé (v. Génesis 6: 9-22). Relató que en aquel tiempo se corrompió la humanidad delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia, y dijo Dios a Noé: «He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra». Al ver, pues, la maldad en el mundo, ordenó a Noé construir un arca para que, al ingresar en ella, pudieran salvarse del diluvio que vendría.

 

¡No hay mejor forma de aprovechar el tiempo que buscando a Dios!

En relación con lo anterior, mencionó que, aunque no se sabe el tiempo que duró la construcción del arca —algunos autores sostienen que duró cien años, sin base—, por las medidas que Dios le dio a Noé fue una nave inmensa. En el lapso que Dios le indicó a Noé que construyera el arca para que los moradores de la tierra a guarecerse en ella ante el diluvio que habría de venir. Todo aquel que entrara en el arca estaría seguro, porque Dios lo iba a cuidar.

El Mensajero del Evangelio eterno destacó que, en esa época, el mundo tuvo un tiempo para reflexionar, analizar y escuchar a aquel Hombre de Dios que había recibido la indicación de construir el arca. Para aquella generación era imposible creer que habría un diluvio, porque no conocían la lluvia, es por ello que se burlaron del Siervo de Dios y lo juzgaron como un loco. Y añadió: «¿Cuánto tiempo duró la construcción del arca? No lo sabemos. Sin embargo, el lapso que haya durado es el tiempo que Dios le otorgó al hombre para que se acercaran a Noé, el hombre que había recibido la voz de Dios. Pasó el tiempo y quedó terminada el arca, y Noé introdujo en ella un par de las especies que Dios le indicó —no decimos que entraron todas las especies, solo las que Dios quiso preservar para beneficio del hombre, y que posteriormente se iban a reproducir—.

Enseguida, narró que cuando llegó el diluvio fueron destruidos las bestias, los monstruos marinos y todas las aves del cielo. En aquel momento se cerró puerta del arca y el Ángel de Jehová la selló para que nadie la pudiera abrirla: «Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes. Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió. Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca» (Génesis: 19-23).

Previo a la destrucción que originó el diluvio, las personas que juzgaban a Noé corrían desesperadas clamando una oportunidad para ingresar al arca y salvarse, pero ya era tarde: el tiempo que Dios les había dispensado con antelación, lo habían desaprovechado. En este tenor, el Apóstol de Jesucristo asentó: «No podemos decir que Dios fue malo, por qué Él les anticipo por medio de Noé lo que acontecería, al cual ellos juzgaron de loco. ¿Un Dios malo?, no. Él mostró su amor y bondad. A pesar de que la humanidad se había alejado de Dios y vivía en maldad, en el lapso que Dios les había dado, estaba dispuesto a perdonar al hombre mientras entrara en el arca. Aquella arca era la oportunidad para que el hombre alcanzara gracia, misericordia y perdón de Dios, aun cuando el hombre fuera malo y pecador. Reitero: si aquel hombre hubiera decidido entrar, por más horrendos que fuera sus pecados aquel hombre viviría».

 

Transitar como extranjeros y advenedizos, es vivir como si este mundo no fuera nuestro hogar

En relación con lo anterior, abundó: «Por eso dije: a mí me gusta mucho recurrir al bosquejo, porque para eso Dios nos creó, para que de aquella historia [la que narra el Antiguo Testamento] aprendiéramos y no cometiéramos los mismos errores. El tiempo breve en que vivimos en esta tierra lo transitamos como extranjeros y advenedizos». Enseguida, citó el siguiente pasaje: «Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura» (1 Crónicas 29:15), y agregó: «El texto se refiere a nuestra vida sobre la tierra, porque en esta tierra si hay límite. En esta tierra somos como una sombra. Somos como la flor de campo, somos como un pensamiento, como la neblina de la mañana».

Y añadió: «Transitar como extranjeros y advenedizos es vivir como si este mundo no fuera nuestro hogar… como si esta vida no fuera nuestra, porque el peregrino y advenedizo sabe que debe volver a la patria a la que él pertenece, y de donde proviene. Por eso, cuando afirmo que no somos creados para el tiempo sino para la eternidad, no me refiero a esta carne, al cuerpo limitado que tenemos: me refiero al alma, la que vive dentro de nuestro cuerpo y que fue creada por Dios para alcanzar la inmortalidad».

Recordó que, en un principio, Dios le permitió al hombre vivir cientos de años: Matusalén vivió 969 años (v. Génesis 5:27); posteriormente, Dios acortó la vida del hombre a 120 años (v. Génesis 6: 3); en la actualidad, los días del hombre son 70 años, y en los más robustos 80 (v. Salmos 90: 10). Y reiteró: «Al ser extranjeros y advenedizos, debemos vivir redimiendo bien el tiempo que Dios nos concede en esta vida, aprovechando los días, meses y años para buscar a Dios. ¡No hay mejor forma de aprovechar el tiempo que buscando a Dios! Éste es mi consejo. Esta es mi enseñanza. Esta es la Palabra que hoy te vengo a traer».

En otro momento, expresó: «Mi oración la esperan también aquellos hermanos que, con arrepentimiento, llegan al templo con sus cabezas agachadas… se acercan avergonzados y con afrenta por su pecado, por no haber sabido redimir el tiempo que Dios les ha permitido». El Apóstol de Jesucristo recordó que cuando él fue ministro, le tocó ver a diferentes personas que ingresaban al templo a cantar himnos y escuchar la Palabra de Dios. Pensando que eran visitas, sucedía algo inesperado: ellos seguían la consagración, cantaban alabanzas sin leer el himnario, porque se las sabían, y entonces deducía que eran hermanos que, engañados por el enemigo, se habían apartado de la Iglesia, pero ahí estaban, como un carbón que todavía arde, que todavía mantiene con vida su fe, porque saben que mientras haya un Hombre de Dios sobre la faz de la tierra, hay reconciliación entre Dios y los hombres.

 

Como el padre se compadece de los hijos, así se compadece Jehová de los que le temen

En este tenor, abundó: «La oración del Hombre que Dios ha elegido, siempre ha sido como un viento que rompe todas las barreras, que quita todos los obstáculos y que libra de todos los males, para que su Iglesia siga avanzando… Hay hermanos que viven un cristianismo enjuiciando a sus hermanos cuando dicen: ‘Mira, ahí está ese hipócrita. No tiene vergüenza. Se fue al mundo, al libertinaje…’, pero yo digo: ‘No, no es un hipócrita’. Para su Hermano Naasón, aquel hermano que todavía viene, aunque sea a esta oración, es un hermano que viene agonizando. Todavía tiene vida, respira espiritualmente, está esperando el impulso espiritual: el viento de la oración apostólica, que prenderá el carbón, encenderá el bracero y prenderá de nuevo la llama, porque su esperanza aún no ha muerto.

«Y aquel hermano viene como el hijo pródigo (v. Lucas 15:11-32). Tal vez en su mente humana piense regresar otra vez a su vida de libertinaje y pecado —ofendiendo a Dios—; pero al hacer acto de presencia, está diciendo: ‘Todavía creo en el que Dios ha enviado. Todavía apelo a esa oración, que cual viento espiritual vendrá a fortalecerme y me volverá a dar vida’. Para cada uno de ellos, juntamente con vosotros, yo les quiero leer las palabras del salmista David: ‘Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen’ (Salmos 103:13).

«Has pecado, ofendido a Dios, vivido en libertinaje, creyendo que engañas a la iglesia… pero hoy vienes sabiendo que a Dios no lo puedes engañar… porque Él es Omnipresente: ‘¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás…’ (Salmos 139: 7-8). Y yo digo: ¡Bendita gracia de Dios!, porque mientras sepan que aquí está Dios, hay esperanza y vida para ellos. Por eso Dios nos concede hoy un año más de vida, para que, analizando nuestro proceder, busquemos una nueva oportunidad, porque no sabemos si mañana volveremos a abrir los ojos. Si hoy viniera el Ángel de Jehová a pedir tu alma, ¿te has puesto a pensar que le vas a decir?… Pero yo te respondo: el hombre, por más malo y perverso que hubiera sido, si hubiese entrado en el arca, Dios le hubiera dado una oportunidad.

Hay un arca que Dios ha construido, no hecha por mano de hombres, sino desde antes de los tiempos de los siglos ¡Las puertas todavía están abiertas!

Enseguida, invitó a leer el siguiente pasaje: «Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo. El hombre, como la hierba son sus días. Florece como la flor del campo, Que pasó el viento por ella, y pereció. Y su lugar no la conocerá más. Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos; Sobre los que guardan su pacto, Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra» (Salmos 103: 14-18).

Luego de la lectura, expresó: «Hoy vienes a este lugar a reflexionar. Hoy será el día que digas: ‘Hoy cambiaré mi vida y me apartaré del mal, Hoy alégrate, porque hay un arca que Dios ha construido, no hecha por mano de hombres, sino desde antes de los tiempos de los siglos, Él la creó para darte esa oportunidad. ¡Las puertas todavía están abiertas! Yo no sé cuándo el Señor dirá: ‘La puerta ya está cerrada’; Pero hoy las puertas están abiertas de par en par, para que todo aquel que tema a Jehová se acerque y encuentre el perdón de Dios.

«Su Hermano Naasón se presenta ante vosotros, porque Dios ha ensanchado mi corazón de misericordia; porque Él se acuerda de que somos polvo, y somos conscientes de que le hemos fallado. Pero confiamos en que, así como el padre se compadece de su hijo, el Señor también se compadecerá de nosotros. Puedo decir entonces con libertad lo que Dios ha hecho esta noche con su Hermano: ¡Mira, mi corazón de Apóstol se ensanchado el día de hoy!

«En mi corazón y en mi mente, no sólo están mis hijos que agachan la cabeza y con pena y dolor han venido a buscar una nueva oportunidad, no. También estáis vosotros, aquellos que os esforzáis continuamente, que peleáis a mi lado y que hombro a hombro van con su Hermano Naasón —ancianos, jóvenes y niños— y vamos conquistando este mundo, conforme Dios me lo ha prometido. ¡También por vosotros voy a pedir!, también vosotros traes vuestros presentes, para que yo los presente delante de Dios, Voy a tomar vuestro esfuerzo y sacrificio.

«Hermano y hermana que están en el Coro y en la Obra; jóvenes, señoritas, niños y niñas que han salido a cantar a las calles y a evangelizar, y no se han avergonzado de ello; que invitas a tu pariente, vecino, amigo de escuela y compañero de trabajo, ¡no sabéis que orgulloso me siento de vosotros! El que hoy me compadezca de mis hijos que han sufrido la separación, no me hace olvidarme de vosotros. Hoy, Dios ha ensanchado mi corazón para decirte: ¡No temáis, manada pequeña! Vosotros estáis en el hueco de la mano de Dios. seguro se halla el aprisco!

 

Petición apostólica por los hermanos alejados y las visitas

«De verdad os digo que hoy mi corazón de Apóstol se ha ensanchado. Al presentarme en mi oración delante de mi Dios, también me voy acordar en esta noche por aquellas visitas que nos han honrado con su presencia. Al venir a estar con nosotros, sé que también tienen necesidades, angustias en sus casas y enfermedades. Sé que también se sienten sin la paz de Dios. No por el hecho de ser visitas, piensen que esto no es para ustedes… Si tú viniste este día, aunque seas visita, ya estabas abarcado en el plan bendito de Dios, en su gracia. Tu presencia en este lugar no es casualidad: viene a confirmar que Dios sigue trayendo almas y que, dejando las 99 seguras en el corral espiritual, va a rescatar aquella que está enferma.

«Hermano y hermana que eres visita: ¿Vienes enferma?, ¿con angustia?, ¿con tribulaciones? Sabe que has llegado al lugar correcto. Has llegado a la Iglesia del Dios Vivo Columna y Baluarte de la Verdad, donde servimos y adoramos a un Dios Vivo y verdadero, el cual está en medio de nosotros. Por los que habéis dignado parte de su tiempo para estar entre nosotros, también mi oración será en favor de ellos, Que Dios abra sus corazones y entendimiento, para que la Obra perfecta entre en ellos, y el día de mañana puedan decir: ‘Soy el hijo de un Rey’.

 

Oración apostólica de intercesión

«Hoy puedo decir con toda libertad: ‘Hijitos míos, visitas todas: con la autoridad que Dios me ha dado, hoy me presentó para explicar, rogar y clamar a Dios por vosotros, por vuestra paz, felicidad y ánimo. Para que Dios multiplique sus bendiciones en vuestros hogares. Yo te invito para que me acompañes, pero tu oración no va hacer para pedir por tu Hermano Naasón; no será para pedir por tu necesidad… Hoy vas a darle la gloria a ese Dios que te ha librado. Dirá alguno: ‘Pero, ¿cómo le voy a dar la gloria a Dios, si vivo en pecado? Aquí estoy escondido entre los arbustos de una calle lejana…’. Es por ti, aunque te dé pena levantar tu rostro… Dios te trajo, y su fuego espiritual te mantiene en este lugar. Así es que: ¡Huesos muertos, no tengáis temor! ¡Alabad a Jehová, bendecir su nombre y adorar al único Dios Vivo y a Jesucristo, su Hijo amado!».

Entre tanto la iglesia elevaba su oración, el Apóstol de Jesucristo pidió a los Coros que entonaran la alabanza «De lo profundo o Jehová mi alma te clama», que en una de sus estrofas refiere: «Si tú mirares, oh Jehová, mi insuficiencia, jamás podría sostenerme yo ante ti. Pues solo en ti encuentro perdón y vida eterna, sostenme siempre y jamás tropezaré».

Enseguida, el Apóstol del Señor expresó: «Déjame postrarme ante mi Dios, y mientras tú adornas mi oración, alabando a Dios, yo me humillaré a lo sumo delante de Él para decirle: ‘Señor, bendice a tu Pueblo y prospéralos en tu gracia divina. A las visitas que hoy nos honran con su presencia, hazles sentir que han llegado al hogar, a su destino, adonde tú las habías puesto desde antes de los tiempos de los siglos».

 

La misericordia de Dios es para siempre

La alabanza de meditación se escuchó no solo en el interior del recinto sagrado, sino en las calles de la colonia Hermosa Provincia. La gracia de Dios se experimentó sobremanera, aún entre las visitas. La mayoría de ellas, con sus ojos humedecidos, no pudieron contener la bendición de Dios que se derramó durante esta velada.

Al finalizar la alabanza, el Mensajero del Evangelio eterno pidió a la Iglesia entonar el canto n. 549, «Sueñen dulces himnos», para posteriormente adorar al único Dios Vivo, que es Espíritu. Posteriormente, expresó jubiloso: «Bienvenido sea este Año Nuevo 2019», e. invitó a la Iglesia del Señor a exaltar a Dios a través de la lectura del salmo 136:

Alabad a Jehová porque él es bueno,
Alabad al Dios de los dioses y Señor de los señores,
Al único que hace grandes maravillas,
Al que hizo los cielos, la tierra y todo el universo,
Al que formó el tiempo para darnos la oportunidad de buscarlo,
Iglesia Santa de Dios, hermanos retirados que hoy han venido a buscar otra vez su rostro, visitas que hoy no honran con su presencia: al que nos da un nuevo año y se ha compadecido de nosotros,
Alabad a Jehová porque le ha dado grandes triunfos a su Ungido,
Al que en este año 2019, que hoy empieza, será nuestro escudo, nuestro libertador, y nuestro refugio,

 

Despedida

Luego de la meditación anterior, ante la cual la Iglesia respondió al unísono: «Porque para siempre es tu misericordia, tu misericordia es para siempre», el Embajador de Cristo dirigió su mensaje de despedida: «Agradezcamos a Dios por todas sus bendiciones. ¡Dios nos ha dado una nueva oportunidad! El mundo correrá a ofenderle una vez más, pero este Pueblo buscará hacer la santa voluntad de Dios. Pidámosle de su ayuda para cumplir estos buenos deseos, en Cristo Jesús».

Luego de elevar la primera oración del año 2019, el Embajador del reino de los cielos se despidió de la iglesia: «Hoy nos vamos felices al haber recibido este nuevo año y haber encontrado una nueva oportunidad. Dirá el fatuo e insensato: ‘Pero no pasó nada, fue un día o una noche más’. Es que ellos no ven lo que tú y yo vemos; no sienten lo que tú y yo sentimos… Por eso decimos: ‘Gracias, Señor, por darnos esta oportunidad. Iglesia esparcida por todo el mundo: ¡Feliz Año 2019! ¡Confiad, Jesucristo va con nosotros al frente! ¡Firmes y adelante, huestes de la fe! La paz de Dios quede en vuestros corazones. Dios los bendiga».

Al descender de su ministerio, los coros entonaron el himno «Llama de luz que no se apaga». El Apóstol del Señor caminó por el pasillo central del templo y, a su paso, saludó a sus hijos en la fe. Desde el balcón de su casa, saludó a la iglesia que, desde el exterior del templo, esperaba contemplarlo: «Dios les pague… A Dios y a Jesucristo sean la gloria desde ahora y para siempre. ¡Feliz año 2019! Yo quisiera que vosotros volitéis para con su hermano o hermana, aquellos que vivís en la paz de Dios, y lo abracéis. En él, sentiréis el cobijo de Cristo… ¡Con Cristo al timón navegamos seguros! Dios los bendiga y los guarde. Desde este lugar les doy un abrazo y un ósculo de amor en Cristo Jesús».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.