Presentación Apostólica en Charlotte, Carolina del Norte

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 3 de abril, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, inspirado por Dios, visitó a  los hermanos de las Carolinas Norte y Sur, en la unión americana, los cuales se congregaron con gran entusiasmo espiritual en el Centro de Convenciones de la ciudad de Charlotte, adonde acudieron desde las iglesias de Garner, Lumberton, Lexignton, Walhalla, Greenville y Charleston, acompañados de sus respectivos ministros. Cabe destacar que en 90 años de vida de la Iglesia La Luz del Mundo, este lugar era visitado por por primera vez por un Siervo de Dios, por lo que en este recinto, bellamente ornamentado para recibirlo, se vivía un ambiente de fiesta espiritual.

El Coro, integrado por los orfeones de las iglesias de la zona conurbada y dirigido por el hermano Jehú Hernández, previamente entonaba las alabanzas que fueron preparando el corazón de la grey para escuchar el mensaje del Apóstol. La consagración de la Escuela Dominical estuvo presidida por el hermano D.E. Daniel García Carrillo –ministro de la Iglesia de Ocuiltzapotlán, Tabasco–, quien por la presencia de cientos de hermanas y hermanos invitó a cantar el himno “Israel es un rebaño potente”,  alabanza espiritual que se entonó con gran entusiasmo y en la que se basó para reconocer la fortaleza de los soldados de Jesucristo, quienes tienen un General valiente, un Apóstol que los dirige y los lleva de triunfo en triunfo espiritual, a lo que la Iglesia asintió con un fuerte ¡amén!

Los niños de las iglesias de las Carolinas le dan la bienvenida

Poco antes de las 10: 30 de la mañana, hizo su arribo el Apóstol de Jesucristo al recinto sagrado. Una valla humana conformada por niños y niñas de las seis iglesias citadas, lo recibieron con alegría y reconocimiento, plasmado en pancartas con insignes leyendas.

El hermano P.E. Oscar González Angulo le dio la bienvenida a nombre de la Iglesia. En sus palabras destacó la bendición que traen los Siervos de Dios, la cual opera con evidencias en su predicación a los pobres y en la gloriosa manifestación del Espíritu Santo.

La Iglesia entonó una alabanza de bienvenida al Apóstol de la consolación, escrita por el hermano Saúl Peña, en la que expresó el reconocimiento por sus triunfos y conquistas en la labor evangelizadora, evidente en el crecimiento y fervor espiritual que está retomando la Iglesia del Señor en la administración de la nueva era apostólica; muestra de ello fue el caluroso recibimiento que, unánime, le expresaron en ese canto por la bendición de tenerle entre ellos.

Por su parte, el Apóstol Naasón Joaquín elogió la espiritualidad de la Iglesia que glorificaba al Señor con gran fervor, a la que dijo que visitaba obedeciendo a un mandato Dios para animarla en la fe de Jesucristo y en la esperanza, así como el propósito de fortalecerla y edificarla en la palabra. Enseguida leyó con gran emoción espiritual un fragmento bíblico, en cuya profecía se destaca el amor a una Iglesia, aunque haya cientos de ellas: “Setenta son las reinas y las doncellas sin número, pero una es la paloma mía…” (Cantares 6: 8-10). Y agregó: “¡Bienaventurada eres hermano y hermana que estás en la Iglesia amada del Señor!”. Posteriormente, invitó a a la Iglesia a entonar el himno 558 “que en sus estrofas destaca la esperanza que reina en el corazón de los hijos de Dios,  porque nuestro Padre es un Dios de promesas que se cumplen, lo cual evidencia el amor de los recién renacidos por el Espíritu Santo y todas las bendiciones que el Señor ha derramado a raudales en los últimos días.

La alegría del reencuentro del Apóstol de Jesucristo con la iglesia 

Para introducir el consejo que este domingo les traía, el Apóstol del Señor dijo que a semejanza del siervo de Abraham, Eliezer, él también traía una encomienda para la Iglesia: la de buscar a la esposa de su Señor, adornarla con presentes espirituales, con joyas y ricos vestidos, a fin de prepararla para entregarla a Cristo. Con este hermoso paralelismo reiteró que la Iglesia no es de él, sino de Jesucristo, pero él viene adornarla con el conocimiento de la Palabra para buenas obras, las que Dios dispuso que hagan los predestinados: “Es Jesucristo quien ha puesto en mi mano los adornos espirituales para ataviar a la esposa para su esposo que es el Señor…”.

Enfatizó que los Siervos de Dios, además de guiar a la Iglesia y cual embajadores interceder por ella, tienen la facultad y poder de Dios de ser profetas porque Él les revela su voluntad anticipada para bien de su pueblo, como al Apóstol Samuel Joaquín, quien en sus últimos días profetizó que “la Iglesia sería muy bendecida”, porque es la amada de Dios, la predestinada para esta salvación, la coheredera con Cristo, en la que están sus hijos, quienes aceptan la determinación divina y creen en su promesa; lo cual está cumpliendo porque no podía dejarla sola, como lo enuncia una alabanza de los himnarios: “El pueblo muy amado de Dios, desde tiempos atrás tiene sus escogidos”, y además porque son las almas que Él rescató…”. Operación que Dios en su soberana voluntad realiza eligiendo a los que Él quiere y su deferencia va acompañada de un sinfín de bendiciones, de las cuales el Apóstol del Señor dijo ser testigo que en estos 16 meses no ha habido un solo día sin bendición y en todos ha visto la gloria de Dios.

Mensaje apostólico para las iglesias de las Carolinas y la iglesia universal

En la parte medular de su explicación, con el noble propósito de afirmar la esperanza que Dios les ha dado a los llamados para una salvación tan grande, citó el siguiente pasaje bíblico: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:3-5).

Comentó que el Apóstol Pedro se refiere a la grande misericordia de Dios al llamar a los predestinados, regenerarlos en el bautismo y hacerlos renacer para una esperanza no una vana ni terrenal, sino una esperanza viva, y añadió:  “Bendito Dios, Iglesia del Señor, que te hizo renacer y te dio nueva vida, creó un nuevo hombre en cada uno y en tu corazón albergó una superior esperanza… Y esto por su misericordia, al sembrarla en el bautismo de agua que simboliza morir y nacer de nuevo, y con el Espíritu Santo engendró la semilla de la que renace un hombre nuevo con una sublime esperanza en su corazón, una esperanza que está puesta en los cielos, en la eternidad con Cristo, en lo incorruptible, incontaminado e inmarcesible,” (Cfr. 1 Corintios 15: 50).

Agregó que de esta esperanza le habló Cristo a Nicodemo, y no de una resurrección de la carne ya que ésta que no puede heredar el reino de los cielos; sino que era necesario nacer de nuevo; es decir bautizarse en agua y el Espíritu Santo (Juan 3:5), obra divina “por la cual Dios siembra esa esperanza en el corazón. Para tenerla, Dios nos regeneró previamente en el bautismo del Espíritu Santo. Así que  tengan la seguridad que la esperanza de vida eterna, la forjó Dios en los renacidos”.

Renacidos para una esperanza viva

En su segunda presentación de la sexta etapa de su Gira Universal, el Apóstol de Jesucristo expuso ampliamente la primera parte del tema de la esperanza engrandeciendo a Dios por su amor infinito y en ese tenor agregó: “¡Bendita misericordia por estas dádivas de predestinarnos, buscarnos, hacernos renacer y  depositar la esperanza viva en cada corazón! –dijo con gran entusiasmo espiritual–, porque Dios nos buscó primero –no nosotros a Él– y proveyó los medios para acercarnos a su iglesia”.

En este tenor explicó que las visitas que los acompañaban no eran sólo visitas, sino los predestinados para salvación, a los que luego justificará Dios perdonándoles sus pecados en el bautismo, pues a los que son de Él los santifica y les da el sello de su Espíritu Santo y la adopción de hijos. ¡Una gloria mayor que la de los Ángeles! Gloria que su Iglesia está disfrutando, no por obras que hayan hecho, sino por la infinita misericordia de Dios, quien nos sembró la fe y la esperanza viva, porque no está puesta en lo efímero,sino en lo eterno, con Cristo en los cielos.

Reiteró que por esa misericordia de Dios se comprende lo espiritual, se acepta que Dios llamó a su Siervo y los predestinados aceptan su Palabra, que lleva consejos para perfeccionar la fe de los santos. Para aclarar esto aludió una parábola que dijo Cristo a sus discípulos respecto a la invitación a cenar, que declinaron algunos pretextando tener ocupaciones que atender y entonces envió traer a los que encontrara en el camino.

Al respecto, en un comparativo, aclaró,: “Nosotros somos esos mendigos que recogió de las plazas e invitó al banquete. Dios, ese rey que nos invitó a cenar, antes mandó a sus Siervo para que nos limpiara con su doctrina y nos adornara con las dádivas preciosas que nos ha revestido, con el Espíritu Santo que es el sello de la esperanza que sembró en nuestros corazones. ¡Bendita misericordia! ¡Qué dicha y bienaventuranza tenemos al haber sido lavados, regenerados y renovados para ahora aspirar a entrar al reino de los cielos”.

Explicó que lo anterior se trata de una esperanza viva, porque está puesta en lo imperecedero de los cielos, a donde es menester llegar vestidos dignamente, por ello nos está ataviando con las arras del Espíritu Santo, a fin de vencer al maligno y hacer las obras que dispuso Dios que hagan los escogidos, para estar eternamente con Cristo, quien fue a preparar moradas para donde él está  sus hermanos vayan. De ahí que en la Epístola a los Corintios leemos que “ni carne ni sangre heredarán el reino de los cielos”, solo las almas regeneradas, renacidas y justificadas por la fe en el hijo de Dios selladas con la prenda del Espíritu Santo, para fortalecerlos, ampararlos y aconsejarlos en tanto llegamos con Él.

El Espíritu de la promesa es una ayuda en la tribulación: nos protege y consuela

En otro momento, ratificó que la prenda del Espíritu Santo tiene da poder al cristiano para vencer las asechanzas del enemigo. Explicó que en la época de la primitiva Iglesia, el temor y miedo a la persecución que experimentaron los hermanos se disipó cuando fueron revestidos con la potencia de lo alto en Jerusalén. Con este poder los apóstoles predicaban sin temor a la persecución.

Ante la promesa de tan anhelado galardón celestial, el Apóstol del Señor preguntó a la Iglesia universal y las hermanas y hermanos de las iglesias de las Carolinas Norte y Sur lo siguiente: “¿Te avergüenza  la esperanza recibida?, ¿sientes miedo proclamar que eres de la Luz del Mundo?”, a lo que la iglesia presente, con firmeza, contestó que no.

A su vez, el Varón de Dios, con gran fervor, volvió a engrandecer la obra de Dios en su Iglesia y pidió que tomaran en cuenta la magnitud de las bendiciones recibidas, instándoles a valorarlas y cuidarlas.

Las pruebas a las que se somete la fe

Antes de concluir su disertación, se dirigió también a los hermanos recién bautizados que ya comenzaron a experimentara pruebas o luchas en su vida y que aún no han recibido la promesa del Espíritu Santo. Les dijo que Dios permite la prueba de nuestra fe, pero da paciencia para soportarlas y después nos siembra la esperanza, que al germinar nos hace vivir confiados y nada nos falta, porque “Dios es nuestro único benefactor, que nos viste, nos sustenta, nos visita, nos adopta  y nos da fortaleza”. Y añadió: “Sean leales, valientes y rendidos a él”. De igual manera insistió en que comprobaran que Dios es un Dios de promesas y a Él se le debe clamar y agradecerle siempre  sus dádivas, glorificando su nombre.

Despedida

Para despedirse, indicó al Coro y a la Iglesia que entonaran el himno “Del celeste país”.  Durante la canción espiritual preguntó a los presentes si a los apóstoles Aarón Joaquín y Samuel Joaquín los habían escuchado hablar de esta esperanza y de este lugar celestial del que no se ha dicho ni aún la mitad, a lo que los hermanos asintieron con un enfático amén, y el Siervo de Señor agregó:  “Es lo que Dios está preparando para ti y para mí, porque la fe de los apóstoles que me antecedieron también la tengo y he visto los cielos abiertos y el lugar donde hemos de ser coronados por el Dios eterno, en donde oiremos: venid benditos de mi Padre a poseer las moradas eternas”.

Agregó categórico que él es testigo del amor de Dios y de su perdón, de la esperanza y protección que el Sublime nos sigue dispensando; por lo que antes de acudir a la oración de acción de gracias aconsejó a la Iglesia asirse de la esperanza en el Altísimo y en su promesa, ya que de esta manera Él estará con nosotros y nos abrazará. La iglesia, junto con el Apóstol de Jesucristo, fue a la oración que se convirtió en un dulce momento de avivamiento espiritual. Ya para salir del recinto indicó nuevamente a los Coros que entonaran el himno 222, cuyas estrofas  alimentan la esperanza del cristiano: “Hay una ciudad muy grande y hermosa, hermosa ciudad donde no habrá sol…”.

La Iglesia de las Carolinas lo despidió con manifestaciones de reconocimiento y gratitud, por lo que al ser entrevistados algunos hermanas y hermanas, expresaron que se sentían muy dichosos de haber conocido personalmente al Varón de Dios y haber escuchado sus sabios consejos. Finalmente salieron de la sala de convenciones y después de asistir a tan especial Escuela Dominical, se retiraron del lugar con un buen sabor espiritual en el corazón, fortalecidos con la interpretación de la Palabra del Señor y los consejos apostólicos que además de bienestar espiritual, les  favorece su convivencia familiar y social.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.