Suma el Apóstol Naasón Joaquín en Nuevo Laredo

«La promesa sigue en pie: la Palabra de Dios se seguirá cumpliendo en vosotros, a través de la predicación»: mensaje apostólico a la Iglesia de Voluntad y Trabajo

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El miércoles 13 de marzo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, luego de visitar a los hermanos de la Iglesia de la colonia Victoria, en Nuevo Laredo, continuó su recorrido por cuatro iglesias más en el citado municipio. Tocó a la Iglesia de la colonia Voluntad y Trabajo, ser la segunda Casa de Oración visitada.

El reloj marcaba las 6:34 de la tarde cuando el Apóstol Naasón Joaquín arribó al templo ubicado en la avenida Río Ganges n. 1701, colonia Voluntad y Trabajo, que actualmente se encuentra en construcción. A esta visita le acompañó el hermano P.E. Antonio Gaona, ministro de la Iglesia en Houston, Texas.

El ministro local, hermano D.E. Pablo Melchor, dio la bienvenida al insigne visitante. El recibimiento al padre en la fe, de parte de los hermanos neoladerenses, fue impregnado en manifestaciones de fe, amor, gratitud y reconocimiento al Elegido de Dios. Los niños, en quienes Dios también ha hecho su Obra perfecta —creer en el que Él ha enviado—, experimentaron la bendición de Dios. Al igual que el resto de los hermanos, trataban de limpiar las lágrimas de sus mejillas. El lloro era de alegría, paz, contentamiento —lo que solo quienes han recibido la adopción divina pueden experimentar—. Lo que hasta hace poco para ellos era un sueño, esta tarde se tornaba en una realidad: la visita del Apóstol Naasón Joaquín a este municipio fronterizo. Pero, de manera particular, la visita a sus hijos espirituales en la Casa de Oración.

Desde el área de su ministerio, el Embajador del reino de los cielos saludó a sus hijos espirituales: «Hermanos de la colonia Voluntad y Trabajo: ¡Cuánto anhelaba mi alma estar entre vosotros, contemplar vuestros rostros y conocer vuestra Casa de Oración!, pero, sobre todo, poder deciros: ¡Heme aquí. Vuestro en Cristo, hasta el último aliento!».

La Iglesia permanecerá hasta la venida del Señor Jesucristo

En este tenor, añadió: «Dios me ha permitido venir este día a Nuevo Laredo y visitar las Casas de Oración que Dios ha multiplicado sobremanera. Pero vengo también a recordarte que aquí no termina el crecimiento de la Iglesia. Yo recibí una promesa de Dios: ‘Si hoy ves este Pueblo grande, yo lo multiplicaré aún más’. Esta promesa la vemos cumplirse día con día: en tan solo cuatro años, miles de almas se han convertido a la Iglesia del Señor. Sin embargo, nuestro trabajo no termina al final de estos cuatro años. No, porque la Iglesia ha de permanecer hasta la venida del Señor. Esto quiere decir que nuestro trabajo continuará más, y no debe haber descanso de nuestra parte».

Enseguida, trajo a la memoria el tránsito del Pueblo de Israel en el desierto, que duró cuarenta años, cuando Dios le dice a Josué que había llegado el tiempo de que ingresara a la tierra prometida. Sin embargo, el pueblo se amedrentó y tuvo temor, a pesar de haber sido testigos de incontables maravillas y manifestaciones de parte de Dios, no solamente en Egipto, sino durante los cuarenta años que transitaron por el desierto.

Recordó el testimonio de Rahab, la ramera que escondió en su casa a los espías que envió Josué a supervisar la tierra de Jericó, quien les dijo como veían a los hijos de Israel: «Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra» (Josué 2: 9-11).

En relación con la anterior, el Apóstol del Señor destacó que mientras Israel tenía miedo, Jericó estaba totalmente entregado a él, porque Dios había puesto el temor en sus moradores de que iban a perecer. En este tenor, comentó: «Hoy, aquello que sucedió nos debe servir a nosotros para darnos cuenta lo que Dios le dijo al Apóstol Naasón: ‘Si hoy ves este Pueblo grande, yo lo voy a multiplicar’».

La promesa de Dios para su Pueblo es de gloria, prosperidad y engrandecimiento

Y agregó: «Hermano de Voluntad y Trabajo: ¿tú crees en esta promesa?, ¿o tienes temor? Alguno dirá: ‘Ya hemos platicado, evangelizado y dado testimonio, y la gente no quiere saber’. Sin embargo, yo te digo a ti: en porcentaje somos un pueblo pequeño, pero yo creo en la promesa de Dios, y esa promesa nos dice que Él los va a multiplicar y a engrandecer; Él va a formar un Pueblo hermoso, grandioso, numeroso y notable en todo el mundo.

«¿Y cómo lo va a hacer el Señor? A través del testimonio de cada uno de ustedes. Por eso su hermano también viene, aparte de quererlos conocer, a recordarles el compromiso que tenemos con Dios. La promesa sigue en pie: la palabra de Dios se seguirá cumpliendo en nosotros, a través de la predicación y de dar testimonio de este Evangelio santo. Seremos parte de esta hermosa promesa de Dios. Si tú cumples y aceptas mi invitación, yo le diré al Señor: ‘Bendícelos, prospéralos, engrandécelos y multiplícalos’.

Enseguida, el Mensajero del Evangelio eterno invitó a la iglesia a elevar una oración a Dios. La bendición que se experimentó esta tarde en la Casa de Oración de la colonia Voluntad y Trabajo sobrepasó las cuatro paredes del recinto sagrado: la visita del Apóstol a esta localidad dejó una estela de bendición espiritual y material.

El reloj marcaba las de la 6:39 de la tarde cuando el insigne visitante se despidió de los hermanos de este municipio tamaulipeco. La iglesia de la colonia Reservas Territoriales, en Nuevo Laredo, sería el siguiente destino del periplo en esta histórica fecha.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.