Hermanos de Lomas de Madrid, es tiempo de seguir trabajando

(Coordinación de Crónica Apostólica, 6 de noviembre de 2018). Pasado mediodía el Apóstol de Jesucristo se dirigió a la colonia Lomas de Madrid en Hermosillo, Sonara, en donde visitó la iglesia del Señor de ese lugar. Lo recibió un pequeño rebaño espiritual que emocionados en el espíritu aguardaban el sublime momento. El Ministro Heriberto Abraham hacía lo propio invitando al insigne visitante a ingresar al templo y de nuevo,-como en todos los lugares-, eran los niños quienes formaban parte del comité de bienvenida.

Cuando el Ungido de Dios ingresó al pequeño templo, bendiciendo a los hermanos que lo recibieron, en medio de un fervor espiritual característico de los domésticos de la fe en Jesucristo, comenzaron a entonar el himno de bienvenida, “Está contenta mi alma” y así era porque lo entonaron con el sincero sentir que les daba el reconocimiento de los santos establecidos en Lomas de Madrid, como muestra de la evidente aceptación a la Elección de Dios en su apóstol.

Cuando terminaron de entonar el himno, el Siervo de Dios profundamente conmovido por las palabras del himno, dijo a los hermanos: “Hermosa alabanza que están entonando a Dios, donde ustedes recuerdan un tiempo y un momento en oscuridad y esclavitud espiritual. En ella, ustedes dicen, ¡qué tiempos tan tristes, tan oscuros!, ¡qué tiempos tan lamentables aquellos que vivimos! Pero luego cantan en su alabanza: ˂Mas ahora ha llegado usted a mi vida˃ No están hablando de la presencia de una persona en sentido humano, sino en la representación de parte de Dios”. Los hermanos afirmaban con reiterados amén impregnados de amor; porque era una realidad que estaban viviendo en ese momento, su momento.

Enseguida el Mensajero de Dios comenzó a explicarles el significado de ese reconocimiento, que aclaró con el ejemplo bíblico del Siervo de Dios Moisés (Véase. Éxodo de los capítulos 3 al 14), a quien Dios lo envió para que rescatara a su pueblo Israel del yugo de esclavitud en que los tenía sometidos el gran Faraón egipcio, detallando el por qué Dios se valió de un hombre para hacer dicha proeza “¿y por qué no los rescató nada más así, sin requerir ayuda de alguien o de poner a un hombre que lo representara?” Puntualizó que ésta es una decisión de Dios. Que de haberlo hecho de otra manera, entonces el pueblo no valoraría; sino que cada quien en sus ideas, pensamientos, creería que la libertad se debía a sí mismo. Era necesario que Dios tomara a uno de entre ellos mismos, para que no solamente como guía, sino día tras día les recordara lo que eran y en lo que por Dios, se iban a convertir”.

Continuó explayando la enseñanza que puntualizó para ellos esa mañana, detallando que, el pueblo de Israel era un pueblo de esclavos, a quienes no se les reconocía ningún tipo de derecho humano, pues eran tratados poco más que bestias de carga, por la condición en que vivían, a tal grado que, aun cuando se empezaron a multiplicar, Faraón decidió quitar la vida a todos los hijos varones que nacían de las mujeres hebreas, sin que ellos como esclavos pudiesen oponerse a la tiranía de Faraón, solamente tenían que obedecer y trabajar recibiendo los constantes tormentos a que eran sometidos. Pero aconteció que estando en esa angustia, el pueblo de Israel clamó a Dios, recordando que había una promesa dada a sus padres Abraham, Isaac y Jacob y en ese clamor, Dios envía a Moisés.

En solemne afirmación, el hermano Naasón recordó a los congregados, que Moisés no era un ángel o un ser espiritual. Moisés era un hombre que ellos habían conocido con anterioridad porque hubo un tiempo que estuvo entre ellos, y que fue a él a quien Dios quiso enviar para que, a través de su dirección e intervención, el pueblo constatara las manifestaciones del poder de Dios. “Dice la palabra de Dios que Faraón endureció su corazón y al endurecer su corazón empezaron a venir diferentes manifestaciones del poder de Dios en Moisés, enviando plagas a Egipto tratando de ablandar el corazón de Faraón; pero luego Dios mismo lo volvía a endurecer para que el pueblo fuera conociendo poco a poco, que el Dios de los hebreos, era un Dios fuerte, un Dios poderoso que doblegaba al hombre más poderoso, más grande, más fuerte de la tierra”. –señaló el Apóstol.

En consecuencia, -explicó el Siervo Naasón-, que la constante necedad de Faarón dio lugar para que el poder de Dios se manifestara en favor del pueblo de Israel y en contra de Faraón. “Israel en diferentes manifestaciones empezó a ver que su Dios era fuerte, poderoso…” En ese sentido descacó que la última y mayor de las manifestaciones de Dios antes de liberarlos, fue la muerte de los primogénitos de Egipto, donde aquel Faraón quedó completamente derrotado, lleno de dolor y de vergüenza ante la incompetencia de su poder, otrora invencible, porque a quien intentaba oponerse era al Dios vivo. Una vez que salieron a la libertad se enfrentaron nuevamente al rencor de Faraón, quien resentido por la muerte de los jóvenes y niños egipcios, incluyendo su hijo, los persiguió con su poderoso ejército hasta sitiarlos en el mar rojo.

Cuando el pueblo de Israel se encontró frente a ese dilema pensaron que iban a perecer, y a pesar de estar frescos en su memoria los acontecimientos recientes de las maravillas que Dios había obrado con ellos, comenzaron a claudicar, desconfiando de aquel Dios que les había mostrado su poder a través de los milagros que ellos habían constatado con sus propios ojos, “Allí estaban: ¿Ahora qué va a pasar con nosotros?, ¿para esto nos sacó el Señor, para hacernos morir enfrente de este mar?” –era el gran temor del pueblo dijo el Apóstol, cuando Dios volvió a manifestar su poder de una forma sobrenatural, al hacerlos pasar por en medio del mar y hacer que todos los soldados egipcios perecieran ahogados allí. Sin embargo –enfatizó el Mensajero de Dios-, Israel no quiso creer en Dios, ni quiso ser su pueblo a pesar de haber visto tantas maravillas.

“Vengo yo a recordar esta historia –puntualizó el insigne visitante, porque en su alabanza me viene a la memoria aquel bosquejo que Dios permitió para enseñanza de nosotros ¿Y qué quiere Dios que aprendamos de aquel bosquejo? Esto, lo que ustedes entonan. Que ustedes vivían en dolores y tinieblas, vivían en tristeza, que ustedes vivían desamparados con temores, pero hubo un día en que el Señor, ya fuera por el Apóstol Aarón, ya fuera por el Apóstol Samuel o en estos años a través de su hermano Naasón, Dios les hizo conocer la luz y hoy cantan en su alabanza: Ahora somos muy felices”. El pequeño grupo de hermanos de la colonia Lomas de Madrid, plenamente identificados con el mensaje apostólico, levantaban sus manos al tiempo que alzaban su voz, demostrando el tiempo de felicidad que hoy viven.

Finalmente el Padre de la fe explicó a su pequeño rebaño, el propósito de observar las maravillas que Dios ha hecho en sus vidas y profundizando en aquella acción divina preguntó, “¿y para qué Dios nos saca de esa esclavitud, de las tinieblas, del engaño? Para que anunciemos su verdad –les decía, ¿Qué hiciste, qué mérito, qué obra, qué trabajo hiciste para merecer la ayuda de nuestro Dios? Éramos los más viles, los que menos merecíamos esta gracia, pero Él se dignó y ahora aquí estamos por su gracia santa y ahora somos un pueblo feliz; pero reconocemos que por gracia hemos recibido esta bendición, pues por gracia a través de esa palabra que nos dio libertad, también tenemos que anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (Véase 1ª de Pedro 2:9).

En una elocuente exhortación de fe y gratitud, el Mensajero de Dios instó a su amado pueblo a seguir trabajando: “Hermanos de Lomas de Madrid, es tiempo de seguir trabajando. Dios ha bendecido a su pueblo, a su iglesia, Dios levantó a nuestro hermano Aarón y restauró una vez más su Iglesia, Dios levantó a nuestro hermano Samuel y traspasó las fronteras para darnos a entender que aquella promesa que Dios le dio a su Siervo ˂Tu nombre será Aarón y lo haré notorio por todo el Mundo˃ era verdad, que llegaremos hasta el último rincón de la tierra para anunciar esta verdad… Pero yo sé que tú crees en la palabra que Dios me ha dado y la palabra que Dios me ha dado es ésta: ˂Si vez que este pueblo es grande, yo lo voy a multiplicar aún más˃ Así es que hoy quiero doblar mis rodillas y decirle al Señor: Señor es tiempo que abras las aguas para que tu pueblo vea que Tú eres nuestro Dios fuerte, poderoso y que en tu palabra conquistaremos este mundo para tu hijo Jesucristo. Acompáñame para decirle a Dios que él te prospere y te multiplique”.

Fue de esa manera como el Enviado de Dios y sus hijos de Hermosillo, Sonora, colonia Lomas de Madrid, se fundieron en un momento de sublime oración que unidos elevaron a Dios y donde cada uno en amor mutuo, pedía en favor del otro.“Yo siento una inmensa alegría al ver vuestros rostros y volver al lugar donde el Varón de Dios me puso como Pastor Jurisdiccional, (hablando del Apóstol Samuel) para cuidar vuestras almas. Pero ahora ya no vengo a decirte, me manda el Apóstol de Dios a cuidarte; Ahora me mandó Dios a decirte: ¡Las aguas se han abierto, conquistemos el mundo!” Y llevando sus manos a sus labios les envió un beso de amor santo y se despidió de ellos, prometiéndoles que en un tiempo no lejano volverá a ellos “y volveremos a doblar nuestras rodillas para pagar los votos a Dios por la ayuda que Él nos ha dado”. De esa manera salió del lugar feliz por haber estado con sus hijos de Lomas de Madrid.