Avivamientos universales: La bendición continuará y cada día será más abundante

(Coordinación de Crónica Apostólica). – El jueves 17 de marzo, cuando el reloj marcaba las 4:31 de la mañana, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, abrió la puerta de su hogar y se dirigió a la Casa de Oración. En la Glorieta Central que circunda el templo de la colonia Hermosa Provincia, en su interior y en sus atrios, se encontraban numerosos hermanos esperándolo para acompañarle en su plegaria matutina.

Acompañado de algunos de sus colaboradores –tres pastores, siete diáconos y tres encargados–, el Apóstol de Jesucristo saludó a su paso a los hermanos que se encontraban apostados en las calles y los atrios del templo: “¡Dios los bendiga! ¡Dios les pague por acompañarme esta mañana y estar a mi lado! ¡Dios les guarde y sea con ustedes… ¡

Al ingresar a la Casa de Oración, el Coro local entonaba el himno “El que habita al abrigo de Dios”, que se escuchaba con nitidez en el perímetro de la Glorieta Central. En su plegaria al Creador –que es de petición por la Iglesia Universal y de adoración a Dios–, fue acompañado por los presentes, quienes se fusionaron como un solo hombre en este sublime momento.

De regreso a su casa, luego de escuchar las expresiones de júbilo y de parabienes espirituales de sus hijos en la fe, a quienes correspondió con su bendición apostólica, el Siervo de Dios platicó con los ministros hasta que se llegó el inicio de la oración de las cinco de la mañana.

Comentó que estuvo presenciado los avivamientos del día anterior, que tuvieron lugar en el Salón de Ministros, y se alegró sobremanera al contemplar como Dios sigue derramando de su Espíritu Santo no solo en Guadalajara sino en toda la Iglesia del Señor esparcida por el mundo (abundan testimonios de lo anterior). Citó el testimonio de las dos hermanas que, a pesar de que ya habían concluido los avivamientos, ellas continuaban pidiendo la promesa divina pasadas las diez de la noche.

Recordó el testimonio de lo que experimentó el pasado sábado: “Yo estaba dormido en mi casa de la colonia Bethel, cuando desperté y comencé a oír los clamores y súplicas de los hermanos, que posteriormente se escuchaban más y más. Eran quienes estaban pidiendo a Dios su bendición al entrar a los avivamientos… Posteriormente, volví a oír el clamor y me acordé de lo que nos hablaba el Apóstol Aarón Joaquín, el Apóstol Samuel Joaquín y los Apóstoles primitivos, sea directamente, a través de visiones, por sueños… “Pero ayer en la anoche que contemplaba a los hermanos pedir la promesa del Espíritu Santo, dije: ‘Qué hermoso, Señor. Me ves con todos sus clamores en mis manos y tú los recibes, y los empiezas a incluir en tu esencia, en tu ser, en tu presencia…’”. Los ministros dieron testimonio que a nivel mundial se está manifestando una grande bendición durante los avivamientos.

En otro momento, comentó que en breve dará inicio la sexta etapa de su Gira Universal, donde hablará, además de los avivamientos, acerca de la esperanza: “Después que los hermanos se bautizaron y recibieron la prenda del Espíritu Santo qué importante es que sepan porqué y para qué lo recibieron.

“El hecho de que el hermano es bautizado y recibe el Espíritu Santo significa que a partir de ese instante ese hermano es salvo: ya está listo para salvación. Sin embargo, habrá una batalla continua: nuestra vida en el mundo. Si ese hermano, que fue bautizado y Dios lo confirmó con el Espíritu Santo, persevera hasta el fin en el bien hacer tiene su salvación garantizada.

“Nuestro problema es nuestra carne, que está luchando; pero ya el hermano tiene la facultad de decidir si echa mano a la vida eterna o no, porque a nosotros el Señor nos da la facultad y la decisión de escoger si queremos ser o no salvos (libre albedrío), y eso ya no es de parte de Dios.

“Dios nos entrega esa facultad para que nosotros decidamos si queremos ser salvos o no. ¿Cómo? Son dos requisitos: el primero de los dos es nacer de agua y de espíritu (Juan 3:5), y el segundo, que es el más difícil, perseverar hasta el fin en el bien hacer”.

Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia

En otro momento, comento que en ocasiones hay hermanos que se quejan de la pérdida de un familiar o ser querido miembro de la Iglesia y expresan: “¿Por qué Dios se lo llevo tan jovencito?”. La respuesta es sencilla: “Porque ya pagó. Porque ya no tenía nada más que pagar”. Y agregó: “Los que todavía estamos viviendo no vamos a salir de aquí hasta que no paguemos el último cuadrante (Mateo 5:26). La carne no quisiera pagar y seguir endeudada para vivir mucho tiempo, porque ella no permite que el espíritu discierna. Por eso el Apóstol Pablo escribía: “…porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros’ (Filipenses 1:23-24).

“El Apóstol Pablo expresaba el anhelo de estar allá. Por su parte, Esteban vislumbró ese lugar: “He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:56). No estoy diciendo que no amemos la vida: estoy diciendo que hay una mejor vida que esta, que nuestro espíritu no alcanza a discernir porque esta carne no le da oportunidad de discernirlo tal cual, pero hay algo mucho más hermoso en los cielos que nos  espera”.

Recordó la enseñanza apostólica que dice: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Y abundó: “En la muerte del cristiano no hay pérdida. Aunque el niño tenga diez años, aunque el joven tenga catorce o el adulto tenga cuarenta, la muerte para nosotros no es pérdida: ‘el morir es ganancia;, porque la muerte en el cristiano es victoria, es llegar a la meta.

“Que todavía están en el seno de Abraham detenidas las almas, es cierto; pero es un lugar de reposo y de descanso, no es un lugar de sufrimiento o lamento. Ahí las almas no gimen de dolor sino de desesperación: ‘…y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero (…) Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos…’” (Apocalipsis 6: 9-11).

Y comentó: “Es muy diferente el dolor a la desesperación. Aquellas almas no están desesperadas porque se van encontrar con un juicio. ¡No! El juicio de Dios para sus hijos es aquí en la tierra: en nuestra vida, nuestra conducta… ‘Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis’ (2ª Tesalonicenses 1:5).

“Esas almas están gimiendo por un juicio porque cuando el Señor venga por su Iglesia a recogerla en el tránsito al reino de los cielos ellas se van a unir a nosotros. No vamos a recibir un juicio, vamos a recibir un cuerpo incorruptible, es decir, nuestro galardón final. Un cuerpo espiritual para la eternidad”.

El justo juicio de Dios

“El juicio del que habla la Palabra de Dios es para los del mundo, los que van a querer reclamar: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad’ (Mateo 7: 22-23), después de esto vendrá el juicio.

“En contraparte, a sus hijos, como dice Malaquías, ‘los perdonaré, como el hombre perdona sus hijos’ (Malaquías 3:17). Hay una palabra que es para los hijos y hay una palabra que es para el mundo. Y somos privilegiados, porque Dios al mundo lo ve con ira, con enojo, por cuanto se apartaron desde su vientre. Pero a sus hijos Dios los ve con misericordia, con compasión… en el momento en que el hermano triunfó en su vida ya lo espera el Señor para decirle en aquel día: ‘Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo’ (Mateo 25:34). ¿A la sala de espera antes del juicio? No, al descanso eterno. No al juicio. A ese se enfrentará todo el mundo”.

Antes de despedirse, recordó: “En el avivamiento está presente el Espíritu de Dios, quien se está paseando en la Casa de Oración. Comentó que es bueno dar por espirituales a los hermanos que entre semana son sellados con la promesa del Espíritu Santo para que vean los hermanos que Dios está respondiendo desde el primer día; pero también es bonito que aviven toda la semana y esperar hasta el final para que se gocen y el domingo sean leídos sus nombres en la Iglesia”.

Destacó que tanto los encargados de grupo de Hermosa Provincia, así como los pastores, diáconos y encargados en sus respectivas iglesias, tienen la obligación de estar al pendiente y responsabilizarse de sus miembros en los avivamientos: “Qué bueno que estén respondiendo como encargados de grupo. Me da mucho orgullo y satisfacción al verlos que están hasta el último momento. ¡Eso es muy bonito! Que sientan esa responsabilidad, porque no solamente es lo que yo siento en ustedes, es la tranquilidad que le dan a los hermanos que están pidiendo y dicen: ‘Aquí están los ministros, aquí están los diáconos al pendiente de nosotros’”.

En la Hermosa Provincia no solo han recibido el Espíritu Santo los jóvenes y señoritas, sino hermanas y hermanos de la tercera edad. Ante tal bendición, concluyó: “¿Quién recibió? El que se esforzó, el que luchó, el que entró con seguridad… no el que entró dudando. Vamos a continuar, porque la bendición seguirá y cada día más abundante cada día. Así es que a seguirnos gozando”.
Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.