El Apóstol Naasón Joaquín preside la Ceremonia de Bienvenida: 55 países presentes en la Santa Convocación 2017

(Coordinación de Crónica Apostólica).— Antes de iniciar la Ceremonia de Bienvenida a la Santa Cena 2017, la mañana del 9 de agosto, en el Oriente de la ciudad de Guadalajara —donde se encuentra la Sede Internacional de la Iglesia La Luz del Mundo—, desde temprana hora se dieron cita los miles de delegados congregados en la colonia Hermosa Provincia y las subsedes de las colonias Bethel y Mtro Aarón Joaquín —procedentes de 55 países—, para participar en la Ceremonia de Bienvenida, que fue presidida por el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García.

Los hermanos congregados en el templo de la colonia Bethel llenaron anticipadamente el recinto sagrado, que lucía pletórico. El reloj marcaba las 9:20 de la mañana cuando el Apóstol del Señor arribó a esta subsede. Con gran devoción, los hermanos entonaban alabanzas y glorificaron a Jesucristo desde los atrios, jardines y calles circundantes, mientras se acercaba al santuario.

Muchos de ellos no le conocían personalmente y otros, igualmente se alegraron al contemplar el rostro amado del Apóstol del Señor, quien ingresó al interior del templo saludando y departiendo bendiciones a su paso, entre la emoción espiritual y el reconocimiento del Pueblo del Señor.

Salutación apostólica

Ya en su ministerio, el Apóstol de Jesucristo expresó que su alma anhelaba volver a ver el rostro de los príncipes de Dios: «Porque vosotros sois los príncipes de Dios. Yo lo proclamo con todo mi corazón, vosotros sois los hijos de Dios”, asentó.

«A mi Señora, para la cual trabajo y me esmero día con día para adornarla para vuestro Señor, hoy le digo: ‘¡Qué alegría siente mi corazón al verte, Iglesia del Señor!». El Apóstol se mostró feliz al contemplar al Pueblo de Dios congregado en el recinto sagrado y sus alrededores, en contraste con el día primero de agosto, cuando adelantó que el adversario maquinaría obstáculos durante el peregrinaje de los hermanos Guadalajara: “Yo sabía que satanás ya estaba listo para enviar sus huestes a poner tropiezo en cada uno de vosotros, pero yo les dije: ‘No me amedrenta el enemigo’. ¿Me preocupó? Sí, pero no me amedrentó, porque inmediatamente volteé a ver a mi Señor y le dije: ‘¡Señor, más grande y poderoso eres Tú!’».

Mientras Satanás creyó que con la muerte del Señor Jesucristo en la cruz lo había vencido —recordó el Siervo de Dios—, fue en aquel instante cuando aconteció una hermosa victoria. «Hoy, a más de dos mil años de distancia, con las voces de cada uno de vosotros, puedo decir: ¡Satanás: aquí está la victoria de nuestro Señor Jesucristo. Ve estas miles de almas que han venido a este lugar y que gritan con toda su voz: ‘Cristo vive y reina para siempre’».

Esta mañana, la alegría de los invitados a recordar la muerte del Señor Jesús y proclamar su resurrección era inocultable. A ellos dijo el Apóstol, que deseaba verles y que su continua oración al Señor ha sido en favor par que los trajera con bien a la ciudad de Guadalajara, lo cual había cumplido el Altísimo. Por lo anterior, exclamó con alegría: «¡No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre sea la gloria desde ahora y para siempre!».

La victoria hoy ha sido de Cristo, porque llegasteis con bien

Enseguida, y para agradecer a Dios su bondad y misericordia, el Apóstol Naasón Joaquín invitó a la Iglesia a entonar una alabanza, y en una acotación refirió que al visitar los hogares donde los hermanos están hospedados verificó que se encuentran tranquilos, sirviendo al Señor, en tanto llega el día 14 de agosto.

En otro momento, recordó la oración del día primero de agosto y de cómo la Iglesia de Guadalajara lo acompañó levantando sus brazos las 24 horas del día: «Clamábamos a Dios de su ayuda y cuando los ángeles salían a las carreteras, a los cielos y a los mares, los protegían a cada uno de vosotros… Hoy puedo exclamar: ‘La victoria ha sido de Cristo, porque llegasteis con bien. ¿Tuvisteis temor?, ¿tuvisteis tristeza?, ¿tuvisteis algún pequeño percance?… Quizás, si. Pero en ese momento levantabais vuestros ojos al cielo y decías: ‘Señor, tu Siervo está orando por nosotros’».

Recordó que sus brazos, que son todas las iglesias de la Zo9na Metropolitana de Guadalajara, no cesaron de orar por los que venían en camino. Aseguró que él fue testigo de ello, porque los acompañó durante el día, la tarde y aún en las noches: cómo se encontraban los grupos de hermanos en oración continua en favor de los peregrinos, lo cual se cumplió. Por ello, invitó a entonar la alabanza “Marcha con gozo, oh Pueblo del Señor».

La ciudad de Dios no es Guadalajara: es la Sión espiritual

A los hermanos que se hospedaron en las colonias Bethel y Maestro Aarón Joaquín —en Guadalajara—, les pidió que no se sintieran lejos de la Hermosa Provincia, porque la ciudad de Dios no es la capital de Jalisco, sino la Sión espiritual: «Yo sé que llegará el día 14 cuando tú, consagrándote al Señor, serás tomado y elevado a un lugar muy especial, donde solamente entran los Hijos de Dios. Los que se prepararon podrán decir con alegría: ‘Nosotros no fuimos a Guadalajara, ni a la Hermosa Provincia… fuimos a la Ciudad de Sión’, cuando llegado el momento participarán del pan y del vino y el Señor los elevará a esa ciudad y podrán contemplar lo que Esteban también vio allá hace dos mil años» (v. Hechos 7:55).

Enfatizó que llegará el momento cuando él diga: «Participa del pan y del vino», y los ojos materiales de los hermanos se cerrarán pero, a su vez, los ojos espirituales se abrirán y estarán en la mesa y cada uno dirá: «¡AHÍ ESTÁ EL SEÑOR JESUCRISTO SENTADO A LA MESA DEL DIOS Y PADRE… Y TÚ TE VERÁS EN SU MESA PARTICIPANDO DE ESTA BENDICIÓN!».

A continuación, parafraseó una estrofa del citado himno: «… mira a Cristo que humilde nos invita a que te recrees en el banquete de amor». Enseguida, preguntó: ¿En la colonia Bethel?, ¿en la colonia Maestro Aarón Joaquín?, ¿en la colonia Hermosa Provincia? ¡No!, dijo categórico: «Para que te vengas a recrear en el banquete espiritual». Y agregó: «Yo volteo al mundo y a Satanás y les digo: ‘¡Este es el Pueblo que Dios había escogido, estaba esparcido por el mundo y el error; pero ahora Cristo, con su muerte, lo ha redimido y reunido una vez más en este lugar!».

En otro momento expresó que ahora, los hermanos pueden decir con gozo y libertad: «Soy Hijo de Dios». Y recordó que esta dicha el mundo no la puede adquirir por méritos, títulos nobiliarios o académicos ni comprarla con dinero, porque esta gracia «no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia» (v. Romanos 9:16).

A fin que haya un pleno reconocimiento en los invitados a la mesa del Señor, el Apóstol de Jesucristo los invitó a reflexionar sobre la deferencia que Dios tuvo con el hermano sencillo, a quien quiso abrazar y lo hizo hermoso delante de sus ojos, y añadió: «… para acudir a esta Santa Convocación, has dejado a tu padre y madre, a tu casa, a tu trabajo… porque es más grande lo que Dios te ha dado. Hoy quiero abrir mis brazos y decirles: ‘Hermano que habéis llegado desde cualquier lugar, seas bienvenido».

La Santa Cena es en recuerdo de la muerte del Señor Jesucristo

Luego del efusivo saludo, apuntó que la Santa Cena es en recuerdo de la muerte de del Señor Jesucristo. Así abundó: «Por su muerte, Cristo nos hizo hijos de Dios y aptos para la vida eterna. Hoy quiero, juntamente contigo, pagar esos votos y decirle al Señor: ‘¡Gracias, Señor, porque los has traído con bien hasta este lugar!». Esta bendición fue por la oración de dos hombres que estuvieron a su lado levantando sus brazos día y noche en oración: «Estos dos hombres son toda la Iglesia de Guadalajara, que en obediencia y reconocimiento a la Elección que Dios ha hecho en mí, además han abierto sus puertas para que tú llegues. En esta oración le diré al Señor que también a ellos los bendiga —esta petición no es para aquellos que cobran una renta o por los que cerraron su hogar y su corazón, sino aquellos que prepararon un rincón de su casa para sus hermanos—.

«Te pido, Señor, que bendigas a los hermanos de buen corazón que han creído en mí. Yo les pedí que abrieran sus casas y ellos las abrieron para hospedar a tus hijos». Aseguró que la práctica de la hospitalidad les traerá bendiciones y cuando tengan necesidad, enfermedad o falta de trabajo, entonces levantarán sus ojos y dirán: ‘Tu Siervo nos ha dicho que Tú nos ibas a bendecir’. Hoy le voy a decir a mi Padre: ‘¡Que el Señor bendiga a todos aquellos hermanos que abrieron sus puertas sin ningún interés personal y permitieron entrar a su casa a los hijos de Dios!, ¡que Dios derrame su bendición sobre ellos!, ¡que Dios derrame prosperidad1, ¡que Dios derrame paz y tranquilidad a todas esas casas!’».

Asimismo, recordó a los hermanos reunidos en Bethel, los hermosos recuerdos que traen a su memoria esta colonia de Hijos de Dios: en este lugar, el Apóstol Samuel Joaquín lo presentó a los 14 años; aquí se bautizó y recibió el Espíritu Santo; y aquí recibió, presidiendo el servicio de la Santa Cena en el año 2000, el grado del pastorado.

Antes de despedirse, exhortó a los hermanos a no sentirse solos, porque Dios también está con ellos: “La ciudad de Sión es espiritual, es un lugar celestial donde solamente entran aquellos que se han preparado, y si tú has venido consagrado, obedeciendo la voz de Dios, entonces ten confianza. Llegado el momento, todos nos uniremos en una sola mesa como un solo hombre, y estaremos al lado de nuestro Dios y su Hijo Jesucristo, que está a su diestra… hasta el 14 de agosto, día en que volveré a saludarles, Dios os acompañe y su amor os cubra a cada uno de vosotros, en el nombre de Cristo Jesús».

Luego de despedirse, cedió la voz al ministro para que diese la bienvenida a los delegados que de diferentes estados de la República Mexicana llegaron a la subsede de la colonia Bethel. De ahí partió hacia la colonia Maestro Aarón Joaquín, segunda subsede de la magna celebración, en donde saludó a los ahí congregados y en un mensaje similar al que expresó en con anterioridad, los invitó a seguirse preparando para conmemorar, dignamente, la muerte del Señor Jesucristo.

El Apóstol de Jesucristo arriba a la colonia Hermosa Provincia
A las 10:15 de la mañana las trompetas anunciaron el arribo del Apóstol de Jesucristo a la colonia Hermosa Provincia, sede principal de la Santa Convocación 2017. Para ingresar al atrio del templo caminó por la Calzada Dr. Samuel Joaquín. A su paso, saludó con gran emoción espiritual a los hermanos que se encontraban reunidos desde temprana hora en los alrededores de la colonia. La felicidad de estar con el padre de la familia de la fe, sin más, fue inocultable.

Ya en los atrios del templo, saludó a las autoridades civiles que acudieron como invitados a la Ceremonia de Bienvenida. Agradeció la presencia del maestro Jorge Aristóteles Sandoval, Gobernador de Jalisco; así como del ingeniero Enrique Alfaro, presidente municipal de Guadalajara y los alcaldes de Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan. Entre los invitados se encontraban representantes del gobierno federal, senadores y diputados.

Luego de la salutación a las autoridades, invitó a la iglesia a elevar una plegaria al Creador: «Vamos a pagar los votos al Señor, a agradecerle sus bendiciones y a adorar en oración al único Dios: a nuestro único protector y benefactor que nos tiene aquí con paz… A las autoridades, quienes nos han apoyado, ya que la Iglesia está enseñada a respetarlas, pero sabemos que es Dios —el único Dios vivo— el que abrió sus corazones para que apoyen a la Iglesia. A ellos les agradecemos e invitamos a alabar a nuestro Salvador y redentor: a Cristo el Señor».

Luego de la plegaria, el Apóstol de Jesucristo recordó que este día se estaban cumpliendo las palabras de uno de los himnos, que refiere: «Pueblos que no conocimos vendrán y adorarán a Jehová», porque de los cuatro puntos cardinales el Altísimo está reuniendo a su Iglesia, de la que dijo llegó con bien, porque todos estos días, la iglesia de Guadalajara, en 60 lugares y 30 templos del estado de Jalisco, se estuvieron levantando sus brazos y acompañándolo en la oración por los peregrinos.

El Apóstol del Señor y el Pueblo, adoraron de rodillas a Dios. Ya de pie, invitó a pasar al templo a la delegación de Sudáfrica, la más reciente conquista para Cristo, a quien llamó Hijos de Dios y les dio la bienvenida con particular alegría. Enseguida, encomendó al hermano P.E. Lee Minnemann, que invitara a los delegados de cada país a pasar al interior del templo.

Las delegaciones internacionales y nacionales ingresan al templo

Al ser nombrados sus países, los delegados de cada nación fueron, desde la Calzada Dr. Samuel Joaquín Flores, ingresando paulatinamente al templo. La lista fue leída y comenzaron a encaminar sus pasos: ingresó Australia. Posteriormente, de Asia, Israel, Filipinas; de Europa, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Holanda, Inglaterra, Italia, Portugal, Rumania, Rusia, Suecia y Suiza; de Centro y el Sur de América, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Venezuela; de Norteamérica, Canadá y Estados Unidos; y finalmente, de los 32 estados de la República Mexicana, quienes junto con los congregados en Bethel y en la colonia Maestro Aarón Joaquín, hicieron un total de 3695 delegaciones.

Participar de la Santa Cena, mandamiento instituido por Jesucristo

Ya en el interior del templo, el Apóstol de Jesucristo continuó la Ceremonia de Bienvenida. En primer lugar, saludó a todos los presentes y a los que por los medios electrónicos —televisión, radio o internet— estaban conectados con el evento, que dijo, «es para conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo, y en la Iglesia La Luz del Mundo reconocemos a un solo Dios, a un Señor Jesucristo —nuestro salvador y redentor—, quien no solo celebró esta fiesta: la instituyó y la dejó como un mandamiento y dijo cómo celebrarla…».

En otro momento, recordó que los hermanos acuden con alegría a esta santa convocación, y que no existe una fórmula ni estrategias para obligarles a venir, y acotó: «La fórmula se llama Dios. Yo les digo lo que Dios me dice y Él es el que mueve los corazones para que crean y vengan a celebrar este memorial santo…».

Recordó que el 14 de diciembre de 2014, fue Dios quien hizo la obra en el corazón de la Iglesia, para que, como un solo hombre, le recibiera como Apóstol de Jesucristo. Destacó la perfecta unidad en la que vive la iglesia, unidad que se disfruta por la oración de Cristo al Padre, a quien le pidió: «Señor, quiero que con el amor que me amaste a mí, así los ames a ellos».

Aseguró categórico que de la misma forma, Él platica con Dios y con el Señor Jesucristo, proximidad e inmediatez de hablar caca a cara con Él, acto sublime que nunca había experimentado, hasta el memorable 8 de diciembre de 2014, fecha de su Llamamiento al Apostolado. Ese día, Dios le ordenó honrar el cuerpo del Apóstol Samuel Joaquín, mientras el Altísimo se encargó de hacer la obra en el corazón de todos, promesa que cumplió y por la que este día le daba la gloria a Dios.

De igual manera, invitó a los congregados a glorificar a Dios en gratitud de la unidad en que la iglesia se encuentra, preparada para celebrar la fiesta más grande de toda la tierra, y alabó la perfecta unidad porque, dijo: «… aquí no hay razas, ni nacionalidad, ni posición, ni diferentes estratos sociales, porque todos los que hemos venido sólo nos vemos como hermanos… en la Iglesia del Señor somos un solo cuerpo, que es el de Cristo; somos uno en Cristo: Dios en Cristo y Cristo en su Hermano, autorizado para celebrar el Memorial del Señor».

Antes de concluir la ceremonia de bienvenida, el Apóstol llamó a un hermano de cada continente en donde tiene presencia la Iglesia, e invitó a las hermanas D. Eva García y Alma Zamora, a saludarlos en representación de la Iglesia anfitrinona. Representando a los hermanos con capacidades diferentes, invitó al hermano Hugo García, y aclaró que para el Señor todos sus hijos son iguales, porque Él no ve a quien camina o no puede caminar, sino el alma que brinca de alegría espiritual.

La niñez: el presente de la Iglesia La Luz del Mundo
Para el Apóstol de Jesucristo, la niñez es la iglesia del presente y para representarla llamó al niño Atlaí Saldívar. De los hermanos antiguos, invitó a la hermana Sara Martínez, en representación de los que creyeron en el Apóstol Aarón Joaquín y se convirtieron al oír su voz, además de recibir al Apóstol Samuel Joaquín, y ahora siguen adelante, creyendo en el apostolado contemporáneo, del Apóstol Naasón Joaquín.

Henchido de alegría por la bendición que Dios está dispensando a su Iglesia, el Siervo de Dios los invitó a dar la bienvenida y a saludar en un fraternal abrazo a nuestros hermanos y hermanas, sin importar su lugar de origen, y agregó: «Es tiempo de saludarnos. El tiempo de aflicción y trabajo ya pasó, ahora nos encontramos junto a nuestros hermanos para disfrutar de la comunión con el Señor. ¡Qué alegría contemplar los rostros de los príncipes y sacerdotes de Dios, que somos su iglesia invitada a conmemorar la muerte del Señor! ¡Bienvenido seas hermano a esta ciudad! ¡Bienvenido a Hermosa Provincia, el gozo de toda la tierra!

La Iglesia se saluda en fraternal abrazo

Mientras la iglesia saludaba y abrazaba a los convidados a la magna festividad religiosa, los Coros entonaban una alabanza, dando con ello la bienvenida, mientras el Apóstol de Jesucristo reiteraba el recibimiento, asegurando a los hermanos de África y a los de capacidades especiales, que para Dios y para él son hermosos, y con igual sentimiento les daba la bienvenida a Hermosa Provincia. Para finalizar la ceremonia, a todos los invitó a adorar a Dios y a darle la gloria.

El Apóstol del Señor, postrado ante las plantas de Dios, expreso con devoción: «Te adoramos, Señor; a ti, solo Dios, nuestro Padre, que nos has reunido para cumplir un mandamiento de tu hijo…». Ya de pie, y para despedirse de la reunión, agregó: «¡Esta es la fiesta de los hijos de Dios! !Disfrutémosla! Dios los bendiga y hasta el 14 de agosto».

Enseguida, se retiró del recinto sagrado dejando una estela de bendición y fortaleza en el Señor entre los congregados. A su paso, levantaba sus manos y en simbólicos abrazos a todos les deseaba bendición y felicidad en esta magna fiesta espiritual.

Agradece a las autoridades civiles

Ya desde el balcón de su casa, agradeció la presencia de las autoridades, quienes contemplaron un pueblo agradecido con Dios, por la paz que se respiraba en la festividad, gracias al apoyo y trabajo de las autoridades civiles, a quienes les dijo que la Iglesia les deseaba bendición. Les explicó: «La Iglesia no paga los favores con dinero ni con bienes materiales, pero creemos en un Dios que les pagará con grandes bendiciones a cada uno… por su amistad, su asistencia y por las facilidades y apoyo que nos han dado, Dios les bendiga».

Reconoció que las autoridades locales han atendido con solicitud todas las necesidades para celebrar la festividad en paz: han provisto de seguridad social, de apoyo en salud, vialidad y servicios públicos a todos los visitantes. Asimismo, mencionó que él y la Iglesia seguirán orando por todos los gobernantes para que Dios siga siendo en su favor: «Que Dios bendiga su proceder y dirija su espíritu para que sigan obrando justicia y respeto para todos los ciudadanos que ustedes representan… quiero que vean un pueblo feliz y listo para iniciar la festividad, que transcurrirá en tranquilidad porque el Pueblo ha sido enseñado que esta es una fiesta espiritual. Todos sean bienvenidos, Dios los bendiga y sea con ustedes. Me despido con un ósculo de amor».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.