El cumplimiento de las promesas: se acerca la abundancia y prosperidad para los hijos de Dios

Mensaje Apostólico en la Iglesia de los Encinos, Xalapa

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El lunes 22 de enero, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, luego de visitar a los hermanos de Coatepec, reanudó su periplo en otra de las iglesias veracruzanas. Tocó el turno a la Iglesia de la colonia Los Encinos, ubicada en Xalapa, la capital del estado.

El reloj marcaba las 5:50 de la tarde cuando el Apóstol Naasón Joaquín, en compañía de los pastores que con antelación lo acompañaron en Coatepec —hermanos P.E. Jacob García, P.E. Aarón Aguilar y P.E. Juan Peláez—, arribó a la Casa de Oración ubicada en la calle Tabachines n. 47, en la colonia Los Encinos.

Correspondió al hermano D.E. Mauro Javier López, ministro de Los Encinos, ofrecer la recepción al insigne visitante. El coro de niños, ataviado con un uniforme blanco, le dio la bienvenida en el exterior del templo. Luego de que el Embajador de Cristo dobló sus rodillas y elevó su plegaria a Dios, la Iglesia experimentó una singular bendición. En una prolongada oración.

Luego de la ferviente oración, el Coro local y la Iglesia entonaron el himno n. 322, «Los campos con flores», que en una de estrofas expresa: «Los campos con flores se adornan también. Y tú como ellas, adornas tu grey. Todos nos gozamos en verte otra vez […] Bienvenido seas hoy, Embajador que anuncias al mundo mensaje de amor […] Tú marchas al frente del gran batallón, conquistas al mundo para mi Señor…».

Posteriormente, el Ungido de Dios saludó a los hermanos de Los Encinos y otras iglesias que se sumaron a esta bienvenida: Lomas de Casablanca, Miahuatlán, Zacatlán y Bella Unión.

Enseguida, dirigió un breve mensaje: «Me alegró en contemplar vuestros rostros, en esta hermosa Obra que Dios ha hecho en vuestros corazones. Fui testigo cuando vine hace poco menos de tres años, y compartí con ustedes mi presentación en el estadio Luis «Pirata» Fuentes, en donde contemplé que eras una Iglesia muy abundante y bendecida de Dios, porque aquí en este bello estado también la voz de Dios se oyó… Y es que estabais en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo; y hoy tienes la bendición de esta hermosa prosperidad».

 

El cumplimiento de las promesas: sinónimo de abundancia y prosperidad para los hijos de Dios

Luego de la salutación, el Apóstol del Señor abundó: «Hoy vengo a decirte que veo a esta Iglesia muy grande, veo cómo ha crecido y se ha multiplicado… Pero también vengo a decirte que esto no termina aquí: ¡No! Hay una promesa que Dios me ha dado. Él me dijo: ‘Si ves a este Pueblo grande, yo lo voy a multiplicar aún más’. Y aunque me siento lleno de alegría al contemplar vuestros rostros y contemplar cómo habéis crecido, yo te digo: ‘¡Esto no es todo! ¡Apenas empieza la abundancia y la prosperidad… apenas comienza el cumplimiento que Dios le ha dado a su hermano!

«Vimos el cumplimiento de las promesas a los Apóstoles Aarón Joaquín y Samuel Joaquín, y yo te digo: ‘Vamos iniciando de una forma muy hermosa, porque aún veo entre vosotros almas nuevas que hoy nos visitan, pero que muy pronto serán también nuestros hermanos en Cristo, porque es promesa de Dios.

«¿Qué viene a hacer su hermano a este lugar? ¿A saludar a la Iglesia, solamente? ¡No! Te vengo a dejar una bendición. Recordemos que cuando Israel sentía un lugar en su corazón y veía que sus enemigos eran más numerosos, inmediatamente volteaba a ver en el monte la figura de Moisés. Él sabía que el Pueblo sentía temor, que se amedrentaba en aquella batalla, y empezaba a levantar sus brazos… entonces, Israel veía que el Siervo de Dios levantaba sus brazos y el Pueblo se llenaba de valor y decisión y gritaba: ‘Israel, prevalece’».

Antes de despedirse, añadió: «Quise venir a saludarte y decirte que mi oración será permanente para que seamos parte de esta bella historia. Nuestro destino no es un fracaso, ni una derrota. Al contrario, Dios seguirá llevándonos de triunfo en triunfo y de victoria en victoria».

El reloj marcaba las 6:06 de la tarde, cuando el Siervo de Dios invitó a la Iglesia a cantar el himno «La Victoria es de Cristo». Con grande alborozo espiritual, los hermanos entonaron el cántico con el espíritu y el entendimiento. Uniformados con vestiduras blancas, portaban en su mano derecha una palma verde olivo. Como un solo hombre se escuchaba el estentóreo himno, que retumbaba aún en la parte exterior del templo. De entre el numeroso grupo de visitas que asistieron a esta histórica visita apostólica, limpiaban sus mejillas humedecidas mientras asentían lo que el Embajador de Cristo hablaba, en una señal de reconocimiento.

Al término de la alabanza, el Apóstol del Señor preguntó a sus hijos espirituales: «¿En verdad creéis que su Hermano es Apóstol de Jesucristo?». La respuesta fue unánime —aún en la mayoría de las visitas—: «Amén, así es». Luego de la estruendosa afirmación, el padre en la fe concluyó: «Me quiero ir con esta seguridad: ‘Trabaja y sé valiente. Arroja las redes y verás el cumplimiento de la promesa’».

A las 6:15 de la tarde, el Apóstol del Señor se despidió de las iglesias congregadas en El Encino y de las visitas. El avivamiento espiritual no concluyó con la despedida apostólica: continuó de manera singular.

De la colonia Los Encinos, el Hombre de Dios se trasladó, en compañía de sus colaboradores, a la siguiente iglesia contemplada en el periplo apostólico: colonia Banderilla, en Xalapa.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.