En la colonia El Pitillal, el Apóstol Naasón Joaquín refrenda la promesa que Dios le hizo: “Seréis multiplicados, prosperados y bendecidos”

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 25 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, en el marco de la undécima etapa de su Gira Universal, visitó a los hermanos de la colonia El Pitillal, en Puerto Vallarta, Jalisco.

El reloj marcaba las 10:01 de la mañana, cuando el Apóstol arribó a la Casa de Oración, ubicada en la calle 24 de febrero n. 1202, acompañado por su esposa, la hermana Alma Zamora, y los hermanos D.E. Atlaí Joaquín y Enc. Abdiel Joaquín. Con antelación, le esperaban los hermanso P.E. Javier Bautista, pastor de la Iglesia de colonia El Pitillal, así como los ministros P.E. Eliézer Gutiérrez, P.E. Venancio Ortiz y P.E. Roberto Montiel, entre otros.

Por su parte, la Iglesia local se encontraba en el interior del templo en la oración de nueve de la mañana. Los niños, ataviados de blanco, hicieron una pequeña valla de la calle a la puerta del templo para dar bienvenida al insigne visitante.

Qué hermosa Casa de Oración, que inaugurara por el Apóstol Samuel Joaquín, y que recordaba con tanto amor y cariño. Hoy, Dios me concede venir a verlos y, al igual que mi padre, alegrarme en el Señor al ver la prosperidad que Él ha traído en esta Iglesia de la colonia El Pitillal.

Pero yo también quería conocerlos, estar entre vosotros, levantar mis manos, doblar mis rodillas y venir a decirle al Señor: ‘Bendícelos y síguelos multiplicando y prosperando”.

Enseguida, invitó a la Iglesia a elevar una oración al Creador, a la que se unieron las visitas —algunas de ellas fueron arropadas por la bendición de Dios— y los niños, quienes también experimentaron en sus corazones el gozo espiritual. En aquel instante, la plegaria se fusionó como una sola y se escuchó estentórea más allá de los muros del espacioso templo. En este día histórico, la visita de un Apóstol de Jesucristo a esta localidad, el júbilo se desbordó inconmensurable.

Luego de la ferviente plegaria, el Embajador del reino de los cielos reanudó su mensaje: “Yo quise venir a este lugar, porque tenía el deseo de conocerlos. No me tocó venir cuando el Varón de Dios inauguró esta hermosa Casa de Oración, y le decía a los hermanos que me gustaría pasar a este lugar a tomar un alimento; pero ese era el pretexto para venir a verlos. Ahora que los estoy contemplando, mi alma se llena de alegría: ¡Qué hermosa Casa de Oración! ¡Dios los ha bendecido tanto que este templo ya es insuficiente!

“Y esto es apenas el comienzo, porque Dios te va a seguir multiplicando y en esta colonia también habrá un grande templo y una grande Iglesia, que sirva y bendiga al Señor. No vengo a hablar porque el próximo domingo nos veremos para alegrarnos todos juntos. Solamente vine a visitarlos y pedirle al Señor que los siga bendiciendo. Dios los guarde y los bendiga. Hasta el próximo domingo, la paz de Dios quede en vuestros corazones”.

Luego de su presentación, el hermano P.E. Javier Bautista invitó al Siervo de Dios y a sus acompañantes a un desayuno. Ahí dio instrucciones al ministro local de utilizar el terreno de la actual casa pastoral y adquirir predios aledaños para la construcción de un nuevo templo, más espacioso y con áreas verdes para el recreo y descanso para la Iglesia.

Luego de abordar distintos temas con sus colaboradores, salió de la casa pastoral en dirección a la siguiente iglesia que visitaría en ese día: la colonia Del Villar. Los hermanos de El Pitillal, entre tanto, lo despidieron con alegría. De sus ojos brotaban lágrimas y de sus labios expresiones de gratitud y reconocimiento: “Dios le bendiga, Apóstol de Dios”, “Juntos hasta el último aliento”… El reloj marcaba las 12:01 de la tarde cuando el Ángel del Evangelio eterno se despidió de sus hijos en la fe.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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