El Apóstol de Jesucristo ordena como misioneros a 718 jóvenes y 319 matrimonios en el Ecosantuario de Amozoc

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 13 de noviembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, ordenó al primer batallón masivo de matrimonios, y el tercero de jóvenes misioneros, para salir a la Obra espiritual con destino en la República Mexicana. La sede de esta designación ministerial fue el Ecosantuario de Amozoc, Puebla.

A las iglesias de las colonias Revolución Mexicana y Clavijero –en la ciudad de Puebla–, y al Ecosantuario, respectivamente, se dieron cita los 718 misioneros –jóvenes y señoritas mayores de 18 años– y los 319 matrimonios que, procedentes de los 31 estados de la República Mexicana, acudieron a la convocatoria apostólica de incorporarse a los batallones espirituales. Previamente, participaron en los cursos de formación de obreros impartidos por pastores y profesionistas durante cuatro días (del 10 al 14 de noviembre).

El domingo 13 de noviembre, ambos grupos asistieron a la Escuela Dominical, que tuvo lugar en la planta baja del Ecosantuario y que fue presidida por el hermano P.D. Antonio Adán. En su exposición compartió importantes testimonios sobre la vida a la que se adaptará el obrero a partir de que es dado de alta en los batallones espirituales.

A las 11:25 de la mañana, el Apóstol de Jesucristo, acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora, y del Consejo de Obispos, ingresó a un recinto pletórico de jóvenes, quienes los esperaban con antelación. Las expresiones de júbilo y algarabía espiritual de los nóveles misioneros no se hicieron esperar: el Padre en la fe, Apóstol y Maestro se encontraba entre ellos. Estaban seguros de que, en breve, les comunicaría diversos dones espirituales, herramientas indispensables en el quehacer del misionero.

 

Los aspirantes a la Obra reciben un ascenso espiritual: son ordenados por el Apóstol de Jesucristo como sus colaboradores

Luego del cálido recibimiento de su batallón espiritual, el Apóstol de Jesucristo saludó con la paz del Señor a los jóvenes y matrimonios aspirantes a la obra (estos últimos siguieron en vivo el mensaje apostólico a través de la señal de video, desde las aulas de capacitación misionera). Posteriormente, el insigne Apóstol del Señor inició su emotivo mensaje: “Estamos aquí reunidos porque hoy habrá un ascenso espiritual para todos y cada uno de ustedes. Esto no es para que sintamos una vanagloria, pues no saldremos a los campos de batalla a buscar bienes, lujos, privilegios o cosas materiales.

“Lo anterior nos trae una grande responsabilidad… El nombramiento de soldado raso es el último lugar dentro del rango militar, pero también es el momento donde hay un mayor deseo de servir en la milicia. Hoy te voy a nombrar compañero mío, colaborador mío, en el Evangelio de Cristo. Tal y como el Apóstol Pablo saludaba a Priscila y Aquila –a quienes llamaba ‘mis colaboradores en Cristo Jesús’ (Romanos 16:3)–, así también yo te voy a reconocer este día”.

Inflamados de valor y con el deseo ardiente de servir a Dios, los jóvenes escuchaban atentos el consejo apostólico, entretanto, en sus mejillas humedecidas no dejaron de rodar lágrimas de alegría, júbilo y de asentimiento: sabían que en breve se les consignaría a los campos de batalla y quién los estaba enviando.

El Apóstol de Jesucristo, en un ambiente donde se respiraba emoción, valor y gallardía, dijo a los jóvenes misioneros que los enviaría a diferentes destinos en nuestro país, donde aún no está asentada la Iglesia ni hay almas convertidas a Cristo: serán enviados a trabajar en los campos estériles, donde prepararán la tierra, la abonarán y sembrarán la semilla del Evangelio en los corazones. Posteriormente, y la regarán con agua, que es la Palabra de Dios, en espera de cosechar frutos. Semejante a la voz del General del ejército que da la orden de salida, al unísono se oyó un grito de aceptación que resonó más allá de los linderos del Ecosantuario.

 

El Apóstol, los ministros y la Iglesia, por la evangelización, se enfrentan todos los días al mundo

El Apóstol del Señor aconsejó a los misioneros que cuando lleguen a su destino, primeramente deben buscar el lugar donde se instalarán. Enseguida, saldrán en busca de las almas y les hablarán del Evangelio.

En contraste, dijo que si alguno de ellos tenía una idea equívoca con relación a su alta en este batallón espiritual –al pensar que iba a un lugar donde ya había una iglesia establecida y almas que les estarían esperando–, podía regresar en ese momento a su hogar, ya que él no está llamando obreros que busquen comodidades.

A continuación, expresó: “Yo me voy a enfrentar al mundo… Y el mundo me menosprecia cuando dice: ‘Y este que acaba de quedar al frente de la Iglesia cree que va a conquistar al mundo’, y yo volteo y le digo al mundo: ‘Tú vienes a mí con tus pompas, con tu riqueza y con tu poder… pero yo, ¡Naasón Joaquín, voy a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos y en nombre de mi Señor Jesucristo, que me puso al frente de su pueblo! Mi Dios y su hijo amado Jesucristo, te van a entregar en mis manos para la gloria de su nombre!”. En respuesta, los jóvenes, enardecidos en su fe, como eco de su voz valerosa, expresaron: ¡Amén!

Con la autoridad que Dios, el Apóstol del Señor afirmó categórico que no le tiene temor a las congregaciones ‘evangélicas’, quienes entre ellas se unen en busca de beneficios materiales: “Yo siento el celo de Cristo y veo las almas que han engañado y tengo compasión de ellas, porque son almas que viven en el engaño, que han sido instruidas en un fanatismo”.

En un ambiente de fervor espiritual, expresó: “Hoy, este día, voy a agacharme a recoger unas piedrecitas del suelo y diré: ‘Él viene con espada, con escudo, con dos mil años de experiencia, pero su hermano y aquellas piedrecitas, que sois vosotros, vamos a confiar en el mejor guerrero de todos: nuestro Dios. ¡Esta batalla espiritual la vamos a ganar!, porque así Dios nos lo prometió”.

 

Por el Evangelio de Cristo: hasta el último aliento

Con relación a la cantidad de jóvenes, señoritas y matrimonios que en esta fecha serán enviados a los campos de batalla, el Apóstol del Señor instó a los misioneros a no tener miedo cuando el enemigo se burle de ellos y les diga: “¿Qué son setecientos jóvenes?, ¿qué son cuatrocientos matrimonios?”; porque esto era lo mismo que pensaba Goliat cuando David, quien era un jovencito, salió a retarlo al campo de la batalla. La conciencia de cada misionero debe ser esta: adelante de ellos va el Dios Todopoderoso.

En otro momento, expresó que cada obrero, cuando llegue a su trinchera, no debe experimentar incertidumbre con relación a su futuro. Puso el ejemplo de Gedeón, cuando pensó que Dios lo había abandonado y no era cierto: solo estaba esperando el momento para manifestar su poder (v. Jueces 6:16), ya que la victoria sobre los madianitas estaba garantizada, a tal grado que de una cantidad de miles de soldados, Dios la redujo en dos ocasiones, hasta que solo quedaron trescientos hombres, para demostrar con ello que Él es un Dios de retos, que le gusta hacer de lo imposible lo posible; porque Él, con su poder, con trescientos soldados venció a los madianitas.

Posteriormente, recordó a los matrimonios y jóvenes misioneros que su primera lucha será contra sus propios temores, pero que nunca estarán solos.Y agregó: “Yo no quiero llamarles a ustedes compañeros hasta que levanten su mano y me digan: ‘¡Estamos con usted, hasta el último aliento!’, porque yo no quiero cobardes, ni traidores, ni quienes se rindan ante la batalla… quiero que, aún heridos, saquen su espada espiritual y sigan combatiendo por el Evangelio de Cristo, ¡hasta el último aliento!”.

 

“En las adversidades, confíen en que la gracia de Dios les bastará”: consejo apostólico

Enseguida, invitó al hermano P.E. Joél Herrera a entonar el himno titulado: “Nada sé sobre el futuro”, cuyas estrofas invitan a la reflexión e infunden fe y confianza, virtudes indispensables para que no decaiga el ánimo de los jóvenes misioneros cuando se encuentren en alguna situación de adversidad, semejante a la que experimentó en su cuerpo el Apóstol Pablo, respecto de la cual había rogado tres veces al Señor que se la quitara y Él le había respondido: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad (v. 2ª Corintios 12:7-10).

En este tenor, el Apóstol de Jesucristo invitó a los matrimonios y jóvenes a que, ante las inevitables aflicciones y pruebas que padecerán en su quehacer misionero, les debe bastar la gracia de Dios para salir avante, porque justamente es en esos momentos cuando Dios manifiesta su grandeza. “Así sucederá con ustedes: donde no había Evangelio, allí llegará; donde no se alababa a Dios, allí se alabará; donde no se conocía al verdadero Dios, ustedes llevarán ese conocimiento”, afirmó.

En contraste, el Siervo de Dios hizo la siguiente invitación: “Hermano joven, si tienes miedo o temor… hermano casado, si sientes que esto no es lo que tú esperabas, en el transcurso de la alabanza te invito a que te regreses a tu ciudad… pero si tú dices: ‘Aunque sangre de los mártires nos cueste…’, quédate, porque después de esta alabanza yo quiero ascenderte espiritualmente, quiero entregarte una espada espiritual y quiero levantar mis brazos a Dios y decirle a mi amigo: ‘Señor, sé con ellos’”.

Los batallones, inconmovibles en sus sentimientos y su convicción espiritual, levantaron sus brazos y, al cantar con particular fervor el citado himno, manifestaron su plena decisión de entregar su vida a la causa del Señor.

 

Oración apostólica en favor de los matrimonios y jóvenes misioneros

Mientras las estrofas de la alabanza eran entonadas por el Apóstol de Jesucristo, los pastores y los nóveles misioneros, todos, sin excepción, levantaban su mano derecha empuñada en señal de asentimiento: “Y al andar por mi camino, en la prueba o tempestad, sé que Cristo irá conmigo, sé que me guarda su bondad…”. Al término del himno, el Apóstol Naasón Joaquín elevó su oración en favor de ellos:

“Bendito Padre que estas en el cielo: quiero consagrar la vida de estos valientes que hoy se han entregado a ti para expandir tu Santo Evangelio en esta nación. Han venido a ti con fortaleza, con valor, decididos a lo que tu tengas para ellos… Hoy vengo a suplicarte, en el nombre de tu hijo amado Jesucristo, que fortalezcas su espíritu… llénalos de fe y de poder, y que desde este día queden consagrados a tu servicio, dedicados a los campos de batalla y entregados a tu voluntad, para que lleven tu Evangelio a toda ciudad, pueblo, aldea y ranchería.

“Tú darás testimonio muy pronto de que esta nación se inundará de tu Santo Evangelio. Tú me has enviado y me has puesto al frente de este pueblo. Así tú lo has dispuesto y hoy suplico y demando de esta bendición para decirte: ‘Ve con ellos, acompáñalos y fortalécelos para que cumplan tu santa y bendita voluntad’”.

Así, a través de la sublime oración apostólica, los matrimonios y jóvenes misioneros fueron consagrados al Servicio de Dios.

 

Bienvenida a los nuevos colaboradores

Al término de esta sentida oración, el Apóstol del Señor se dirigió a sus nuevos colaboradores: “Para que Dios nunca deje de acompañarte en las luchas, esfuérzate y sé valiente: no te amedrentes delante del mundo para que nunca te avergüence”. En consonancia, les pidió que recuerden siempre los consejos apostólicos recibidos y de testimonios recibidos de parte de los pastores, y cuando sientan que ya no pueden, los invitó a doblar sus rodillas y decirle al Señor que se acuerde que el Varón de Dios oró por ellos y van a sentir la respuesta del Altísimo, quien estará siempre con ellos.

Para despedirse de sus batallones espirituales, expresó: “Ahora sí, permítanme decirles: ¡compañeros míos! ¡Colaboradores míos! ¡Bienvenidos a esta batalla! ¡No temáis, esforzaos y sed valientes! ¡Después de la batalla, Dios los coronará! Enseguida, invitó a cantar el himno n. 529, “Soy yo soldado de Jesús”.

El citado himno, que es la alabanza insignia de esta nueva era, la del Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, fue entonado por todos con singular fervor y entusiasmo. El Siervo de Dios, embargado por la emoción y la inamovible respuesta de sus nuevos colaboradores cantó esta alabanza con fuerza, vigor y una expresividad sin par. Este cántico, que retumbó en los cinco continentes la madrugada del 14 de diciembre de 2014, el día que Dios manifestó el ministerio apostólico contemporáneo –un himno que invita a la batalla espiritual–, resonó de nueva cuenta en el Ecosantuario de Amozoc, Puebla.

Mientras la alabanza se entonaba, los misioneros levantaban su mano derecha empuñada y, en tono de himno marcial, el emblemático canto-insignia del ministerio apostólico contemporáneo retumbaba no solo en el Ecosantuario, sino, y sobre todo, en los corazones de cada uno de ellos: “…es menester que sea fiel, que nunca vuelva atrás”, les instaba la voz apostólica, contagiada de gallarda emoción.

Al término de la alabanza, el Apóstol del Señor se despidió de sus nuevos colaboradores: “Soldados de Cristo: Dios les bendiga. Mi oración permanecerá en favor de ustedes. Dios los traiga triunfantes y victoriosos. La Iglesia estará viendo vuestros triunfos y se gozará en grande manera.

“Compañeros míos, amigos míos: ¡Que el Alto Dios los acompañe! Les ofrezco un abrazo y un ósculo de amor y hasta el final de la batalla: ¡Hasta el último aliento! Dios les bendiga”.

De esta manera se despidió de los nóveles misioneros, mientras ellos repetían el glorioso himno. Al descender de su ministerio, se detuvo unos instantes delante de ellos y en un cúmulo de abrazos y ósculos simbólicos, los invitó a ser sus valientes guerreros. Salió del recinto sagrado, acompañado de su esposa y los pastores congregados, dejando una estela de bendición entre los jóvenes sembradores que, en breve, dejarán caer la semilla en tierras áridas, que luego prepararán y regarán y posteriormente recogerán la copiosa cosecha. Después de ese arduo trabajo, regresarán jubilosos con sus gavillas a la casa de su señor.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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