En tiempo de amor puro, el Ungido de Dios proclama a jóvenes que ¡la batalla está ganada!

AMOZOC DE MOTA, Pue. (Berea Internacional) — El amor puro, venido del Alto Dios, fue el marco en el cual el Excelentísimo Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, habló hoy con miles y miles de jóvenes: “este es nuestro tiempo” les declaró, les habló de las luchas y sufrimientos que vive un obrero, de sus cadenas. Incluso recordó algunas de Sus aflicciones propias de Apóstol; mencionó otras que han sufrido sus ministros, pero delante de todo el pueblo del Señor congregados en el Ecosantuario, el cuerpo ministerial en pleno, a una de sus preguntas, confesó ser feliz en la santa tarea que les confirió el Embajador del Reino de los Cielos.

A unas horas de que sean dadas a conocer las ordenanzas de misioneros mexicanos, el Ungido de Dios se asumió como esclavo del Señor, y les preguntó a los jóvenes si espiritualmente compartían esa bendita esclavitud. Los hermanos asintieron voz en cuello, por lo que espiritualmente el Varón de Dios les consideró siervos de la oreja horadada, les dio la bienvenida como miembros de Su casa, les llamó parte de su trabajo, parte de su familia, y les proclamó bienvenidos al servicio de nuestro Dios.

Citó palabras del apóstol Pablo cuando escribió en su carta a los Corintios que su deber era predicar el Evangelio de Jesucristo, lo hiciera de buena o mala voluntad.

Hoy, el Gran Apóstol del Señor Naasón Joaquín, dijo que para Él, que tenía otros planes en Su Vida, el Llamamiento al Apostolado es una necesidad, es una encomienda santa e irrenunciable, porque no lo hace de mala gana, sino todo lo contrario, volvió a repetir que las cuerdas le habían caído en lugares deleitosos. Que su esclavitud es un deleite, que ha sido un placer, ha sido un gozo, ha sido una paz, ha sido una alegría, enfatizó, ¡servir a Mi Señor!

En Amozoc, la juventud mexicana ha alegrado hoy al Gran Apóstol del Señor. Y antes de que salgan a los campos de batalla, los preparó.

El amigo de Dios les habló del llamamiento de los obreros. Aclaró que éste es irrenunciable, que no se puede soportar, pues como ocurrió con Jeremías, el llamado de Dios no se puede esconder, no se puede disimular, no se puede soportar porque es un fuego que consume.

El Embajador del Reino de los Cielos les proclamó pescadores de hombres, servidores de Dios, colaboradores de Él y esclavos de la Iglesia. Anticipó que los que salgan a la obra, son los que Dios le ha dado.

El Siervo de Dios y Apóstol de Jesucristo, salió de su presentación en este Ecosantuario, con el puño en alto. Había predicado al Cristo victorioso, declaró a los jóvenes: ¡este es nuestro tiempo! y a la Iglesia le dijo que esta batalla por las almas ya está ganada.

¡Gloria al Señor!