Presentación Apostólica en Bruselas, Bélgica

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 9 de junio de 2016 el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, arribó por primera ocasión a Bélgica, emblemático país europeo, preciosa gracia de Dios que llenó de alegría y gozo el corazón de los hermanos, desde el momento mismo que fueron notificados de esta singular visita.

Bruselas, capital de Bélgica, primer bastión conquistado por el evangelio en esta Nueva Era, es conocida también como la capital de Europa por contar entre otros muchos organismos, con el Consejo Europeo y el Parlamento. Es una ciudad cosmopolita, donde confluyen diferentes idiomas (francés, alemán y neerlandés) y las manifestaciones religiosas más profusas del planeta, incluyendo agnósticos, libres pensadores y ateos. Es aquí donde vino a brillar la luz del evangelio en el año 2015, cuando el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, envió a los Diáconos Edgardo Portillo y Enoc Ruíz Pichinte, de El Salvador, en cumplimento a una promesa que hizo en la ciudad de Dallas, Texas el 26 de febrero de ese año, de visitar todos los lugares donde militen hermanos en la fe de Jesucristo, así sean solo dos.

En mayo de 2015 comisionó a dichos hermanos para buscar a la hermana Ileana Campos, de origen salvadoreño, quien emigró a este lugar en 2011. El hermano Edgardo buscó también a su hermana de sangre que ya tenía tiempo residiendo en esta ciudad y junto con la hermana Iliana y su familia, comenzó la obra evangelista.

Los primeros bautismos se llevaron a cabo el 28 de junio de 2015, en un lago en Willebroek, a unos 50 minutos de Bruselas, donde bajaron a las aguas del bautismo el hermano Gaetano Ghevaert y su esposa Katia Menjibar. Así mismo, el 14 de febrero de este año, en la Ceremonia Internacional de Bautismos en Francia se ha bautizado la hija de la hermana Ileana, la joven Madeline  Campos.

La naciente Iglesia se vislumbra fuerte y pujante. Colmados de efervescente gozo se prepararon para la llegada del Apóstol de Dios haciendo extensiva la invitación a todos sus conocidos quienes desde hace un año, no han dejado de visitar esta Iglesia.

El Día esperado

La reunión anhelada se llevó a cabo en el salón Westminster del hotel Royal Windsor, en pleno centro de Bruselas.  Los hermanos del coro de Nueva York, invitados para la ocasión, lucieron motivos alusivos a la bandera de Bélgica, la Iglesia ya desde temprano apenas contenían las ansías, preparaban el canto de bienvenida esperando el momento.

A las 10 de la mañana en punto tomó el micrófono el Pastor evangelista David Venegas, invitando a la Iglesia a poner sus almas ante el Señor, agradeciendo la bendición de estar presentes en ese día. Las palabras emotivas del ministro transmitían el sentir de la naciente Iglesia que esperaba ansiosa al Ungido de Dios, quien no tardó mucho tiempo en hacer su arribo; el reloj marcaba las 10:15 am, cuando entró el Apóstol de Jesucristo saludando a los hermanos al pasar a su ministerio. Tras de su oración de acción de gracias, los hermanos entonaron el himno de bienvenida.

Vestidos de blanco, ondeando un pañuelo amarillo, expresaron con lágrimas en sus ojos como muestra del sentir que les embargaba:

“Hermosa fecha marcada, queda en nuestro corazón ha llegado a estas tierras el que trae salvación. Ansiaba ya nuestras almas conocerle, ¡oh, embajador! Y oír de sus hermosos labios, palabras de nuestro Dios. …¡Sea bienvenido, santo apóstol de Dios!”

El ministro Misael López, encargado de la obra en este lugar, tomo la palabra, para declarar el sentimiento de los hermanos de Bélgica, manifestando que las palabras son insuficientes para hacer justicia al sentir del alma, y comparando el corazón de los presentes con una casa en la que prepararon cama, mesa, silla y candelero, dio la bienvenida a ese país al Apóstol de Jesucristo, a quien invitó a quedarse para siempre.

 Saludo apostólico

“Hermosa, amada iglesia de Bélgica, cuanto deseaba mi corazón llegar hasta vosotros para saludaros y deciros con voz de júbilo y salvación: La paz de Dios y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea y permanezca en vuestros corazones”

En esta primera presentación de la séptima etapa de su gira universal, expresó que le invadía una inmensa alegría, semejante a lo que experimenta un padre cuando ve nacer a su primer hijo, “vosotros sois en este tiempo, en esta nueva era, esa pequeña que ha nacido en mis brazos y que Dios me concede ver, y que me contempla abrazar, por eso yo tenía el deseo de venir para decirles:  Hijos míos en la fe, no estáis solos, aquí está el que Dios ha puesto para protegerlos, para cuidarlos, para ampararlos, con la confianza de que vamos caminando al reino de los cielos”

Bélgica, junto con Alemania y Guinea Ecuatorial, son la representación del inicio del cumplimiento de las promesas que Dios le diera aquél 8 de diciembre de 2014, de multiplicar la Iglesia mucho más, sabiendo que Dios es fiel y veraz. Recordó como un año atrás envío a los hermanos a reconocer estas tierras de Bruselas y se alegró al saber que una pequeña iglesia estaba por nacer, allí, dijo entender que el tiempo de la expansión universal había llegado. Cuando miró los bautismos de ese lugar, confirmó que Dios es bueno y su misericordia es para siempre, que no miente ni se arrepiente. Por ello el deseo, -simbólicamente dijo-, de tomarlos en su regazo para sentir el calor de su amada primogénita.

En esas bendiciones y dicha de estar unidos en un solo cuerpo para alabar a Dios, invitó a entonar el himno 134, con satisfacción y orgullo porque las palabras “Del oriente y occidente vendrán, pueblos que no conocen a Jehová…” se están cumpliendo. El canto -dijo-  representa el cumplimiento de la promesa que Dios dio al hermano Aarón aquel 6 de abril de 1926, promesa que le dio al hermano Samuel en Veracruz y en el presente a él. Añadió que, aunque físicamente la gente ve un pequeño grupo, no es así, pues la Iglesia de Cristo está conformada por miles y miles de hermanos de diferentes continentes.

Con relación al himno que refiere las promesas hechas a Abraham dijo: Aunque físicamente el profeta no vio el cumplimiento de la profecía, la vio en el nacimiento de su hijo, por la fe que él tuvo. Ya era anciano, su mujer era estéril, pero sabía que Dios lo había prometido… “para Dios no hay imposibles, no hay forma de pensar o de creer que para Dios hay algo que pueda estorbar en sus planes. No hay manera de creer que exista algo que detenga los planes de Dios”.

Manifestó que hoy es posible ver cumplida la promesa de Dios a esa nación aun en el sentido literal de la palabra, pues Israel está expandida en todo el mundo y de sus raíces han salido reyes, pueblos y naciones.

En ese paralelismo bíblico refirió las promesas que hizo a los apóstoles Aarón, Samuel y Naasón Joaquín. Al hermano Aarón le dijo que iba a hacer notorio su nombre no como tal, sino el verdadero nombre de salvación que es Jesucristo a través de la Elección de Dios, y en su momento el nombre de bendición e incluso de salvación, fue Aarón, por la autoridad que representaba, y las promesas se tenían que cumplir con el hermano Samuel, él era el ángel que traspasaría los mares y llegaría a los continentes y cuyas promesas no terminaron cuando él durmió, porque Dios ya tenía un plan: “¿ves este pueblo grande? … yo lo he de multiplicar aún mucho más. Tu mente y razón no podrán concebir qué grande será este pueblo”.

Expresó que abrazaba a sus pequeñitos, Bélgica, Alemania y Guinea, en los cuales, como Abraham, veía el cumplimiento de las promesas de Dios, y cuando la Iglesia los mire, dirán: aquí comenzó la multiplicación del pueblo de Dios.

Los dones de Dios en su Iglesia

Comenzó su disertación, tomando el texto de 2ª Timoteo 2:20-21. Enseguida comparó aquella casa grande, que menciona el texto, con la Iglesia del Señor, en la que hay variedad de utensilios de distinta naturaleza. Los hay de oro, de plata, de madera o barro, todos para un uso en particular, útiles para su función. Unos de uso honroso y otros no tanto, lo cual –aclaró, no quiere decir que solo los de oro son para honra, ni garantiza que sea de mejor o mayor uso. Pues la palabra del Señor establece sin hacer separación unos de otros, que si alguno se limpia, será instrumento de honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra.

Explicó que aquel hermano que en el pasado fue instrumento de deshonra, creado de madera o barro, en uso común o vil, el Señor lo puede revestir  de material puro para convertirse en un utensilio honroso, cualesquiera que hayan sido sus costumbres, “el Señor los acepta a todos”.

Más adelante señaló la importancia de no generalizar con relación a los dones de Dios, ignorando que la gracia de Dios se derrama de diversas formas, en dones diferentes, pues así como en una casa, existe diversidad de utensilios, cada uno con su trabajo específico, así en la casa de Dios, los dones se manifiestan en muchas formas, para todos, pues “No hay instrumentos inútiles”, porque a todos a dado Dios su función, su don.

La Gracia de Dios

En su prédica, señaló que la definición del diccionario con respecto al Don es: una dadiva, una gracia, un regalo, una merced, un obsequio, pero conforme a las sagradas escrituras, el que recibe un don recibe una pequeña parte de la gracia de Dios, la cual se manifiesta de forma diversa y abundante en su Iglesia.

En la epístola a los Romanos capítulo 12 verso 3, señala los diferentes dones y cómo cada uno de ellos beneficia al pueblo de Dios… “El que profetiza…. El que sirve…El que enseña… el que exhorta…el que hace misericordia…” Toda esa diversidad de dones, son el resultado de la multiforme gracia de Dios, que el Señor mismo reparte en su Iglesia, diversidad muy rica, según la gracia que nos es dada en virtud de lo cual, no todos los miembros tienen la misma función.

Así mismo resaltó el privilegio que tienen los miembros de la Iglesia de Cristo al tener en nuestra persona una parte de esa gracia, de acuerdo a la medida de fe, lo que significa que ningún hermano se debe descalificar y exhortó a entender el verdadero significado de esta riqueza espiritual, la cual es multiplicada por Dios conforme crece la fe en cada creyente, “…absolutamente todos, tenemos una función en la iglesia” –insistió. Existen dones espirituales y materiales que no se demeritan unos a otros y éstos vienen según la necesidad que Dios ve en la Iglesia. Cada don tiene un propósito, hay uno para cada cosa específica, repartidos por Dios de acuerdo a la medida de fe… –dijo al tiempo que citó 1ª  Corintios 7:7 cada uno tiene su propio don, para posteriormente invitar a desarraigar el pensamiento equívoco de que no somos útiles, tomando ese argumento como pretexto para no trabajar.

Como parte de esta magistral ponencia, refirió el salmo 68:8 cuya cita expresa que hay dones aún para los rebeldes y en la carta paulina a los Efesios en su capítulo 4 verso 7  especifica e individualiza la gracia que reparte a cada miembro de su Iglesia, reiterando que todos son copartícipes de esa gracia. Aunque a veces solo vemos los dones más llamativos, los más notorios como el don del canto, el de la predicación de la doctrina. Pero el Espíritu de Dios aclara que hay diversidad, como lo dice en 1ª de Corintios 12:4 hay diversidad de dones… de ministerios… de operaciones…  pero el espíritu es el mismo en todos -ponderó.

Trajo a la memoria cuando se realizara la construcción del templo Sede internacional de la Iglesia La Luz del Mundo en Guadalajara Jalisco, México. Los más fuertes ayudaban en lo más pesado, pero había un grupo de hermanos, de la tercera edad, incapacitados porque algunos tal vez iban en muletas o silla de ruedas, pero trabajaban enderezando los clavos para reusarlos, siendo útiles para la iglesia. Parecía sencilla su labor, no salían a la obra, no cantaban, pero su don de servicio lo ejercían con alegría y con solicitud. Algo muy importante que el apóstol remarcó, es que el don que Dios ha otorgado a cada uno, lo ejerza con de gratitud y deseo de agradar a Jesucristo.

Administradores de la Gracia de Dios

Posteriormente aclaró que ni los dones espirituales ni aquellos de utilidad estrictamente material se excluyen y aunque el Espíritu de Dios recomienda buscar los mejores, no significa bajo ninguna circunstancia que los dones materiales son dignos de menosprecio.

En esta primera presentación con su primogénita espiritual, el Padre en la fe trajo regalos espirituales para su pequeña hija, al decir a los hermanos de Bélgica con la autoridad que Dios le ha dado en su Ministerio apostólico: “Honorable esposa del Cordero, Iglesia de Bélgica, eres rica en dones”, viniendo a ser como Corinto enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia –y agregó: En cada iglesia es así, nada falta porque hay diferentes dones, lo que les hace una iglesia activa, desempeñando todos la administración del don… Porque somos, por Gracia de Dios, administradores de ella.

Con relación a los dones de Dios, trajo a colación la epístola universal de San Pedro, en la que asegura que a todo creyente le es otorgada por Dios, la administración de esa porción de su gracia divina y multiforme según refiere 1ª Pedro 4:10, y por ello, debemos utilizarla siempre en beneficio de la misma Iglesia, compartiéndola sin egoísmo, ni pretextos toda vez que Dios la da a todos para edificación de su Iglesia, “Es fuente inagotable de dicha y bien, es lo que tenemos, una gotita de esa fuente, que se debe convertir en nosotros en otra pequeña fuente que esté goteando constantemente, sin excluir a nadie”.

Más adelante advirtió la sentencia de parte de Dios para quien esconde esa gracia recibida: El Señor lo llama siervo malo y negligente aún sin perder el talento, pues al esconderlo, ese hecho lo deja ante su Señor como un siervo malo. Porque el pecado está en saber hacer lo bueno y no hacelo –y subrayó: Sí es nuestra obligación, sí sabemos lo que debemos hacer: Cumplir la voluntad de Dios en el don, en la gracia, en la dádiva que Dios nos da, porque al no cumplir con lo que Dios nos ha dado…nos es contado como pecado.

Si te esmeras, si te esfuerzas- dijo el apóstol- No solamente te dará un don. “Cuando tú trabajes ese don,  Dios verá tu trabajo, tu solicitud, tu liberalidad, tu servicio, tu alegría con que lo haces, verá tu fe y entonces el Señor agregará otro talento sobre el talento que te dio y si sigues igual, sobre aquellos dos talentos, agregará otro más”.

Al referir la enseñanza del maestro Jesucristo: aquel siervo que recibió cinco talentos, devolvió otros cinco, agradando a su Señor, al que dio dos, también los multiplicó por otros dos. A estos hombres llamó fieles y los premió con el galardón del Señor para todo aquel que se esfuerza en el servicio de Dios, sin embargo; a quien dio un talento, lo llamó negligente, es decir; que era desinteresado, flojo, desleal porque recibió una riqueza, una dádiva y la escondió, y por ello fue arrojado a las tinieblas, al lloro y crujir de dientes.

A manera de reflexión a la Iglesia Universal, y a todos aquellos que le siguen vía internet en este trabajo pastoral que realiza por todo el mundo, cuestionó: “¿Y tú, qué es lo que le vas a presentar al Señor?” No podemos decir que no tenemos nada o que no sepamos hacer nada, porque es la misma fe la que nos orilla a obrar y en la obra nos daremos cuenta el don que Dios nos ha dado, para trabajarlo con alegría, con libertad, de la mejor manera posible…porque lo que de gracia hemos recibido, de gracia lo tenemos que dar.

Poco antes de concluir su disertación destacó que el propósito divino al dar dones a los hombres, es perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo, como lo señala Efesios 4:11 y aquel que se niega a administrar su don en beneficio de la Iglesia, es comparado con Simón “el mago” que describe el libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles, el cual fue sentenciado por el Apóstol Pedro al buscar un Don para su beneficio personal: “tu dinero perezca juntamente contigo” Cfr. Hechos 8:20

En un paralelismo con el criado de Abraham, llamado Eliezer, quien iba con camellos cargado de regalos, vestidos, brazaletes joyas,  para la mujer que sería la esposa del hijo de su Señor dijo: Si aquél siervo no le hubiera dado esos regalos a la mujer, lo juzgaríamos como un hombre  desleal, un ladrón que se adueña de algo que no le pertenecía…Así es el hermano que no desea compartir el don que Dios le ha dado…, y exhortó a no abandonar la actividad que cada miembro tiene dentro de la Iglesia, sea en el coro, participando en la obra, en la construcción y en general en toda actividad con la misma solicitud y alegría, porque Dios no es injusto para olvidar las obras y el trabajo de amor que se muestra para su nombre, según refiere Hebreos capítulo 6, versículo 10.

Citó el testimonio de un hermano llamado Elías quien en los inicios de la colonia Hermosa Provincia, utilizaba su carreta para ir a traer agua desde La Sembradora, que se encontraba a kilómetro y medio. Después de la oración de las cinco de la mañana, realizaba su primer acarreo de agua a la casa del hermano Aarón, -y así lo hizo por muchos años. Cuando el apóstol de Dios le preguntó una ocasión cuantos viajes había hecho, contestó que ya había perdido la cuenta. “No te preocupes -fueron sus palabras- al Señor no se le ha olvidado, él ha anotado cada viaje que tú has llevado a mi casa… Él lleva la cuenta y él algún día te va a pagar”.

En esta hermosa enseñanza de fe, recordó a sus discípulos “El hombre olvida, Dios, jamás”. En su libro de la vida va anotando cada uno de nuestros hechos, cada cosa, por mínimo que sea o insignificante que pensemos que es, es anotado y servirá de sobrepeso en la balanza en la cual nos vamos a enfrentar…, e hizo referencia al mensaje de Pablo a los hermanos hebreos, en el que les incitaba a que cada uno mostrara la misma solicitud del principio hasta el fin, sin dejar “El primer amor”, a fin de no hacerse perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia, heredan las promesas, -según lo señala la cita bíblica. Y expresó su deseo de encontrar una Iglesia a la que no le falte nada, que sea rica en dones, que esos regalos sean administrados para edificación y perfección de los santos por todo el mundo. Que cada hermano, cada ministro que ha recibido diferentes dones, los administre siempre para edificación de la iglesia, y que así el Señor los vaya multiplicando.

Despedida

Para finalizar su exhortación, reiteró que en la Iglesia del Señor, aún quienes están físicamente incapacitados han recibido algún don de Dios y trajo a colación el coro de hermanos “silentes” quienes en todas las festividades eclesiásticas alaban y adoran al Creador con las señas de sus manos, transmitiendo así el sentir de su corazón.

Al concluir su ponencia doctrinal, invitó a los presentes a entonar el himno 362 que a manera de oración cantada solicita: “Bendice oh Señor el talento que me has dado, y multiplícalo…” Al término de la alabanza se dirigió a su amada Iglesia de Bélgica, aludiendo a las palabras de su consiervo Pablo a su discípulo Timoteo: “Yo os digo a vosotros también, os aconsejo que avivéis el fuego del Don de Dios que está en vosotros… Hermanos de Bélgica que Dios les bendiga. Sois pocos pero eso no quiere decir que estáis solos, eso quiere decir que sois unidos a un grande pueblo, a una hermosa Iglesia, que es la Iglesia del Señor. Que Dios os bendiga, que Dios os guarde”.

Así, manifestó que su presencia había sido atraída como un imán poderoso por los hijos de Dios, sabiendo que era un instrumento usado por Dios en ese tiempo, para engrandecer a su Iglesia,  “Y si mi presencia garantiza prosperidad en este lugar, yo lo he dicho, donde estén dos congregados allá irá su hermano Naasón a llevar la bendición de Dios,  para cumplimiento de las promesas que Dios me ha dado”.

Tras invitar a la Iglesia universal a orar por la prosperidad de la incipiente Bélgica, se dirigió directamente a los hermanos que como como hijos pequeños se acercaron más en busca de su calor paternal, recordándoles que no son pocos, que ellos representaban la promesa de Dios, y que algún día recordarán ese momento cuando solo eran un puñado de hermanos, uno granitos de arena de los cuales Dios hará  un hermoso templo y dirán los hermanos al mirarlos: He allí el país del cumplimiento.

Agradeció a los hermanos ministros que lo acompañaron y se despidió con las siguientes palabras: “Iglesia del Señor, que  la paz de Dios quede con vosotros. Y desde este lugar de Bélgica, donde Dios me permite ver cumplida las promesas que él me hizo el 8 de diciembre del  año 2014, os digo la paz de Dios quede en vuestros corazones.”

Mientras el coro entonaba la alabanza alusiva a su ministerio, saludó primero al hermano Misael López, encargado de la obra en Bélgica, después saludó a cada uno de los hermanos y al hermano obrero, a cada uno de los cuales dirigió palabras de bendición,  incluyendo a las personas ajenas  a esta fe, que ese día acudieron a escuchar su mensaje de salvación para las almas.

La bendición de Dios se desbordó, lágrimas de júbilo corrieron por sus mejillas, en esta nueva página de la historia del Apóstol de la Nueva Era, Naasón Joaquín García.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.