Redoblar las campañas de evangelización: encargo apostólico a los ministros de la Zona Metropolitana del Valle de México

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 20 de septiembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, se reunió en la colonia Vallejo con los pastores, diáconos y encargados de los distritos de la Ciudad de México y del Estado de México, a quienes dio una encomienda: a partir de una semana, reanudar con mayor vigor las jornadas de evangelización.

El reloj marcaba las 5: 12 de la tarde cuando arribó a la casa pastoral de la colonia Vallejo, en donde se le ofreció una recepción. Al participar del pan y la sal con sus colaboradores, en relación con el reciente sismo, comentó: «No nos alegramos con la muerte absolutamente de nadie. Son situaciones que Dios permite que sucedan, pero una de las maravillas que seguimos viendo hasta el día de hoy, es esta: que el Señor está con su Pueblo. No permitan que les digan que es una casualidad el que hayan sido librados del peligro. ¡No es cierto! Dios nos lo ha demostrado».

Mencionó que a partir de los desastres naturales, Dios ha puesto un temor reverente en las personas, que es para ablandar sus corazones, sensibilizarlos y que de esa forma puedan abrir sus oídos a la Palabra de Dios.

En este tenor, indicó a sus colaboradores que debe llevarse a cabo otra campaña de evangelización y reanudar los servicios para visitas, para aprovechar la sensibilidad que vive ahora la sociedad, a fin de que ellos también recuerden al Señor.

 

Reconocimiento a la labor del cuerpo ministerial de la Zona Metropolitana del Valle de México

«Por otra parte, por cada uno de ustedes yo siento mucho orgullo; me siento muy contento por que han respondido también como verdaderos siervos de Dios, como verdaderos esclavos de la Iglesia, porque si ella ha respondido como hasta ahora, con esa entereza, fortaleza y seguridad ha sido por que cada uno de ustedes, en sus templos, les han infundido y recordado la Palabra que su Hermano Naasón les ha dejado. Dios les pague», asentó satisfecho.

Antes de despedirse, y luego de dejar instrucciones específicas a sus colaboradores, el Siervo de Dios expresó: «Al ver sus rostros contemplo cómo el Apóstol Pablo veía sus colaboradores: veo a Timoteos, Titos, que se unen a mi propósito y conservan la sana doctrina, y en ella la Iglesia sigue siendo edificada. Es por eso que hoy encuentro a una Iglesia tranquila, fuerte, segura y satisfecha con todo lo que Dios ha permitido.

«Sin embargo, nuestro trabajo no termina aún. En los días siguientes tendremos que trazar nuestro plan de evangelización. Esto que pasó, Dios lo hizo para ablandar los corazones. Se han bautizado muchos hermanos, si, pero no son suficientes… son más quienes nos han oído por las calles, las plazas, los parques, los malecones, los pueblos, las aldeas y han hecho duro su corazón».

 

La nueva etapa de evangelización será aún mayor y mejor que la postrera

Y agregó: «Si Dios, de esta forma lo quiere hacer, aprovechemos. Las señales se están viendo. ¿Cuál es la segunda señal?, que se predique el Evangelio en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones (v. Mateo 24:14), y eso nos toca a nosotros.

«Dios nos cumplió: cuidó y libró a su Pueblo. Ahora, en correspondencia, también hay que cumplirle. Si Él nos dio paz, gozo, tranquilidad y seguridad debemos dar testimonio de estas maravillas; recordarle a la sociedad que existe un Dios Vivo y que nosotros venimos a predicarlo. Seremos testigos que esta nueva etapa de evangelización será aún mayor y mejor que la postrera. Dios traerá miles y miles de almas y seguiremos comprobando que Él sigue con nosotros».

Por último, dejó un encargo apremiante a sus colaboradores: «Atiendan a la Iglesia: cualquier situación que se presentara, inmediatamente cúbranla. Vean en todo por sus necesidades, y con toda seguridad y confianza yo les digo: ‘Aunque mi cuerpo se va, mi espíritu, en ustedes, aquí se va a quedar para que la Iglesia, en ustedes, vea a su hermano y sientan que no están solos. Dios los bendiga. Me voy muy contento».

El reloj marcaba las 6:01 de la tarde cuando se despidió de los ministros y de los hermanos de la colonia Vallejo, quienes instalaron un centro de acopio y enviaron una brigada de apoyo a las labores de rescate y llevaron víveres a los hermanos afectados y personas ajenas a la comunidad.

«Seguro se halla el aprisco», fue una de las numerosas expresiones que se escucharon a lo lejos, mientras el padre en la fe se despedía, con la tranquilidad de que sus hijos de la Ciudad de México se encuentran con bien.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.