El Apóstol Naasón Joaquín visita a los hermanos de la CDMX

“El Señor nos ha librado del peligro, pero hay un motivo: seguir hablando de las Buenas Nuevas”

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 20 de septiembre, luego de elevar su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara –el reloj marcaba las 3:50 de la mañana–, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, partió a la Ciudad de México.

“Díganle a la Iglesia que voy a la Ciudad de México. Quiero ver cómo se encuentran mis hijos”, fue la indicación que dejó antes de abordar su vehículo.

La visita apostólica a la capital del país, tuvo lugar en el contexto del sismo ocurrido el martes 19 de septiembre, que afectó algunas zonas de la Ciudad de México, así como algunos municipios de Morelos, Estado de México, Puebla y Guerrero. Aunque los hermanos de estos estados salieron ilesos del movimiento telúrico, el padre en la fe quiso estar presente y ser testigo de que nada les falte a sus hijos espirituales –desde el día anterior, el imponente templo de la colonia Vallejo se había erigido como un centro de acopio de víveres. La generosidad de las iglesias es, por la enseñanza apostólica, inconmensurable–.

El reloj marcaba las 9:30 horas cuando, en el transcurso de la oración de las nueve de la mañana, el Apóstol de Jesucristo ingresó al templo de la colonia Vallejo, en la Ciudad de México. Lo acompañaron hermanos pastores, diáconos y encargados del Área Metropolitana.

Al ingresar al recinto sagrado, las hermanas y hermanos que se encontraban en el interior, manifestaron su regocijo a través de sendas expresiones de amor, reconocimiento y gratitud al Elegido de Dios, quien se encontraba entre ellos y les traía una palabra de consuelo y de compromiso con el Señor, a pocas horas del sismo de 7.1 grados que cimbró implacable a la ciudad.

Luego de su saludo, el Apóstol de Jesucristo dirigió un mensaje a los hermanos de la colonia Vallejo: “Su hermano quiso estar entre ustedes este día. No digo que no me duela lo que le está pasando al mundo, pero Dios así desea y quiere que sucedan las cosas.

“Me alarmaba mucho el día de ayer –19 de septiembre–. Me quedé hasta la madrugada en mi oficina: tomaba el himnario, me hincaba, oraba y le cantaba una alabanza al Señor, buscando cómo conmoverlo a misericordia, porque pensaba en vosotros… Recordaba las palabras que un Hombre de Dios dijo: ‘Señor, cuida a mi Pueblo, que no le pase nada, para que tus enemigos no vayan a hablar de él, sino para que se alabe y se glorifique tu nombre entre ellos’”.

 

Lo que ha sucedido es porque Dios lo permite

En relación con lo que manifestó el pasado 15 de septiembre, el Apóstol del Señor reiteró el orgullo que él experimentó al ver la entereza de los hijos de Dios ante los desastres naturales, y acotó: “Veo en ustedes una conducta que es de confianza y seguridad en Dios. Un ejemplo hermoso que el mundo contempla –personas que no corren a sus a sus templos a orar a sus dioses, sino que vienen a estar junto a ti, porque dicen: ‘A ellos, su Dios sí los escucha’–“

En otro momento, mencionó que ante los desastres naturales, el hombre da explicaciones diversas: el calentamiento global es el responsable de los huracanes, que a su vez provoca que la tierra sea removida… “Aunque lo anterior sea cierto, también es verdad que todo lo que ha sucedido es porque Dios lo está permitiendo… Dios tiene sus ejércitos: los vientos, los mares, los terremotos… y el Señor los usa también para reprender al mundo”, señaló el Apóstol.

Recordó cuando Dios le dijo a Moisés: “Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco” (Éxodo 14:16), y al obedecer el mandamiento, el Pueblo de Israel caminó en seco en medio del Mar Rojo. ¡Una manifestación del poder de Dios!

En relación con la caída de las murallas de Jericó, comentó: “Ante este hecho, dicen algunas personas: ¡Es que sucedía un terremoto y por eso se cayeron las murallas! Si, es cierto, porque el Señor llama a sus ejércitos para derrotar y reprender al hombre, pero no fue un efecto natural o que por si mismo sucediera, sino porque Dios lo estaba ordenando –en el momento en que Dios le dijo a Josué que era el tiempo de que entrara con Israel y que conquistara aquellas tierras–.

 

¡Yo soy!: recordación de Dios al mundo

En este tenor, el insigne maestro afirmó: “El hombre dice: ‘Es que se juntó la casualidad’, porque se endurece para reconocer la gloria y el poder Dios. ¡Nosotros, no!… Nosotros decimos: gracias sean dadas a nuestro Dios… por sus maravillas, su protección y los beneficios que siempre da a su Pueblo, que han sido manifiestos”.

Y agregó: “En esta ocasión, su hermano, orando en la noche, le pedía al Señor: ‘Yo sé que tú no quieres reprender a tu Iglesia, quien se ha portado bien, desde la manifestación hasta el día de hoy, ha cumplido con lo que tú has puesto en su corazón; se han unido a mí, han salido a predicar y a evangelizar; los jóvenes se han comportado a la altura de los hijos de Dios; no sienten vergüenza: salen con dignidad, portando sus vestidos honestos, su ropa y su lenguaje son los de un verdadero cristiano. ¡Yo sé que esto no es por tus hijos!”.

Recordó que cuando venga el fin –como lo señala el Espíritu de Dios–, primero veremos algunas señales: ‘… pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores’ (Mateo 24: 7-8). Este es un anuncio, primero, de la venida del Señor, pero también dice que luego de estas señales: ‘… será predicado este evangelio del reino por todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y vendrá el fin’ (Mateo 24: 14).

Más adelante, expresó: “No estoy diciendo que en un año ya viene el Señor, ¡no! Solo se están cumpliendo las señales: son los ejércitos de Dios que Él usa para ablandar el corazón de la humanidad. Entonces, pasarán cinco, seis o siete días y todo volverá a la normalidad. El mundo volverá a recobrar la tranquilidad, y entonces volveremos a salir a las calles a decirles: ‘Querido amigo, Cristo te llama; no hagas duro tu corazón’”.

 

Lo que Dios hace por sus hijos siempre será en su beneficio, nunca en su perjuicio.

En este sentido, el Varón de Dios añadió: “Después de esto –las señales– también se predicará el Evangelio a todo el mundo… La Iglesia ha salido a las calles, a las plazas, a las ciudades, a los pueblos… Ha buscado la forma de evangelizar a todas las personas. Se han bautizado miles, pero también hay quienes han endurecido su corazón. Muchos se han olvidado de Dios: oyen de Él, se dan la media vuelta y te dan la espalda. ¡Y qué fácil Dios le recordó: ‘Yo soy’.

“Hoy vemos a las gentes correr por las calles y oímos en sus labios la expresión: ¡Ay, Dios mío, cuídanos!… Tuvo Él qué usar a su ejército para que el hombre recordara que hay un Dios Vivo que quiere darles un beneficio, una vida eterna, que quiere amarlos… porque Dios todo lo que hace por su Iglesia, por sus hijos, es en beneficio, nunca en su perjuicio.

“Por eso nosotros, sabiendo que todo lo que Dios hace, lo hace por nuestro bien, le decimos: ‘Soy barro en tus manos, moldéame, Señor. Hazme a tu manera… que es de bendición, de triunfo, de victoria y de prosperidad’. También al mundo le quiero ofrecer lo que tú y yo estamos viviendo, pero endurece su corazón.

“No me alegro por lo que está pasando; nuestras oraciones son también a favor de ellos, para que por medio de ese dolor que Dios les ha mandado, su corazón se sensibilice, se ablande y se haga más receptor”.

Destacó las jornadas de evangelización que tienen lugar alrededor del mundo, en donde los coros, los jóvenes y los niños –la Iglesia del presente– le dicen a los oyentes: ‘Lo invito a que nos visite. El hombre que dirige nuestra Iglesia es un Hombre de Dios. Venga, oígalo, escúchelo y sea el Señor quien haga su obra’”.

El Apóstol de Jesucristo dijo que Dios permitió este movimiento telúrico para ablandar los corazones, y agregó: “No podemos decirle al Señor: ¡No lo hagas!”. Citó las palabras del Señor Jesucristo, cuando en el monte del Olivar, con grande lloro y súplica, oró: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). Él Maestro sabía perfectamente a lo que se iba a enfrentar, pero buscaba una posibilidad diferente a la que Dios ya le había indicado… por eso la expresión: “Si fuese posible…”. Tenía temor, sin duda; porque estaba revestido de carne y hueso, y experimentaba el hambre, el frío, el miedo… Sin embargo, inmediatamente respondió: “más no se haga como yo quiero, sino tu voluntad”.

 

Al renovar el pacto con Dios, el dintel de nuestra alma nos identificó

Enseguida, el Apóstol del Señor invitó a la Iglesia a la siguiente reflexión: “¿Dios libró a su hijo del sufrimiento? ¿Lo libró de la muerte? Lo libró de la afrenta? ¡No! Entonces, ¿no era el Hijo de Dios? Porque si Cristo le pedía a su Padre de su ayuda y no lo quiso ayudar, entonces, ¿no era su hijo? ¡No! Dios lo hizo con un fin, y sabía que aquella muerte, aunque fuera dolorosa, nos habría de redimir a cada uno de nosotros.

“Hoy, también, yo no me alegro con lo que está pasando… En la noche me alarmé en grande manera. Estaba en mi oficina, tomaba mi himnario, cantaba una alabanza y hacia una oración y continuaba viendo las imágenes de las noticias, y a mí me daba mucho temor pensar en alguno de vosotros; que el Señor nos quisiera entristecer…

“Y le decía: ¡Señor, manifiesta tu poder! Que pueda tu Iglesia realmente decir: ‘Estamos en el hueco de la mano de Dios, protegidos, a salvo… pero también le decía al Señor, ‘Más no se haga como yo, hágase tu voluntad’.

“Hoy he llegado esta madrugada a esta ciudad y con grande alegría me he encontrado con estas hermosas noticias: ‘Varon de Dios, no se ha reportado ninguna vida perdida en el Pueblo del Señor. ¡Seguro se halla el aprisco! Viste a tu lado caer mil y diez mil a tu diestra, pero Dios te ha protegido. Y no me refiero únicamente a la Iglesia de Vallejo, sino a todo este Valle de México –numeroso en Iglesias–. ¡Dios ha cuidado a su Pueblo!

Renovaste el pacto con Dios y en el dintel de tu alma se volvía a marcar la sangre de Cristo, y el ángel de la muerte pasó por esta ciudad, pero él te identificó: ‘Él es un hijo de Dios y no tengo permiso de entrar’, y helos aquí, sanos y salvos. ¡Bendito sea el nombre de nuestro Señor Jesucristo!”.

Antes de invitar a la Iglesia de Vallejo a cantar el himno n. 120, “Cuando la tarde llega y el sol se oculta”, comentó algunas de sus estrofas: “Cuando la noche asoma en su inmensa oscuridad, y la tormenta llega con todas sus fuerzas, una débil barquilla se mira naufragar”. “Las estrofas dos y tres, marcan una realidad, porque los hombres también gritan, piden, se angustian… Y los vemos nosotros también en las noticias; corren y se oyen las voces: ‘Ay, Dios mío, Ayúdanos’… Necesitaron del terror de Dios para recordar que hay un Dios Vivo, al que se tiene que servir con rectitud”.

 

Esta es nuestra confianza: somos el Pueblo de Dios, somos sus hijos.

Destacó a los “pequeñitos”, a los Hijos de Dios, quienes veían caer los edificios y a la gente correr desesperados, y ellos decian: “Mi socorro viene de Jehová”. Alzaste tus ojos a los cielos y el Señor descendió con su mano y te protegió.

“En la angustia y en la lucha, está siempre conmigo el ángel del Señor, que me dice que no me amedrente… ¡Que voy a perder la vida!, no importa; el que perdiere su vida aquí allá con Cristo la va a encontrar; ni la vida ni la muerte viene a ser en contra de nosotros: si vivimos, para Él vivimos y si morimos de Él somos, y allá nos está esperando.

Esta es nuestra confianza: somos el Pueblo de Dios, somos sus hijos. Él está al frente de ti, llevando el timón de esta barquilla. Cuando sientes que ya no puedes más, que las fuerzas te hacen falta y que te sientes más débil, viene el poder de Dios a manifestarse.

“¿Vendrán mas réplicas?, no lo sabemos. El hombre dice que sí vendrán más temblores, sin duda… pero nosotros vamos confiados. Su hermano no cesará de orarle al Señor para que te siga cuidando; pero tú tomarás esta oración como una responsabilidad: el Señor nos ha librado y nos ha cuidado, pero hay un motivo: que yo hable las Buenas Nuevas de salvación a mi vecino, a mi pariente, a mi amigo, a mi compañero de trabajo… Alguno dirá: ‘Hermano, nunca me ha querido oir, es muy duro de corazón’; pues para eso Dios ha venido a ablandar sus corazones. Así es que, respetando unos días para que ellos se acomoden y se estabilicen, volveremos otra vez a gritar por las calles que Cristo vive y reina para siempre”.

 

La Iglesia del Señor: protegida en el hueco de la mano de Dios

En otro momento, expresó: “¿Quieres que oremos a este Dios que te ha cuidado y librado de todo mal? El que te ha puesto en el hueco de su mano, y que has visto pasar los mares, los vientos y los temblores pero a tí no han llegado.

“En una ocasión iban las turbas delante y detrás de los ídolos, sirviéndoles y adorándoles, y le dijo Dios a su Pueblo: ‘Cuando veáis a aquellas turbas delante y detrás de estos ídolos, decid en vuestro corazón: ¡Oh, Señor, solo a ti se debe adorar! (V. Baruc 6).

“El hombre, desde los tiempos antiguos, ha querido relacionar las maravillas de Dios con los desastres naturales que hay en la tierra y ha dicho: ‘No ha sido la mano de Dios, han sido las situaciones naturales. Sabemos que los vientos, los mares y las lluvias, son también ejércitos de Dios y ejecutan su voz cuando Dios así lo hace.

“Así es que si hay lluvias, vientos, huracanes, temblores, y si esta placa se remueve es porque Dios les ha dado esa orden. Cuando oigan a aquellos hombres que digan: ‘Es que venía un huracán y de pura suerte no pasó nada; tembló, y de pura suerte no nos pasó nada’… Vosotros voltearéis al cielo y diréis en vuestro corazón: ‘Oh, Señor, a ti sea la gloria, la honra y la alabanza por los siglos de los siglos, porque solo tú ejecutas tu voz y ellos te obedecen’.

“Vuelvo a repetir: ¿Seguirán las réplicas? Posiblemente. ¿Seguirán los huracanes? Tal vez… Pero vamos a buscar a nuestro Dios. Yo le he dicho: ‘Tu Pueblo ha cumplido contigo. Manifiéstalo, para que cuando las personas digan: ‘¿A ustedes qué les pasó?’, su respuesta sea: ‘A nosotros nada, porque vamos en el hueco de la mano de Dios, y entonces ellos glorifiquen su nombre… Al Dios que tú sirves es el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Moisés, de Josué, de David, de Salomón, de Elías, de Daniel, de Aarón Joaquín, de Samuel Joaquín… y es el mismo Dios de Naasón Joaquín. A ese único Dios Vivo, que es Espíritu, sea la honra, la gloria y la adoración por los siglos, amén.

 

Despedida

“Yo estaré todavía hoy con ustedes. Estaré al pendiente no porque haya pasado algo, porque hasta ahora se me ha dicho que no se ha registrado ninguna pérdida humana… Mañana iré a ver a los hermanos de Morelos, que es el segundo estado que sufrió un poco más este temblor, pero igual, se me ha reportado que la Iglesia esta segura y tranquila.

“Pero también como con ustedes, quiero ir con ellos a pagar mi voto y decirle: ¡Gracias, Señor, porque oyes a tus hijos! ¡Porque oyes a tu Siervo y aquí estamos reconociendo a ese único Dios Vivo!

“A quienes puedan ayudar, sea física o materialmente, con alimentos, pueden hacerlo con libertad. Aunque nuestros hermanos no tienen ninguna necesidad, es bonito que también sepan que nos solidarizamos en este sentimiento, y sea este un pretexto para recordarles que no solamente debemos conocer, sino reconocer a ese Dios como el único benefactor de nuestras almas.

“Hermano de Vallejo, que en representación de las iglesias de la Ciudad de México y del Estado de México que hoy están conmigo, Dios les bendiga, les ayude y les siga protegiendo, y que sigan en este hermoso hueco de la mano de nuestro Dios”.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.