En histórica jornada, el Apóstol Naasón Joaquín se reúne con la niñez de la Iglesia

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El viernes 11 de agosto, en el marco de las actividades previas a la Santa Cena, tuvo lugar una caminata de niños (de 6 a 13 años), en la que marcharon por sus valores y principios. En dicho evento se contó con la participación de decenas de miles de niños, hijos de los hermanos procedentes de los 54 países en donde la Iglesia la Luz del Mundo tiene presencia.

Desde temprano fueron llegando al templo, los niños de las once subsedes ubicadas en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), a la colonia Hermosa Provincia, sede principal de la magna festividad, que fue el punto de reunión —donde ocuparon las calles circundantes— para de ahí partir caminando hacia la colonia Bethel, que se encuentra a cuatro kilómetros de distancia del origen de partida.

A los pequeños se les veía con sus rostros risueños y felices por marchar y manifestar de esta manera su identidad religiosa y creencias. Iban ataviados con sus vestidos blancos, algunos acompañados de sus padres o abuelos y, enormemente emocionados, enseñaban sus brazaletes a los hermanos de Acomodo Eclesiástico, quienes los dirigían a los lugares correspondientes según el color, que representaba a cada una de las colonias subsedes donde se hospedaron.

A las 8:30 de la mañana, el hermano Enc. José Leodegario Saavedra inició el culto de la consagración e invitó a los presentes a entonar el himno n. 289, «Jesús fundó una Iglesia y la han de conocer», mientras miles de niños continuaban ingresando a al templo, que para ese momento lucía pletórico y, en igual condición, las calles circundantes del templo.

Al terminar la consagración, se dieron las recomendaciones pertinentes así como el orden de los trece contingentes para su salida: los niños hospedados en las colonias Hermosa Provincia, Bethel, Maestro Aarón Joaquín, Lomas del Gallo, Loma Dorada, La Amistad, Coyula, Oblatos, Arroyo Seco, Jalisco Cuarta Sección, 12 de Octubre,20 de Noviembre y Parque Solidaridad.

Intercalados entre cada contingente, se acomodaron los coros de diferentes lugares, entre ellos destacó, por su vestimenta autóctona, el Coro Infantil de Zacapoaxtla, Puebla, acompañado de su director, el hermano David Solimán, y el Coro Internacional de niños, entre otros de diferentes lugares.

El reloj marcaba las 9:22 de la mañana cuando el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, dese el balcón de su casa —en Hermosa Provincia— salió a contemplar la salida de los contingentes. Los niños,, al verle, levantaron sus voces en grande gozo. Gruesas lágrimas surcaban los rostros infantiles mientras levantaban sus manos para saludar al Ungido de Dios, entre expresiones de adhesión a su Elección al pasar frente a él.

El Apóstol, henchido de orgullo por la valentía que mostraban los niños, les dirigió unas palabras y se mostró satisfecho de la respuesta a la convocatoria de ese ejército que veía desfilar; niños que, dijo, también han trabajado por el bien del Pueblo de Dios en labores espirituales: en servicios de adoración, puntos doctrinales, dando capítulos de memoria y entonando cantos al Señor, unidos a la hermosa batalla espiritual de la Iglesia de Dios.

Al ver su valor y las pancartas que portaban reconociendo la Elección Apostólica, el Siervo de Dios invitó a los padres de familia a entonar la alabanza «Los niños son de Cristo», refiriendo que el mismo Señor dio testimonio de ellos: «Dejadlos venid a mí, porque de ellos es el reino de los cielos» (v. Mateo 19:14). Mencionó que por sus mentes limpias e inocentes, os niños son las joyas más hermosas de la Iglesia y que su brillo ha atraído a muchos al Evangelio.

Miles de voces se elevaron en las palabras del canto, mientras los contingentes pasaban levantando sus manos en un saludo respetuoso al Apóstol, quien correspondía con profunda alegría: «Hermosas espadas para combatir al enemigo»… También señaló que al contemplar el fervor y valentía espiritual que mostraban, le hicieron recordar al mancebo David, quien se enfrentó al gigante Goliat que amenazaba al Pueblo de Israel. Agregó que cada uno de ellos era un David, con el cual conquistaría el mundo con la Palabra del Señor, cumpliéndose así la promesa que Dios le hizo el 8 de diciembre de 2014: «Si ves a este Pueblo grande, yo lo multiplicaré aún más…».

Faltaban once minutos para las diez de la mañana, cuando el Apóstol de Jesucristo salió de su casa y se dirigió hacia la Glorieta Juárez, por la calle Jericó, donde lo esperaba su transporte para llevarlo a la colonia Bethel, a fin de esperar allí la llegada de la caminata de niños, quienes seguían saliendo del templo con banderas, portando mantas con palabras de reconocimiento y frases de adhesión a la batalla espiritual. En este histórico evento, participaron también decenas de médicos, paramédicos y enfermeras. El contingente infantil Iba franqueado por personal de Protección Civil y hermanos de Acomodo Eclesiástico.

El reloj marcaba las 10:30 de la mañana cuando terminó de salir el contingente de niños, con sus brazos levantados cantando alabanzas. Durante el singular recorrido se instalaron centros de hidratación, a cargo los ministerios de Salud y Bienestar Social de la Iglesia, así como de Protección Civil y Ceremonial.

Además, se contó con el apoyo de la Secretaría de Seguridad Pública, Secretaría de Movilidad de Guadalajara y la Policía del Estado de Jalisco, servidores públicos que fueron resguardando al enorme contingente infantil, que tuvo como destino de concentración el templo de la colonia Bethel, los atrios, jardines y calles circundantes de la segunda subsede de la magna festividad de la Santa Cena.

Los niños y niñas recorrieron caminando poco más de cuatro kilómetros. A las 10:30 de la mañana, el contingente infantil arribó a la colonia Bethel, donde el Apóstol de Jesucristo ya los aguardaba desde el balcón de su casa, para darles la bienvenida; niños de todos los 54 países invitados a esta celebración de la Santa Convocación 2017, y que viajaron desde los cuatro continentes del orbe.

En diez minutos, el templo de la colonia Bethel se llenó. Los cantos que se han vuelto himnos representativos de esta Nueva Era, se entonaban por la niñez de 6 a 13 años, que hizo presencia en este recorrido: «Soy yo soldado de Jesús», «Marcha con gozo», entre otros; mientras proclamaban con su brazo en alto y su mano empuñada: «Somos de Naasón Joaquín».

El hermano P.E. Nicolás Menchaca, quien presidió en el interior del templo la bienvenida, preguntó a la niñez: «¿Te sientes feliz?». Un rotundo «amén» fue la respuesta. Entre tanto, el Apóstol de Jesucristo observaba con serena alegría al presente de la Iglesia: una niñez esforzada y llena de fe.

Enseguida, el Coro Internacional de Niños fue invitado a entonar el himno: «La fiesta más grande de toda la tierra». Su cántico de voces infantiles no desmereció la fuerza estremecedora que los hacía levantar sus manitas empuñadas; enseguida, todos los presentes unieron sus voces, lo que provocó en la multitud que rodeaba el perímetro del templo y las calles aledañas, reiterados «amén» y «glorias a Dios», que hacían un estentóreo eco, perfectamente audible hasta la barranca de Oblatos.

Durante su trayecto, la niñez mostraba pancartas alusivas el sentimiento de su noble corazón: «La niñez de México le ama», «Mascota, Jalisco, le espera», «Ensenada: somos suyos», «En Chihuahua tiene un Batallón», «Somos la sexta generación de la familia Gray»… El Apóstol extendió su mano derecha, la llevó a su pecho y expresó: «Yo también soy de ustedes».

Algunos niños que encabezaban uno de los contingentes pasaron cantando con una emoción superior a su edad: saludan al Siervo de Dios y sonríen. La mayoría iba con sus ojos llenos de lágrimas y con un rostro que describía un sentimiento que contagió a los testigos —como evidencia de la obra de Dios en su corazón—, emoción espiritual que solo sienten los que han sido predestinados para esta salvación.

Fe, valor, coraje… pero al mismo tiempo amor, reconocimiento y gozo, combinación perfecta de sentimientos que los embargan. De pronto, un contingente de niños se aproximó y al frente llevaban un anuncio: «Niñez silente», y en su lenguaje, con sus brazos y manos, le decían al Hombre de Dios que eran suyos, que lo aman, que lo vive en sus corazones. El Apóstol les contestó: «Ustedes son míos en Cristo Jesús, así como yo soy vuestro».

Tras hora y media de desfile de la niñez, la caminata concluyó, pero cuando el Siervo de Dios preguntó por ellos, arribaron otros contingentes que no pararon hasta las 12:05 del mediodía, en que llegaron los últimos niños. «Qué fe tan preciosa manifiesta esta niñez!». En ese momento, el Apóstol del señor se encaminó al interior del templo para dirigirse a su niñez.

El coro del Estado de México, entonaba el himno «Soy yo soldado de Jesús». El Apóstol, al verles, sonríe y les dice: «siempre conmigo», y continuó su paso acompañado por algunos pastores.

Al entrar al templo, un estruendo retumbó en el santuario y la Iglesia del presente –la niñez– le dio la gloria a Jesucristo, con voces de niños que ya identifican perfectamente la Obra de Dios. El Apóstol del Señor llegó hasta su ministerio y les dirigió el siguiente mensaje: «Veo en vosotros una hermosa fuerza de Dios para conquistar el mundo». Pidió que el mensaje de ese día lo grabaran en su corazón, porque ahí radica la responsabilidad del mismo.

Narró la historia de Abraham y la paradoja de la promesa que Dios le hizo a él y a su esposa estéril, fuera del tiempo biológico de reproducción, pues eran avanzados de edad; sin embargo, el Señor les dio un hijo y cuando Abraham lo vio, entendió la promesa de Dios, de que en él serían benditas todas las familias de la tierra. Con este paralelismo, recordó la promesa que Dios le hiciera el 14 de diciembre de 2014: «Si hoy ves este pueblo grande, yo lo voy a multiplicar aún más», y agregó: «Hoy puedo ver en ustedes un ejército con el que voy a conquistar el mundo».

«Estoy hablando con la Iglesia del presente, con los que me han demostrado con su trabajo, su evangelización y su predicación que verdaderamente han creído en la Elección de Dios», señaló. Cuando comenzó a decirles que algunos presagian la división de la Iglesia del Señor, asegurando que se va a terminar, preguntó a sus pequeños discípulos: «¿En verdad crees que la Iglesia se va a acabar?, ¿vas a permitir que la Iglesia se divida?». Un prolongado y resonante «no» se escuchó en toda la colonia, a través de las bocinas… «¿Vas a ayudar a tu hermano Naasón? Con la ayuda de Cristo, conquistaremos al mundo», reiteró el

Enviado de Dios y cientos de miles de manitas levantadas parecían emitir la afirmación a sus preguntas.
Los invitó a entonar el himno n. 529, «Soy yo soldado de Jesús», y enseguida les preguntó: «Niñez: ¿Ya estás lista? ¿No tendrás que esperar a cumplir catorce años? Cuando te pregunten en tu escuela: ‘Oye niño, ¿por qué no tomas?, ¿por qué no fumas?, ¿por qué no te comportas como los demás?’, tú les dirás: ‘Porque un Apóstol de Jesucristo me ha enseñado».

Ante un público más que entusiasmado, les aseguró que ellos eran sus brazos y les preguntó si ya estaban listos para la batalla espiritual, la respuesta inmediata fue afirmativa, «entonces —aseguró el Siervo de Dios—: que tiemble el averno, porque con ustedes voy a conquistar al mundo».

Al término del himno los invitó no sólo a hacer la oración de adoración al Creador, sino que personalmente los enseñó cómo se debe adorar: «No vas a pedir por tu hermano Naasón, no vas a pedir por tus padres, no vas a pedir por tu necesidad… Entonces, ¿qué vas a decir?: ¡Alabado sea tu nombre, Señor. Bendito seas por tus misericordias. ¡Tú eres al único que adoramos! Enseñémosle al mundo como adoramos a nuestro Dios».

Con la sabia y candorosa instrucción apostólica, la oración de adoración hecha por esta niñez no sólo se escuchó cual estruendo de muchas aguas, sino que traspasó los cielos de los cielos y los corazones experimentaron la satisfacción que Dios siente al recibir esta adoración verdadera.

Al final de su exposición, el Apóstol del Señor les dio indicaciones específicas de cómo cuidarse y defenderse de aquellos que quieran hacerles daño. Les dijo que se sentía muy feliz de volver a ver a sus hijos de los cuatro Continentes de la tierra: «¡Oh que alegría volver a ver tu rostro, porque tú eres un Hijo de Dios, eres un Príncipe de su Pueblo». Los exhortó a que al regreso a sus lugares, sean un buen ejemplo en conducta, fe y obras, para que las almas se acerquen al camino del Señor. Dios te bendiga, te guarde y te prospere”.

Al final de esta histórica jornada, el Apóstol Naasón Joaquín salió por el pasillo principal y con manifiesta alegría y satisfacción se encaminó hacia los amplios jardines del lugar, que estaba pletórico de niños y se despidió de ellos una vez más, impartiendo, cual Jesús, las bendiciones que Dios tiene para ellos.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.