«El respeto al medio ambiente y la ecología: Aspecto doctrinal de la Iglesia»: Apóstol Naasón Joaquín

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 29 de mayo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara. El reloj marcaba las 4:26 de la mañana cuando salió de su casa con dirección al recinto sagrado. Le acompañaron algunos de sus colaboradores.

Los hermanos de la Iglesia de la colonia Santa Margarita, en Zapopan—hombres, mujeres y niños—, se dieron cita esta mañana para unirse a la oración apostólica. Ubicados en el atrio principal del templo, esperaban contemplar al Ungido de Dios. El Apóstol de Jesucristo, con inocultable alegría, se detuvo ante ellos un momento. El hermano D.E. Ezequiel Zamora lo saludó, a nombre de la grey que pastorea.

Enseguida, el Apóstol del Señor se dirigió a los hermanos de la colonia Santa Margarita, una de las iglesias más antiguas de la Zona Metropolitana de Guadalajara (1971), luego de Coyula (1967) y San Vicente —conocida ahora como colonia La Amistad— (1970): «Como lo dije el domingo [25 de mayo], hoy lo vuelvo a recordar: ‘¡Somos la Iglesia de Dios!’. A nosotros no se nos enseñó a ser perturbadores, revoltosos, sanguinarios o inquisitivos. A nosotros, nuestro Padre, que es Dios, nos enseñó a ser respetuosos, progresistas y triunfadores. Así es que, donde ustedes estén, que la palabra de su encargado realmente lleve un eco en sus vidas y en sus obras: en sus hijos, jóvenes, adultos y los ancianos.

«Que el desprestigio que quieren hacer de la Iglesia, sea callado por vuestras obras, y toda la gente que los conoce diga: ‘No es verdad. Realmente, sabio, entendido y honorable Pueblo es este’. No me dejaré llevar por las palabras de su encargado, sino por vuestras obras. Dios los bendiga y los siga ayudando». Con estas palabras se despidió de los hermanos zapopanos, quienes, a través de expresiones de algarabía y limpiando lágrimas de sus mejillas, expresaron el sentimiento espiritual de su alma: amor, fe, gratitud y reconocimiento a la Obra perfecta de Dios.

En el interior del templo, el Embajador del reino de los cielos elevó su plegaria al Creador. Lo acompañó el Cuerpo Ministerial y la iglesia congregada esta mañana. Durante la oración del Justo, el Orfeón de Hermosa Provincia entonó dos alabanzas: «Contigo estoy tan feliz» y «A solas al huerto yo voy».

Al término de su plegaria, el Siervo de Dios se despidió de los integrantes del Coro. Al dirigirse a la casa apostólica, a su paso saludó a los hermanos que le acompañaron esta mañana, a los que se encontraban en el interior del templo, el atrio y la Glorieta Central, que circunda el templo. Las expresiones de júbilo fueron acompañadas de reconocimiento.

 

La reforestación es devolverle a la tierra lo que le pertenece. Los árboles y la vegetación, Dios los provee para que vivamos

En la puerta de su casa, el Apóstol Naasón Joaquín platicó con sus colaboradores. Destacó la importancia de cuidar el medio ambiente, que es parte de la Creación de Dios en beneficio de la humanidad: «Dios hizo todas las cosas perfectas, pero el hombre buscó sus propios males. La Iglesia va de acuerdo y apoya la ciencia, la que es en favor y en beneficio de la humanidad».

Mencionó que Dios proveyó de dos fuentes importantes de oxígeno para la subsistencia del hombre: los océanos y las áreas verdes. De ahí la importancia de que en numerosos países existe una regla: redoblar la reforestación de árboles en relación con la tala de ellos. Y agregó: «La reforestación es devolverle a la tierra lo que a ella le pertenece. Los árboles y la vegetación, Dios nos los da para que sigamos viviendo».

En este tenor, refirió que lo que hizo Dios fue bueno y perfecto, aún la tierra de donde el hombre saca provecho de ella. Recordó el mandamiento que Dios ordenó al Pueblo de Israel: «Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; más el séptimo año la dejarás libre…» (Éxodo 23:10-11), y añadió: «La tierra tiene que regenerarse a sí misma, solo debe dejarse descansar».

En otro momento, asentó: «Dios le dio a todo un sentido. Nada es porque sí ni es obra de la casualidad. Dijo Salomón: ‘He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones’ (Eclesiastés 7:29). En efecto, Dios no solo hizo al hombre perfecto, sino también a la tierra. Al irla creando decía: ‘Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera’ (Génesis 1:31). Todo es doctrina y enseñanza de Dios: Él, aún nos enseña cómo trabajar la tierra para que produzca su fruto. Dios le dio un por qué y una razón a las obras de su creación —entre ellas la tierra— para nuestro beneficio».

En torno a la enseñanza apostólica, la primitiva y la contemporánea, que es la misma, el Embajador de Cristo apuntó: «La doctrina nos va enseñando todas las cosas. Aún los niños de Hermosa Provincia, que son instruidos en la enseñanza, los sábados salen en brigadas a sembrar y a regar árboles. Tienen conciencia de que estos transforman en oxigeno las partículas contaminantes, para nuestro beneficio».

En este tenor, recordó que, durante su reciente visita a El Salvador, el pasado 19 de mayo, le dio gusto atestiguar que dentro del predio donde se construye la Ciudad La Luz del Mundo, más de diez hectáreas del predio mantendrán sus arboledas. Es decir, en este magno proyecto destacará un frondoso bosque. En relación con lo anterior, cabe destacar que una de las reglas apostólicas que todo ministro debe considerar al construir un templo, es que se contemple un área verde contigua de esparcimiento y solaz para la iglesia.

La enseñanza apostólica de esta mañana se añade al consejo que el Apóstol Naasón Joaquín expresó el 20 de septiembre de 2015, desde el balcón de su casa en Hermosa Provincia: «¡Qué hermoso se contemplará aún más nuestra colonia dentro de 10 años! Se verá una colonia verde. Si actualmente la vista es hermosa, si aún la gente viene a visitarla por la armonía, la paz y la tranquilidad que ella representa, cuanto más si la ven llena de árboles y de áreas verdes.

«Pido de su ayuda para que cuando vean plantados esos árboles los cuiden. Verán uno o dos afuera de sus casas y pondrán unas varitas para que aquel arbolito crezca derecho y no e muera, y de esa forma, en un tiempo no muy lejano, aún en lo material podamos ver nuestra colonia más bella aún».

 

En esta nueva era, la Iglesia destaca en la cultura, la salud, el progreso y la prosperidad… y en todos los ámbitos

Ante de despedirse de sus colaboradores, recordó una frase que acuñó el hermano P.E. Pablo Valdez, quien décadas atrás expresara, a través de los altavoces en la colonia Hermosa Provincia, el siguiente mensaje a los colonos: «Demostremos nuestra cultura. El que no recoge la basura se pone a su altura». Y añadió: Desde el inicio de la Restauración (6 de abril de 1926), en Iglesia se afirmó la fe de Dios y vino el progreso. Desde el tiempo del Apóstol Samuel se comienza con el impulso a los niños y los jóvenes, para el estudio y progreso, y las obras sociales comenzaron a ser manifiestas. En esta nueva era, la Iglesia destaca en la cultura, la salud, el progreso, la prosperidad… y en todas las áreas. La doctrina nos va enseñando a ser cultos, educados y a ver por la vida… Porque sembrar árboles y cuidarlos conlleva un fin: proteger los elementos que Dios nos dio para poder vivir».

El reloj marcaba las 5:03 de la mañana cuando el Apóstol de Jesucristo, con una sonrisa esbozada en su rostro, se despidió de sus colaboradores: «Dios les pague por acompañarme. El Señor los bendiga».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.