El Apóstol de Jesucristo visita la iglesia El Novillo

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El sábado 14 de octubre de 2017 el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García visito la iglesia de El Novillo, localizada a 45 minutos sobre la carretera libre Benito Juárez que viene de la ciudad capital, Aguascalientes. Es la segunda iglesia visitada en este estado.

Desde el día anterior que fueron avisados que el Apóstol del Señor estaría con ellos, la emoción fue inmensa en los hermanos, quienes comenzaron a hacer todos los preparativos para recibir a su padre en la fe, según manifiesta el ministro en este lugar, Encargado Joél Romero Velásquez.

Desde las ocho de la mañana los hermanos acudieron al lugar para esperar la llegada del Enviado de Dios. La iglesia pasó al interior del templo, el coro de grandes ocupó el mezanine y el coro de niños esperó en la parte de afuera para recibir al Apóstol de Jesucristo, con un himno de bienvenida y frases alusivas a su Elección.

Conforme transcurría el tiempo, los corazones de los hermanos ardían por la cercanía del momento, pero a las 9:08 de esa mañana fría, la comitiva apostólica se divisó a lo lejos en la carretera que viene de Aguascalientes capital, y fue entonces que el corazón de los hermanos se desbordó y todos a una comenzaron a glorificar a Jesucristo, glorificar que aumentaba conforme el convoy se iba acercando, hasta que su vehículo se detuvo en la carretera, justo frente al templo.

Al descender de su camioneta algunos hermanos que estaban afuera y los niños que contemplaban su rostro, comenzaron a gritar: “Bienvenido a su casa Apóstol de Dios, Dios lo bendiga, Bendito el que viene en el nombre del Señor, lo amamos” una pequeñita de aproximadamente cuatro años, corrió hacia él y se abrazó de sus piernas gritando con su voz infantil entrecortada por el llanto “papito, papito” enseguida otros niños hicieron lo mismo hasta que rodearon al Siervo de Dios, quien también los abrazó y les decía inclinándose hacia ellos: “Dios los bendiga, los quiero mucho, Dios los guarde y sean mis colaboradores”.

Los ministros invitados se conmovieron, en tanto que los hermanos desde el interior del templo observaban y glorificaban a Dios; y los que desde el mezanine se asomaban por los ventanales, hacían lo propio. El Apóstol ingresó al templo entre voces de júbilo, gritos de amor y un himno apenas audible con el que la Iglesia lo recibió en el interior. Al llegar a su ministerio invitó a los hermanos a orar al Señor por ese hermoso encuentro. La oración se convirtió en un pentecostés donde la presencia de Dios se podía respirar en u hermoso y santo ambiente.

Al terminar su oración el Varón de Dios les dijo: “Hermanos de El Novillero, ¡qué alegría estar con ustedes! Anhelaba conocerles. Se me había dicho: `Hermano es un pueblo pequeño, con pocas casas, muy pequeñito´ Pero ¡Qué alegría y satisfacción, desde lejos ver esta Casa de oración! que dignifica a la Iglesia, que dignifica al pueblo de Dios. Me figuraba como aquel hombre que miraba una nubecita que se acercaba desde lejos y sin duda, así fue tu principio iglesia del Novillero, como una pequeña nubecita, pero conforme aquella nube se fue acercando, aquella nube fue tomando su real dimensión y era una nube hermosa que cubría toda aquella área (V. 1ª Reyes 18:44)

…Así me imagino este lugar. Al principio fuiste pequeñita, una pequeña nube; hoy veo que es una nube grande, créeme, esta nube será aún más grande, porque te vas a multiplicar, porque vas a crecer, porque Dios te va a bendecir; y aunque los hermanos me invitan: `Hermano allá está la Iglesita, lo invitamos a que pase a tomarse un cafesito´ no es el café, no es la comida, la realidad es que tenía necesidad de ver vuestros rostros y decirles: `Aquí está su hermano Naasón, vuestro en Cristo por la gracia de Dios´.

Así es que mi alegría es estar entre vosotros, mi alegría es estar con vosotros y decirle al Señor que Dios te bendiga y que Dios te prospere. Con alegría estaré estos momentos, participaré del pan, del agua que tu has preparado, comeré y entonces le diré al Señor: `Bendícelos porque ellos también me han recibido´.

Hermanos de Novillero, hasta mañana que volvamos a vernos y a reunirnos y alegrarnos en el Señor, la paz de Dios quede en sus corazones, ¡Me voy feliz! ¡Lleno de orgullo espiritual! Tienes esta hermosa Casa de oración que dignifica la Iglesia y que da testimonio: Aquí no es otra cosa que Casa de Dios y Puerta del Cielo. Dios te bendiga y mañana los esperaré en aquellos lugares de Aguascalientes”.

Al despedirse de los hermanos pasó al interior de la Casa pastoral donde le invitaron un alimento que participó junto a sus invitados y a las 10:23 de esa mañana histórica salió de ese lugar, dejándoles la encomienda a través de su Encargado, de extenderse a derecha e izquierda porque es promesa de Dios.

Los hermanos abarrotaron la amplia cochera donde ya estaba acomodado su vehículo y al salir de la Casa, se le acercó un niño que se puso a su disposición para salir a la Obra del Señor y a quien el Apóstol del Señor aconsejó prepararse para que cuando llegue el momento pueda decir: “Señor mi tiempo ha llegado”.

Así, desde que salió de Casa pastoral hasta que abordó su vehículo, las voces no cesaron de decir: “Dios lo bendiga, lo amamos, se queda en nuestro corazón, Dios lo guarde Apóstol de Dios”, parabienes que fueron correspondidos con la bendición apostólica para cada uno de ellos, quienes no quitaron sus ojos del vehículo que transportaba al Hombre de Dios, hasta que éste, se fue difuminando en la carretera.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.