Desde Jojutla, Morelos, el Apóstol Naasón Joaquín pagó sus votos a Dios

«No se olviden de darle la gloria a Dios, con su vida, comportamiento y testimonio»

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El viernes 22 de septiembre, antes de romper el alba, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, acudió al templo de El Higuerón, ubicado en el municipio de Jojutla, a pagar sus votos a Dios, quien respondió favorablemente a la plegaria apostólica a favor de su Pueblo ante el sismo de 7. 1 grados, registrado el pasado día 19.
Jojutla, uno de los 33 municipios del estado de Morelos, fue la localidad más afectada por el sismo del 19 de septiembre. De acuerdo con información oficial, el saldo del movimiento telúrico en Morelos fue de «69 decesos y 20 mil casas dañadas» (Cf. La Jornada, 20 de septiembre de 2017). De acuerdo con el testimonio de sus habitantes, esta ciudad «parece una zona de guerra», por los centenares de edificios y casas derrumbados.

Los hermanos de Higuerón, quienes estuvieron geográficamente en el epicentro del sismo, salieron ilesos, a pesar de que su templo sufrió cuarteaduras y fisuras en su estructura. Por su parte, en la Ciudad de México, Estado de México, Puebla y Guerrero, entidades que también fueron sacudidas por el movimiento telúrico, no se reportó ninguna pérdida humana a causa de este desastre. La oración del Apóstol de Jesucristo en favor del Pueblo del Señor, obtuvo respuesta favorable. Testimonios de la protección divina, abundan…

El reloj marcaba las 5:30 de la mañana, cuando el Apóstol de Dios, procedente de Cuernavaca, arribó al templo de El Higuerón. Ahí lo esperaban los hermanos P.E. Jesús Orozco —pastor distrital de Morelos— y P.E. Roberto Montiel, así como un pequeño grupo de diáconos y encargados. La Iglesia se encontraba congregada en la oración de cinco de la mañana, en un pequeño salón habilitado provisionalmente como Casa de Oración.

 

«No tengáis temor: ¡Mis brazos siguen levantados para que Dios les siga protegiendo y cuidando!»: promesa apostólica a la Iglesia

En el interior del templo, el padre en la fe dirigió un mensaje a la Iglesia: «Qué alegría es poder venir a este lugar y encontrar a los hijos de Dios con una fortaleza hermosa y una confianza preciosa en el Dios en el cual hemos creído. Dios nos dio una palabra y esa palabra fue que Él nos iba a cuidar.

«Hoy los veo sanos y salvos, porque el Señor ha cumplido el deseo de mi corazón. Dirán algunos: ‘Pero hemos sufrido daños’… El templo físico a mí no me importa; ese mañana lo destruimos y levantamos uno más hermoso. Yo tenía pendiente por cada uno de vosotros, a quien ahora yo contemplo con una grande alegría».

En su histórica presentación, dejó claro que el motivo de su presencia no era por lo material, sino para estar cerca de sus hijos: «Quiero decirles también, en persona, que no tengáis temor: ¡Mis brazos siguen levantados para que Dios te siga protegiendo y te siga cuidando!… ¡Heme aquí! ¡Vuestro en Cristo, para protección de vuestras almas y también de vuestras personas! Pensando en la bendición de Dios, estamos seguros porque como hijos de Dios, Él garantiza esa bendición para nosotros».

Y agregó: «Hace apenas un mes, nosotros recordamos la muerte del Señor. Participamos del pan y del vino, que simbolizan la carne y la sangre de nuestro Señor Jesucristo: el cuerpo que fue sacrificado y la sangre que se derramó en los dinteles de nuestra alma, la cual aún permanece rociada. Pasó el ángel de la muerte y te vio, y por la bendición de la que hace un mes participamos, el te reconoció y dijo: ‘Ellos son hijos de Dios. A ellos no les puedo hacer nada’. Por eso podemos decir: ‘Cayeron a nuestro lado mil y diez mil a nuestra diestra, más a nosotros Dios nos guardó’».

 

El Apóstol de Jesucristo paga sus votos a Dios

Antes de despedirse, el Apóstol del Señor invitó a la Iglesia a unirse a una plegaria: «¿Quieres que le demos la gloria a Dios? ¿Quieres acompañarme a pagar mis votos al Señor? Dios ha escuchado mi oración, pero no es una oración que hoy culmina: mañana seguiré orando y pasado mañana también… y cada vez que cierre mis ojos le pediré al Señor que Él te siga protegiendo y cuidando; pero acompáñame en este momento a darle la gloria, la alabanza y la adoración a ese Dios que nos ha cuidado. ¡Hagámoslo en el nombre de Cristo Jesus!».

En ese instante, en el municipio de la República Mexicana más devastado por el reciente sismo, la presencia del hombre que tiene la autoridad de Dios en la tierra se sintió de manera singular. La ferviente oración de la Iglesia se transformó en segundos en un avivamiento espiritual. Desde Jojutla, el padre en la fe elevó su plegaria al Creador en favor del Pueblo de Dios esparcido por el mundo, por la humanidad.

Luego de pagar sus votos a Dios, el Apóstol reiteró: «No vengo a ver como están, porque ya se me había comunicado que la Iglesia está sana y salva: ¡Seguro se halla el aprisco! Qué hermoso es poder venir en este día no a ver como estás, sino a decirte que Dios ha cumplido con nosotros. No te olvides de darle la gloria a Dios, con tu vida, con tu comportamiento y dando testimonio de que nuestro Dios es poderoso y lo único que quiere para su Pueblo son parabienes.

«Tampoco dejaremos de orar por el mundo, porque aunque no son parte de nosotros, sabemos el dolor que ellos tienen. Si Dios quiere escucharlos de esta forma, que Él también los cuide, los conforte y aminore el dolor y el sufrimiento, y permita que encuentren a sus familiares que, debido a las caídas de las construcciones, están todavía sepultados en ellas. Que Dios sea con ellos, y en lo que podamos colaborar, ya no solo como cristianos sino también como ciudadanos.

 

El cristiano, como ciudadano de su país, debe apoyar a los damnificados de desastres naturales

«Ya Dios nos ha librado y no es para que nosotros nos mantengamos apartados de ellos, sino que también extendamos nuestras manos —en la forma en que podamos— y sirvamos de algo en ayuda para ellos. Acuérdense que están sufriendo, y no es un dolor que podamos decir: ‘Ellos se los ganaron’. ¡No!, sabemos que ha sido de parte de Dios, y si Él lo ha permitido es para ablandar sus corazones. Que vean en este momento que la Iglesia también sale a abrir sus brazos y que no solamente les lleva las Buenas Nuevas en lo espiritual, sino materialmente hemos sido enseñados a ayudar a nuestro prójimo. Como ciudadanos de este país nos corresponde también responder con humanidad, fraternidad y solidaridad en lo que podamos ayudarles.

Sigan en la oración… Aquí estará su hermano con ustedes unos minutos más, pero lo más importante es que yo quería venir a este lugar, donde el templo, en lo físico, recibió mayores daños. Aquí es donde yo quería venir a agradecer al Señor y decirle: ‘Señor, no vengo por este templo; vengo porque este templo pudo haber caído encima de tu Iglesia, pero tú permitiste que los daños no fueran mayores. Conservaste la vida de tu Pueblo y ni un solo hermano sufrió algún daño; por eso yo quiero venir aquí a darte la honra, la gloria y la alabanza. Dios te bendiga y te siga protegiendo. Lleva la seguridad de que la mano de Dios es poderosa y en su mano estamos cada uno de nosotros».

Antes de despedirse, pidió cantar el Himno n. 188, «En las olas inmensas». En esta histórica visita, Apóstol de Jesucristo, con su presencia y palabra, trajó a los hermanos de Jojutla, consuelo, felicidad, tranquilidad y seguridad. Desde Guadalajara, giró instrucciones a los ministerios correspondientes y los pastores distritales que se encargaran de proveer materialmente lo que los hermanos afectados necesitaran. El acopio de víveres y despensas de parte de las iglesias del país, en beneficio de los damnificados, no se ha hecho esperar. Por su parte, La Asociación de Profesionistas y Empresarios de México (APEM), por su parte, ha enviado una brigada de servicios de apoyo en las categorías de consultas médicas, medicamentos, vacunas, entre otros servicios.

El reloj marcaba las 5:42 de la mañana, cuando el Elegido de Dios se despidió de los hermanos en el lugar que se habilitó provisionalmente como Casa de Oración. El hermano D.E. Javier Saldaña, encargado de la Iglesia del Higuerón, invitó a desayunar al Apóstol de Jesucristo, su esposa e invitados Ahí, dio la instrucción para que se construya una nueva Casa de Oración, más moderna, segura y funcional.

 

La Bendición de Dios no es sinónimo de casualidad o suerte: estos conceptos no existen para el cristiano

Al participar de los alimentos, platicó con sus colaboradores. «Pareciera ser una casualidad que a nuestros hermanos no les pasó nada, pero no es así: fue la respuesta de Dios para demostrar que Él está con nosotros y nos cuida. Ante los desastres, la Iglesia sabe adaptarse, ponerse de pie y seguir adelante.

«No vengo a lamentarme con ustedes, porque sé que ustedes están bien, y no porque sean ministros quedan fuera de la Iglesia, así es que mi oración es también en su favor. Mi confianza es que ustedes primero velen por la seguridad del Pueblo de Dios, y si Dios nos quitara la vida protegiendo a su Iglesia, qué hermosa gloria y dignidad.

«Ustedes son pastores, representantes del Apóstol, y la Iglesia ve en nosotros la protección, el cuidado, el consejo y la guía. Confían en lo que les vamos a decir, porque siempre será para beneficio, provecho, para su bienestar y nunca para nuestro provecho personal y si aseguramos primero el rebaño del Señor, el dueño de ese rebaño se encargara de cuidarles.

«Después que pasen estos días de incertidumbre, volveremos a salir a hacer una campaña de evangelización. Si Dios nos guardó, hay una sola razón: dar testimonio de su gloria. Y en estas jornadas de de evangelización, el Señor se encargará de traer a miles de almas y, de una forma u otra, va a cumplir su promesa.

«Dios los bendiga hermanos, me voy tranquilo. La Iglesia está segura y en paz. Vine a pagar mis votos en este lugar, donde la bondad, el amor y la misericordia de Dios se manifestaron grandemente. Reitero: si la Iglesia está con bienestar, ¿entonces a qué vine? A pagar mis votos juntamente con vosotros, porque Dios volvió a cumplir su promesa, que el nos iba a cuidar, porque es nuestro único protector y benefactor.

«Aunque vengan réplicas, terremotos y huracanes, tengan esta seguridad: Dios es con ustedes. Somos sus hijos, a quien nos ama y protege siempre. Mis oraciones son todos los días para que Dios siga guardando a su Pueblo, y los siga prosperando, como el lo prometió».

A su salida de la casa pastoral, el Apóstol de Jesucristo escuchó emotivas expresiones de gratitud y reconocimiento de parte de la Iglesia de El Higuerón. El padre en la fe, amoroso, correspondió a sus hijos morelenses: «Dios los bendiga, hermanos». Enseguida, subió a su vehículo y se despidió de los hermanos —entre ellos se encontraban ocho visitas que, con lágrimas en sus ojos, asistieron a la histórica presentación—. En Jojutla, en síntesis, «seguro se halla el aprisco».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.