La Elección Apostólica: resplandor del sol de justicia en el tiempo de gracia

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El martes 7 de marzo, a las 4:29 de la mañana, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su oración matutina en el templo Sede Internacional de la Iglesia La Luz del Mundo, en la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

Al salir de su casa se detuvo por unos instantes a escuchar al Coro de niños, quien a su paso lo saludó con el himno «Padre». Más adelante, en el momento de ingresar a su oratorio, el Orfeón de Hermosa Provincia entonaba el himno «Oh qué hermosa oración», mientras los ministros y la iglesia congregada —algunos en el interior, en los atrios y en las calles aledañas del majestuoso templo—, doblaban sus rodillas para unirse a la plegaria apostólica, en una madrugada llena de fervor espiritual.

Al término de la oración, aderezada delicadamente con las notas corales de algunos himnos —“Que dulce es el amor ”, entre otros—, el Apóstol salió del templo en dirección a su casa. Al contemplar de nuevo a los pequeños integrantes del Coro infantil, expresó: «Dios les pague. Me da gusto volver a estar entre ustedes y con mi familia». Al llegar a la puerta de su casa, comenzó a platicar con sus colaboradores —como cotidianamente lo hace.

Recordó los improperios de que fueron objeto, hace dos décadas, los jóvenes responsables del programa «Nosotros Conversamos», transmitido por Radio Kali, en la ciudad de Los Ángeles, California. Cuando el tema abordado trataba sobre la defensa de la fe, al término de la programación, fuera del aire, el diálogo continuaba con algunos de los radioescuchas, quienes llegaron a responder con agresión verbal y amenazas.

Por esos días —recordó— el Apóstol Samuel Joaquín visitó a los hermanos de California y durante su estancia conoció los pormenores del caso: tanto del valor con que los jóvenes defendían su fe, como de las amenazas de que eran objeto. Como un dato adicional, el dueño de la estación radiofónica expresó que habían hablado con él los directivos de los demás programas —la mayoría de corte católico— para decirle que si no daba de baja el programa de «La Luz del Mundo», ellos se verían obligados a cambiarse a otra estación. Ante tal acoso, la respuesta del Apóstol Samuel Joaquín fue categórica: «No bajen la guardia ni les prohibas a los jóvenes que sigan defendiendo la fe de Dios».

 

La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia

En este tenor, trajo a la memoria la campaña de difamación de que fue objeto el Apóstol Samuel Joaquín en 1997, dirigida por algunos medios de comunicación en contubernio con la jerarquía católica, orquestación que lejos de lograr el descrédito a la persona y el trabajo del Siervo de Dios —como era el propósito de estos «inquisidores contemporáneos»—, propició que la Iglesia del Señor, como institución, se fortaleciera aún más: «Dios guardó y ha guardado a su Iglesia de aquellos ataques, porque Él defiende a su Pueblo.

Muchos religiosos y la sociedad en general ha aprendido a respetarla y a no difamarla».
En ese sentido, comentó que los adversarios calculaban que con su campaña difamatoria iban a acabar con el Apóstol de Jesucristo. Sin embargo, la Elección de Dios se fortaleció aún más en los corazones. Los jerarcas católicos creyeron que a través del arma innoble de la calumnia iban a ganar terreno, pero, comentó el Siervo de Dios, «hasta el día de hoy son ellos quienes no han dejado de perderlo y lo seguirán perdiendo. Ellos mismos se han dado cuenta que Jehová es quien pelea nuestras batallas… nosotros únicamente vamos recogiendo lo que ya Cristo ha conquistado».

Para robustecer lo anterior, citó el testimonio del día que La Luz del Mundo llegó a Tepatitlán, uno de los 2, 438 municipios de México donde el fanatismo religioso se encuentra tradicionalmente arraigado, al ser la cuna de la guerra cristera en Los Altos de Jalisco. A pesar de esto, cuando públicamente se presidió el primer servicio y los hermanos obreros y del Coro comenzaron a predicar el Evangelio, lo hicieron con toda libertad. Las personas, pese a su raigambre católica, abrieron no solo las puertas de sus casas sino las de su corazones: «Dios derrumbó esas murallas: la Iglesia solamente sigue avanzando para rescatar a las almas que son de Él», acotó.

En otro momento, destacó que la mayoría de los adversarios de la Iglesia del Señor han aprendido a respetarla porque ha sido Dios quien directamente ha demostrado que es Él quien la defiende: han aprendido a temer a Dios de un modo distinto al de su Pueblo: «Nuestro temor es reverente; es decir, respetuoso, con conocimiento, sabiendo que Él es nuestro Dios. Ellos, al contrario, sienten el temor a un Dios celoso… y aprendieron, con los hechos, a no meterse con el Él». Aclaró que la iglesia jamás buscará venganza o intimidación, porque es Dios quien se encarga de todas las cosas: «porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad» (Romanos 1:18).

En el mismo sentido, recordó que ante las calumnias y bajezas que miembros de la jerarquía católica fraguaron contra el Apóstol Samuel Joaquín en aquel infausto año, «nos quedábamos atónitos: ¡Cuántas leyendas inventaron! ¡Cuántas historietas! Y nos preguntábamos: ¿de dónde han sacado tanta imaginación? De la misma mente que inventaron los instrumentos de tortura de la inquisición, de lo que humanamente nos preguntamos: ¿A quién se le ocurrió idear tanta maldad?, a mentes perversas…», asentó.

 

Mientras otros credos se encuentran en declive, la Iglesia del Señor avanza en triunfo y victorias

Más adelante, habló sobre la actual debacle del catolicismo romano —acentuada con mayor celeridad en la última década—, y agregó: «Así como no existe forma de que la Iglesia católica se levante, tampoco existe forma de que la verdadera Iglesia de Jesucristo se detenga, pues esta sigue creciendo a pasos agigantados. En vez de desanimarse o cansarse del ritmo de trabajo que lleva, la Iglesia del Señor cada día que pasa toma más fuerza, crece en su fe (…) La niñez está más que motivada y a los jóvenes hoy los vemos que trabajan en los campos de batalla espiritual y sus padres, con grande satisfacción, lo testifican: ‘Mi hijo me habló de África… de Asia… de Europa… de Centroamérica… de Sudamérica… Ahora, los adolescentes anhelan llegar a los 18 años para decir «Mi tiempo ha llegado», y poder salir a la Obra del Señor».

También dijo que algunos quieren explicar esta actitud de la Iglesia observando el trabajo decisivo de su líder. Con humildad, subrayó que a quien se debe la prosperidad que se observa en la Iglesia es a la mano poderosa de Dios, y agregó: «Yo solo he invitado a la iglesia, como lo hicieron en su momento el Apóstol Aarón Joaquín y el Apóstol Samuel Joaquín, y que la Iglesia obedeció en su tiempo. Hoy, también, la Iglesia está respondiendo en las formas que Dios quiere para este tiempo».

Destacó que entre su administración eclesiástica y la del Apóstol Samuel Joaquín no existe ninguna diferencia, pues en la iglesia de Jesucristo prevalece la santa voluntad del Dios y sus propósitos se cumplen en cada uno de los escogidos de Dios para esta época de bendición: «Reconozcamos y siempre llevemos con dignidad, orgullo, reconocimiento, humildad y gratitud que es Dios quien nos lleva de triunfo en triunfo, de victoria en victoria, como la luz de la aurora», acotó.

 

Los Enviados de Dios: el resplandor de Cristo

Antes de concluir, recordó a sus colaboradores lo siguiente: «El Apóstol Samuel Joaquín preparó a la juventud y a la niñez de la Iglesia ante una posible persecución que podría avecinarse. Sin embargo, no sabíamos que Dios tenía otra situación muy diferente, no de persecución ni de tristeza ni de derrota… sino de triunfo, gloria y victorias. Por eso decimos: ‘Por tantas cosas hermosas que nos ha tocado vivir: ¡Gracias sean dadas a Dios!’».
En este tenor, destacó la importancia de entender lo que profetizó el Apóstol Pablo cuando escribió: «Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el resplandor de su venida…» (1 Tesalonicenses 2:8), para comprender que la persecución que se vivió en el principio de la Restauración de la Iglesia, y de la cual se creía iría incrementándose con el paso del tiempo, no concordaba con la profecía de Malaquías, que menciona el resplandor del Sol de justicia (v. Malaquías 4:2).

Y abundó: «Cuando el sol de justicia volviera a resplandecer —no cuando ya regresara, porque cuando regrese el Sol, que es Cristo, él vendrá solamente a recoger a su Iglesia—, el ‘resplandor de su venida’, es esa luz que proviene de Dios, que es la Elección de Dios: es la luz que Él mandó antes de enviar a su Hijo, en su segunda venida, para destruir primero al inicuo, y habiendo sido destruido, en el éxito, el triunfo y la victoria de la Iglesia, entonces le dirá a su Hijo: ‘Ahora si, ve por la Iglesia’».

Recordó que ninguno de los obreros que en noviembre de 2016 salieron de Amozoc, Puebla, para irse a los campos de batalla, iban llorando de tristeza; al contrario, los batallones iban inflamados de la gallardía, el valor y la decisión de cumplir con la encomienda para la que fueron convocados: matrimonios que dejaron sus trabajos, su vida estable y de comodidad para irse a llevar el Evangelio a ciudades distante donde no aún estaba presente la Iglesia, y que aún así su respuesta fue decisiva.

Finalmente, instó a sus colaboradores a llevar una vida limpia, honesta, y recta delante de Dios y agregó: «No abusemos de la gloria de estos tiempos de triunfos; al contrario, aprovechemos esta época de prosperidad… Dios, en este momento, tiene herida a la bestia; no vayamos a dejar que se levante, porque si nuestras obras y hechos fueren iguales a los de ellos, entonces Dios nos va a olvidar… No vayan a caer en las mismas prácticas o conductas de ellos, por la gloria que estamos viviendo, sino todo lo contrario, que mientras más nos lleve el Señor de triunfo en triunfo, con mayor gratitud y humildad reconozcamos que es por su gracia, y cualquiera que se desvíe de ese buen camino, Dios se encargará de avergonzarlo y el que no, pues a seguir disfrutando de todas las bendiciones», y tras dejar su bendición apostólica se despidió de los ministros.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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