«La Iglesia no va a llegar hasta el actual límite de crecimiento; hoy empieza una nueva era de prosperidad»

«La Iglesia no va a llegar hasta el actual límite de crecimiento; hoy empieza una nueva era de prosperidad»: mensaje apostólico a los hermanos de la colonia La Esperanza

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El sábado 22 de julio, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, luego de visitar a los hermanos de la colonia Magdalena Atlazolpa (Ciudad de México), se dirigió a la Casa de Oración ubicada en la avenida Las Torres n. 153, colonia La Esperanza, en la Delegación Iztapalapa.

El reloj marcaba las 12:18 del mediodía cuando el anhelado visitante arribó al imponente templo, cuya belleza arquitectónica y diseño minimalista sobresalen, de manera particular, en esta zona de la ciudad. En su espacioso interior, se congregaron las iglesias de las colonias Valle de Luces, San Miguel Teotongo, Milpa Alta y Santa Úrsula. Los hermanos de esta demarcación, quienes portaban vestiduras blancas y sostenían con sus manos palmas verde olivo, recibieron con singular júbilo al invitado especial en esta histórica tarde. Tanto en el exterior como el interior del sagrado recinto, las manifestaciones de amor, gratitud y reconocimiento a la Elección Apostólica fueron apoteósicas.

Desde el área del ministerio, acompañado por el monumental Coro —cuyos integrantes vestían un impecable uniforme azul marino, gris y blanco—, y algunos de su colaboradores, el Mensajero del Evangelio Eterno saludó a los centenares de hermanos iztapalapenses congregados en esta histórica jornada, entre los cuales se encontraban de visitas.

Luego del emotivo saludo, el Apóstol del Señor impartió una enseñanza a los presentes: «Siento alegría al verles y contemplar esta hermosa Casa de Oración, pero también quiero dejar una palabra de responsabilidad en las promesas que Dios me ha dado.

«Traigo a vosotros el pensamiento que escribí en la carta de invitación para la Santa Cena (Cf. Los Ángeles, California, 7 de julio de 2017), al ver que la Iglesia del Señor se ha multiplicado en la Ciudad de México. Por ello, he venido a recordarte que la Iglesia no va a llegar hasta este límite; por el contrario, a partir de este límite comienza una nueva era de bendición, prosperidad y grandeza para la Iglesia del Señor».

Nosotros no vamos a ponerle condiciones a Dios para servirle

En este tenor, el Apóstol del Señor citó un fragmento de su reciente epístola universal, donde se refiere al hombre que, impulsado por el temor de Dios y con un pensamiento sincero, expresaba: «No me des pobreza para que no te blasfeme, no me des riqueza para que no me olvide de ti». Enseguida, explicó el pasaje bíblico: «Aquella persona creía que con tener lo ‘suficiente’ podría servirle con libertad a Dios; sin embargo, no vamos nosotros a ponerle condiciones a Dios para servirle».

Posteriormente, citó la petición que el Señor le hizo a Salomón: «…pídeme lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo a Dios: (…) dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande? Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti». (V. 2 Crónicas 2: 7,-8, 10-12).

En este tenor, el Apóstol de Jesucristo abundó: «Nuestro Dios nos quiere engrandecer y nos quiere dar. No le podemos decir: ‘Señor, no me des para que mi corazón no se olvide de ti’; por el contrario, debemos aceptar la bendición que Él nos va enviar, por la promesa, y decirle: ‘Solo te pido que mi fe no vaya a faltar. Tú me permitiste vivir en tiempo de necesidad, prueba o aflicción y, por tu promesa, vienen tiempos de bendición y grandeza, ayúdame. Así como los Apóstoles Aarón y Samuel me enseñaron a vivir en necesidad, pobreza y persecución, ayúdame ahora a vivir en la prosperidad, riqueza y grandeza que se avecinan’».

Cada hermano debe tener el pensamiento y sentimientos de Job: «Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová»

En otro momento, expresó que su deseo para cada hermano es que sean semejantes a Job, un hombre que siendo rico era inmensamente feliz, porque tenía a Dios en su vida. Sin embargo, cuando Satanás provocó a Dios y pretendió hacerle creer que era solamente por aquella bendición por lo que le servía:

«Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová» (Job 1: 7-12).

En un análisis al pasaje anterior —a la luz de la revelación—, el Mensajero del Evangelio Eterno explicó: «Dios se quiere gloriar en Job, demostrándole a Satanás que no eran los bienes materiales los que lo motivaban para que le sirviera al Señor: era su sincero corazón y la gratitud que habitaba en su interior, lo que le impulsaba a servir a su Señor.

«Dios permitió, entonces, que su siervo Job fuera probado, pero que solamente Satanás le respetara la vida. Luego de haber tenido abundancia en su vida… en un momento se acabó todo y quedó en una situación muy lamentable. A pesar de esa nueva condición —pobreza, soledad y enfermedad—, Job continuaba alabando a Dios. ¡Cuando no tuvo nada, sirvió al señor. Y cuando lo tuvo todo, siguió sirviéndole!

«Por lo anterior, no podemos decirle a Dios que nos dé riqueza o pobreza, porque Él ya tiene un plan para nosotros. Si bien es cierto que se nos preparó para un tiempo de prueba o persecución, no se sabía lo que vendría después, el lugar al que Dios iba a seguir llevando a su Iglesia. La respuesta de Job, ante las situaciones vividas, fue la misma: ‘Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová’ (Job 1: 21).

«Luego de esta difícil prueba, Jehová se glorió de su siervo Job ante Satanás y, enseguida, Dios volvió a bendecirlo aún más. Y cuando Job tuvo aún más riqueza que la del principio, ¿se olvidó de Dios? No, por el contrario, siguió viviendo con los sentimiento de gratitud y fidelidad».

El Dios de promesas cumplidas, manifestado en los Apóstoles de la Restauración

En otro momento, el Apóstol Naasón Joaquín recapituló la historia de promesas cumplidas en los ministerios apostólicos que le precedieron: «Hoy también yo vengo a recordarte que Dios nos ha bendecido. Los hermanos que todavía quedan del tiempo del Apóstol Aarón Joaquín, recordarán que al principio de la Iglesia —en la época de la Restauración— sufrieron numerosas humillaciones. ¡Cuántas veces nuestros padres nos contaron de qué manera la sociedad no pudo aceptar la Iglesia del Señor en décadas anteriores! Decían, sin fundamento, que éramos una ‘secta’ de fanáticos, que ‘adorábamos’ a un hombre, entre otros infundios.

«El Apóstol Aarón Joaquín enseñó a la Iglesia a saber vivir en cualquier situación: pobreza, persecuciones, peligros de muerte… Y la Iglesia, a pesar de cualquier adversidad, se fortalecía en la fe de Jesucristo. Después, llegó la abundancia, prosperidad y grandeza con el Apóstol Samuel Joaquín, quien en su administración posicionó a la Iglesia ante la sociedad, en un lugar de respeto y admiración, y también nos enseñó a vivir agradecidos con Dios».

Luego de mencionar a las administraciones apostólicas precedentes, prosiguió con la época actual, la de su Ministerio Apostólico: «El 8 de diciembre de 2014, cuando Dios habla con su hermano, llega un tiempo nuevo para la iglesia. Esto quiere decir que la Iglesia no va a regresar a la pobreza, porque Dios me dijo qué si veía un Pueblo grande, Él lo iba engrandecer aún más y lo llevaría a lugares que ni nuestra mente puede aún imaginar, pero que Dios lo tiene preparado.

«Por eso ahora vengo yo a recordarte: la persecución, la angustia y la pobreza jamás nos apartaron del amor de Cristo. En la nueva era de prosperidad, ¿la abundancia nos va a apartar? ¿Te olvidarás de Dios? ¿Le diremos al Señor que no nos dé riqueza? ¡No!Al contrario, le diremos al Señor: ‘Tú le has dicho tu Siervo que nos vas a bendecir, por lo cual sólo te pido que mi fe no vaya a faltar. Y cuando venga la bendición, la grandeza y la riqueza, que en mi mente siempre exista esa gratitud, qué reconozca de dónde proviene que lo que tengo’, y el Señor se alegrará contigo.

«¿Cómo te engrandecerá?, ¿cómo se va manifestar?, ¿cómo va a cumplir en ti su promesa? ¡Con tu trabajo! El que estés saliendo a evangelizar en las calles; el que puedas expresar con libertad: ‘Un Apóstol de Jesucristo me ha enviado a predicar el Evangelio de Cristo’… Entonces, Dios se seguirá manifestando en grande manera. Vuelvo a preguntarte: ‘¿De verdad habéis creído en mi Ministerio?’. Cristo, por medio de tu trabajo, seguirá dando testimonio de tu obra y yo le diré al Señor: ‘En ellos se está cumpliendo la promesa que tú me has dado, y ahora son testigos de que tú eres el único Dios Vivo’».

Despedida

Antes de despedirse de las cinco iglesias congregadas, el Apóstol de Jesucristo adelantó que la próxima visita que él realice a esta Iglesia, será para comprobar que la promesa de Dios siga cumpliéndose en cada uno de ellas.

Antes de descender de su ministerio, el Siervo de Dios se detuvo por unos segundos con los coro y los lo saludó. Enseguida, dirigió su mirada a los hermanos que se encontraban en el mezanine del templo y, de manera simbólica, los estrechó con un efusivo abrazo. Al final, tomos su manos y las dirigió a sus labios, dando con ello un ósculo de amor a la iglesia congregada. A su paso por el pasillo central, se comenzaron a los estentóreas notas del himno-insignia del ministerio apostólico contemporáneo: «Soy yo soldado de Jesús».

Los niños, durante la presentación apostólica, experimentaron una singular bendición. El reconocimiento a la Elección Apostólica, que es una Obra de Dios —creer en el que Él ha enviado (v. Juan 6:29)—, como el manto de Eliseo, tocó sus corazones. Las visitas, que en número se contaban por decenas, se acercaron a despedirse de él, mientras que en sus rostros, además de estar húmedos, se apreciaba la paz que solamente proporciona el único Dios, que es Espíritu. El reloj marcaba la 1:01 de la tarde cuando el insigne visitante se despidió de los hermanos iztapalapenses.

La Iglesia de la colonia El Pedregal, en la Delegación Tlalpan, en la Ciudad de México, fue el siguiente destino de la agenda apostólica en esta tarde.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.