¡Hijos de Oaxtepec, qué orgulloso me siento de vosotros!

(Coordinación de Crónica Apostólica). – “¡Hijos de Oaxtepec, qué orgulloso me siento de vosotros!”. Con estas palabras el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, se dirigió a los hermanos de la colonia Santa Rosa Oaxtepec, en Yautepec, Morelos, cuando los visitó la mañana del 27 de mayo e ingresó al sagrado recinto que un día antes, con la autoridad apostólica, se consagró para la gloria de Dios.

La Iglesia y su encargado, el hermano David López, le dieron la bienvenida al Apóstol del Señor con exclamaciones de júbilo y abrieron las puertas para recibirlo. De la misma forma lo hicieron con en sus corazones. Con gran alegría espiritual, el Ungido del Señor externó el orgullo que experimentaba al ver el testimonio de fe y esfuerzo de los hermanos al construir y hermosear su templo.

Dirigió unas palabras al hermano P.E. Jesús Orozco, ministro responsable de uno de los dos distritos en los que se divide el estado, mensaje que le encomendó transmitiera a los hermanos, gratamente emocionado con la fe y visión de su Pueblo, que en ese lugar, en el que se construyó un hermoso santuario para 380 personas, cuya edificación inició con 35 miembros y que su membresía en el presente no rebasaba los 100. “Siento mucho orgullo —enfatizó— y eso quiero que lo recalque en todo el estado de Morelos.” A su vez, a los hermanos de Santa Rosa Oaxtepec, a través de su ministro, les transmitió su beneplácito por el trabajo que han realizado: “Cumplieron con Dios, conforme a su promesa, alargaron sus tiendas y extendieron las estacas”, y por ello no pasarán más de dos años y este templo estará lleno y les será ya insuficiente.

Nadie trabaja en vano en el Señor

Resaltó la preciosa fe, que tanto el encargado como los hermanos demostraron, unidos en un mismo propósito al darle prioridad a las actividades que son para la gloria Dios; incluso vender varias de sus pertenecías, siendo su encargado el primer ejemplo de liberalidad al ofrecer su automóvil a fin de que se concluyera la construcción del templo y preparar un lugar para recibir al Siervo de Dios. Se dirigió a los ministros que estaban presentes para incitarles a que tuvieran esa misma fe y visión de los hermanos de Santa Rosa Oaxtepec.
Alabó la labor del hermano David, por el interés demostrado en los menesteres de Dios sobre las cosas materiales y con su ejemplo motivar a los hermanos a hacer lo mismo, con la confianza de que nadie trabaja en vano en el Señor. “Para mí ha sido una satisfacción conocerte y saber que estás trabajando, que Dios te bendiga, te prospere y cada día te manifieste su amor y su poder; es loable el amor que estas demostrando por la iglesia del Señor. No quedará en vano tu trabajo. Dios te va a pagar, Él sabrá la forma… y cuando lo haga, recordarás las palabras que te dio un Hombre de Dios”.

Enseñanza apostólica

En la mención de los hermanos que colaboraron con su granito de arena durante la realización del proyecto, el Apóstol de Jesucristo destacó lo hermoso del testimonio, “porque la forma de avanzar es construyendo, formar parte de la historia trabajando, sin juzgar ni descalificar a los demás, porque el que critica se excluye, porque ya no hace lo que debería estar haciendo”.

Semejante a la Iglesia de Dios, que debe sus triunfos no en la destrucción de otras religiones, sino en el poder de Dios y su Palabra viva que está en ella y a quien se debe la prosperidad y crecimiento que ha logrado, así como el respeto que ya tiene entre otras confesiones cristianas, en virtud de quien legitima su mensaje de vida eterna. Comentó que hay religiosos —católicos— incluso que han pretendido hacer alianzas con la Luz del Mundo, pero la respuesta enfática de Embajador del reino de los cielos ha sido siempre: “Con ellos, nada; por la razón por la que el Señor Jesucristo no se unió a los fariseos…”.

En cambio, dijo, “en la Iglesia del Señor, cuyo mensaje es de salvación espiritual, se enseña una doctrina pura y sincera de amor a Dios y al prójimo, la que también dejaron los apóstoles contemporáneos Aarón y Samuel Joaquín, al igual que su hermano Nasón, y nada abarca todo. Añadió que no puede haber comunión con ellos, porque la jerarquía católica es semejante a la de los fariseos, que no servían a Dios a pesar de ser bíblicos; de la misma manera, ellos podrán hablar de Cristo, pero eso no significa que sean de Dios, porque sólo lo utilizan para fines no piadosos. Por desgracia no tienen la luz del evangelio ni su doctrina, y destacó las bondades de la Iglesia del Señor: “¡Bendita luz que desde el 6 de abril de 1926 ha ido en aumento para ir acabando con las tinieblas, porque en todos los sentidos, doctrinal y espiritualmente, tenemos respuestas… No hay forma o estrategia que pueda detener el crecimiento de la iglesia… Serán miles los que se opongan y habrá muchos que pelearán contra nosotros, pero no hay forma de derrotarnos”, sentenció.

Ante el cumplimiento de la promesa de expansión, crecimiento y prosperidad, aconsejó a sus ministros “a no olvidar nunca a Dios, ni perder el sentir de gratitud para que Él no nos deje, porque esta es la palabra que nos da seguridad: «Mientras no ofendas a Dios, él te cuidará», palabra apostólica que señala el camino a seguir para obtener el cumplimiento de las promesas de bendición divina.

Después de tomar los alimentos, acompañado de la hermana Alma Zamora y la diaconisa Eva García, el Apóstol de Dios recorrió la Casa Pastoral que los hermanos prepararon con mucho esmero para recibirlo; entró en el lugar donde hacían sus oraciones mientras el templo estaba en construcción y vio aquella carta que, desde Cuzco, Perú, envió al Cuerpo Ministerial el 30 de septiembre de 2015. A los hermanos pastores, diáconos y encargados que lo acompañaban les recordó que en esa misiva se encontraban los lineamientos para saber cómo actuar material y espiritualmente, “las circunstancias y el momento los hará actuar de diferentes formas, pero los cimientos aquí están”, señaló.

Enseguida visitó el dispensario médico, acondicionado con el fin de dar servicio gratuito a los hermanos y cuidarles también en su salud material, como lo dijo su encargado. Las hermanas médico cirujanas Maribel Jiménez, con especialidad en cancerología, y Lorena Vázquez, explicaron brevemente al Siervo de Dios en qué consisten los servicios que prestan, en los cuales se contempla atender a toda persona que los necesite, sea o no converso de la fe. El Apóstol de Dios las bendijo y bendijo el lugar: «Todo los que hagan por ellos es como si lo hicieran a mí». Les agradeció la voluntad de servir y ayudar a la comunidad y les prometió orar por ellas para que el Señor les dé prosperidad en su trabajo.

El templo de Santa Rosa Oaxtepec, fruto de sacrificio y fe en Dios

Momentos antes de entrar al templo, donde ya la Iglesia se encontraba reunida, leyó la inscripción en mármol, colocada en la parte baja del muro lateral del templo: “Hasta el último aliento”. El hermano David le explicó al Varón de Dios que ese sentir se los había inculcado su palabra y su ejemplo.
Finalmente, cuando ingresó al santuario, los hermanos desbordaron en llanto y su gozo fue en aumento cuando escucharon el siguiente mensaje apostólico de bendición exclusivamente para ellos:

“Contemplo sus pisos, sus adornos, su decoración… la forma en la que la habéis distribuido y digo: ¡Qué hermoso lugar!, podrá decir alguien, ¿no habrá edificios más hermosos en el mundo? Sin duda, pero no solamente estoy viendo la hermosura de esos adornos sino lo que costaron. ¿En dinero?, el dinero no importa, lo que costó en vuestra fe, en vuestro amor, en vuestro sacrificio, y que en esa recta final de vuestra construcción me han dado ese hermoso testimonio, de cómo vendisteis algunas de vuestras propiedades, muchas de vuestras cosas para hermosear más todavía esta Casa de Oración, el ministro vendió su carrito y todos hicieron hasta su último esfuerzo para acabar este hermoso templo.

«A pesar de que Su Hermano envió al hermano Felipe Medina, y su hermano estuvo presente en la persona del hermano Felipe, quise también venir personalmente, oyendo el testimonio hermoso que habéis obrado, para decirles por la fe de Jesucristo: ¡Hijos Oaxtepec ¡qué orgulloso me siento de vosotros!, ¡me habéis dado una felicidad inmensa y muy grande al contemplar este hermoso esfuerzo!, y sé que este templo que estuvo en construcción durante tantos años, veréis que no pasarán dos años en que estará pletórico, porque la promesa de Dios es: que conforme alargues las tiendas y extiendas tus estacas, Dios te ha de bendecir y prosperar. Quiero levantar mis manos a Dios para pedirle todo cúmulo de bendiciones, para mis hijos de Oaxtepec, decirle al Señor: Tú has visto su trabajo, su esmero, su amor y su reconocimiento; en esa misma medida bendice a esta Iglesia, prospera sus negocios, multiplica sus bienes y que sepan que tú eres un Dios Vivo, que no te quedas con nada, sino que regresas mucho más de lo que nosotros te damos”.
Luego de la ferviente plegaria, el Apóstol los invitó a sumarse en el trabajo espiritual, predicar con la seguridad de que el ángel de Jehová va con ellos a fin de que al dar testimonio, se conviertan los corazones y les aseguró que en esa encomienda santa de hablar la verdad, enviados por un Apóstol de Jesucristo, serán testigos de cómo las puertas de la ciudad se abrirán convirtiendo a Oaxtepec no sólo en un lugar de recreación material, sino también en un lugar donde las almas necesitadas hallarán descanso espiritual.

“Algún día su hermano querrá venir a este lugar, porque vosotros me habéis dado esta confianza, ‘venga a descansar unos días’ y vendré con libertad, sabiendo que aquí están mis hijos, que con sus hechos me lo han demostrado: ‘Hermano Naasón, estamos con Usted’ Dios los bendiga y los prospere”.
Por ese orgullo y satisfacción que le proporcionaron, posó para una fotografía con todos los hermanos de la iglesia en este lugar y su encargado, el hermano David López y su esposa María Gabriela Soto, en las gradas del precioso atrio del templo, acompañado de la hermana Alma Zamora, de la diaconisa Eva García, el P.E. Benjamín Joaquín y los ministros que tuvieron el honor de estar presentes ese día.

Al partir de ese lugar, el Siervo de Dios y los hermanos se reunieron de nuevo en su bello templo y llenos de júbilo espiritual, en una oración ferviente dieron gracias a Dios por la gran bendición que el Señor les brindó en esa mañana.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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