Presentación Apostólica en Chicago, Illinois

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 9 de septiembre se presentó en el emblemático Navy Pier de Chicago Illinois, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García. La multitud que lo aguardaba cambiaría la idea de muchos acerca de la Iglesia La Luz del Mundo en esta sobrepoblada ciudad.

Chicago es Sede del Condado de Cook y se considera como el origen de los rascacielos, es la tercera ciudad con mayor número de habitantes en los Estados Unidos de Norteamérica, después de Nueva York y Los Ángeles. Está situada a lo largo de la costa suroeste del Lago Michigan y es entre muchas cosas más, junto con Nueva York, Boston, Berlín, Londres y Tokio, una de las seis ciudades en el mundo que celebran cada año el multitudinario maratón de Chicago, que por cierto se llevó a cabo este mismo día, contando con la presencia del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

 

Origen de la Iglesia en Chicago

La Iglesia La Luz del Mundo en Chicago tiene sus orígenes en el inicio de la década de los setentas, cuando el matrimonio formado por los hermanos Aurelio y Alicia Raygoza junto con la hermana Eva Rivera (hoy Eva González) se vieron en la necesidad de emigrar a esta fría ciudad del medio oeste de los Estados Unidos de Norteamérica. Fue la hermana Eva quien escribió al Apóstol de Jesucristo Samuel Joaquín Flores, informándole de su permanencia en esta ciudad.

Al poco tiempo de recibir su misiva, el Varón de Dios en una de sus visitas que hizo a la ciudad de Houston, Texas, envió a los hermanos Job Zamora Magallanes y Cirilo Ramírez con la primera epístola fechada el 15 de octubre de 1973, dirigida exclusivamente a los hermanos radicados en esta ciudad de Chicago, Illinois, pero fue hasta Agosto de 1975 cuando en la inspiración de Dios, envió al hermano Carlos Montemayor y su esposa, para hacerse cargo de manera oficial de la naciente Iglesia en la llamada ciudad de los vientos.

Hoy, a cuarenta años de distancia, las Iglesias de los Estados de Ohio, Indiana, Michigan, Iowa, Missouri, e Illinois, son Iglesias prosperas que reciben al Apóstol del Jesucristo Naasón Joaquín García con los brazos abiertos y palmas en sus manos, como recibieron en su momento aquellos habitantes de Jerusalén al mismo Señor Jesucristo.

 

Bienvenida

A las diez de la mañana inició la consagración presidida por el P.E. Jacob García Villalobos. El ambiente no podía ser más propicio para el arribo del Hombre de Dios. Coros e Iglesia en un mismo sentir adoraban al Creador mientras aguardaban el momento anhelado. Los niños -como ya es práctica común en todas las Iglesias que reciben esta bendición-, hicieron la Valla de Honor en la entrada de majestuoso recinto para dar la bienvenida al distinguido visitante.

A las diez de la mañana con veinte minutos, hizo su arribo el Ungido de Dios. Los niños levantaron banderas al tiempo que entonaban un himno y mostraban sus pequeños carteles con letreros que decían: “Nuestro tiempo ha llegado”, “Le amo con todo mi corazón” y “no me canso de decirlo, los niños de Chicago te amamos, bienvenido santísimo Apóstol”; cuando el Apóstol del Señor comenzó a posar sus manos sobre sus pequeñas cabecitas y comenzó a decirles: “Dios les bendiga, espero el día en que sirváis en mi Ministerio, los llevo en mi corazón, yo también los amo…”, mientras ellos manifestaban el júbilo que henchía su pequeño corazón. En el interior, solo se oía un estruendo ininteligible de voces, advirtiendo que el Amado de Dios había arribado.

Se abrieron las puertas y la imagen de un Apóstol gigante tomo posesión del lugar, pletórico de almas. Subió a la pasarela donde se pudo observar desde todos los ángulos del gigantesco recinto y con paso lento se dirigió hacia su Ministerio. Durante su caminata, derramó bendiciones, abrazos simbólicos de perenne paz, ósculos santos vertidos de su boca, frases de extraordinaria belleza espiritual que agitaban las almas venidas de diversos lugares a contemplar –quizá por primera vez, al más hermoso de los hijos de los hombres.

Tras una ferviente oración de Acción de Gracias en la que pidió a todos los presentes dar la gloria a Dios, la Iglesia entonó el himno titulado: “Padre Naasón”, con el que se unieron a las palabras del P.E. José Luis Estrada para darle así una hermosa bienvenida a nombre de todas las iglesias presentes.

 

Antecedente de su exposición doctrinal

“Hermanos míos amados, extiendo mis brazos para desearos que la justificación, alcanzada durante la Santa Cena, la redención y santificación que, por misericordia de Dios, nos fue dispensada, sobreabunden y permanezcan en vosotros…alabo a Dios por su Don inefable…le digo a aquel que me envió: a Jesucristo. A él sea la gloria, la honra y la alabanza desde ahora y para siempre.” –fueron sus primeras palabras.

Comenzó su disertación con el recuerdo de su juventud, cuando pidió permiso a su padre el Apóstol Samuel Joaquín para quedarse a trabajar un tiempo en la ciudad de Chicago, a fin de poner a prueba su valor como ser humano, ignorando por completo el destino que Cristo le tenía preparado para este tiempo. Hoy, al volver sus ojos atrás y evocar los días en que vivió aquí e iba con los hermanos a la Casa de oración; repitió lleno de júbilo las palabras del salmista: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado”.

>Enseguida pidió entonar el himno marcado con el número 189 de los himnarios vigentes; “En las tinieblas la luz resplandeció”, y cuando lo entonaba levantaba su mano empuñada “levántate, resplandece que llegó la luz de Cristo Jesús nuestro Salvador…”. Al término, expuso la razón por la que visitó las Iglesias establecidas en esta zona del país norteamericano: “Desde aquel 14 de diciembre de 2014, muchos de vosotros deseabais ver mi rostro… yo también quería veros, escucharos, sentiros y deciros: Hijos míos”.

Tomó la hermosa analogía de Aarón y Moisés, quienes a pesar de ser hermanos biológicos, en el momento que Dios establece a Moisés como Su Siervo, deja en claro la posición de uno con respecto al otro: “Él será para ti en lugar de boca, pero tu serás para él en lugar de Dios” (Éxodo 4:16). “Yo también me alegro porque ahora te veo como un hijo y vengo a decirte que no estas desamparado, que vengo a protegerte… te traigo mi palabra” –dijo a sus hijos en la fe, a quienes en verdad trajo una palabra de protección divina que trastocó con postulados sencillos pero poderosos, la idea de paternidad que muchos tenían hasta hoy–. “Dios puso en mí esta preocupación” –refirió al iniciar su exposición doctrinal.

 

Tema: la violencia intrafamiliar o doméstica

Encarando de frente las expectativas universales que ahora demanda un pueblo de estas dimensiones y considerando que su mensaje se transmite vía internet a todos los países en los cuatro idiomas más hablados en el mundo, deseó impartir esta enseñanza doctrinal al cerciorarse que octubre es el mes de la conciencia en contra de la violencia doméstica, las múltiples redes sociales y que en la mayoría de los casos, el ser más indefenso de la familia como son los hijos, la esposa, los adultos mayores y en algunas excepciones el esposo, son víctimas de violencia intrafamiliar.

“La influencia del mundo puede haber afectado al matrimonio que ha olvidado el primer mandamiento de Dios” –refirió, al tiempo que recordó las frases del himno 142 que en su segunda estrofa aconseja: Que los dos que al altar se aproximan a jurarse su fe mutuamente, busquen siempre de Dios en la fuente, el secreto de dicha inmortal… e interrogó a sus discípulos: “¿Cuál es la fuente a la que debemos recurrir? El amor de madre aunque es muy grande no se compara con el amor de Dios” –puntualizó.

Con bases más que solidas argumentó que la violencia doméstica no es una conducta propia de los Hijos de Dios y citó el libro de Éxodo capítulo 2, versos 11 y 13: En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos… Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? Para resaltar el dolor de Moisés al percatarse de las agresiones entre hermanos y el reproche que uno de ellos le hizo al propio Siervo de Dios cuando éste trató de aconsejarlos. “Yo no quiero que reproches mi palabra –dijo a los hermanos, quiero que me oigas”.

El Apóstol del Señor definió la violencia intrafamiliar como el abuso de la fuerza o autoridad que causa daño a un miembro de la familia y explico algunos tipos de violencia, como la verbal, la física y la sexual. Como siempre, su extraordinaria intuición espiritual que le permite leer las necesidades de las almas, alumbró el sendero de aquellos que hasta hoy confundían el concepto de autoridad en el hogar. Calzó su palabra con la cita bíblica de Génesis capítulo 6, versos 11al 13 para explicar que para Dios, todo acto de violencia es corrupción y una de las principales causas por las cuales la ira de Dios viene al hombre.

Para alguien que sabe separar el grano de la paja, la violencia es la consecuencia de la corrupción del hombre y los sinónimos de corrupción son: daño, perversión, echar a perder algo y largo etcétera. La primera epístola universal del Apóstol Pedro, señala que,… fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… Lo vano es lo que no tiene beneficio, lo que resulta inútil e infructuoso; enseñanzas que se han transmitido por generaciones de padres a hijos, heredando con ellas la violencia propia que causan los vicios, los desórdenes conductuales, las maldiciones propias de quien no conoce a Dios. “No es aceptable que un cristiano lleve este tipo de vida, porque de ahí nos sacó Cristo y nos dio su propia enseñanza…cualquier persona que agrede a su hijo, no puede decir que lo ama…” –subrayó.

 

La violencia no es disciplina

Más adelante trajo a colación un testimonio que le platicó el hermano P.E. Daniel Núñez, acerca de una hermana que maltrataba de manera excesiva a uno de sus hijos y al preguntarle cuál era la razón de su maltrato hacia el pequeño, ésta argumentó: “Porque así me trataron mis padres”. El Hombre de Dios reprobó tal acción, toda vez que ahora ese niño fue bendecido por Dios y participa de las bendiciones que toda simiente santa recibe en el pueblo del Señor. Refirió el himno 325 que a su letra dice: los niños son de Cristo, él es su Salvador, son joyas muy preciosas… Para ejemplificar que una joya merece un trato digno y que los hijos de los hermanos aunque no hayan sido bautizados (dado que el bautismo es para perdón de pecados) no obstante, son miembros del Cuerpo de Cristo que es Su Iglesia.

Como Hombre de Dios, el celo de Dios que está en él le permite tomar las riendas de la Iglesia e instruirla en la disciplina y amonestación del Señor que refiere la misiva paulina a los Efesios, capítulo 6, verso 4; y la violencia no es disciplina, “la disciplina tiene formas –exhortó el líder espiritual de la Iglesia La Luz del Mundo. Violencia no es corregir, es sembrar corrupción.”

 

Maridos amad a vuestras mujeres

En el momento más álgido de su disertación pastoral, citó Efesios 5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, para demostrar que hay una enseñanza que arranca de raíz el pensamiento equivocado de “en mi casa, yo soy el que manda” pues quien acepta la doctrina de Cristo a través del bautismo, renuncia a su propia voluntad para ceder todos sus derechos a Jesucristo como su único Salvador, siendo éste quien guíe su vida desde ese momento.

Tras la persecución de una visión unificada, el guía espiritual, Naasón Joaquín García, señaló que el hombre como cabeza de su casa, está puesto para dirigir; cuidando, protegiendo y previniendo todo daño que pudiera causarse el cuerpo. “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos –reiteró–, pues quien ama a su mujer, a sí mismo se ama”. En ese mismo sentido enseñó que el esposo debe ver a su esposa como hermana en Cristo e Hija de Dios, “porque nadie aborreció jamás su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la Iglesia, la cual es su cuerpo y él es su Salvador”.

Basado en la revelación de Jesucristo que predica, dijo: “Cristo decidió sacrificarse por la Iglesia”, a pesar de su temor humano pero reverente, de su sudor como gotas de sangre, de la misma agonía hasta donde abarcaba su dolor, de la posibilidad de librarse de la muerte, no huyó, sino que se entregó a sí mismo por amor de Su Iglesia, porque con sus ojos misericordiosos veía al mundo desamparado, sin Dios y sin esperanza. Escogió redimir a los pecadores en la misma cruz para que Dios pudiera verlos como sus propios hijos, y ahora con toda propiedad dejar una enseñanza a la que hay que sujetarse. Al hombre, señaló, “el mandamiento es que ames a tu esposa. Defiéndela, protégela, cuídala.” A la mujer precisó: “No eres igual que el hombre, Dios te dio un lugar mejor: un vaso frágil de mayor valor y así te debe ver el hombre.”

 

Los tiempos de Cristo y su trascendental enseñanza

De manera categórica hizo énfasis en que todo miembro de la Iglesia como tal, está sujeto a la autoridad y las leyes que de ella emanen; en virtud de ello la institución religiosa permite que la mujer, los niños, los ancianos y toda persona que sea sujeto de violencia demande sus derechos y esto no es un tema de actualidad porque desde el tiempo de la Iglesia primitiva se hablaba de estos temas, debido a que la enseñanza del maestro Jesucristo (de acuerdo a la época) en un mundo de radicalismo religioso, resultaba absolutamente revolucionaria.

“La violencia intrafamiliar, no se debe consentir, ni se debe permitir” señaló el Apóstol de Jesucristo, legitimando el hecho de que un hombre es la cabeza o autoridad de su casa y con ello, asume la responsabilidad de darse a respetar con la familia y la sociedad (Colosenses 3:19), pues desde el principio de la Iglesia se ha enseñado que el hombre que abusa de su fuerza para violentar a su esposa, pierde la comunión con Dios. 1ª Pedro 1:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

De esa manera enseño que la mujer no solo tiene de parte de Dios un mejor lugar, sino que también es Hija de Dios y coheredera juntamente con Cristo y que la práctica de esta doctrina permite al hombre permanecer en comunión con Dios; sin embargo la falta de acatamiento a esta enseñanza cristiana, impide que toda plegaria que el hombre eleve a Dios sea escuchada y respondida favorablemente. “Los hombres son líderes que si tratan bien a sus esposas, el respeto se vuelve una respuesta natural. Yo estoy sujeto a Cristo, no por la fuerza…” -demostró el Siervo de Dios. En ello estriba la excelencia de la enseñanza revelada por Cristo a sus apóstoles.

 

Violencia infantil

Mostrando un indiscutible interés por el progreso integral de su pueblo, el joven Apóstol marco la diferencia entre mandar y dirigir: “Cristo no nos manda, Cristo nos dirige”, señaló, al tiempo que ejemplificaba el libre albedrío que Dios otorga al ser humano para que éste haga lo que bien le pareciere. “Cada quien decide si lo hace para agradar a Dios o a los hombres” y en una profusión de textos bíblicos que respaldan su predicación (Colosenses 3:21, Efesios 6:4, Mateo 8:16, etcétera), demostró que los hijos se deben instruir con la disciplina y amonestación del Señor Jesucristo y no como los padres cuya violencia destruyó la inocencia de sus hijos, sembrando corrupción.

En otro momento marcó que la violencia infantil es un delito para Dios y para la sociedad y que si ésta última castiga tales hechos, con mayor razón lo hace aquel quien es padre de toda justicia. Expuso de manera magistral, la paradoja que resulta para alguien que dice amar a Dios a quien no ha visto jamás y no amar su prójimo a quien puede ver. 1ª Juan 4:20 y 21 “¿tu esposa es tu hermana en Cristo?, ¿tu hijo es tu hermano en Cristo?” inquirió con insistencia a un auditorio plenamente cautivado por la esencia de su mensaje ministerial, quienes respondían con un rotundo “amén, así es” y confirmando con ello la aceptación y comprensión del mismo.

 

Cristo: fuente de dicha inmortal en el matrimonio

En una sucinta reflexión matrimonial, el distinguido Pastor de almas dejo claro que para el hombre y la mujer, la verdadera conquista del amor empieza precisamente con el matrimonio “¿Dónde se perdió el amor?” –examinaba posibilidades: en las prácticas del mundo (conjunto de seres humanos que no tiene conocimiento de Dios), en recurrir al padre, a la madre, a los seudoamigos que no tienen fe, sostenía, cuando “aquí tienes la fuente de dicha eternal” –afirmaba sin una sospecha de duda.

Parafraseando las palabras que el Señor Jesucristo dijo a Pedro, explicó a sus feligreses: “Antes te ceñías y hacías lo que querías, ahora otro te ciñe…ahora puedes decir: Yo soy Cristo, porque Cristo vino a morar en tu corazón” e instruyó para que con esa sabiduría que se adquiere con el continuo oír la palabra de Dios, se dirijan hogares libres de violencia de cualquier naturaleza. “¿Lo harás?, inquirió vehementemente, ¿seguirás mi consejo? Si lo haces ¡Que Dios te bendiga!” porque: “A la Iglesia del Señor no vienes a ser como eras antes, a la Iglesia del Señor vienes a cambiar”.

 

Moderando por Cristo mi carácter

Ante un escenario de encanto  espiritual que transportaba al pasado primigenio de Iglesia, el Apóstol Naasón testificó: “Yo conocí a un hombre llamado Saulo de Tarso, que mataba, amenazaba, a las mujeres las arrastraba de los cabellos y en la hora de su muerte, él daba su aprobación con la frialdad de un hombre que no tiene sentimientos, pero llegó un momento en que el Hijo de Dios le habla y le dice: Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?, ¿quién eres Señor? –Respondió Saulo–; yo soy Jesús a quien tú persigues. Y cuando aquel hombre oyó aquella voz, en ese momento doblegó su corazón: Señor ¿qué quieres que yo haga?…”, demostrando que ante la voz de Cristo Saulo puso su disposición para dejar de hacer su propia voluntad y hacer la voluntad de Dios.

Tras semejante elocución, circunscribió a aquellos que dicen no poder cambiar, so pretexto de tener un carácter fuerte, a reflexionar sobre los efectos de la palabra de Cristo y sus apóstoles contemporáneos, palabra que acarrea responsabilidad en todo aquel que la oye y no la pone por obra; sin embargo, para quien doblega su corazón y acepta el consejo de quien tiene la sabiduría de Dios “su hermano Naasón les dice: Iglesia del Señor vayamos firme y adelante, pero conforme el Señor nos lo ha pedido”.

 

Despedida

Antes de despedirse, el Apóstol de Jesucristo dijo sentirse muy feliz de estar en una ciudad llena de gratos recuerdos para él. Hizo mención de algunos amigos que hizo durante su estancia de juventud en Chicago, quienes ante la Obra de Dios, ahora ya no lo llaman amigo, sino que le reconocen como el Enviado de Dios y Apóstol de Jesucristo y él les dice: “Hijitos míos que alegría verlos…”.

Para finalizar pidió entonar el himno 501 titulado: Si fui motivo de dolor oh Cristo. Que alude al hecho de abuso que el “fuerte” hace del débil, haciéndolo tropezar muchas veces, porque el abusivo no ha aprendido a moderar su carácter y en la mayoría de las ocasiones no acepta ser aconsejado por un Ministro de Dios, argumentando pretextos como la inexperiencia, la ancianidad o la juventud del pastor ignorando que tanto uno como otro son establecidos en su Iglesia por el Principio de Autoridad que caracteriza a su pueblo. Principio emblemático de la Iglesia de Jesucristo.

Entre tanto que la multitud entonaba el himno alusivo, compungida de corazón y con la cabeza inclinada en su gran mayoría, el Ungido de Dios continuaba: “Porque no somos un pueblo soberbio… si nos reconocemos volveremos a estar en comunicación con él… si tus palabras son sinceras, yo le pediré a Dios que vuelva a tener comunión contigo…”.

Hombres y mujeres lloraban ante tal constricción. El Apóstol de Jesucristo dobla sus rodillas para orar a Dios y todo el pueblo reunido le secunda, culminando en una ferviente oración en la que como un solo hombre, Apóstol e Iglesia claman a Dios por una vida libre de violencia.

De esta manera como ya dejó establecido, pidió a la Iglesia acompañarlo a elevar una hermosa oración de adoración para agradecer a Dios esta hermosa herencia. Fue una oración sublime, hecha en un ambiente de absoluta solemnidad espiritual.

Se despidió anunciando su próxima presentación en la ciudad de Milwaukee Wisconsin, y al recorrer la pasarela con dirección a la puerta principal, en ella un representante del gobierno local le hizo entrega de una proclamación del 9 de octubre como el “Día de la Luz del Mundo en East Chicago en honor a Nasón Joaquín García”, a quien agradeció la deferencia que se tiene para la Iglesia del Señor en dicha ciudad y le explicó que el trabajo de la Iglesia, es hacer siempre buenos cristianos para Dios y buenos ciudadanos para la sociedad en la que viven.

Así se despidió de ese lugar, saludando a la multitud que se agolpaba a su paso, y causando el asombro de los extraños que atestiguaban desde la parte exterior del Navy Pier, la efervescencia de un pueblo que ha reconocido al que Dios ha enviado.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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