Saludo apostólico a la Iglesia Universal, desde Hermosa Provincia

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El domingo 6 de noviembre, al término de la Escuela Dominical en la colonia Hermosa Provincia de Guadalajara –presidida por el hermano P.E. David Venegas–, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, dirigió un mensaje a la Iglesia Universal desde el balcón de su casa.

El reloj marcaba las 12:11 del mediodía cuando el Apóstol de Jesucristo inició su mensaje dirigido a su amada Iglesia: «Dios te bendiga, hermosa Iglesia del Señor. ¡Qué alegría al ver vuestros rostros una vez más! ¡Rostros felices, alegres, agradecidos con Dios por la obra que Él ha hecho en vosotros!».

A casi dos años de la manifestación de su Llamamiento Apostólico —que tuvo lugar la madrugada del 14 de diciembre de 2014, en Guadalajara—, el Apóstol de Jesucristo se dirigió a los miles de hermanos que se encontraban en la explanada del templo y sus calles adyacentes, así como a las iglesias establecidas en los cinco continentes, a través de internet: «Mi espíritu salta de alegría… son casi dos años al frente de este ministerio que Dios estableció en esta Nueva Era. No quiero decir que son tres diferentes etapas en el propósito de Dios: es una sola etapa; a un Siervo le encargó un tiempo; a otro, otro tiempo; y a otro, otro tiempo. Estamos empezando una tercera era que Dios ha establecido en el mundo para inundarlo de su Evangelio santo».

Recordó que desde el 14 de diciembre de 2014, la Iglesia se adhirió a los proyectos apostólicos en esta nueva era: «La respuesta de que esto ha sido y es de Dios, soy vosotros, que os habéis unido a esta batalla de Dios en la predicación y la evangelización por todo el mundo. No puedo decir otra cosa más allá de lo que mis ojos han visto: una Iglesia muy animada, cohesionada entre si y unida a la Elección; una Iglesia que camina cual ejércitos en orden».

 

Se cumple alrededor del mundo la promesa divina: «Si hoy ves grande este Pueblo, yo lo voy a multiplicar aún mucho más»

En este tenor, el Apóstol Naasón Joaquín destacó que cada día que pasa no deja de sorprenderse de las manifestaciones de Dios: «Qué alegría para su hermano fue el domingo pasado observar a algunos hermanos llegar a lugares donde era impenetrable la doctrina del Señor, y que en la plaza donde nunca nos hubiéramos imaginado que la Palabra de Dios hubiera penetrado, las gentes se acercaban y decían: ¡Los estábamos esperando! ¿Por qué no habían venido a esta ciudad? ¡Veíamos tantas cosas hermosas que hacen ustedes! ¡No se vayan! ¿En dónde nos vamos a reunir? ¡No queremos que sea una llamarada, que nada más vengan y luego nos abandonen! ¡Queremos, como ustedes, servir al verdadero Dios!… Así es nuestro Dios: grandioso, poderoso, inexplicable… ¡Bendito y alabado sea su nombre desde ahora y para siempre!

«Mi padre nos enseñó que cuando Dios bendecía a su Pueblo, detrás de cada bendición venía una provocación de satanás: un trabajo del enemigo para desvirtuar y destruir la obra de Dios. Siempre que el Apóstol Samuel Joaquín disfrutaba un triunfo, se veía en su semblante una preocupación. Nosotros, como hijos, le decíamos: ‘Papá, ¿por qué estás preocupado? ¡Mira qué bonito triunfo!’. Él nos decía: ‘Es que satanás ya está preparando algo para entristecernos, para añadir tribulación a nuestro trabajo’, y no podía disfrutar de esa victoria porque enseguida estaba organizando cómo preparar a la Iglesia.

«Yo también estoy consciente y quiero participarte a ti, no de una preocupación, porque Dios me ha demostrado que la Iglesia está más que unida: yo no encuentro por dónde el enemigo pueda quebrantarnos, entristecernos o probarnos, porque hemos vivido diferentes circunstancias a través de este tiempo de la Elección de Dios en esta era contemporánea: desde el año de 1926 hasta el día actual.

«Yo recuerdo, según los testimonios de los hermanos antiguos, que en el tiempo del Apóstol Aarón Joaquín experimentaron situaciones duras y difíciles; inclusive hasta el momento en que el hermano Aarón pisó la cárcel. ¡Qué dolor para la Iglesia! ¡Qué angustia para aquel grupo de hermanos! No tenían la capacidad humana —por el estudio— ni económica, para poder pagar un abogado que auxiliara al hombre de Dios y pudiera librarlo de aquella situación».

 

Satanás, como león rugiente, acecha con paciencia a los hijos de Dios

En este tenor, el Apóstol agregó: «El mundo creyó que con eso, la Iglesia, que estaba tomando fuerza, se iba a desvanecer: pero no fue así. La Iglesia se fortaleció aún más. A pesar de que el hermano Aarón, los apóstoles primitivos y aún el mismo Señor Jesucristo padecieron diversas tribulaciones, la Iglesia se fortaleció en esta hermosa fe, sabiendo en lo que había creído y en quién había creído (2 Timoteo 1:12).

«Si fue con el Apóstol Samuel Joaquín, fuimos también testigos de una campaña publicitaria muy negativa que se dio por todo el mundo… ¡Y sabemos quién la orquestó! Quiénes ahora, por los mismos actos vergonzosos que sin fundamento acusaban al Varón de Dios, han sido descubiertos y exhibidos por el mundo entero. Y como el hermano Aarón y el hermano Samuel siempre decían: ¡Mañana Dios dirá quién es el santo!; y hoy somos testigos del cumplimiento de esas palabras. Hoy podemos decir con toda alegría, satisfacción y seguridad –y también con orgullo–: ‘Aarón Joaquín González y Samuel Joaquín Flores, Siervos del Dios Vivo y auténticos Apóstoles de Jesucristo por la Gracia de nuestro Dios y en beneficio de toda la humanidad’.

«Hoy, que el Señor nos ha fortalecido y en este Ministerio que Él ha establecido en esta Nueva Era, en su hermano entra un pendiente: ‘¿Cómo el enemigo nos va a probar?’. Si viene la tentación, la Iglesia está fuerte; y si viene el escándalo, la Iglesia está firme; con anterioridad se ha enfrentado a diferentes tribulaciones, angustias y escándalos… Yo no sé por dónde, pero satanás sí lo sabe, y ahora que Dios se está gloriando de su Iglesia, porque ve al niño salir a la obra, al joven y a la señorita predicar, a los hermanos dar testimonio de su fe… ve que ahora, más que nunca, los hermanos se sienten orgullosos de ser hijos de Dios, y que no solamente lo dicen con sus labios: también en sus vidas se ha visto reflejado. Pero eso no impide que satanás no quiera destruir nuestra fe, porque él acecha constantemente como un león rugiente» (v. 1 Pedro 5:8).

El Siervo de Dios recordó que el Señor Jesucristo, quien hoy está sentado a la diestra del Dios y Padre, predicaba la Palabra del amor. A pesar de su doctrina trasformadora de conciencias, para unos era un hombre malvado y pecador: un ‘Hombre comilón y bebedor de vino’ (v. Lucas 7:34); un ‘amigo de publicanos y de pecadores’ (Mateo 11:19); alguien que por Beelzebú, ‘echaba fuera los demonios’ (Lucas 11:15); un hijo de fornicación… En contraparte, para otros él era el Salvador y no creían en los falsos testimonios ideados por los fariseos, escribas y saduceos, quienes atacaron al Hijo de Dios porque sus obras eran admirables y despertaban los celos y la envidia de los religiosos de la época (v. Juan 10:38).

 

El avisado ve el mal y se aparta

A casi dos años de la manifestación de la Elección Apostólica, el Siervo de Dios expresó: «Podemos decir con humildad, gratitud y orgullo –no con soberbia, necedad o vanagloria, porque siempre hemos reconocido que es Dios el que ha hecho todas estas obras–: ‘¿Quién de su amor nos apartará? ¿Tristeza, angustia, escándalo, tribulación, hambre o desnudez?’. Antes, ‘en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó’ (v. Romanos 8:35). ¿Habrá personas que hablen mal o levanten falso testimonio en contra de su hermano y de la Iglesia? ¡Claro que las hay!, como hicieron con los apóstoles y el Señor Jesucristo».

En este sentido, invitó a escudriñar el espíritu de aquellas personas que se acercan a los hijos de Dios con el propósito de sembrar discordia y confusión en los corazones a través de las malas conversaciones –palabras envenenadas que destilan amargura, apostasía, inconformidad, incredulidad, maldad…–, para apartarnos de del camino del Señor, a cambio de nada. Lejos de prestar oído a los detractores, el hermano debe analizar lo siguiente:

  1. Qué palabras te van a decir.
  2. Quién te las va a decir.
  3. Cuál es la vida que ellos llevan.
  4. Qué clase de personas son los que van a querer introducir pensamientos malos.
  5. ¿A dónde te van a invitar a ‘seguir’ o a adorar a Dios?

Enseguida, el Apóstol de Jesucristo abundó: «Al tener las respuestas, te darás cuenta enseguida de que estas personas no quieren darte un testimonio verdadero, por el contrario, querrán apartarte del verdadero camino del Señor. Yo te invito, ante aquellas personas que se han mezclado entre nosotros y han querido desvirtuar la obra de Dios, a que tú te apartes de ellas, a que no prestes tu oído, a que no digas: ‘Yo tengo una fe fuerte y a mi nada ni nadie me mueve’ (1 Corintios 10:12), ya que el avisado ve el mal y se aparta (Proverbios 22:3); en cambio, el tonto sí ‘escucha’ y presta su oído a las malas conversaciones: no le importan las obras, los hechos o los trabajos de una parte de otra. Se deja llevar nada más por los ‘dichos’. En cambio, el hombre de Dios verdadero, como nos enseñó el Apóstol Juan, dice: ‘Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos’» (1 Juan 1:3).

 

El árbol por sus frutos es conocido

En otro momento, el Apóstol del Señor fue categórico: «Ante los infundios y la necedad, el hombre verdadero responde: ‘Porque yo sé a quién he creído’ (2 Timoteo 1:12), y sé en qué he creído… Le dijeron los fariseos al ciego de nacimiento: no digas que Jesús te dio la vista porque nosotros sabemos que ese hombre es malo y pecador y por Beelzebú echa fuera demonios. Entonces él respondió y dijo: ‘Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo’ (Juan 9:25).

«¿Quién me quiere quitar esta bendición? ¿Quién me quiere quitar esta gracia, este amor y cobijo espiritual? ¿A dónde me vas a llevar para servir y a adorar a Dios en espíritu y en verdad? Dirá el hombre: ‘Nada más deja la Iglesia y vive tu vida’.

«No, no somos tan tontos para desarraigarnos de esta hermosa Iglesia que con sus frutos y sus obras han dado testimonio. Por eso ahora yo te digo: ¿Cuál será nuestra respuesta a ellos? ¿La ofensa o el golpe? No. Vamos a ignorarlos y a seguir con nuestra vida… Te invito a ser honesto, a que sigas apartándote de los vicios, a que tu hablar no sea con palabras deshonestas y que por medio de tus obras des testimonio de que eres hijo e hija de Dios, para que ‘en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras’ (1 Pedro 2:12), porque no puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos (Mateo 7:18). El árbol por su fruto es conocido.

«Iglesia del Señor: vosotros fuisteis frutos de Aarón Joaquín, de Samuel Joaquín y ahora sois frutos de Naasón Joaquín. Yo te invito –e incito– a que sea tu vida santa al Señor, que sigas predicando y evangelizando y que mientras el enemigo más se enoje y quiera destruir tu ánimo, tú te apartes de él: que no te comportes como un tonto en querer saber de una persona impía, necia, que no va a la Iglesia, que no lleva una vida decente delante de Dios… Que mejor veas en tus hermanos su hermoso ejemplo de trabajo, unidad y fe, y que tú sigas siempre adelante.

«¿Quieres que nos comprometamos con el Señor?… Antes de dar cabida a las malas conversaciones o a los falsos testimonios, nosotros cuestionaremos a los necios:

  1. ¿Cuál es tu vida?
  2. ¡Permíteme analizar tú qué has hecho!
  3. ¿Cuál es tu forma de vestir?
  4. ¿Cuál es tu forma de hablar?
  5. ¿Cuál es tu forma de conducirte?
  6. ¿Eres hombre o mujer de oración?

El Apóstol de Jesucristo invitó a la Iglesia a fortalecerse en:

  1. La honestidad.
  2. El trabajo espiritual.
  3. El buen obrar.
  4. El alejamiento de los vicios, del libertinaje y del lenguaje deshonesto.

El que piensa estar firme, mire que no caiga

Antes de finalizar su mensaje, el Apóstol de Jesucristo se refirió de nuevo a los hombres que se apartaron de la fe: «Debemos dejarlos que ellos vivan en la soledad de su amargura y que vean una Iglesia que se sigue fortaleciéndose unida a mi Elección y oración».

Y añadió: «Mi oración también es por ellos, para que Dios en algún momento doblegue su corazón. A ellos ahora me dirijo: ‘¿No estáis viendo esta hermosa Iglesia de Dios? ¿No estáis viendo este hermoso trabajo? ¿Por qué permitiste que Satanás entrara a tu corazón y lo destruyera? Es momento que dobles tus rodillas; ahí en tu casa, en tu trabajo o donde te encuentres, y le digas al Señor con toda la sinceridad de tu corazón: ‘Señor: tú demuéstrame y dime si es verdad o mentira lo que satanás ha puesto en mi corazón’, y si eres de Dios, Él te volverá abrazar y a cobijar, y tu hermano Naasón, en este lugar, te dirá la bienvenida: ‘Hijo: haré fiesta porque aquel hijo que estaba muerto ha resucitado’.

«Confío en el amor de Dios y en que cada uno de ustedes los pongan en las manos de Él, y que sea quien obre en sus corazones. ¿Quieres que hagamos este compromiso a través de una alabanza? Dice el canto n. 197: ‘En un monte que Dios siendo el Creador, lugar propenso a maldición clavado fue un Varón…’. ¿Por qué fue clavado? ¿Por qué los fariseos lo culparon de ser un hombre pecador y apóstata? Porque el señor Jesucristo se atrevió a desafiar las reglas que el hombre había establecido e impuesto para calificar a los enviados de Dios… El hombre pone reglas, límites y condiciones al Creador, aduciendo que el Elegido tiene que ser de a de una determinada forma o de otra… Pero Dios lo elige y lo manifiesta según su voluntad y su querer, y Él hace en nosotros su obra.

«Pero ahora le diremos con todo nuestro amor: ni hambre, ni tribulación, ni angustia me han de apartar de ti, Oh Señor. Seré fiel hasta la muerte. Seré fiel hasta el último aliento de mi vida. Que nuestra respuesta ante lo que el enemigo tenga para nosotros sea:

  1. Mayor asistencia a la Iglesia.
  2. Mayor trabajo en la evangelización.
  3. Mayor honestidad.
  4. Que nuestro hablar sea el de un auténtico cristiano.

«De esta forma callaremos la boca a satanás y, entonces, cuando vuelva a pasar delante de Dios, que Él le pueda decir con orgullo: ‘No has considerado a mis hijos. Mira, los has probado, tentado y enviado tribulación y ellos siguen trabajando y llevando una vida honesta.

«Esto será suficiente para decirle a aquellos corazones malos que no han querido recibir la Elección de Dios, que Cristo sigue con nosotros. ¿De cuáles seremos? ¿De los que nos vamos a apartar? ¿Por la amargura, porque me ‘dijeron’, porque escuché, me envenené y no sané, porque vino la tribulación, porque tengo hambre y no pusieron comida en mí mesa? ¿Por eso nos vamos a amargar? Ante todo esto, seremos más que vencedores».

 

Despedida

En la parte final de su presentación, el Apóstol de Jesucristo así concluyó: «Iglesia del Señor: me despido sabiendo que sabréis responder a esta petición de tu hermano y saldréis más que vencedores. Y que cuando nos crean más débiles, ahí el poder de Dios se habrá de manifestar y se mantendrá en toda su Iglesia, mostrándola perfecta, radiante y hermosa que seguirá marchando como ejércitos en orden.

«Con alegría regreso a este lugar, feliz y contento de todas las maravillas que Dios ha obrado con vosotros. Su hermano partirá a aquellos lugares donde tendremos reuniones con los jóvenes y los ministros. Como bien dijo el hermano David: se siguen enviando hermanos a la Obra, porque esta Iglesia de Dios no tiene quien la pare. ¡Si Cristo es con nosotros, quién contra nosotros! ¡Si Dios es con nosotros, nada ni nadie podrá prevalecer contra ella! ¡Todo lo podemos en Cristo Jesús que nos fortalece! ¡Dios los bendiga en su santo y bendito amor! ¡Un ósculo de amor y que Dios los acompañe!».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.