La evangelización: trabajo conjunto del Apóstol de Jesucristo y la Iglesia

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El lunes 7 de noviembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, acudió a la Casa de Oración de la colonia Bethel —en Guadalajara— para elevar su plegaria al Creador en favor del Pueblo de Dios esparcido por el mundo.

El reloj marcaba las 4:24 de la mañana cuando, acompañado de algunos de sus colaboradores y de un numeroso grupo de hermanos de la colonia Bethel —quienes lo recibieron con singular gozo y con júbilo espiritual en sus corazones—, ingresó a su oratorio, ubicado a pocos metros de la puerta del templo.

Con antelación, el Coro de Bethel, quien hace una semana ofreció un recital de evangelización en una localidad de Los Altos de Jalisco, esperaba a su padre en la fe para unirse a la oración apostólica. Ataviado con un impecable uniforme blanco combinado con tonos aguamarina, el orfeón local entonó dos hermosas alabanzas: «Por la oración del justo» y «A solas al huerto yo voy». Entretanto, los ministros y la iglesia en su conjunto, en comunión, se unían a la sublime plegaria del Apóstol, que perfumó con su fragancia espiritual —la de la Elección— no solo el espacioso templo: la colonia de hijos de Dios respiró la paz y bendición apostólicas.

Al término de su oración, que es en favor de su familia, el Cuerpo Ministerial, la Iglesia en su conjunto y las almas que están ordenadas para vida eterna —así como la oración de adoración al Creador—, el Apóstol del Señor se detuvo por unos instantes y agradeció a los integrantes del Orfeón local su presencia: «Dios les pague por acompañarme, hermanos. Dios les bendiga».

A pocos metros, en el interior del iluminada Casa de Oración, se encontraban dos grupos de estudiantes de los idiomas italiano y japonés, respectivamente, quienes portaban en sus manos pequeñas banderas de los países representados además de sendas impresiones alusivas a su misión espiritual. Las lágrimas que rodaban por sus mejillas y las expresiones de algarabía espiritual por la visita del Apóstol Naasón Joaquín, eran por demás inocultables en los rostros de cada miembro del batallón espiritual, que en breve saldrán a los países de conquista. A ellos se dirigió el insigne maestro y les dijo: «Dios los bendiga, jóvenes». En los atrios se encontraban también algunos de los matrimonios que de esta colonia saldrán a la Obra en días próximos.

En el camino a su casa, cientos de hermanos expresaron su amor, reconocimiento, y satisfacción de tener en casa a su padre en la fe. Levantando sus manos y con rostro jubilosos, expresaban: «Dios lo bendiga», «Dios lo guarde», «Bendito el que viene en el nombre del Señor»… Cada uno de ellos fue correspondido con parabienes espirituales y la bendición apostólica.

Enseguida, en la puerta de su casa, platicó por unos minutos con los ministros que lo acompañaron esta mañana, entre ellos el pastor de la iglesia de la colonia Bethel, hermano P.E. Felipe Medina. El Siervo de Dios mencionó que «la Iglesia ya es parte del ministerio de evangelización: lo disfruta, lo goza, lo vive… Y es que no solamente es el trabajo de la Iglesia: es el trabajo de Iglesia y del Apóstol. Ambos trabajan en conjunto, a la par, en los campos de batalla. El trabajo de las iglesias, en sus respectivos lugares, ha enmudecido el enemigo. Con ello estoy contemplando a una Iglesia más ferviente, más útil y más constante a la oración y que continua trabajando».

 

Nuestra razón no alcanza a comprender el abundante crecimiento que Dios dará a su Pueblo

En otro momento, el hermano Felipe Medina le comentó al Siervo de Dios que el número de matrimonios que asistirán a Amozoc —aspirantes a la obra— sobrepasó con creces lo estimado. En relación con los jóvenes y señoritas obreros que también acudirán a esta reunión misionera, y que de dicho municipio poblano serán enviados a la Obra a diferentes ciudades de la República Mexicana, se tienen registrados hasta este día más de dos mil misioneros. Sin duda, Dios es el que pone el querer como el hacer y hace su obra en los corazones para que se lleve a cabo la promesa que le hizo al Apóstol Naasón Joaquín la mañana del 8 de diciembre de 2014: «Si hoy ves grande este Pueblo, yo lo voy a multiplicar aún mucho más».

Enseguida, el Apóstol del Señor expresó: «Dios es grande e inexplicable. Nunca encontraremos una razón humana para entender todas las maravillas y las obras que Él hace y cómo las hace. ¡Qué fácil es para el Señor hacer lo que Él quiere! Las cosas que son tan sencillas para Él, a veces nosotros las contemplamos como imposibles. Cuando el Pueblo de Israel estaba dando vueltas en Jericó, cuándo se iba a imaginar que aquellas murallas se derribarían luego de dar siete vueltas. Pareciera aquel suceso un acto al margen de la lógica humana. Tal vez los generales y soldados que llevaba Josué estarían pensando en el resultado de esta estrategia. Pero en la séptima vuelta, que fue el último recorrido, quedaron los adversarios acorralados y los muros fueron derribados (v. Josue 6:1-7).

«Sin duda, a semejanza de la caída de los muros de Jericó, hoy los jóvenes obreros salen a la batalla espiritual de la evangelización y confían plenamente en que la bendición de Dios, a través de la Elección santa, les dará un sinnúmero de triunfos en las estrategias emprendidas. Es cierto, son muchachos inexpertos la mayoría de ellos, que en sus lugares quizá no destacaban, pero al escuchar la invitación del Siervo de Dios, ellos irán a los campos de batalla confiados en todo momento en que Dios les acompañará y les dará la victoria».

Enseguida, recordó algunos sucesos que vivió al inicio su Ministerio Apostólico: «Al principio, yo les dije a quienes no creyeron en mi Elección: `Yo soy un Siervo de Dios. Pruébenlo, entonces, porque si no soy de Dios la Obra espiritual seguirá siendo igual de difícil como antes o se va a estancar’. Dí el argumento de la abundancia que ahora experimentamos, y no digo que con mi padre no hubo abundancia, ¡claro que la hubo!, pero ahora nuestra razón no va a comprender el copioso crecimiento que Dios dará. Lo dije en Talca, Chile: ’Echad vuestras redes para pescar`(Lucas 5:4); ahí, donde antes no hubo nada, ahí habrá en abundancia, por la promesa que Dios me hizo».

Comentó que entre las metas de su misión apostólica, aparte del envío de los matrimonios y de los jóvenes estudiantes de idiomas a la obra y que en cada país al que sean enviados se evangelice y se presidan los cultos en el idioma nativo, se encuentra el asentamiento de la iglesia del Señor en todos los 2,440 municipios de la República Mexicana.

Después de haberse recreado en el jardín de la oración, acompañado por sus amados hijos de la colonia Bethel, de la que conserva recuerdos inolvidables —su presentación a los 14 años (1983), la recepción del Espíritu Santo (1984), su ungimiento como Pastor Evangelista (2000), las caminatas de los jóvenes de su generación…—, el Apóstol de Jesucristo se despidió de sus colaboradores y de la iglesia que se encontraba en los espaciosos atrios del templo y en las calles Betsayda y Hebrón: «Dios les pague por acompañarme, hermanos. Dios los bendiga». En la colonia de hijos de Dios se respira un aroma espiritual fragante. Un olor de vida para vida… el de la Elección Apostólica.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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