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Visita el Apóstol de Jesucristo a los hermanos de Uruapan, colonia Viveros

By octubre 9, 2017 octubre 15th, 2017 No Comments

(Coordinación de Crónica Apostólica) — La última iglesia visitada por el Apóstol de Jesucristo, fue la ubicada en la colonia Viveros de la hermosa ciudad de Uruapan, Michoacán, quienes disfrutaron una singular bendición de Dios, no solo por recibir entre ellos al Embajador de Dios, sino porque esa tarde tomó sus alimentos en ese lugar, les aprobó un proyecto para la construcción de una moderna y hermosa Casa de Oración y durante más de una hora que estuvo en ese lugar atendió de manera personal las necesidades que algunos hermanos le expusieron.

El P.E. Valente Osorno fue el responsable de recibirlo en este bello lugar. A las catorce horas del 9 de octubre de 2017, el Director Internacional de la Iglesia La Luz del Mundo hizo su arribo a este lugar. Una iglesia literalmente pletórica aguardaba en el interior de la Casa de Dios y muchos más que apostados en la parte exterior y en una plazoleta ubicada frente al templo, hicieron lo propio; entre ellos el coro de niños dirigido por el hermano Efraín Méndez.

Como en todas las iglesias recorridas, el Apóstol de Dios no dudó en pasar al interior del templo para hacer la encomienda que a su vez Dios le hizo a él junto con la promesa de prosperidad, aquel memorable 8 de diciembre del año 2014. Al ingresar en el templo, el eco del estruendo en el exterior retumbó más sonoro en el bello recinto. Con paso lento recorrió el pasillo central saludando a los hermanos y cuando ocupó el lugar preparado para él, hizo uso de la palabra platicando a los hermanos un singular testimonio:

“Voy a dar testimonio de lo que el día sábado, Dios puso en mi corazón; porque yo tenía un pensamiento, yo tenía una palabra para vosotros, hermanos de Michoacán; pero el sábado al salir su hermano a caminar por el centro, contemplé una situación que me entristeció en grande manera. Lo digo con todo respeto, porque todas las personas que tienen una fe ajena a la nuestra no son personas malas, sino que buscan en su forma y conocimiento servir a Dios, y eso fue, lo que a su hermano le causó esa tristeza”.

Narró de manera detallada, como al pasar frente a la catedral de Morelia, vio una peregrinación de personas, donde un hombre iniciaba un rezo y la gente repetía aquel rezo, -con visible tristeza dijo: “a mí me dolió en mi corazón, porque yo oí un rezo que no tenía sentimientos, que no tenía espíritu…” Quiso dejar en claro que no estaba juzgando el acto, ni a las personas, que lo hacían, lo cual es loable desde el punto de vista religioso, pero su pesar consistía en observar cómo la gente busca a Dios porque es gente que tiene necesidad en su alma, pero al no conocerlo, lo hacen de la forma equivocada.

Continuó diciendo que cuando empezaban a cantar una alabanza, empezaba la peregrinación a caminar y su andar era lento. Al observar la procesión manifestó a quienes le acompañaban la compasión por esas almas: “Miren, ¡Qué dolor me da! Es gente buena, noble, que busca servir a Dios, adorarle, pero no lo han encontrado, vean cómo son sus ruegos, sus rezos, sus cantos, sus oraciones, su peregrinación; -observaba al grupo que le acompañaba- luego -les insistió: volteen a ver a la Iglesia del Señor, es hermosa porque tienen a un hombre verdadero de Dios”.

Con un hermoso sentimiento de dicha por ser hijos de Dios, alentó a los hermanos que en ese momento fueron testigos de sus palabras: “Nosotros no murmuramos el amén ni, el gloria a Dios, nosotros cantamos a Dios con toda la libertad de nuestra alma, las caminatas que hacen los jóvenes y los niños, son caminatas llegas de gallardía y bendición…”

Con singular reflexión, el Ángel del evangelio eterno, logró sembrar en la Iglesia del Señor la semilla de la responsabilidad en la evangelización al manifestar su temor por esas almas: “Yo empecé a sentir un temor por esas almas y pensaba, ¿se van a quedar así? No, -clamó con sonora voz- yo aquí tengo hijos que se han de unir a mí para llevar esta verdad”.

Así continuó persuadiendo a los hermanos que salgan a predicar a las almas necesitadas, la única verdad de Cristo y que a cambio de aquellos corazones que rechacen este mensaje, habrá muchos que al igual que Cornelio (el Centurión), les dirán al llegar a sus casas: “Los estábamos esperando” porque “también son hijos de Dios, quienes están predestinados para esta salvación”.

Con el firme deseo de hacer eco, en la comprensión de los redimidos, tomó las palabras del rey David cuando llegó al campo donde se encontraba aquel pozo donde tantas veces bebió agua en su infancia y juventud y que ahora se encontraba sitiado por el ejército de los Filisteos: “Al igual que David yo me paro en este lugar y expreso: ¿Quién me diera de beber de esas almas que están sedientas de Dios, hambrientas de Dios, que buscan adorar a Dios pero que no lo hacen de la forma correcta porque no le conocen?”

Los oyentes no pudieron soportar el clamor de este samaritano contemporáneo que les pedía agua para calmar su sed de almas. Ante tan incontenible provocación preguntó a la iglesia si lo acompañaba a orar. Un rotundo amén los volcó en diáfano diálogo con Dios, en una larga, larga oración que se oyó como el estruendo de las muchas aguas.

Como una valiosísima observación final, enseñó a los hermanos que sean respetuosos de todas las personas y que cuando presencien ese tipo de eventos religiosos, no se burlen de ellos, ni les digan que no están en lo correcto, sino que más bien entendieran que esa gente, es gente buena que quiere buscar a Dios y que lejos de ofenderlos, les den testimonio y les enseñen que a Dios se le adora en espíritu y verdad; no a través de una imagen inanimada. Así mismo les pidió que toda predicación oral, tendrá que ir respaldada por una vida honesta y decente para que Dios multiplique y prospere todo trabajo de evangelización que realicen.

“Sé que me habéis aceptado, en su alabanza me habéis dicho que soy bienvenido en su corazón. Yo le he dicho a Dios: Todo hijo, toda hija tuya de este lugar que cumpliere mi palabra y de testimonio, Tú pondrás presto Tú oído a su necesidad, a su angustia, a su enfermedad… y les harás sentir que Tú, el único Dios Vivo, estás aquí para cuidarles y para protegerles”. Fue así como se despidió de los hermanos en ese momento para pasar a la Casa Pastoral donde continuarían derramándose las bendiciones que el Apóstol Naasón trajo a esta iglesia.

En el comedor de la Casa pastoral, el hermano Valente, invitó al hermano Juan Gutiérrez quien es uno de los hermanos más antiguos en el Estado, para que en tanto que el Varón de Dios tomaba sus alimentos, el hermano Juan recordara la historia de la Iglesia del Señor en Michoacán. Muchos testimonios muy hermosos relató el respetable hermano.

En la sobremesa el Apóstol habló sobre la expansión de la Iglesia, los eventos que se aproximan y recordó algunas cosas que ha vivido durante esta etapa de su gira. Al término de sus alimentos, pasaron dos hermanos -al parecer Arquitectos, que le presentaron tres proyectos de Templo para la colonia Viveros, los cuales el Siervo de Dios revisó uno a uno, haciendo preguntas sobre medidas, capacidad y funcionalidad. Después de ser respondidas sus inquietudes y observaciones, él personalmente les mostró el proyecto que le gustó para que se lleve a cabo en ese lugar “Esto es una verdadera alegría para mí, porque ya he dicho que, el ministro que tiene su templo lleno y no construye uno nuevo, está deteniendo la Obra del Señor”.

Los hermanos se alegraron con su sedición constructiva y sonrieron con la visible alegría de que fuera el Siervo de Dios quien personalmente escogiera el proyecto, a lo cual dijeron que se hará como él lo indicó. Enseguida el Pastor Valente Osorno, le informó las adquisiciones inmobiliarias que han hecho en esa colonia para desarrollar el proyecto bajo el esquema que él ha definido para toda la Iglesia, lo cual lleno de alegría el corazón del Hombre de Dios.

Posteriormente pasó a una habitación que los hermanos prepararon en este lugar y al salir un grupo de hermanos le aguardaba para obsequiarle algunos presentes y a su vez hacerle alguna petición; entre ellos el hermano Gerson Jaimes Martínez, quien habló personalmente con el Varón de Dios y le expuso una necesidad personal. Así como él, otros hermanos y hermanas que también con lágrimas en sus ojos pasaron a saludarlo y a agradecerle por el enorme privilegio de haber venido a visitarlos hasta este lugar.

Antes de retirarse, salió al balcón de la Casa pastoral para saludar a todos los hermanos que, en la parte de abajo, sobre la calle y la plazoleta, esperaban su salida para despedirlo. Después de saludarlos desde el balcón, bajó las escaleras y agradeció a todos los hermanos que atendieron su mesa, (cocineros y meseros) y se despidió de una multitud de corazones fervorosos y llenos de la bendición de Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.