El Apóstol de Jesucristo inaugura la Casa de Oración de Actopan, Hidalgo

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El templo de la Iglesia La Luz del Mundo en Actopan, Hidalgo, se llenó de gloria con la visita del Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, quien, por inspiración de Dios y sin protocolo, consagró esta Casa de Oración, que el pequeño grupo de hermanos actopanquences en unos cuantos meses edificaron con ánimo voluntario y como un agradable fruto de la unidad en la fe y amor a Dios y a su Apóstol, felices de saber que ese medio día el padre de la fe llegaría a visitarlos.

Al pequeño santuario, asentado a la orilla de la carretera, en el municipio de Actopan, Valle del Mexquital, estado de Hidalgo, llegó el Apóstol de Jesucristo acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora, de la diaconisa Eva García. La iglesia, junto con su Encargado, el hermano Daniel García Tafoya, lo recibieron con inmensa alegría entonando un cántico de Elección. El Apóstol del Señor, con el calor de la tarde, pero feliz de ver la obra de fe que ese grupo de hermanos sencillos levantó para atraer más almas al camino del Señor, los invitó a orar a Dios.

Al ingresar al pequeño recinto y ocupar su ministerio, los saludó diciéndoles que al tener noticias de su fe, decidió ir a visitarles: “Me alegra la fe de vosotros y saber que en este pequeño templo está la Palabra de Dios; que en este lugar están tratando de agradar a Dios…Vengo con ustedes y me encuentro con esta Casa de Oración, hermoso templo cuya torre se observa desde la orilla de la carretera, el cual aún no se ha inaugurado, entonces yo quiero bendecir este lugar y consagrarlo a la gloria de Dios, revestirlo de su gracia para que ¡en estas bancas consagradas se sienten a escuchar la Palabra de Dios¡, ¡que este lugar sea santificado y los que vengan a exponer la Palabra de Dios sean también santos!, ¡los muros, las columnas, las ventanas de esta casita sean benditas!, así el que pase y diga, ¿quién es esta?, conozca que es una Casa de Oración donde los hijos de Dios vienen a recrearse con su Padre y así todos bendigan al Señor”.

Enseguida los invitó a orar y dar las gracias a Dios por haberles permitido esta obra de amor y fe, al levantar ese bello templo: “Vayamos a la oración y de rodillas demos gloria al nombre del Señor”. Enseguida, expresó: “¡Señor, bendice a esta Iglesia y que desde este momento les des ánimo a tus hijos!, vendrán con sus necesidades, traerán sus peticiones y que cuando doblen sus rodillas tú les contestes”.

Después de la oración a Dios, el Ungido del Señor les dijo: “Tengan la confianza que cuando vengan a este lugar y doblen sus rodillas, Dios les va a contestar y cuando estén en oración sentirán la respuesta”. Enseguida, el Apóstol oró al Padre y en pleno uso de su autoridad invocó: “¡Dios extienda sus brazos y que siempre sientan la protección de Él y que cada vez que acudan a este lugar lo hagan con toda confianza”. Agregó que de ese estrado emana la sabiduría de Dios, para que tengan la certeza que al doblar sus rodillas en este santuario, Él escuchará sus plegarias, a quien también el Apóstol de Jesucristo pidió: “¡Que los santos que expliquen en este lugar, lo hagan conforme al Evangelio y la sabiduría de Dios”.

“¡Qué alegría me han dado! —dijo el Apóstol del Señor— ¡Qué satisfacción y orgullo siento al contemplar esta Casa de Oración!”. Apenas se escuchaba su voz, por el júbilo intenso con que los hermanos recibían las bendiciones y glorificaba por las inesperadas dádivas que la presencia apostólica les estaba dejando: bendecirles y consagrar el santuario que con tanto amor y solidaridad levantaron e iluminan por las noches, con las luces intermitentes y multicolores, a semejanza del templo sede de la Iglesia del Señor.

A su vez, el Apóstol Naasón Joaquín les prometió que en su oración él los tendría presentes y que en su peticiones también estaría esta Iglesia: “Entonces le diré al Señor: ¡Bendice a esta Iglesia, perdónales, bendícelos, prospéralos y págales su trabajo de amor! Iglesia de Actopan: ¡Dios te bendiga¡, me voy feliz sabiendo que tú también lo estás, yo también llevaré en mis oraciones este hermoso lugar. ¡Dios te multiplique!, ¡Dios te bendiga en Cristo Jesús!”.

Descendió de su ministerio entre fervientes manifestaciones de la iglesia y antes de salir, cual padre amoroso, los exhortó a seguirse esforzando para llenar su casa de almas creyentes, por lo que espera Dios llene pronto de almas este templo: “¡Me voy feliz porque ya lo están haciendo, han preparado un lugar para las almas que han de venir¡ Yo les prometo que no dejaré de orar por esta casita. Dios los bendiga¡”.

Mientras salía del recién inaugurado templo, cuya construcción departía bendiciones, que la Iglesia abrazaba con gran ternura y gozo espiritual, fue evidente el júbilo que les produjo la amorosa presencia del Apóstol amado, al dejar el templo impuso las manos en una niña con capacidades diferentes, quien expresó alegría por la bendición, el resto de los congregados le siguió para despedirlo.

En el atrio y rodeado de la Iglesia, admiró la belleza de los jardines, el escudo apostólico del frontispicio labrado por un hermano del lugar, cuya familia donó el que se colocará en la presentación apostólica del domingo 11 de junio. En cuanto a la extensión de la propiedad, dijo al Encargado que gracias a ello se podrá ampliar el templo y aprovechó para regalarle unas palabras que la Iglesia escuchó. Le dijo que sabía que era nuevo en la obra y aún sin grados servía con fidelidad, que era un servidor esforzado: “Has sido fiel en lo poco, en lo mucho te pondrá el Señor”.

Cuando el padre de la fe se retiró, los hermanos grabaron en video y enviaron un saludo agradeciéndole la distinción que les había tenido, al visitarles y dejarles promesa de bendición y prosperidad. El grupo era pequeño, las primeras almas que se convirtieron: Jovita Reyes Mejía, Florentina Mejía y Benito Matías, quienes escucharon la doctrina y la impartieron a sus familiares en medio de la intolerancia y fanatismo; pero no se desanimaron, incluso donaron a la Iglesia el predio en el que se erige la Casa de Oración, cuya construcción iniciaron impulsados por el hermano Fernando Perianés, con el apoyo económico de las familias Reyes y Mejía, a como el invaluable esfuerzo y trabajo de todos. Colaboración que dijeron, Dios se las ha pagado con creces, al tener la grandiosa bendición que un Apóstol de Jesucristo les dejó al pisar su templo y consagrarlo a Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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