Inmensa alegría por la visita del Apóstol de Jesucristo a la pequeña Iglesia de Singuilucan, Hidalgo

(Coordinación de Crónica Apostólica).— En una visita sorpresiva, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó a sus hijos del Ejido El Susto, en el municipio de Singuiluca, Hidalgo, el pasado 7 de junio, cerca de las 4 de la tarde. Este poblado rebosó de gozo espiritual con tan insigne visita, la cual dejó su bendición y la promesa de enviar a un obrero que esté al frente de ellos.

Después de visitar a los hermanos de la iglesia de Actopan, donde consagró el templo, el Apóstol se encaminó hacia Tulancingo, a unos 84 kilómetros de distancia, cuando en el transcurso del recorrido se encontró con los hermanos pertenecientes a una obra de la Iglesia del Pedregal San José, que se encuentra en Singuilucan, Ejido El Susto, quienes estuvieron a la orilla de la carretera para verle pasar. Colocaron carteles y lonas con el anhelo ferviente de captar una mirada del Ungido del Señor. “Con tan sólo que pose su vista aquí —se dijeron entre ellos—, con eso tenemos para que Dios nos bendiga”.

Grande fue su sorpresa cuando el Siervo de Dios pasó y dio vuelta en el retorno para ir hacia ellos. Los hermanos, que no llegan a ser más de cincuenta miembros, sintieron la gracia del Señor, porque no les dio sólo una mirada, sino que fue a bendecirles. El hermano Alfonso Vargas Vera, uno de los primeros creyentes de ese lugar, le expresó unas palabras de bienvenida. Enseguida, el Apóstol del Señor los invitó a entrar al templo donde les dirigió un bello mensaje.

Les comentó que al transitar por esa carretera, existe una curva peligrosa aproximadamente a un kilómetro de donde están los hermanos y desde donde se observa el templo de color blanco con azul. Por la curiosidad, los automovilistas bajan la velocidad, lo que ha servido para salvarles la vida, a lo que el Apóstol de Jesucristo les dijo: “Así van a salvar muchas almas con el mensaje de la vida Eterna”. Los invitó a hacer una oración dando la Gloria al Altísimo, después de lo cual partió rumbo a Tulancingo, prometiéndoles enviar pronto un obrero para que esté al cuidado de ellos.

La ferviente alegría y fe que experimentaban, les hizo expresar palabras de reconocimiento y deseos de que el Varón de Dios los acompañara por más tiempo, con lágrimas en sus rostros lo vieron partir, dichosos de haber recibido más de las bediciones que esperaban.

Esta obra surgió a mediados de la década de 1980, con la conversión de los hermanos Alfonso Vargas Vera, Constantino Vargas y esposa. Se bautizaron en octubre de 1986, por la evangelización de un hermano obrero de Tulancingo, de allí ellos comenzaron a expandir la Palabra de Dios con su vecino, el hermano Andrés Hernández, que al año también se convirtió. Luego, la obra pasó a depender de la Iglesia de Santiago Tulantepec. En la actualidad esta localidad de hermanos se constituye de tres familias, descendientes de los primeros creyentes.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.