«No vamos a esperar mucho tiempo para ver el cumplimiento de las promesas»

«No vamos a esperar mucho tiempo para ver el cumplimiento de las promesas»: mensaje apostólico en la Iglesia de la colonia Santa María Aztahuacan

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El sábado 22 de julio, luego de visitar a los hermanos de la colonia Magdalena Atlazolpa (Ciudad de México), el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, se dirigió a la Iglesia de la colonia Santa María Aztahuacan —conocida también como «El Peñón»—, ubicada en la Delegación Iztapalapa.

El reloj marcaba las 11:47 de la mañana cuando el Apóstol de Jesucristo descendió de su vehículo y, acompañado por algunos de sus colaboradores, caminó hacia la Casa de Oración, un espacioso templo ubicado en la avenida Circunvalación Eje 5, Lote 8, Manzana 118.

En su trayecto al templo, el Mensajero del Evangelio Eterno fue recibido con grande regocijo por los hermanos iztapalapenses, que con antelación se habían dado cita al templo. Al sagrado recinto se dieron cita otras iglesias, enmarcadas en la Ciudad de México: las de las colonias El Arenal, Agrícola Oriental, Buena Vista y Francisco Villa.

En la que fue la primera visita de un Apóstol de Jesucristo a Santa María Aztahuatlalca, acudieron decenas de visitas, algunas madres de familia cargando en sus brazos a sus pequeños hijos. Los niños —en quienes Dios ha hecho la Obra perfecta en sus corazones y son parte activa de la Iglesia—, también formaron parte de la histórica recepción: mientras saludaban al Apóstol, en sus mejillas rodaban lágrimas; los jóvenes obreros de esa demarcación, quienes han concluido sus estudios del idioma ruso, portaban un pequeño cartón en el que se leía: «Somos su próximo batallón de Rusia»; los hermanos adultos y de la tercera edad —hombres y mujeres— hicieron lo propio en este memorable día.

Cuando subió al ministerio, la Iglesia entonó al unísono un himno alusivo a la bienvenida. Enseguida, el Apóstol del Señor, desde su ministerio, saludó a los presentes y compartió con ellos una enseñanza, con el propósito de fortalecer la fe e invitarlos a seguir trabajando en la evangelización.

«Mi alma salta de alegría —expresó con inocultable satisfacción—; mi corazón anhelaba venir a este lugar para decirles con toda libertad: «Soy vuestro en Cristo». Enseguida, mencionó que también deseaba dejarles una palabra de responsabilidad.

Así abundó: «Escribí en mi carta de invitación para la Santa Cena (Cf. Los Ángeles, California, 7 de julio de 2017), una palabra que quiero retengáis en vuestros corazones, porque al contemplar el desarrollo de la Iglesia desde aquel 6 de abril de 1926, cuando Dios le hablara al Hermano Aarón Joaquín, Siervo del Dios Vivo y Apóstol de Jesucristo, y le hiciera esta promesa: «Tu nombre será Aarón y lo haré notorio por todo el mundo y será un nombre de bendición», hasta hoy, Dios ha cumplido sus promesas».

En su consejo a los hermanos iztapalapenses, tomó como punto de partida el inicio de la Iglesia, en la Época de la Restauración: «Siempre debemos recordar que el inicio de la Iglesia no fue similar a la época que hoy estamos viviendo: su inicio fue humilde, pobre y lleno de persecuciones… la gente maltrataba, escarnecía y ofendía a los hermanos —incluso hasta llegar a las amenazas de muerte y la violencia física—. ¡Ese fue nuestro inicio! Pero había una promesa que no era de un hombre, sino de un Dios Vivo. Esa promesa se refería el crecimiento de la Iglesia hacia un futuro».

En el actual tiempo de gracia, el Dios de promesas cumplidas sigue manifestándose

Recordó que las citadas promesas también tuvieron cumplimiento durante la administración eclesiástica del Apóstol Samuel Joaquín (1964-2014), quien, con su arduo trabajo y dedicación, entregó su vida al servicio de la Iglesia y logró sacarla del anonimato —de la condición humilde del principio— y la posicionó ante la sociedad, en un lugar de respeto y admiración. Destacó, por citar uno de los numerosos testimonios, el levantamiento de la bandera blanca que la Secretaría de Educación Pública izó en la colonia Hermosa Provincia (Guadalajara), al ser declarada oficialmente la primera colonia a nivel nacional en donde se erradicó al cien por ciento el analfabetismo en México (Cf. El Informador, 2 de octubre de 1968, p. 1A). «Este fue trabajo del Apóstol Samuel Joaquín», asentó categórico.

En este tenor, expresó que a pesar de la intolerancia religiosa que la Iglesia experimentó —perpetrada por clérigos y miembros de la religión mayoritaria—, el trabajo realizado por el Apóstol Samuel Joaquín, en cincuenta años de labor apostólica, fue arduo y continuó multiplicándose conforme a la Palabra que Dios también le había dado.

Enseguida, se refirió a la época contemporánea, a la nueva era que inauguró Dios: «Llegó también el 8 de diciembre de 2014, cuando Dios habla con su hermano y me muestra un Pueblo grande que habría de ser multiplicado, que para ese entonces había llegado a 50 naciones… Al ver este Pueblo grande y multiplicado, oigo la voz de Dios que me dice: ‘¿Ves este Pueblo grande? Este Pueblo no se termina aquí: Yo lo voy a multiplicar aún más, y lo voy a enriquecer…’. Quien me dijo esta Palabra es el mismo Dios de Aarón Joaquín, de Samuel Joaquín y, ahora, de Naasón Joaquín».

A Dios se le sirve sin poner condiciones

Recordó el testimonio del hombre que en la antigüedad expresó: «No me des pobreza para que no te blasfeme, no me des riqueza para que no me olvide de ti», y enseguida explicó este pasaje: «Nosotros no vamos a ponerle condiciones a Dios para servirle. No podemos decirle que nos dé riqueza o pobreza, porque Él ya tiene un plan para nosotros. Si bien es cierto que se nos preparó para un tiempo de prueba o persecución, nadie sabía lo que vendría después, a dónde Dios iba a seguir llevando a su Iglesia.

«Cuando el Señor me dice: ‘Si hoy ves este Pueblo grande yo lo engrandeceré aún más’, me doy cuenta de que no es la persecución la que vamos a esperar ni la pobreza, sino todo lo contrario: el Señor nos va a engrandecer, a multiplicar y a enriquecer… Él nos irá llevando como la luz de la aurora, que va de aumento en aumento (v. Proverbios 4:18). En este sentido, ¿le podrá decir el hermano a Dios: ‘no me des riqueza para que no me olvide de ti’? ¡No!. La respuesta será invariablemente: ‘Señor, si tú quieres bendecirme, solo te ruego que mi fe no vaya a faltar’».

Como complemento a lo anterior, el Apóstol de Jesucristo afirmó categórico: «También la bendición, prosperidad y riqueza vendrá para demandar de nosotros el apoyo… Vamos a levantar grandes templos, a construir ciudades —ya no colonias—, porque no serán cientos de hermanos como los contemplo: ¡Seremos miles!, y el mundo se quedará atónito al ver el crecimiento de esta Iglesia. Por lo tanto, yo te digo que no vamos a esperar mucho para ver el cumplimiento de estas promesas. ¡Ya las estamos viviendo!

De la bendición, prosperidad y riqueza que vendrá, se llevarán a cabo numerosos proyectos

Antes de concluir su presentación, dejó su bendición apostólica a sus hijos en la fe: «Hermano: Dios te va a bendecir, a prosperar y a engrandecer; y cuando tú veas el cumplimiento en tu vida de esta promesa, volverás a este lugar dirás: ‘Bendito seas, señor Jesucristo’. ‘Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro’ (Romanos 8:39). Supimos vivir en necesidad y pobreza, pues ahora Dios cambia esta situación por grandeza. Ahora le pediremos al Señor: ‘He sabido vivir en escasez y pobreza, enséñame ahora a vivir en abundancia, ¡que mi corazón no se olvide de ti, sino todo lo contrario. De lo recibido que yo obtenga de tu mano, también he dedicar una parte para apoyar los proyectos que tú ha puesto en el corazón de tu Siervo’».

«Nunca debemos dejar de dar testimonio del Evangelio Eterno»: mandamiento apostólico a la Iglesia Universal

Antes de elevar su plegaria en favor de los hermanos de esta zona de la Ciudad de México, el Siervo de Dios les formuló la siguiente pregunta: «¿En realidad habéis aceptado mi Ministerio? Si es así, ¡no dejéis de salir por las calles y que prediquéis que un Apóstol de Jesucristo te ha enviado a predicar el Evangelio Eterno! Y entonces te darás cuenta que, Dios en ti, habrá de multiplicar en grande manera a su Pueblo, conforme a su promesa. Si así lo hacéis, entonces yo doblaré mi rodillas y levantaré mis manos para decir: ‘Señor, bendice a estas iglesias y cumple en cada uno de ellos las promesas que me has dado». A continuación, las iglesias reunidas acompañaron al Apóstol en su plegaria al Creador, en un día que ha quedó registrado en los anales de la historia de la Iglesia La Luz del Mundo en Iztapalapa.

Luego de la ferviente oración, el Apóstol del Señor reanudó su consejo. Refirió que en la próxima visita que él realice a las iglesias de esta zona de la Ciudad de México, será para atestiguar el cumplimiento de las promesas en favor de cada uno de ellos. Entonces —dijo— acudirá a pagar sus votos al Señor, por su amor y bondad inconmensurables, y para decir desde lo más profundo de su ser: «Como mi Dios no dios como nuestro Dios».

Antes de despedirse de sus hijos espirituales, expresó: «La oración de su Hermano Naasón los acompañará todos los días. Dios los bendiga y los guarde en el nombre de Jesucristo». Al descender del ministerio, se detuvo unos segundos para saludar a una mujer que, como visita, deseaba conocerlo y escuchar su mensaje. Con el amor de Cristo, el cual habita en en su corazón, le dijo que el Señor se iba a manifestar en su vida y que tuviera plena confianza en la palabra por él dada. Entre tanto, la Iglesia en su conjunto se despidió del insigne visitante con singulares expresiones de júbilo. Entre ellos se encontraban un pequeño grupo de hermanos silentes, que escucharon el consejo apostólico a través de la traducción simultánea que tuvo lugar en el interior del templo. El reloj marcaba las 12:08 del mediodía cuando se despidió de sus hijos en la fe, a quienes quiso, de manera particular, visitar en su lugar de reunión.

La Iglesia de la colonia La Esperanza, en la Delegación Iztapalapa, en la Ciudad de México, fue el siguiente destino de la agenda apostólica en esta mañana.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.