En el Sauz de Abajo, Zamora, inicia el Apóstol Naasón Joaquín la 11ª etapa de su gira universal

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El sábado 7 de octubre, procedente de Guadalajara —en donde elevó su plegaria al Creador, en una madrugada lluviosa—, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó la iglesia de El Sauz de Abajo, ubicada en Zamora, Michoacán.

Desde temprana hora, los hermanos, ataviados con vestiduras blancas, esperaban el paso vehicular del Apóstol del Señor para «saludarlo a la distancia». Apostados en la parte exterior del templo, ubicado en la carretera —conocida como avenida Niños Héroes, en el tramo de El Sauz de Abajo—, no esperaban la bendición que Dios les tenía deparada.

El reloj marcaba las 7: 32 de la mañana cuando el Apóstol de Jesucristo, al contemplar a la iglesia congregada para saludarlo, detuvo su vehículo y, junto con sus colaboradores y acompañantes, descendió. En esta histórica fecha, Dios le inspiró acompañar a los hermanos de esta localidad michoacana, la primera iglesia visitada en la undécima etapa de su gira universal —que tiene lugar en los estados de Aguascalientes, Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit—.

En el momento de su arribo, invitó a los hermanos —hombres, mujeres y niños—, a ingresar a la Casa de Oración. Atónitos, por la singular bendición de tener entre ellos al Mensajero del Evangelio eterno, se condujeron al interior del recinto sagrado.

Entretanto ingresaba la congregación al templo, algunos hermanos comenzaron a cantar el canto «Si oscura fue mi vida», al que se unió el Apóstol de Jesucristo y posteriormente la iglesia en su conjunto.

 

¡Michoacán: «Heme Aquí»!

Luego de cantar el himno, el Apóstol de Cristo dirigió un saludo a los hermanos de esta localidad michoacana, quienes, en su interior, saltaban como becerros de la manada al escuchar la voz del buen pastor:

«Hermanos de El Sauz, la primer Iglesia que yo visito en este hermoso estado de Michoacán. Qué gozo es poder decir estas palabras: ¡Michoacán, heme aquí! Mi alma ya anhelaba llegar a vosotros, deseaba ver vuestros rostros y decirle a cada uno que aquí está su Hermano Naasón, vuestro en Cristo…

«Yo sé que nos veremos el día de mañana, pero al verles aquí en la carretera tuve la necesidad de bajar y estar con ustedes; contemplar sus rostros, porque también mi alma saltaba de alegría por estar entre vosotros. Hoy, Dios me concede entrar a este bello estado e iniciar la 11ª etapa de mi gira universal… y qué bendición siento. Yo venía a una iglesia a participar de una alegría y me encuentro con esta sorpresa: que en este lugar también están los hijos de Dios…

«Quiero decirles que, aunque sois un pequeño grupo, no estáis solos: Dios está con vosotros. Y aunque con algunas angustias están en este Pueblo, son lumbreras y deben sentir esa seguridad: ¡Dios está en vosotros! Mañana, primero Dios, los espero en la capital —Morelia—, donde bendeciremos al Señor; pero quiero dejar en este lugar una bendición, quiero doblar mis rodillas y decirle al Señor: ‘Bendice a esta iglesia, multiplica a la Iglesia de El Sauz y engrandécela en tu bendito nombre».

 

«Mi visita trae para ustedes bendición y prosperidad»: mensaje apostólico

Enseguida, el Apóstol de Jesucristo dobló sus rodillas y elevó su plegaria al Creador. Los hermanos del Sauz acompañaron al insigne maestro en este sublime momento. El fervor espiritual de los santos, que trascendió los muros del pequeño templo, en pocos segundos se transformó en un avivamiento.

En esta histórica mañana —la primera visita de un Apóstol de Jesucristo a esta localidad y ser la primera iglesia visitada en la undécima etapa de la gira apostólica—, los hermanos experimentaron consuelo, seguridad, tranquilidad y felicidad sin par.

Al término de su plegaria, el Siervo de Dios se despidió de sus hijos espirituales: «Hermanos de El Sauz: ¡Qué alegría conocerles! Saber que en este lugar seguiréis adelante, levantando el pendón de Cristo y diciendo al mundo que Jesucristo es nuestro Rey, y tiene a su Enviado en la tierra para salvación de la humanidad. Hasta mañana ¡Dios te bendiga! Nos reuniremos para gozarnos en Cristo Jesús. ¡Dios les guarde!».

Al salir del templo, el Apóstol del Señor pasó a la casa pastoral, en la que permaneció unos minutos. Ahí se dirigió al ministro local: «Le dice a la iglesia que conforme a la fe que Dios ha puesto sus corazones, mi visita no solo es mi presencia para traerle una alegría ellos, sino es la bendición de Dios que viene a traerles prosperidad… Al comprender esta palabra, los hermanos trabajen, se esfuercen y se superen, porque es garantía ya la tienen, que es mi palabra. Dios los bendiga».

Al salir de la casa pastoral, el gozo de la iglesia era inconmensurable. Mientras cantaban el himno «Qué grato es llevar en el alma un recuerdo», se escuchaban voces entrecortadas, por la emoción y júbilo espiritual, decir: «Dios lo bendiga», «Lo amamos», «Juntos hasta el último aliento»…

El reloj marcaba las 7:57 de la mañana, cuando el Siervo de Dios reanudó su itinerario. La Iglesia de Zamora, primer destino original de este periplo, le esperaba con con el mismo gozo y reconocimiento. El inicio de la undécima etapa de la gira universal había tenido lugar en esta localidad michoacana, donde los hijos de Dios dan testimonio a través de sus buenas obras que en la tierra hay un Apóstol de Jesucristo.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.