Iglesia de Ciudad Guzmán: “Es tiempo de levantarnos; trabaja tus talentos para construir aquí una colonia de hijos de Dios”

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 19 de octubre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, procedente de Sayula, Jalisco, visitó la Iglesia de Ciudad Guzmán. El reloj marcaba las 8:26 de la mañana cuando arribó, en compañía de su esposa, la hermana Zamora, y algunos de los colaboradores que le acompañan en la undécima etapa de su Gira Universal.

Desde temprana hora, los hermanos guzmanenses esperaban con singular regocijo el arribo del Apóstol del Señor a este municipio jalisciense. Los niños, en quienes también Dios ha hecho su Obra perfecta —creer en el que Dios ha enviado—, se encontraban en la parte exterior de la Casa de Oración, ubicada en la calle Fernando Calderón n. 132, haciendo una pequeña valla.

Cuando el Apóstol ingresó al templo, la iglesia desbordó su alegría a través de diferentes exclamaciones: ¡Hossana!, ¡bendito el que viene en nombre del Señor! En los rostros de los hermanos —hombres, mujeres y niños— se reflejaba una profunda alegría, que las lágrimas que anegaban sus mejillas no pasaban desapercibidas. Se trataba, en suma, de la algarabía espiritual al tener entre ello, luego de tres décadas, a un Enviado de Dios.

En su ministerio, el Apóstol Naasón Joaquín recordó a los hermanos la primera vez que visitó Ciudad Guzmán —en 1981–, con motivo de la inauguración del templo, dedicación que celebró su padre, el Apóstol Samuel Joaquín. Enseguida, expresó: “Hermanos de Ciudad Guzman: ¡Qué alegría estar entre vosotros!… Al llegar al templo y contemplarlo más grande y hermoso, se llena mi alma de alegría:… ¡Dios los ha prosperado y la Iglesia se ha multiplicado!”

Recordó que cuando el Apóstol Samuel Joaquín inauguró el templo, dijo que Dios iba a bendecir a la iglesia de Ciudad Guzman, y añadió: “También ese es mi deseo, que Dios te bendiga Ciudad Guzman… que Dios te prospere, multiplique y cumpla en ti las promesas…

“Esta ciudad será grandemente bendecida; solo resta que cada uno de vosotros se una a su Hermano Naasón en esta batalla espiritual y que deis testimonio. Alguno dirá: ‘Pero ya les hemos hablado a muchos vecinos y parece ser que no nos quieren oír’. No, hermanos. Créanmelo: Dios ya ha tocado su corazón. Y no te digo que son cientos… sino miles de almas las que están esperando que llegues a sus hogares y les des testimonio de esta Palabra: ‘Un Apóstol de Jesucristo me ha enviado a predicar este Evangelio eterno, que es de Dios”.

Enseguida, invitó a los hermanos a cantar el himno n. 362, “Mi Señor y Rey”, que en una de sus estrofas refiere: “… muy rico es, se fue de aquí y un talento me dejo. Me dejo dicho que va a volver, que no este de ocioso y que trabaje por él. Bendice, oh Señor, el talento que me has dado y multiplícalo…”. La Iglesia de Ciudad Guzmán, como un solo hombre, acompañó al Siervo de Dios a entonar dicha alabanza.

 

Dios concede triunfos y victorias a su Pueblo, con muchos o con pocos

Al término del himno, el Apóstol de Jesucristo reanudó su mensaje: “Dice la Palabra de Dios que en una ocasión se encontraba Israel en un monte frente a sus enemigos (los filisteos), quienes no permitían que se expandiera. Allí estaba el Rey Saul, con cierto temor, pues veía que el enemigo era grande. Cuando Saúl planeaba una estrategia —porque sabía que, en porcentaje, Israel perdería aquella batalla— un guerrero llamado Jonatan, hijo del rey, sintió el celo de Dios: ¡Cómo es posible que el Hombre de Dios no pueda entrar a esas ciudades! ¡Cómo es posible que esos enemigo estén deteniendo al Pueblo de Israel! Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: ‘Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos. Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad’ (1 Samuel 14: 6-7)”.

Enseguida, recordó que media hora antes estuvo con los hermanos de Sayula, Jalisco —conformada por 67 miembros—, quienes en fecha reciente adquirieron un terreno de dos hectáreas y media, ubicado al pie de la carretera Guadalajara-Colima, en el que será construido un majestuoso templo y se urbanizará una colonia de hijos de Dios.

En este tenor, abundó: “Vengo de incitar a los hermanos de Sayula. ¡Qué alegría sentí al ver su esfuerzo, amor, fe y reconocimiento. Adquirieron dos hectáreas y media a la orilla de la carretera, en donde se edificará una hermosa colonia de hijos de Dios. Un templo, dicen ellos, grande, hermoso, alto… y cuando la gente pase por esa carretera, contemplará que en ese lugar se alaba al verdadero Dios.

“Estoy cantando la alabanza y analizo la última de las estrofas: ‘… unido a mis hermanos yo siempre estaré’. Hoy, te vengo a exhortar, porque dice la Palabra de Dios que aunque el Rey Saúl planeaba con sus generales aquella batalla, un bullicio llamó un poquito de su atención: ¿qué está pasando?, ¿qué sucede?, ¿qué hay allá enfrente?… No sabemos porqué alguien está peleando con el batallón enemigo.

—“Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: ‘Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas’ (1 Samuel 14:17). ‘… Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera (…) Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero (…), y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla. Así salvó Jehová a Israel aquel día’ (1 Samuel 14: 18-23)—.

Respecto al testimonio anterior, el Apóstol hizo el siguiente análisis: “Cuando le dan la noticia a Saúl y le dicen que todos los soldados estaban completos, que solamente faltaba el príncipe Jonatan, se inquietó de inmediato y se olvidó de la estrategia. Sin duda, dijo: ‘Vayamos a defenderlo y a combatir, porque mi hijo esta solo’. Y fue como Dios tomó el corazón del Rey, para que con valor combatiera a los enemigos, quienes fueron derrotados por la mano de Jehová”.

Enseguida, invitó a los hermanos guzmanenses a la siguiente reflexión: “Hoy pasé por Sayula y vi a un pequeño grupo hermanos. Me decía el hermano obrero: ‘Yo llegué a este lugar en el tiempo que usted tomó su ministerio… eran 30 almas y hoy son 67’. Hoy te vengo a decir, Iglesia de Ciudad Guzmán, yo veo aquellos hermanos, en su inicio, que no han tenido temor ni miedo…”

Recordó que el encargado de la iglesia de Sayula le informó que cuando fue cambiado a ese lugar, el templo se encontraba al otro lado de la ciudad, en en la orilla, en un lugar muy apartado donde se corren peligros. Por ello, cuando llegó a esa localidad, el primer objetivo que se propuso, junto con el pequeño grupo de hermanos, fue reubicar el templo a un lugar más seguro y edificar uno más amplio, porque la promesa de Dios a su Apóstol Naasón Joaquín, no tardará en cumplirse.

“Este templo no es propio para los hijos de Dios. Voy a buscar un buen lugar, que sea de provecho para la Iglesia y donde podamos estar. Y Dios puso los medios… un terreno muy barato… nos vendieron dos hectáreas y media a la orilla de la carretera”, fue parte del detallado informe que el hermano Juan Favela le dio al Apóstol del Señor esta mañana.

 

La santísima fe: un talento que Dios dado a sus hijos para engrandecer la Obra de Dios

En este tenor, el Embajador del reino de los cielos expresó: “Hoy me levanto con alegría y te digo: ‘Mira a tus hermanos pequeños. ¡Ve cómo están trabajando! ¡Ve como Dios está cumpliendo las promesas que Él le ha dado a tu Hermano! Y yo te pregunto, iglesia de Ciudad Guzman: ‘¿Tú también has creído en mí y me has aceptado?, ¿también has creído en las promesas que Dios me ha dado? —el amén de la iglesia, como respuesta afirmativa, se escuchó estentóreo al interior del recinto sagrado—. Entonces, es tiempo de levantarnos de este lugar, para que haya una colonia de hijos de Dios. Dirá alguno: ‘Pero somos poquitos’. No, yo no veo una cantidad: veo lo que Dios me está mostrando: ‘Vamos a levantar una colonia de hijos de Dios’.

“¿Te unirás conmigo en esta batalla? Dios me ha dado una hermosa arma… nos dio un hermoso talento que es nuestra santísima fe. ¿Está la fe de Dios en ti? Entonces es tiempo de levantarnos. No es tiempo de descanso ni de decir: ‘Ya tenemos una iglesia y así nos quedamos’. No, porque a esta ciudad, Dios la va a prosperar. Y a eso he venido, a levantar mis brazos y decirle al Señor: ‘Bendícelos’.

“Dios quiere que también tú hagas un esfuerzo… Yo le pediré que te multiplique, bendiga y prospere; que aumente tus fuerzas y sigas adelante. Sé que algún día no muy lejano, cuando vuelva a visitar estas tierras, la misma alegría que me dieron los hermanos de Sayula, ustedes me la darán, porque la Iglesia del Señor va de triunfo en triunfo y hoy puedo decirte: ‘Únete a mi batalla, porque la victoria está asegurada con Dios; y si Él es con nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Enseguida, el padre en la fe invitó a sus hijos espirituales a elevar una oración al Creador, para poner a la iglesia en sus manos y adorar a Dios en espíritu y verdad.

Luego de la ferviente plegaria, el Apóstol del Señor expresó: “Yo creo en ese Dios único y verdadero. ¿Tú también crees, hermano? Entonces, yo quisiera regresar pronto a este lugar y escuchar: ‘Varón de Dios, hemos conseguido un hermoso terreno en donde levantaremos una colonia de hijos de Dios’. No nos basta con un hermoso templo, porque, aunque el actual es hermoso… ahora Dios me ha dicho que el tiempo de la prosperidad y la abundancia ha llegado.

“Es tiempo de que digas: ‘Señor, bendice el talento que me has dado y multiplícalo’, para que entonces pueda ver esas grandes maravillas. Yo oraré contigo, Iglesia de Ciudad Guzman, y pagaré mis votos, porque sé que os entregareis y esforzareis para que exista una colonia de hijos de Dios”.

En su despedida, invitó a los hermanos de Ciudad Guzmán a reunirse el domingo 25 de octubre en la Iglesia de la colonia Hermosa Provincia, en Manzanillo, Colima, en el marco de la undécima etapa de la Gira Universal que tiene lugar en cinco estados de la República Mexicana —Aguascalientes, Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit—.

El hermano D.E. Daniel Pineda, ministro de Ciudad Guzmán, invitó al Apóstol de Jesucristo, su familia y sus colaboradores a desayunar a la casa pastoral. En atención al insigne visitante, le dijo que podía, si así lo deseaba, reposar en su recámara, a lo que el Siervo de Dios le respondió: ‘No, hermano. Mi descanso es la Iglesia. Mi reposo se encuentra en el interior del templo. Son ellos, los hijos de Dios”. A 123 kilómetros de distancia de Guadalajara, donde esta madrugada elevó su plegaria al Creador en favor de la humanidad, pero de manera particular por el Pueblo de Dios, el Mensajero del Evangelio eterno emprendió a su periplo a su siguiente destino: la Iglesia de Zapoltitic, Jalisco. El reloj marcaba las 9:36 de la mañana.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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