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«La bendición de Dios viene acompañada de una responsabilidad: seguir predicando la Palabra de Dios»: encargo apostólico a la Iglesia de Guachumil, Nayarit

By noviembre 2, 2017 noviembre 5th, 2017 No Comments

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El jueves 2 de noviembre, procedente de la Iglesia de la colonia Bucerías, en Bahía de Banderas (Nayarit), el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó a los hermanos de la localidad El Guamúchil, en el mismo municipio nayarita.

El reloj marcaba las 11:52 de la mañana cuando, acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora, y la hermana D. Eva García, arribó a la Casa de Oración, ubicada en la empedrada calle Letra C, sin número. Un grupo de niños de la Iglesia, vestidos con uniforme blanco, le dieron la bienvenida. En sus corazones experimentaron la bendición de Dios: lloraban, levantaban con su mano derecha una palma verde olivo y saludaban con singular alegría al insigne visitante. Uno de los pequeños portaba una cartulina en donde se leía: “Y su luz nos dio vida”… En ese instante, el fuego espiritual que se experimentaba en interior del templo se avivó cuando el Embajador de Cristo ingresó por el pasillo del templo.

En el ministerio, en donde se leía la parte superior “Mi tiempo ha llegado”, el Siervo de Dios saludó dirigió unas palabras al pequeño grupo: “Iglesia de Guamúchil: ¡Qué alegría estar con vosotros! Siento una grande satisfacción al pasar por estos lugares y saber que aquí está un grupo de hijos de Dios. ¡Cómo no pasar a saludarles! ¡Cómo no pasar a decirles que los amo en Cristo Jesús! Decirles que habéis creído en mi ministerio y creéis que visita trae bendición para vosotros.

Quiero, entonces, doblar mis rodillas y decirle a mi Amigo: ‘Bendice a la Iglesia de Guamúchil, multiplícala y engrandécela, para que también te dé la gloria’. Enseguida, los hermanos acompañaron al Justo en su oración, una experiencia que jamás habían vivido en su modesto templo. Como dijo el Señor Jesucristo respecto de los hijos de Dios, “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre ahí estaré yo”. Esta Palabra se cumplió con exactitud este mediodía: la iglesia cayó en bendición.

Antes e despedirse, expresó: “Yo quisiera que mi presencia en este lugar os llenara de alegría y de gozo… pero también de una responsabilidad en cada uno de vosotros, porque mi presencia no nada más es para alegrarnos y que digan: ‘Vimos al Siervo de Dios?, o que yo diga: ‘Vi a los hijos de Dios y me alegré’. ¡No!

“Es verdad que mi presencia trae una bendición, pero la bendición de Dios viene también acompañada de un trabajo en cada uno de vosotros, yo quiero irme con esa tranquilidad de saber, que mis hijos de este lugar de Guamuchil, seguirán predicando a la palabra de Dios, seguirán llevando este Evangelio y, entonces, cuando lleguen a las casas puedan decir con libertad: ‘Un Apóstol de Jesucristo nos ha mandado a dar testimonio de este Evangelio eterno, que es el evangelio de Cristo.

“Hermano de Guamuchil: si así lo haces, créemelo, Dios te va a bendecir. Él moverá los corazones de las almas y algún día no muy lejano, cuando regrese a visitarte sé que contemplaré una Iglesia hermosa, grande y bendecida.

“Dios te ayude a cumplir mi palabra, y yo vendré entonces a pagar mis votos contigo por las bendiciones recibidas. Hasta entonces, que la paz de Dios os acompañe. Tened la seguridad que mi oración siempre será en favor de vosotros. Dios los bendiga y los guarde en el nombre de Jesucristo”.

Al descender por las escaleras, los niños lloraban, contagiados por la Obra que Dios ha hecho en sus corazones, y estremecidos levantaban con su mano derecha una palma verde olivo. El Apóstol se detuvo y les dirigió unas palabras con notoria vehemencia: “Dios sea con ustedes y les dé un espíritu como David, valiente”.

Antes de abordar su vehículo y reanudar su periplo al siguiente destino – la obra de San Ignacio Huanacaxtle, perteneciente a la Iglesia de El Guamúchil-, el hermano O.E. Levi Camilo Solís, encargado de esta congregación, se despidió del insigne visitante. El padre en la fe correspondió el saludo. El reloj marcaba las 12:00 de la tarde.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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