El Apóstol de Jesucristo arriba al tercer estado de la décima etapa de su gira universal

Apizaco,Tlaxcala, la primera Iglesia visitada

(Coordinación de Crónica Apostólica) — “¡Iglesia de Tlaxcala, tu tiempo ha llegado, no es un sueño, el Apóstol de Jesucristo estará entre ustedes!”, así se expresó la hermana María Esther Reyes, quien presidía la oración de nueve, a los hermanos que acudieron el viernes 2 de mayo al templo de La Luz del Mundo en Apizaco, cabecera y segunda ciudad más poblada del municipio, cuyo nombre proviene del náhuatl, que significa lugar de agua delgada o riachuelo y en donde se estableció la primera iglesia en el estado de Tlaxcala, entidad cuya capital es Tlaxcala de Xicohténcal.

Políticamente, en la época prehispánica formaba parte del Imperio azteca, pero cansados de sus exigencias tributarias, durante la Conquista se aliaron a Hernán Cortés y lucharon contra los mexicas o aztecas; fueron sometidos por los españoles, motivo por el cual la población en su mayoría es católica y de arraigadas tradiciones religiosas. La entidad colinda con los estados de Hidalgo, Puebla y Estado de México y cuenta con 1.228.470 habitantes (INEGI, 2015).

Las principales ciudades son Villa de Vicente Guerrero, Huamantla y Apizaco, municipio en el que floreció la iglesia la Luz del Mundo en Tlaxcala, el más pequeño de los 31 estados de la República Mexicana, que ocupa el tercer lugar en densidad de población y no obstante que contó con haciendas de ganado y pulqueras y ser un gran productor de arte popular, cerámica, bordados y flores, actualmente ocupa el penoso quinto lugar en índice de pobreza en el país, con 715 mil personas que viven en esas condiciones y el 32% en pobreza extrema sin los seis servicios básicos.

Sin embargo, tiene a su favor factores económicos que favorecen el desarrollo, la industria más floreciente en el estado es el turismo nacional e internacional, ya que cuenta con varios centros ceremoniales prehispánicos que son muy visitados, entre ellos Cacaxtla, Xochitécatl, Tecoaque, Tizatlán y Ocotelulco, y que no deberían llamarse ruinas arqueológicas, porque testigos mudos de la grandeza cultural y arquitectónica de sus antepasados. De igual preferencia es el centro vacacional Malitzin y el Parque Nacional La Malinche, área protegida de la entidad que se extiende por territorio de Tlaxcala y Puebla. Igualmente es muy conocida por su gastronomía con hierbas indígenas, en la que destacan los mixiotes, la barbacoa en pencas de maguey, el mole y los tamales.

 

Antecedentes de la iglesia La Luz del Mundo en Tlaxcala

La Iglesia del Señor en Tlaxcala, en sus inicios sufrió intolerancia y rechazo social por el arraigado fanatismo en la región; incluso, la primera Casa de Oración fue incendiada por una turba de fanáticos, motivo por el cual los hermanos que actualmente profesan la doctrina de Jesucristo tienen una actitud de estar a la defensiva y sin suficiente libertad para practicar su fe entre sus vecinos. Por esta razón sólo existen seis iglesias en el Estado: Apizaco, Acuitlapilco, Nanacamilpa, Santa Justina, Santa Anita Huiloac y San Pablo del Monte.

Su inicio emanó de un deseo que tuvo el Apóstol Aarón Joaquín, de establecer Iglesia en Apizaco, por ser la segunda estación del ferrocarril, después de México, y muy transitada; e inspirado por Dios le escribió una misiva al hermano José Enriquez, de la iglesia de Nogales Veracruz, con fecha del 20 de octubre de 1949, en la que le encomienda venir a esta población a predicar, recomendándole que cuando hubiese abierto obra, le notificara para enviar misioneros. Respecto a esta información, la hermana Ruth Hernández Salazar relató que al hermano Daniel Estrada, obrero de la iglesia de Maravillas en México, el Siervo de Dios al ver pocas luces en Apizaco, le dijo: “Un día habrá muchas luces, pero serán espirituales”. La inspiración de Dios en su Siervo tomó forma con la visita del hermano Aurelio Bedolla, quien le predicó a su nieta Epifania Bedolla Bonilla, la primera alma de esta ciudad, que se bautizó en Veracruz, porque la obra tardó en consolidarse. (Fuente: Carta del Apóstol Aarón Joaquín, 20 de octubre de 1949, escrita en Guadalajara)

 

Primeras almas de la iglesia de Tlaxcala

La preciosa semilla del Evangelio empezó a germinar con el establecimiento de la bendita obra del Señor, en 1976 y la conversión de los nietos del hermano Aurelio Bedolla. El Apóstol Samuel Joaquín les envió ministros que los guiaran e instruyeran, lo cual fructificó en seis iglesias.

En noviembre pasado nueve batallones de evangelización fueron enviados por el Apóstol Naasón Joaquín, con el fin extender las estacas y alargar las tiendas del Señor en este lugar donde la obra del Señor es pequeña. El Siervo de Dios, durante la comida, recordó que Goliat era un gigante y David un mozo y lo venció, así que en cumplimiento de las promesas “el progreso se logrará si la Iglesia y sus ministros se adhieren a los proyectos apostólicos, encaminados a buscar el crecimiento de la iglesia, trabajando con ambición espiritual e impulsando la educación y el autoconsumo, y después de 100 hermanos en una Casa de Oración, buscar otros predios para levantar templos en zonas seguras y erigir construcciones decorosas en donde se bendiga con libertad el nombre del Señor”.

El Embajador del reino de los cielos llegó a esta localidad a las 5:15 de la tarde, al descender del autobús los hermanos manifestaban expresiones de júbilo, felices de tener la dicha de ser visitados por un Apóstol de Jesucristo. Saludó a los jóvenes batallones de obreros, quienes portaban carteles con textos de adhesión a los proyectos apostólicos. Por su parte, los niños y niñas de la Iglesia, quienes también esperaban al Apóstol de Dios, se alegraron sobremanera cuando él los abrazó e impuso sus manos en la cabeza de cada pequeño, que a su vez, tocados por el Manto de la Elección lo saludaban bañados en lágrimas; sublime momento que llenó de emoción espiritual a sus padres, quienes también conformaban la valla que lo recibió con el glorioso himno «Hossana, Hossana».

Los pastores distritales Juan Chávez y Adán Armenta y el diácono Abner Arce, encargado de la iglesia de Apizaco, lo invitaron a pasar al interior del templo, a donde ingresó feliz de llegar con bien y en ese contexto expresó: “Tlaxcala, ¡heme aquí. Estaré contigo hasta el último aliento!, oremos al Señor.”

Los congregados, que le espereraban desde el mediodía y que llenaron la pequeña Casa de Oración, insuficiente para los cientos de hermanos que ahí se reúnen, acompañaron al Apóstol de Jesucristo a dar gracias a Dios por permitirle llegar con bien a esa entidad que él no conocía.

Después de la oración, en que las almas saltaron de alegría por la presencia del padre de la fe entre ellos, les dijo: “Los días que Dios me concederá estar en el estado de Tlaxcala, Dios me permitirá conocer no solo esta Iglesia sino diferentes iglesitas, sabiendo que mi presencia ha de traer grande bendición y prosperidad a este hermoso estado. Hasta el domingo, cuando nos reunamos y alegremos en el consejo de nuestro Dios. ¡Tlaxcala: he llegado con bien, he llegado con paz, he llegado con salud y con una inmensa felicidad! Aquí estaremos viéndonos y alegrándonos en Cristo Jesús. Dios les bendiga”.

 

Recomendaciones apostólicas: levantar templos en zonas seguras y erigir construcciones honrosas

Mientras compartía el pan y la sal con su familia y los pastores anfitriones, así como con los ministros que pastorean a la iglesia de Tlaxcala y los invitados a esta décima etapa de su Gira Universal: hermanos pastores Benjamín Joaquín, Antonio Adán, Leandro Ramírez, Nicolás Gómez, Rogelio Rojas, José Alfredo Padilla y Ricardo Vega; el Apóstol de Jesucristo los exhortó a trabajar en sus ministerios con diligencia, procurando el ensanchamiento de las tiendas del Señor y el bienestar de la iglesia, la cual para ser bien atendida no debe permanecer en casas de oración repletas, como en la que se encontraban anteriormente: «Procuren adquirir más espacios en zonas seguras, en donde no avergüence llevar a las visitas, ni peligre su integridad física”. Para instar a los hermanos a unirse a este propósito, les dijo que instruyeran a los ministros que durante su visita llevarán la palabra de esperanza y consuelo a las iglesias, que los apoyen y animen a confiar que Dios los prosperará si deciden trabajar por el crecimiento de la grey en la entidad, iniciando con Apizaco, que tuvo la bendición de recibirlo en su primera visita al estado y cuyo santuario ya es insuficiente para albergar a los hermanos que se reúnen en esta pequeña Casa de Oración.

La tarde del 2 de junio, en que visitó Apizaco, la matriz de la iglesia de ese estado, la cual, aunque pequeña, dijo: «Tiene la fuerza para vencer al gigante de la idolatría enraizado en la gente. El día que entendamos la potencialidad que tenemos en la iglesia, vamos a progresar… Israel es un bosquejo y sombra de lo nuestro, después de la Segunda Guerra Mundial ellos entendieron que con el autoconsumo podrían levantarse de las cenizas, apoyándose los unos a los otros. La diferencia va a ser que nosotros vamos a cuidar la fe de la iglesia y no vamos a permitir que los hermanos se alejen del Señor, ni abandonen su temor,; ¿cómo?, por medio de la palabra de Dios; aconsejándoles, adoctrinándolos para que nunca se olviden de Dios y la Iglesia lo va a entender. ¡Dios los va a bendecir y va a bendecir a su Pueblo y vamos a prosperar! ¡Somos la Iglesia de Cristo!

El Siervo de Dios enfatizó con orgullo que la iglesia es de Dios y sus promesas son fieles: “Ahora nosotros, iniciando por los ministros, tenemos que poner de nuestra parte trabajando por el mismo propósito: alargar nuestras tiendas, y estacas, seamos ambiciosos espirituales, no materiales. Que el hermano diga,: voy a hacer un templo mayor porque la bendición ya se viene. Es tiempo de decir: lo voy a hacer…».

Antes de despedirse, los invitó a no conformarse con sólo oír la palabra de Dios y enseñarla, sino a actuar y comportarse a la altura de la dignidad con que Dios los ha revestido, procurando cumplirla. Finalmente, aqregó: “Pues ya llegamos a Tlaxcala con alegría, con mucho gozo, sabiendo que también los hermanos se regocijan al contemplar mi rostro, y tienen la esperanza que como en la antigüedad, como actuó el arca de Dios al entrar a la ciudad sagrada, mis pies van a traer bendiciones. Solo espero que cada uno de los ministros de este lugar se comporte como un verdadero hijo de Dios con retos, con compromiso, con trabajo. Porque la Iglesia va a quedar muy animada, va a quedar llena de ese fervor espiritual, aún para el trabajo material. Así es que yo espero que también ustedes se porten a la altura y digan: vamos a cumplir esa palabra… Háganlo y dejen que Dios se encargue de los demás. ¡Créanselo, somos la iglesia de Cristo! ¡Créanselo: somos hijos de Dios! Las promesas de Dios son para nosotros; cuando se lo crean verán qué fácil, porque Dios abre todas las oportunidades para que su Pueblo siga creciendo y multiplicándose».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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