Presentación Apostólica en Apizaco, Tlaxcala; la promesa de prosperidad a la Iglesia es firme

(Coordinación de Crónica Apostólica) — “La Iglesia de Tlaxcala lo recibe con el alma”. Con esta frase escrita en la entrada del auditorio Emilio Sánchez Piedra —ubicado en la avenida 16 de septiembre, en el Centro Expositor de la ciudad de Apizaco—, los hermanos manifestaron su alegría por la insigne vista del Apóstol de Jesucristo, la primera al estado. Las iglesias de Apizaco, Acuitlapilco, Nanacamilpa, Santa Justina, Santa Anita Huiloac y San Pablo del Monte, así como los nueve batallones de San Miguel Tenancingo, Huamantla, Calpulalpan, Santa Ana Chiautempan, Papalotla, Tlaxco, Zacaltenco, Contla y Tlaxcala de Xicoténhcatl, así como numerosas visitas, se llenaron de júbilo al recibir la bendición de Dios así como la Palabra que da vida.

La cita se dio en el auditorio la mañana del domingo 4 de junio. En el interior del auditorio sobresalían los colores azul y blanco en los atuendos de los hermanos y en los uniformes de los Coros de Tlaxcala y Veracruz, quienes con sus cánticos encendían la llama espiritual. A los lados del ministerio, el Coro de Atzompa, Veracruz, dirigido por el hermano Ismael Antonio de Jesús, cantó en náhuatl. Los varones en sarapes y las hermanas con sus rebozos azules evidenciaban el orgullo de su etnia.

El Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, ingresó al recinto a las 10:15 de la mañana, justo cuando el hermano P.E. Adán Armenta solicitaba el primer canto que fue sustituido por el ¡Hosanna!, mientras el Ungido del Señor saludaba a los hermanos, quienes jubilosos alzaron palmas en sus manos.

“Tlaxcala, heme aquí —fueron sus palabras—, feliz de estar con vosotros”. Enseguida, los invitó a orar para agradecer al Creador por el histórico encuentro. Después de la ferviente plegaria, cientos de voces se unieron en un himno de bienvenida, composición del hermano Joel García: “Es día de gran fiesta en la Iglesia, tenerlo aquí Apóstol del Señor. La iglesia está llena de alegría por tanta bendición que hoy nos da…”.

La voz del Apóstol se escuchó: “Y con mi alma también les digo: ¡Qué dichoso estar entre vosotros este día!”

La alegría creció cuando se entonó con el coro un cántico de bienvenida: “La Iglesia de Tlaxcala es su casa mi Señor. Tenemos mesa, silla y candelero y pase a descansar”, a lo que el Apóstol respondió: “Vosotros sois mi descanso en el Señor, sois mi alegría y mi felicidad”. El hermano P.E. Ricardo Vega, ministro responsable de la obra en Acuitlapilco, Tlaxcala, expresó unas palabras de bienvenida, recogiendo el sentir de todos los hermanos del estado.

 

Salutación apostólica

“A mis hijos añorados del estado de Tlaxcala, os saludo deseando todo género de bendiciones espirituales para vuestras almas, y que la paz de Jesucristo inunde vuestros corazones”, fueron las primeras palabras del Apóstol de Jesucristo.

Externó que el manto de amor de Dios también cubre a las personas que, invitadas por los hermanos en esta reunión; espera que por medio de la Palabra se transformen sus corazones y decidan pertenecer a la familia espiritual. 
En su alegría por los triunfos que el Señor le ha permitido en Guerrero —donde se derramó la bendición y prosperidad— y Morelos —donde contempló la obra de fe y el trabajo de los santos—, ahora, en Tlaxcala, el Apóstol de Jesucristo veía una iglesia hermosa, ataviada, con sus lámparas con aceite… por lo que tomó las palabras de un cantico: “Bendita Iglesia de bien estás dichosa, porque te alumbra la luz del Evangelio que lleva al mundo entero nuevas de salvación”.

Aclaró que esa grandeza no es en lo material, sino la grandeza de Dios que se refleja en la limpieza de las almas por la Palabra del Evangelio, la esperanza de vida eterna que los incita a dar testimonio de su fe; una Iglesia de valientes, esforzada, impregnada en su corazón de un deseo vehemente de tener la doctrina revelada. Una iglesia que no tiene temor de anunciar y decir que es La Luz del Mundo, la sal de la tierra, y que llena de júbilo deseaba entonar la alabanza n. 270 “Iglesia santa, mansión de luz y vida”, después de la cual hizo hincapié: “Cristo, fundamento y piedra principal de la iglesia en la que está puesta su confianza, esperanza y salvación, por ello las oraciones van dirigidas siempre al Hijo de Dios, porque todo aquello que pidan a Dios en el nombre de su hijo amado Jesucristo, se los ha concedido hasta el día de hoy, y por su nombre y su evangelio los lleva de triunfo en triunfo”.

Cristo, que manifiesta a través de él su poder para dirigir la Palabra que edifica a la Iglesia y para que sean abarcados en su gracia las almas de aquellos que fueron traídos por invitación de los hermanos, a semejanza de la samaritana, dice el canto: “Bendice con tus promesas…”, porque las promesas de Dios son en él sí, y en él amén… (v. 2 Corintios 1:20), señaló. Sus promesas son verdaderas, inescrutables, profundas, incompresibles para la mente humana, certeras para el hombre de fe. Son de crecimiento y expansión así como de prosperidad, con lo cual dio inicio a la segunda parte de su disertación, que comenzó en su presentación en el estado de Morelos el pasado 28 de mayo.

 

Aprovechar el potencial de la Iglesia

El Apóstol de Dios solicitó la atención de la Iglesia, a fin de que comprendiera la Palabra y no desvirtuara el mensaje espiritual, porque podría interpretarse erróneamente sólo con un sentido material, por lo cual invitó a usar de esa chispa de inteligencia que Dios dio para sopesar sus palabras conforme a las Sagradas Escrituras, y será Él quien dará testimonio en los corazones y la grey se alegrará por la gran bendición de ser hijos de Dios, adopción divina que ni aun los ángeles gozan, dignidad que conlleva prosperidad en todos los sentidos, ya que por su amor, desea dar a sus hijos todo cúmulo de bendiciones y riqueza.

Reiteró que desea se entienda que no es nada nuevo lo que abordaría esa mañana, porque en la iglesia de Dios siempre se ha predicado ese mensaje. Para ello tomó una parte de la Sagrada Escritura, 3a. Juan 2, a fin de desarraigar un pensamiento que se ha fijado en algunos, respecto a que la Iglesia sólo se debe preocupar por lo espiritual y en consecuencia no buscan la superación personal ni la prosperidad material.

Con base en las palabras del Apóstol Juan a su discípulo Gayo: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. Deseo que el Apóstol retomó para la Iglesia Universal en estos tiempos de gracia, “que sea prosperada en todas las cosas, para el engrandecimiento de la Obra del Señor, pues el Evangelio de Cristo no solo trae la esperanza de vida eterna, la bendición espiritual conlleva una superación material”. Aclaró que no es como aquellos que predican por ganancia y buscan una falsa e ilusa prosperidad, porque hasta hoy en la Iglesia del Señor a los pobres se sigue anunciado el Evangelio.

Enfatizó que el Evangelio ha transformado vidas, beneficiando a los que abrazan la fe y a sus familias, al dejar vicios que afectaban su salud e integridad y la de sus seres queridos. “Para la Iglesia La Luz del Mundo el Evangelio no es un complemento, ¡es la esencia de nuestra vida!”. Por lo tanto, si la Iglesia nació pequeña en medio de un clima hostil, no significa que allí se quedaría para siempre, porque el trabajo apostólico ha sido para su engrandecimiento, como dice la palabra de Dios y se cumple lo que dijo Job en el capítulo 8 verso 7: “Aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande”.

Su intención fue encaminada a precisar los dos puntos que explicó en el estado de Morelos, a fin de dar claridad a la Iglesia con lo que Dios puso en su corazón para su engrandecimiento y cumplimiento de las promesas del Señor. Para ello recomendó que los que tengan una profesión, algún conocimiento o capacidad se organizaran en sociedades, empresas o compañías con el objetivo de aprovechar y explotar la potencialidad de la Iglesia, y que parte de los beneficios obtenidos se utilicen para engrandecer la Obra de Dios, como lo enseña el bosquejo que es Israel, pueblo de esclavos al cual Dios dio gracia para obtener de Egipto riquezas, de las cuales el Señor solicitó una parte para la construcción de su tabernáculo, para su gloria. De igual manera, el rey David practicó: “De lo recibido de tu mano, de eso mismo te damos” (v. 1 Crónicas 29:14).

Aconsejó a los hermanos nunca decir que los logros obtenidos son por sus fuerzas, capacidad, inteligencia o estudio, sino que haya siempre el reconocimiento que sólo los hijos de Dios tienen, “que todo lo bueno que les pasa es porque Dios lo permite, y por enseñanza y gratitud, de eso mismo que da el Señor, se le ofrece a Él. En ello se demuestra que Dios siempre está presente en el corazón y abunda más la bendición…”. Puntualizó que esto no significa que la Iglesia o los ministros van a dejar su misión, que es espiritual, para dedicarse a los negocios. La Iglesia es cien por ciento espiritual y los ministros, por la enseñanza de le fe en Jesucristo, en esa misma medida, saben que su tiempo, su trabajo, dedicación y esfuerzo debe ser al cuidado de la Iglesia.

Aseveró que su palabra va dirigida a los miembros, a los que cuentan con una profesión u oficio, y a los empresarios, no así al cuerpo ministerial; para ellos no está permitido enredarse en los negocios del mundo porque ya tienen una herencia de parte de Dios. “Ningún ministro tiene permiso de dedicarse a las cosas materiales. Todos los que ministramos en el servicio de Dios nuestra vida debe estar entregada al cien por ciento a servir a la Iglesia”.

Para aquellos a los que sí va dirigido el consejo, deben pues organizarse para crear empresas y sociedades que abran fuentes de empleo para beneficio de los hermanos, y que un margen de su ganancia sea para el desarrollo de la Obra de Dios, no para enriquecerse y olvidar de quién vino su prosperidad, porque todo tiene un propósito: Dios quiere enriquecer a sus hijos para que por medio de eso también alaben su nombre.

En la continuación de su exhortación, volvió a retomar a Israel, bosquejo y sombra de lo verdadero, de lo que se vive hoy, para hacer ver a la Iglesia que si lo material e imperfecto traía de Dios un beneficio material para su Pueblo, cuanto más ahora ya perfeccionado para sus hijos, con mayores promesas y bendiciones. “!No somos su Pueblo, somos sus hijos y si algo se ama más que todas las cosas es a un hijo!, y nosotros fuimos adoptados por la sangre de su hijo Jesucristo”.

Con el propósito de anclar su consejo encaminado al autoconsumo entre los domésticos de la fe, invitó a reflexionar en el libro de Levíticos 25: 14-15, en el que el Señor ordena a los israelitas no engañar a su prójimo cuando compren o vendan algo; una forma peculiar de conducta al hacer tratos comerciales que se contrapone a la forma de pensar de aquellos que solo buscan su enriquecimiento; para ellos sí es necesario engañar si quieren obtener ganancia. Pero para Israel no estaba permitido, porque los pensamientos de Dios no son los mismos de los hombres, ni sus formas se asemejan a las de ellos. Y tienen razón de pensar así, porque no tienen el conocimiento de Dios.

Indicó que todos los hermanos leyeran completo el capítulo 25 en sus casas, para analizar y comprender cómo va a venir la prosperidad material: obrando entre los hijos de Dios sin engaños ni mentira, según lo refiere los versículos 14 y 17; en justicia, versos 15 y 16; con amor fraternal, versos 25 al 28; cuidando unos de otros, verso 35; sin usura ni ganancia injusta, versos 36 y 37; no como esclavos, versos 39 al 42.

Al respecto, ordenó el Apóstol Juan al esclavo Onésimo, quien había agraviado a su amo Filemón y lo envió a la cárcel en castigo. Ahí, el Apóstol Pablo le predicó. Tiempo después se lo envía a Filemón y le instruye: “Recíbelo como a mí mismo. Si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta, yo lo pagaré; por no decirte que aún tu mismo te me debes también” (v. Filemón 1:8-21).

Recordó que los ministros no deben actuar con señorío, pues si los hijos de Israel, que sólo eran llamados siervos de Dios tenían ese cuidado, ahora más, porque no sólo son siervos de Dios, “son sus hijos, y si en el bosquejo habló con celo, cuánto más será su ira para aquellos que se aprovechen de sus hermanos en Cristo Jesús…”.

 

Igualdad con justicia

Señaló que la riqueza y prosperidad prometida es para todos y así lo estableció Dios; si trabajan con humanismo y consideración hacia aquellos que por diferentes razones, aun por castigo divino, no tuvieran prosperidad. Incluso les dejó una orden escrita en Levíticos 19: 9-10, de no segar toda la mies de sus campos ni recoger el fruto caído para que sea el pobre y el extranjero quien lo recoja y lo siegue. “La bendición de unos servía para ayudar en la necesidad de los demás”.

Enseñanza que en tiempo del Apóstol Aarón Joaquín también se practicó por medio de un sistema de recolección de víveres entre los hermanos, que consistía en pequeñas aportaciones en efectivo o en especie, para apoyar a los que tuvieran necesidad, como se recolectaba en una canasta, así se llamó a este sistema de apoyo. En tiempo del Apóstol Samuel Joaquín comenzó la obra de ayuda a los hermanos de escasos recursos, con la altruista labor de la hermana diaconisa Eva García; ella inició con el grupo que hoy es Fundación Eva García, antes grupo Elisa y anteriormente Tabita, con loables acciones de ayuda material, a las que se suman ahora las iglesias, los ministerios y jurisdicciones en las fiestas para que ningún hermano se quede sin alimento.
Para confirmar que es la misma doctrina desde la Iglesia Primitiva hasta hoy. Tomó la cita de 2 Corintios 8:13: “No digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez… la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad”.

Por lo tanto, recalcó que no es la riqueza la que puede robar la espiritualidad que hay en los hermanos, sino su propio corazón, si lo inclinan a lo material, a semejanza de aquel joven rico que se entristeció cuando el Señor Jesús le dijo que era necesario que vendiera todas sus posesiones para seguirlo, porque vio que su corazón estaba puesto en ellas; incluso la expresión “qué difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos, pero no imposible”, acotó el Apóstol, (v. Mateo 16:24). Tal es el caso de Zaqueo, quien a diferencia del joven rico no dejó de tener abundancia material por buscar la salvación de su alma, ni se lo exigió el Señor, porque no tenía puesto el corazón en las riquezas.

En este tenor, el Apóstol de Dios expresó que es el bienestar de la Iglesia lo que lo motiva a explicar esos temas: “Deseo que haya igualdad con justicia, es mía la necesidad de la Iglesia”, por ello dejó claro que esa responsabilidad también la deben compartir los hermanos para cuando venga la prosperidad y se formen las empresas o las compañías, su actuar sea diferente al mundo, que obren con justicia con sus hermanos, “decentemente y en el orden que tu hermano Naasón hoy está estableciendo. Orden que Dios ha traído desde el tiempo de Israel, nuestra sombra y bosquejo que ahora es real y con mayores bendiciones, porque no se lo ha prometido a su Pueblo, sino a sus hijos”.

El segundo punto que abordó fue el autoconsumo, el cual la Iglesia debe hacerlo una costumbre, como lo señala Gálatas 6:10: hacer bien a todos, mayormente a los de la casa. “Mandamiento de Dios, hacer el bien a la sociedad, pero para el cristiano existe una obligación mayor: hacer el bien principalmente a la familia de la fe, con lo cual serán un ejemplo como actualmente lo son por su limpieza de vida”, porque son ellos la sal de la tierra, la luz del mundo, para que los hombres al ver sus buenas obras glorifiquen a Dios (v. Mateo 5:16), por lo que exhortó a que como Hijos de Dios, la esperanza siempre esté en Él, “incluso su prosperidad y ganancia, conocimiento que está firme en los hermanos, que sin Dios nada se puede hacer”. Explicó que decir “sin Dios”, significa estar sin su doctrina, sin sus mandamientos; por lo que ni la riqueza, la inteligencia o la capacidad servirán para lograr hacer algo.

Para ratificar sus recomendaciones, tomó las palabras que dijo el Apóstol Pablo a Filemón, y repitió a la iglesia: “El bien que le hicieres a tu hermano, es como si me lo hicieres a mí… si algo te debiere ponlo a mi cuenta aunque también te digo que tu también te me debes porque por medio de la palabra que yo predico Dios te ha dado vida delante de Él”. Reiteró que teniendo ese cuidado, el autoconsumo permitirá distribuir mejor lo que Dios les dé y el hermano lo refuerza colaborando para las diversas necesidades de la Iglesia, con su diezmo y ofrendas, conforme a la enseñanza del Señor y su fe.

Con la confianza que Dios cumplirá su promesa de prosperidad, el Apóstol de Dios exhortó a la grey universal que lo escuchaba por la Internet, “a dar lo mejor de cada uno al Altísimo y no ser como Caín, avaro, por lo que su ofrenda no fue acepta, a diferencia de Abel, que ofreció de lo más especial de su ganado, sólo lo mejor, como se requiere para Dios.” De esa bendición que Dios va a dar, de eso mismo dar porque hay una promesa: si hoy vez a este pueblo grande yo lo multiplicaré aún más”.

Anunció que más de dos mil obreros han salido sólo en México, a nivel internacional cuatro mil y diez mil jóvenes arden en deseos de sumarse a la batalla espiritual de evangelización, esperando su tiempo, porque aún faltan muchas regiones del mundo que llenar con el Evangelio de Cristo; mencionó a Rusia, China, Japón… la mayor parte de los países africanos, ¿de dónde va a salir para enviarlos? Y la respuesta fue: de lo que Dios te va a bendecir, “porque es necesario que sea ofrecido para la construcción del tabernáculo espiritual, para la gloria y testimonio del Señor”, como se enuncia en un canto: ‘Con tu dinero impulso a ellos dar’. Esa es la razón por la que Dios los quiere enriquecer”.

Asimismo “el Evangelio es también un medio para alcanzar un mejor nivel de vida y prosperidad en todas las cosas, sin olvidarnos de Dios…”, aquel hermano que no tiene ningún cambio en lo material ni en lo espiritual, significa que no le ha llegado el Evangelio al corazón”.

 

Los obstáculos que estorban el cumplimiento de las promesas

Para cerrar su tema, advirtió de los obstáculos a los cuales se podrían enfrentar, y con el fin que sus palabras sean recibidas para beneficio de la Iglesia y para cumplir la promesa que Dios le dio, no para su enriquecimiento personal, porque de Dios tiene todo y hay que creerlo sin dudar. A fin de considerar y reflexionar en el llamamiento de la Iglesia, gracia que no vino a los príncipes ni encumbrados del mundo, dio lectura a 1a. Corintios 1: 26: “No sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles…”; reconocer que de lo vil trajo Dios, con un fin claro y contundente: para mostrar su poder y gloriarse de su obra por medio de la superación de aquellos traídos de esa pobre condición, pero si creen de verdad en la palabra apostólica y en las promesas de prosperidad, el Señor va a darles hasta que sobreabunde.

De los obstáculos para alcanzar las promesas de prosperidad, enunció cuatro:

  • La incredulidad. Como ejemplo quedó Israel que ni aun viendo las maravillas que hizo Dios al liberarlos, dudaron; por ello les negó la entrada a la tierra prometida, como lo refiere Hebreos 3:18.
  • El conformismo, que es la condición de rechazo al trabajo ante toda oportunidad de desarrollo, enemigo de la superación, solo critica sin analizar. La senda del justo va como la luz de la aurora, de aumento, en aumento… dice Salomón en Proverbios 4:18.
  • La envidia, sentimiento vil que hace que exista molestia por ver la prosperidad de su hermano y da origen a las guerras, como lo explicó en su presentación en el estado de Guerrero, dando lectura al libro de Santiago 4:1.
  • La pereza, en la que entra la pasividad; el omiso, quien piensa que aunque no haga nada está bien. En Santiago 4:17 está la enseñanza… al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado como pecado.

 

Despedida

Para la iglesia de Dios, el deseo de un Apóstol de Jesucristo se convierte en un mandamiento, según la fe y el reconocimiento que se tenga a la Elección, dando por finalizada su explicación al invitar a la iglesia uirse a los propósitos de Dios manifestadas en las dos presentaciones en Morelos y ahora Tlaxcala.

Y con las palabras que Dios dio a Josué, en el capítulo 1 verso 5 al 8: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida… no te dejaré ni te desampararé, solamente esfuérzate y sé muy valiente para cuidar y hacer conforme la ley…no te apartes de ella ni a diestra ni siniestra para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme todo lo que en él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”.

Para la Iglesia del Señor, la “lectura de la ley” se refiere al servicio de oración que todos los días hay a las cinco y a las nueve de la mañana, y a las seis de la tarde. El recordar la Palabra de Dios es nuestra escritura actual, que es el alimento para fortalecer la fe. Remarcó como su consejo final: “No te apartes ni a derecha ni a izquierda de lo que hemos aprendido y el Señor te va a prosperar; guarda la Palabra de Dios en tu corazón y te irá bien, obedece al Enviado de Dios y el Señor te va a prosperar y te va a bendecir… Iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad: creed en Jehová vuestro Dios, creed en vuestro Señor Jesucristo y estaréis seguros, no tengáis temor… lucharán muchos contra vosotros… ¿Creéis en su Enviado para dirigir su Iglesia? Entonces obedeced mi palabra y veréis que Dios os ha de prosperar en gran manera”.
Con las voces de los coros de Veracruz, en esa hermosa alabanza “Somos un pueblo feliz”, dio por terminada su disertación, después de lo cual en una oración de adoración, dieron la gloria al Dios Todopoderoso.

Anunció que durante el servicio de la tarde visitaría las iglesias de Tlaxcala para que con su presencia, al igual que con Israel ante la presencia del Arca de Jehová, haya alegría porque esta representaba prosperidad, así ahora, para animarlos a construir un templo más grande. Mencionó al estado de Morelos donde hubo dos santuarios que lo llenaron de orgullo y satisfacción, uno de ellos con 90 hermanos y su construcción con capacidad para 380, saben que Dios los ha de multiplicar en gran manera. Para Tlaxcala dejó también su bendición y les dijo que era tiempo de abrirse a las promesas de Dios. Se despidió manifestando su alegría al ver un pueblo hermoso y fuerte en su fe y con el compromiso de que obedecerán su palabra, deseando regresar pronto a contemplar el fruto de su trabajo.

Entre las exclamaciones de gozo y alegría se fue despidiendo de los hermanos, primero de los coros, luego de la Iglesia, mientras caminaba a lo largo del pasillo, a la salida del recinto de nuevo se encontró la valla de los batallones a quienes animó a seguir adelante con fuerza y valentía, luego, en la parte externa, los niños en sus atuendos autóctonos soltaron globos azules y blancos a su paso.

En la compartición del pan y la sal, después de su presentación, el Apóstol de Dios habló con los hermanos pastores de lo importante de hablar de ese tema que él trato en la mañana para que la Iglesia no olvide que la prosperidad que ya están teniendo es por la promesa de Dios, y que no olviden de dar la gloria a su Nombre. Refirió del Pueblo de Israel que cada año, por mandamiento, tenía varias ofrendas, que daban de lo mismo que Dios les dio en abundancia, pero ya siendo ricos y poderosos, como lo son actualmente, se olvidaron de su Señor. Ejemplo que recalcó debe servir para aprender y no cometer el mismo error. La iglesia restaurada en estos tiempos también tiene una ley más perfecta que supera a la material, y también tiene diversas ofrendas que se hacen por fe y con voluntad, como el diezmo, la canasta, de la que habló en su explicación o las primicias de todo aquello que tenía, así fuera de sus animalitos o de su cosecha, pero que algunos ya han dejado de cumplir al juzgar a quien de los ministros que tienen en su Iglesia merece recibirlo o no. Esa es una bendición que el Señor concedió a sus sacerdotes por lo que no le corresponde al pueblo juzgar. El compromiso espiritual se debe a Dios, quien es el que juzgará. Aquél que no tiene bendición ha sido por su incredulidad, porque Dios cumple: ¡pruébalo!, dijo.

Expresó la seguridad que hay en él, “la Iglesia va a responder y se pondrá a la altura para vivir los tiempos hermosos que se acercan, exhortó al Cuerpo Ministerial a consolidar los mensajes que les dejó, a fin de que la Iglesia siga en ese conocimiento porque la promesa de Dios es hasta que Cristo venga por ella.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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