¿Está preparada la Iglesia para experimentar y resistir una prueba permitida por Dios?

(Coordinación de Crónica Apostólica) — El miércoles 2 de noviembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina al Creador en el templo de la colonia Hermosa Provincia, en Guadalajara.

El reloj marcaba las 4:24 de la mañana cuando, acompañado por algunos de sus colaboradores, el Apóstol del Señor ingresó a su oratorio en el interior del templo. Con antelación, le esperaba el Orfeón local, quien portaba un impecable uniforme azul rey y blanco. Entretanto la oración del justo se elevaba al Creador —a la que se unieron cuatro pastores, doce diáconos y ocho encargados, así como la Iglesia que se encontraba en el sagrado recinto, en sus atrios y en sus calles adyacentes— se escucharon con singular nitidez dos bellas alabanzas: «Feliz momento» y «Qué dulce es el amor de mi Jesús».

Al término de su plegaria, luego de haber orado en favor de su familia, del Cuerpo Ministerial, de la Iglesia universal y de las almas que están ordenadas para vida eterna —además de la oración de adoración al Creador—, el Apóstol del Señor se detuvo por unos segundos con los integrantes del Coro local, a quienes saludó y dirigió unas palabras: «Dios les pague por acompañarme, hermanos. Dios les bendiga».

En el trayecto del templo a su casa, centenares de hermanos congregados esperaban jubilosos al padre de la familia de la fe: el Apóstol Naasón Joaquín. «Dios les pague por su amor», «Dios los bendiga, hermanos», correspondió el insigne maestro a sus hijos en la fe, mientras levantaba su mano y en su rostro se esbozaba una jovial sonrisa.

 

Como el oro es pasado por el fuego, así será probada la fe del cristiano

Al llegar a la puerta de su casa, platicó y dio instrucciones a sus colaboradores por más de treinta minutos. En primer lugar, destacó que a casi dos años de cumplirse otro aniversario de su Llamamiento Apostólico, la Iglesia, bajo su dirección, ha experimentado un sinnúmero de bendiciones —que más adelante describiría—, en consonancia con la promesa que Dios le hiciera la mañana del 8 de diciembre de 2014: «Si hoy ves este Pueblo grande, yo lo multiplicaré aún más».

Después de expresar la alegría, el consuelo y las bendiciones alcanzadas de parte de Dios, hizo una pregunta puntual a los ministros: «Hermanos: ¿creen ustedes que estaremos preparados para experimentar una prueba? ¿Esteramos preparados para resistir una tribulación?». A partir de este cuestionamiento, invitó a los encargados a la siguiente reflexión: «Hasta este momento, todo ha sido muy hermoso. Dios, de una forma u otra, ha respondido a su Pueblo manifestando, por medio de la Elección, que no estuvo ni ha estado solo: Él sigue en medio de nosotros».

En este contexto, dijo que, a semejanza de lo que experimentó Job, vendrán para la Iglesia tiempos difíciles, en los que será probada la fe de los hermanos. Recordó las palabras que le dijo Dios a satanás «…¿no has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?» (v. Job 1:8), y comentó que en la actualidad podrá Dios decirle al adversario: «¿No has considerado a la casa de Naasón Joaquín? ¡Están contentos! ¡Mira cómo están trabajando! Unidos, llenos de energía espiritual…».

 

Al lado del Apóstol de Jesucristo, la Iglesia sigue trabajando con denuedo

En otro momento, el Siervo de Dios comentó lo siguiente: «Yo dije en la pasada Santa Cena: ‘La Iglesia se ha preparado. No está preparada, pero si se está preparando. Sus obras y su trabajo dan testimonio de que es una Iglesia que ya no está en descanso, en pausa… Es una Iglesia que se encuentra en movimiento, que trabaja: los niños, los jóvenes, las señoritas, los adultos, los profesionistas, los trabajadores… ¡Todos están dando testimonio de la fe!’.

«Es, pues, una Iglesia que está demostrando que hoy, más que nunca, cada miembro siente el orgullo de ser hijo de Dios. Ante estas bendiciones, ¿satanás va a doblegarse en sus maquinaciones? ¡No!… El Apóstol Samuel Joaquín tenía una frase cuando había una grande bendición o una manifestación de júbilo o de victoria… Siempre expresaba un dejo de preocupación. Le preguntaba: ‘Papá, ¿no te alegras?’; y él me respondía: ‘Sí me alegro; pero si el Señor nos concedió esta victoria, satanás ya está tramando cómo ocasionarnos una tristeza. ¡Cómo puedo descansar si sé que algo está tramando el adversario para entristecernos!’».

Comentó que al ver las redes sociales, él se alegra sobremanera al contemplar el enorme trabajo que la Iglesia realiza alrededor del mundo. Citó —como un ejemplo, entre muchos— el servicio de alabanzas y de evangelización que tuvo lugar el domingo 30 de octubre en Tepatitlán de Morelos, Jalisco —ciudad que fue uno de los bastiones más importantes de la rebelión cristera en la década de los años veinte del siglo pasado.

Mencionó que al contemplar esa jornada de evangelización, a través de internet, pudo constatar las expresiones de aceptación de los tepatitlenses, y abundó: «Me llena de alegría y de satisfacción escuchar cuando los oyentes de aquella ciudad dicen: ‘!Qué hermosa es la Iglesia! ¡Qué hermosa la manifestación de Dios en su Pueblo! ¿Por qué no habían venido antes a este lugar?… Una muestra inequívoca de que Dios está ablandando los corazones para recibir el mensaje de salvación. ¡Cómo no estar alegres!». (Tepatitlán de Morelos forma parte de los 24 municipios de la zona de Los Altos de Jalisco —entre ellos Arandas, San Juan de los Lagos, Yahualica de González Gallo, Jalostotitlán, Atotonilco el Alto, San Julián…—. De esta ciudad, que es un punto clave, se esparcirá la semilla del Evangelio a toda la región de Los Altos.)

 

La Iglesia: perfecta en su fe y en su conocimiento

En otro momento, el Siervo de Dios expresó: «A pesar de los triunfos espirituales, no debemos bajar la guardia. Espiritualmente, lo sabemos, estamos cerca de cumplir dos años de alegría, de gozo y de fortaleza. Dios confortó, consoló y manifestó a su Pueblo a su Elegido. Él dijo: ‘Se fue mi Siervo Aarón, se fue mi Siervo Samuel, pero yo sigo contigo’. El Señor nos ha llevado de triunfo en triunfo y ahora la Iglesia es más perfecta en su fe y en su conocimiento.

«No estoy diciendo que mi trabajo ha sido mayor que el de mis antecesores: estoy diciendo que Dios ha llevado a su Iglesia cada día de triunfo en triunfo, porque si hubiera permanecido igual, entonces hubiéramos fracasado —o yo hubiera fracasado como Siervo de Dios—, pero la Iglesia es cada día más entregada y más amorosa, y tiene mayor reconocimiento a la Elección y también al trabajo espiritual de la evangelización.

«En necesario que los encargados hablen en sus Iglesias e instruyan que también Dios permite que satanás venga a probarnos y tentarnos. ¿Por qué lo permite? ¿No pareciera ser algo contradictorio? Job, quien era un hombre justo, perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal (v. Job 1:1), y que además inculcaba en sus hijos la adoración a Dios, ¿era por esas virtudes por lo que el Señor permitió a satanás que lo tentara? ¡Y a qué niveles!… en un solo momento, todavía no acababa de recibir una mala noticia, cuando llegaba otro de sus siervos a darle otra mala noticia… y se quedó completamente sin nada. Aún tentado por su mujer cuando le dice: ‘¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete’ (Job 2:9)».

 

¿Por qué, dónde, cuándo y cómo permitirá Dios que seamos probados?

El Apóstol de Jesucristo, al retomar de nuevo su pregunta inicial, volvió a inquirir a los ministros:

I. «¿Estamos listos para la prueba?, porque llegará satanás a decirle a Dios: ‘Pues cómo no: les das triunfos, victorias, alegrías, fiestas espirituales… ¡Pruébalos!, para que veas si no en tu presencia muchos te van a maldecir’.

II. «¿Está lista la Iglesia para hacer frente a la prueba o tribulación que el enemigo va a presentarnos para ‘demostrarle’ a Dios que solo somos ‘convenencieros’? ¿Cuando venga la tribulación vamos a blasfemar en contra de Dios? ¿O somos como Job?, que ‘Dios conoce nuestro camino, nos probará y saldremos como el oro’.

III. «¿Cuál será la tribulación?: ¿La enfermedad, la angustia, la tristeza?… Quién podrá decir: ‘Señor, ¿no que tú ibas a ser siempre con nosotros e ibas a ayudarnos en todo momento?’, cuando el Señor, en realidad, en ningún momento nos abandona ni nos abandonará: en el momento de la tribulación, Dios se estará gloriando de nuestra fe.

IV. «¿Por dónde va a venir la prueba? El Señor nos conoce a cada uno y satanás también nos conoce y sabe por dónde nos puede afligir. Por tanto, la Iglesia debe estar cimentada en esta confianza: ‘…si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Dios es con nosotros’ (Romanos 8:34). Si llega la prueba podemos decir: ‘Estamos preparados para lo que el enemigo nos tenga, lucharemos y lo combatiremos’.

V. «¿Cuál será la tribulación que vendrá?¿Angustia, hambre, desnudez, persecución, escándalo?… En el primer siglo, los fariseos no pudieron con el Señor Jesucristo y trataron de armarle escándalos: ‘Hombre comilón y bebedor de vino’ (v. Lucas 7:34); ‘Amigo de publicanos y de pecadores’ (Mateo 11:19); por Beelzebú, ‘echa fuera los demonios’ (Lucas 11:15)… Todas las obras buenas que el Hijo de Dios realizaba eran desvirtuadas por los enemigos. En otro momento, el Apóstol de Dios comentó: «En el tiempo del Apóstol Aarón Joaquín hubo pruebas. En el tiempo del Apóstol Samuel Joaquín, también… Sin embargo, ante las descalificaciones sin sustento, la Iglesia supo en quién había creído (2 Timoteo 1:12). Así nosotros ahora. ¿Vendrá esa prueba pronto? ¿En uno, dos, diez o veinte años? No lo sabemos; pero la Iglesia debe estar preparada para lo que Dios permita».

Enseguida, el hermano P.E. David Venegas —responsable en turno de la oficina pastoral en Hermosa Provincia— comentó: «Nosotros no vamos a escoger la prueba que queramos». El Apóstol de Dios, refiere: «No es la prueba que el Señor quiera, sino la que satanás nos va a poner», y citó el siguiente pasaje: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie…» (Santiago 1:13). Es satanás quien nos pone la tentación, la prueba, y uno sabe si cae o no cae.

«¿Y la Iglesia se ha preparado para esto? ¡Hay que prepararla! Hay que hacerle sentir que nuestro matrimonio con el Señor, en el bautismo, es hasta que la muerte nos separe; y nos separará la muerte aquí, pero nos unirá en el cielo y allá será la unión eterna. En la abundancia y en la escasez, en la salud y en la enfermedad estuvimos dispuestos a estar con el Señor».

 

La lucha del cristiano no es contra sangre y carne

Enseguida, el hermano Venegas citó un texto: «Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él» (Filipenses 1:29). «Me estoy preparando, porque no sé cómo ni por dónde satanás vendrá a provocarnos, a querer desanimarnos… pero si nosotros preparamos a la Iglesia, en lugar de lamentarnos y decir: ¡Ay, algo malo se va a venir!, diremos: ‘Señor, ayúdanos para recibir lo que venga y poder combatirlo’», expresó categórico el Apóstol de Jesucristo.

Y abundó: «Tenemos que aceptar y entender que se avecinan luchas: tenemos que prepararnos, no vivir en una falsa confianza». Citó la parábola de las diez vírgenes, donde las cinco insensatas, «tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: !Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta» (Mateo 25: 3-10).

Destacó que siempre debemos tener —simbólicamente hablando— una reserva de aceite para cuando éste se acabe no se extinga nuestra lumbrera. Y agregó: «Nunca debe haber una falsa confianza, porque el enemigo, como león rugiente está esperando devorar a su presa» (v. 1 Pedro 5:8), y recordó que «no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Efesios 6:12).

Satanás, refirió el Apóstol Naasón Joaquín, está despierto día y noche, elucubrando maquinaciones: ‘Por aquí fallé, voy a intentar de otra manera’. Enseguida, preguntó a los ministros: «¿Creen que satanás se desesperará por estos dos años que han pasado de triunfos? No… pero ahí está, latente, esperando el momento preciso. El león, cuando vigila a su presa para cazarla, aunque en varios intentos no logre su cometido, no se retira. Ahí está, oculto, esperando el menor descuido de un miembro de la manada para arremeter contra él. ¿A quién atrapó? Al animal débil que se descuidó y que se apartó del grupo.

«Cuando algún hermano dice: ‘Yo puedo solo’, no es cierto. Nada podemos hacer solos. Dijo Cristo: ‘Sin mí nada podéis hacer’» (Juan 15:5). En este tenor, retomó el himno n. 29, «Al Señor yo le quiero servir», que en la estrofa de su coro dice «He peleado la batalla, Señor, le diré mi carrera al terminar; pues también he guardado la fe, solo quiero que me vengas a llevar». Recordó que estar en la Iglesia no solo es sentarnos en la banca y esperar cómo pasa el tiempo (una rutina). Estar en la Iglesia es una guerra continua contra satanás, y el que se sienta en la banca todos los días a escuchar y contemplar la historia de la Iglesia y expresa: ‘¡Qué bonito! ¡Cuántos triunfos!’».

 

De una Iglesia «espectadora» a una Iglesia «proclamadora»

Posteriormente, el Apóstol Naasón Joaquín dijo que Iglesia ha dejado de ser «espectadora» para convertirse en una Iglesia activa, y que en su conjunto se ha sumado al trabajo espiritual de la evangelización. Por ello, mencionó, «es bonito reflexionar en la estrofa del canto: ‘Estoy peleando la batalla’. El tiempo que Dios nos permita de vida resistiremos y combatiremos en la batalla espiritual hasta el último aliento.

Mencionó también que algunos ministros, dado a su avanzada edad, se encuentran cansados o enfermos, pero que para él su testimonio es de grande valor. Y agregó: «¿Quiénes son? Aquellos hermanos que han peleado la batalla, algunos desde el tiempo del Apóstol Aarón Joaquín». Recordó que aunque la Iglesia contempla la bonanza y prosperidad actuales, al principio no fue así; sin embargo, «desde su inicio, Dios sigue conduciendo a su Iglesia de triunfo en triunfo: cada vez más hermosa, más numerosa… en su fe, cada vez más perfecta. ¡Y mañana será más hermosa que hoy!’.

«No es soberbia: es lo que la Iglesia está viviendo en su ánimo, en su deseo, en su trabajo… No solamente está escuchando que su hermano anda en alguna de sus giras: ella continúa trabajando. No fue entonces una llamarada momentánea, como dijeron algunos: fue la fe genuina de Dios».

 

Dar testimonio de nuestra fe a las almas que buscan a Dios, no a los necios

El hermano Venegas compartió un testimonio: «Dios está moviendo los corazones. Él ha hecho su obra perfecta. A la oficina pastoral han llegado visitas que dicen que han sentido en su corazón acercarse a Dios, a la Iglesia, quienes piden la oración. El domingo hubo muchas personas en la Escuela Dominical». En respuesta, el Apóstol del Señor expresó: «La Iglesia es una fogata, no una lumbrecita, donde las personas se acercan a sentir calor. Dicen: ‘Es que donde nos encontramos nos sentimos congelados (en referencia a sus arcaicas tradiciones religiosas)’».

«La Iglesia da respuesta a la necesidad de las almas para salvación. No da respuesta a los necios, hay que entenderlo. Que el necio explique ¿por qué Dios no pudo haber elegido a su Apóstol de la simiente de Samuel Joaquín? Que sean ellos los que nos expliquen porqué no y no nosotros a ellos. Nosotros no somos los inconformes con la voluntad de Dios, son ellos. Nosotros solamente debemos dar razón a las almas que sinceramente buscan a Dios.

«Cómo puede el hombre quitarle a Dios la facultad que Él tiene y que manifiesta cuando Él quiere y con quien Él quiere. Nuestra razón es para las almas que quieren escuchar la Palabra de Dios. A ellos se les debe ser razón de nuestra esperanza, de la Iglesia y del apostolado contemporáneo (1 Pedro 3:15). El alma que se acerca es porque hay alguien que lo está arrimando a esta fogata espiritual porque alma gime con una grande aflicción».

 

Despedida

Para despedirse, el Apóstol de Dios reiteró la indicación de que todo el Cuerpo Ministerial debe instruir a la Iglesia para que se prepare a experimentar y resistir la prueba o tribulación que se avecine, y concluyó: «Vienen los momentos alegres y gozosos, y decimos: ¡Gloria al Señor!; vienen los días de aflicción y de pruebas, y ¿maldeciremos al Señor? De ninguna manera. Diremos: ‘Dios, tú nos diste y tú nos quitaste, sea tu nombre bendito. Tú guíanos y dirígenos’. Solamente mi petición y oración, todos los días es: ‘¡Señor, que su fe no desmaye! Yo no puedo quitar la tribulación, el escándalo o lo que satanás traiga para probar la fe de cada uno, pero si le puedo decir al Señor: ‘Auméntales la fe’. Aquí estoy. ¡Hasta el último aliento!, hermanos.

«Salúdenme a sus iglesias, a cada una de ellas. Díganles que ya estoy aquí en casa y les mando un saludo. Dios les bendiga, hermanos».

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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