El Apóstol Naasón Joaquín eleva su oración matutina en el templo de Bethel

El Apóstol Naasón Joaquín eleva su oración matutina en el templo de Bethel: «¿Está preparada la Iglesia para vivir en la abundancia?», expresó

(Coordinación de Crónica Apostólica).—— El sábado 9 de diciembre, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, elevó su plegaria matutina en el templo de la colonia Bethel, en Guadalajara, un día después de su presentación en la Iglesia de Santa Ana, California, en donde recordó su glorioso Llamamiento —que tuvo lugar el 8 diciembre de 2014—.

El reloj marcaba las 4:30 de la mañana cuando salió de su casa con dirección al templo. El pastor de la Iglesia de la colonia Bethel, hermano P.E. Felipe Medina, así como los hermanos P.E. José Bermúdez y P.E. Mizraim Medina, acompañaron al Apóstol del Señor a la Casa de Oración. A su paso por el adoquinado atrio, un numeroso grupo de hermanos —hombres, mujeres y niños—, saludaban con sus manos levantadas y con expresiones de reconocimiento, al insigne maestro.

En el recinto sagrado —réplica arquitectónica del templo que estuvo en la colonia Hermosa Provincia de Guadalajara, de 1969 a 1982—, el Orfeón loca esperaba al Apóstol para acompañarlo, a través de sus cánticos, en su plegaria al Creador. Como un solo hombre, la Iglesia congregada y los ministros se unieron a la sublime oración.

En la puerta de su casa, luego de acudir al jardín de la oración, el Siervo de Dios platicó con sus colaboradores. Entre otros temas, recordó los inicios de la Iglesia en la época de la Restauración, durante la administración del Apóstol Aaron Joaquín (1926-1964), época en la que los hermanos sufrieron discriminación, escarnios, humillaciones, burlas e, incluso, amenazas y golpes. ¿La razón? La manifestación de su fe.

El trabajo de los Apóstoles de la Restauración

En este tenor, el Apóstol del Señor abundó: «En primer lugar, quería el Apóstol Aaron Joaquín afirmar la fe de la Iglesia. Sabía que no era el momento para que el estudio humano entrara en el joven y la señorita: quería primero introducir la Palabra y el conocimiento de Dios, y que la fe se desarrollara fuerte y sólida.

«En una época de persecución, angustia y dolor —según nos cuentan nuestros padres—, aquellos fueron días muy difíciles… De las groserías pasaban a los escarnios y agresiones en contra de los hermanos… ¡Y solo porque eran miembros de la Iglesia!,, no había otra razón. Por lo anterior, el Hermano Aaron siempre instruyó a los hermanos para que, por medio de la fe, permanecieran firmes».

Enseguida, trajo la memoria el trabajo del Apóstol Samuel Joaquín, quien durante su administración (1964-2014), buscó espacios en la sociedad para que la Iglesia se proyectara cada día más, y en este tenor agregó: «Él permitió el estudio, porque la Iglesia empezó a madurar en lo espiritual. Vio que los jóvenes mantenían su fe, y la prosperidad también comenzó a manifestarse».

En la época contemporánea —recordó—, la de su Ministerio Apostólico, se abrió una nueva etapa de prosperidad espiritual y material. Así lo comentó: «Hoy vienen tiempos de mucha prosperidad, y es ahí donde surge un pendiente y a su vez un peligro. Algunos dirán: ‘Pero el peligro ya pasó…’; pero no es así, en esta época de prosperidad también se viven tiempos más difíciles».

En otro momento, así contrastó: «En la angustia, la necesidad, la persecución y la enfermedad, es cuando el hermano se acuerda más de Dios; en cambio, en la abundancia, cree que no necesita de Dios y se aparta de Èl. Al tener estabilidad económica, abundancia, conocimientos, capacidad y salud; al ser empresario o tener algún cargo en el gobierno, el hombre soberbio cree todo esto lo ha obtenido por sus propias fuerzas. Sin embargo, cuando experimenta dolor, aflicción y tribulación, ahí sí se acuerda de Dios y acude a la Iglesia».

En esta nueva era, ¿Sabrá la Iglesia vivir en la abundancia?

Enseguida, planteó lo siguiente: «Si la Iglesia, en sus inicios, supo vivir en la escasez, la angustias y las tribulaciones… Ahora, en esta nueva era, ¿sabrá vivir en la abundancia? Porque el verdadero cristiano sabe vivir tanto en escasez como en abundancia. Así lo dijo el Apóstol Pablo: «Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:12-13).

«¿Qué significa saber vivir en abundancia? ,¡No olvidar que lo que somos y tenemos es por Dios! ¡Eso es saber vivir en la abundancia! Que cuando venga la bendición, la riqueza, la prosperidad y la grandeza, es porque Dios nos lo da. No nos olvidemos, entonces, del que nos hizo y digamos: lo que tengo es por mi… Que el hermano que antes era presto y solícito —que barría el templo, colaboraba en las ventas, en la construcción… —, cuando viene a él la prosperidad, tiene su negocio o algún puesto en el gobierno, se avergüenza de sus principios y dice: ‘Ahora no tengo tiempo…’. ¡Qué rápido se olvida de Dios! Deja de ser sencillo, humilde y olvida la dádiva de Dios.

«Nuestro trabajo ahora es enseñar a la Iglesia que si en una época supo vivir en pobreza, angustia y escasez, ahora hay que enseñarle a vivir en prosperidad. Dirá algún hermano: ‘Si va a ser para mal, mejor que el Señor no nos dé…’, pero este pensamiento no es correcto, porque Dios nos quiere dar. ¡Somos sus hijos! Y un padre lo quiere lo mejor para sus hijos. Sea entonces lo que el Señor quiera darnos, por que Él nos quiere dar. Nos escogió de lo más ignorante, para avergonzar a los sabios de este mundo. ¡Él nos quiere llevar de aumento en aumento, en todas las formas, no solo en lo espiritual!»

Dios quiere bendecir a su Iglesia

En este tenor, citó el ejemplo del nacimiento de Jesucristo. En ese momento, Dios envió hombres para que le dieran riquezas, y aunque José, quien representaba la figura paterna ante el mundo, no tenía ni siquiera para pagar un cuarto para que María, su esposa, diera a luz en buenas condiciones, un hombre les permitió un pesebre. Así nació, en extrema pobreza. Y lo primero que hace Dios es mandarle a unos hombres para que le lleven tesoros. ¿Por qué? ¡Porque era su hijo!

El Apóstol del Señor recordó el siguiente pasaje: «… un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga» (Mateo 2: 13), y agregó: «Su infancia la pasó en Egipto. Desde el momento en que Jesús nació, Dios proveyó para él ¿lo necesario? No, no lo necesario: Dios proveyó en abundancia».

Por último, puso como ejemplo el testimonio de José, quien supo vivir en aflicción —pero siempre tuvo el entendimiento de porqué Dios le había permitido llegar a a esa situación—, y supo vivir también en abundancia. En ambos casos, nunca se apartó de sus principios. Aunque ocupó un cargo público —fue gobernador de Egipto—, nunca se avergonzó de sus hermanos; al contrario, desde ese puesto invariablemente apoyó a su Pueblo. Ni el poder ni el dinero lo hicieron olvidarse de Dios, ni cambiar sus principios.

Antes de despedirse de sus colaboradores, les expresó: «Deseo y espero que siempre su palabra sea unida a la mía, para que sigamos instruyendo a la Iglesia, haciendo crecer la fe de ellos por medio del conocimiento de Dios. ¡El Señor les bendiga!».

En esta gélida mañana —la temperatura descendió en Guadalajara a seis grados centígrados—, la Iglesia de Bethel, inundada del calor espiritual y cobijada amorosamente por el manto de la Elección, contempló y saludó con singular alegría a su maestro y guía espiritual.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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