Inicia Apóstol de Jesucristo su primer recorrido en Colombia

(Coordinación de Crónica Apostólica).- El miércoles 3 de octubre, en el marco de su visita al país sudamericano de Colombia con el propósito de enviar nuevos Batallones espirituales a los campos de batalla, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, sintió en su corazón, visitar algunas iglesias de la región, empezando con aquellas que están establecidas en la capital Bogotá, noticia que llenó de júbilo a sus hijos en la fe que se encuentran en este país.

En una tarde soleada pero con brisa, el Siervo de Dios visitó primeramente a los hermanos de la iglesia Central en Bogotá donde el Pastor Emérico Meza y una multitud de hermanos le dieron la bienvenida con el himno titulado, Bienvenido Apóstol de la Consolación.

En una Casa de Oración pletórica de corazones fervorosos, donde a las quince horas arribó el Apóstol acompañado de su esposa, la hermana Alma Zamora y sus hermanos Uziel y Benjamín, les dijo: “¡Cuánto anhelaba mi alma estar con ustedes, mi corazón ardía y hoy puedo decir: Heme aquí hasta el último aliento”.

En su mensaje pastoral a los hermanos de esa iglesia, habló del significado de este país en las conquistas espirituales del Apóstol Samuel Joaquín su padre, ya que, Colombia fue el primer país extranjero a donde llegó el evangelio durante su administración apostólica y hoy, él mismo era testigo de que, no solo recibieron a su padre, sino también a él y por ello afirmó: “puedo decir: si para otros no soy Apóstol, para vosotros ciertamente lo soy y vosotros sois el sello de mi apostolado, vosotros sois la gloria de esta Elección y en vosotros Dios seguirá engrandeciendo esta Iglesia.

Ante una Iglesia entregada el Apóstol Naasón aclaró que, aunque visitó el país para estar con la juventud que enviará a la Obra, no quiso perder el momento para visitar las iglesias y contemplar los rostros de sus hijos en este lugar, “porque sois muy amados…” Hizo alusión al canto de bienvenida con que la iglesia Central de Bogotá le recibió “Tenéis razón al decir que estáis seguros, porque para eso Dios me ha puesto al frente de vosotros, soy vuestro escudo, soy vuestra espada, mientras haya Elección en la tierra, seguro se hallará el aprisco”.

Hacia el final de su pequeña presentación, dijo a los presentes que no solo saturaban el templo, sino que aún invadieron la parte exterior, donde la mirada extrañada de los transeúntes se preguntaba ¿Qué era lo que sucedía en ese lugar? “Quiero darle gracias a Dios por permitirme haber pisado una vez más este bello país, decir al Señor y pedirle que Dios te siga engrandeciendo, que Dios te siga multiplicando y que esta ciudad de Bogotá crezca de una forma hermosa y grandiosa para la gloria de Dios…”.

En una ferviente oración, Apóstol e iglesia sostuvieron un momento de solas espiritual que solo se experimenta en esos momentos en los que está el padre de la fe. Antes de despedirse refirió la perfección de la obra de Dios en donde no hay influencia de hombre sino que es Dios quien hace esta obra.

“Muchos de vosotros no me conocíais aún, ni yo os conocía a vosotros, sabíais que el Apóstol Samuel tenía hijos, pero no identificabais bien quienes eran…” –dijo, aludiendo que, las manifestaciones de amor presentes en ellos, obedecen a lo que Dios puso en sus corazones para recibirle como Apóstol de Jesucristo, “sigue adelante, alarga tus estacas y extiende tus cuerdas, porque esta ciudad crecerá hacia todos lados y todos sabrán que aquí está la Iglesia de Jesucristo”.

Finalmente pidió a todos ser lumbreras en esa ciudad, lumbreras que alumbren con su vida y que, con sus obras le den la gloria a Dios, para que cuando les interroguen “¿Quiénes son y de dónde vienen?” puedan responder “a nosotros nos ha enviado un Apóstol de Jesucristo, somos la Iglesia del Dios Vivo, Columna y Baluarte de la Verdad”.

Se despidió con el siguiente mensaje: “Bogotá Dios te siga bendiciendo, me voy con una inmensa felicidad, la paz de Cristo quede con vosotros”. Al descender del ministerio, abrió sus brazos para abrazar a todos simbólicamente y llevó sus manos a su boca para dar su ya característico ósculo de amor a todos los santos. De esta manera el hermano Emérico (Pastor en turno) lo invitó a subir a la Casa pastoral donde esta iglesia preparó un alimento para atender al Apóstol y sus invitados.

A las 4:45 de la tarde, el Apóstol Naasón salió del Templo Central de la Iglesia de Bogotá, dejando una estela de bendición a todos aquellos que tuvieron la bienaventuranza de estar presentes esa singular tarde.