Visita Apostólica a los hermanos del Barrio Juan Rey

(Coordinación de Crónica Apostólica).– Luego de visitar a los hermanos en Bogotá Centro, el Apóstol de Jesucristo se dirigió hacia la Iglesia ubicada en el Barrio Juan Rey, un barrio ubicado en la parte más alta de la capital colombiana subiendo por la Vía Villavicencio, donde un grupo de hermanos juntamente con su ministro, aguardaron el momento del arribo apostólico. Tras media hora de camino en un tráfico congestionado en el que patrulleros motorizados de Colombia le iban abriendo paso al convoy apostólico, el insigne visitante llegó a este singular lugar.

A su arribo, unos niños vestidos con ropa blanca y carteles alusivos, le dieron la bienvenida en la entrada de la pequeña Casa de oración. Al entrar al recinto, todos los presentes levantaron sus manos y cantaban el himno: /// Hosanna/// para dar paso al mensaje del Ungido de Dios quien había pasado y tomado el ministerio. Tras el saludo dijo a los hermanos rebosantes de júbilo que, como hijo del Apóstol Samuel fue testigo del inmenso amor que, éste tuvo para la iglesia de Colombia, por haber sido la primicia de su ministerio.

Enseguida expresó a los presentes: “Mi alma anhelaba conocerte…” Refirió que, en febrero de 2015, en el marco de la primera etapa de su Gira Universal, visitó Colombia pero solo para celebrar la que sería la primer Santa Cena de su administración, pero no había recorrido las iglesias del país, pretexto que tomó para regresar a su extrañada Colombia. “Desde que pisé este país, mi corazón brincaba de alegría por ver vuestros corazones” –señaló, al tiempo que, recogía el sentimiento de evangelización que ha venido pregonando en todas las iglesias.

Continuó, manifestando la relevancia de Colombia en la evangelización sudamericana ya que es el país con mayor crecimiento; razón por la que ha deseado que se establezca una ciudad La Luz del Mundo, donde espera en un tiempo no muy lejano, celebrar una Santa Cena con toda la Iglesia de Sudamérica. Expresó su deseo de visitarlos para decirles que “deseaba doblar las rodillas en su templo para decirle al Señor: Señor bendice a las iglesias de este lugar, acreciéntalas, y que este país y que cada ciudad vea que la Iglesia del Dios Vivo, crecerá de una forma hermosa y grandiosa para la gloria de Dios”.

Enseguida invitó a los hermanos a doblar sus rodillas para entregarse a la oración, donde el lenguaje espiritual inundó el pequeño aposento y los presentes experimentaron la presencia del Apóstol junto a ellos, en su casa, como un sueño que habían anhelado desde aquel febrero de 2015.

Al terminar de orar, dijo a los presentes: “yo sé que creéis en mi palabra porque no es palabra de hombre, Dios habló con su hermano y me dejó esta hermosa promesa: Que sería prosperada la Iglesia en mi administración; no estoy diciendo que no sea grande, pero Dios me dijo: Si ves a este pueblo grande, yo lo voy a multiplicar”.

Finalmente refirió a los presentes el pasaje bíblico de la historia de José, quien cuando alcanzó un lugar de poder y gloria en Egipto y sus hermanos que lo habían vendido de pequeño, llegaron hasta él a causa de la hambruna que había en el pueblo, éste les dijo: “No tengáis temor porque para preservación de vida me guardó el Señor”. De esa manera dijo a los presentes: “Tu no me ves con miedo, porque sabes que yo no vengo a hacer ningún mal; tú me ves con esperanza, porque sabes que Dios me ha levantado, tú me ves como consuelo, pero aparte de consuelo y esperanza, yo te digo: Yo he venido a traer vida eterna ¿y cómo la voy a traer? A través de vosotros. Sigan dando testimonio de esta verdad, para que las almas a través de vosotros se acerquen a Dios y así veremos que, poniendo nosotros nuestro granito de arena, Dios se encargará de multiplicar el trabajo que habremos de hacer”.

Así se despidió de los hermanos, con la promesa de volver pronto, si ellos obedecen a la Palabra encomendada.