Celebración de la Santa Cena (Bethel)

(Coordinación de Crónica Apostólica) — “¡Cuánto dolor siento no poder reunir a todos mis hijos en un solo lugar, pero llegará el día en que celebraremos esta magna festividad en la Ciudad Luz del Mundo!”, promesa que el Apóstol de Jesucristo expresó en el templo de Bethel, a donde acudió para acompañar a la iglesia que este 14 de agosto se congregó en la principal subsede de la festividad de la Santa Cena, en su octogésima edición del sagrado memorial que la Luz del Mundo ha venido celebrando con la grey, que hoy reunió a más de 500 mil delegados de 56 países, que acudieron a Guadalajara, a conmemorar la Muerte del Señor Jesucristo y proclamar su resurrección.

 

El Apóstol de Jesucristo en la entrañable Bethel

Eran las 15 horas de la tarde, cuando el Ungido de Dios ingresó al santuario en donde lo esperaban miles de hermanos y hermanas de los estados de baja California Norte y Sur, Puebla, Nuevo León, Morelos, Veracruz y Jalisco, además de la iglesia que se congrega en Bethel; a quienes saludó emocionado en el espíritu y expresó: “¡Deseo que la paz de Jesucristo os abrace en este día, la comunión de Jesucristo, a la que hoy llegaréis en unidad perfecta con la celebración de la Santa Cena, sea vuestra fortaleza y el ánimo para seguir adelante hasta la vida eterna!”

Agregó que acudía a ese lugar para alentarlos, a fin que no se sintieran solos ni separados de la bendición de Dios, ni del Padre celestial a quien el Apóstol de Jesucristo rogó que les abriese los ojos espirituales, para que pudiesen ver los millares de ángeles que los estuvieron cuidando en el trayecto y habiendo cumplido su cometido de traerlos, ahora estaban acompañándoles en el lugar, en obediencia al Señor Jesucristo, que le permitía expresar: ¡Seguro se halla el aprisco!, por lo cual con entrañable afecto les dijo emocionado en el espíritu: “¡Vosotros sois mi amor más grande!, ¡sois mi vida y mi cuidado!, ¡sois mi amanecer y mi descansar!, ¡sois el encargo que Dios me hizo al ponerme frente a su pueblo!, ¡vosotros sois mi destino!” Por ello conmovido los instó a aguardar el glorioso momento en que anhelaban comer y beber la copa, no en la perfección en que se celebrará en las bodas del Cordero, pero sí velando y orando, porque aunque el Apóstol se ausentaría para acompañar a la iglesia reunida en la Mtro. Aarón Joaquín, les aseguró que su espíritu quedará con ellos, en tanto presida el memorial en Hermosa Provincia. Sabe además, que estarán con su lámpara encendida y en la mirada atenta de Cristo, que les engendró la fe; confianza que les alcanzará para creer que cuando el Varón de Dios envíe a los pastores con el pan y el vino, “no sólo verán a los ministros, sino al Señor Jesucristo, que vive y reina en gloria…entre tanto aguardad humillados bajo la poderosa mano de Dios, os enviaré mis mensajeros…”.