Hermosa bendición de Dios en la iglesia del Ejido Mora, Nayarit

(Coordinación de Crónica Apostólica) — En una hermosa visita que alegró mucho el corazón del Apóstol de Dios, procedente de la iglesia de Trapichillo, llegó con los hermanos del Ejido Mora, donde de forma maravillosa y manifiesta Dios abrió el corazón de muchas visitas que esa tarde no esperaban tan grandísima y gloriosa bendición.

El hermoso templo que actualmente se encuentra en construcción con un aspecto totalmente modernista y que se puede ver desde la autopista Tepic-Mazatlán, estaba pletórico no solo de hermanos del lugar, también de muchas almas que esa tarde fueron invitadas por aquellos que han creído a las promesas que Dios le hizo al Apóstol de Dios, aquel histórico 8 de diciembre del año 2014, cuando le dijo: “Si hoy ves este pueblo grande, yo lo voy a engrandecer mucho más”.

 

Arribo apostólico

En el exterior también aguardaba un numeroso grupo de niños y otros hermanos que no cabían en el interior de la Casa de Dios y que desde muy temprano habían estado esperando este hermoso momento, cuando a las dos de la tarde con dos minutos pudieron observar el arribo del vehículo donde iba el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, quien descendió del mismo con la mirada de todos los presentes puesta en él, mientras glorificaban el nombre de Cristo por tan excelsa bendición.

Al entrar a la Casa de oración, se escucho un clamor tan grande, que se sintió la presencia de Dios tocando los corazones no solo de los que creen en Naasón Joaquín como Apóstol de Dios, sino en muchas personas que quizá por primera vez visitaban la Iglesia del Señor y que al verlo y oír la palabra de Dios a través de él, Dios abrió sus corazones y sin saber reaccionar lloraban, se tapaban la boca con cierta pena ante lo que estaban experimentando, algunos también levantaban su mano, mientras que otros secaban las lágrimas que brotaban de sus ojos.

“¡Que alegría inmensa contemplar esta hermosa Casa de oración que estáis levantado!, sois dignos Hijos de Dios, porque el verdadero Hijo de Dios piensa en el progreso, piensa en la prosperidad, en las promesas que nos ha dado, y aunque tu comienzo fue pequeño y humilde, hoy Dios te ha de bendecir y te ha de prosperar, porque estamos viendo que en su fe has sido abarcado para la gloria de nuestro Dios, ¡Cómo no pasar ahora por estos lugares, poder recorrer estas iglesias y ver cómo la Iglesia del señor sigue prosperando de esta manera…” –les dijo visiblemente motivado por lo que sus ojos estaban atestiguando– .

“Veo vuestra fe y digo: ¡Qué hermoso reconocimiento tenéis en la Elección!” – y señalando a todos los presentes, alzó sus ojos al cielo y le dijo a Dios: “Ellos han creído que tú me enviaste, ahora veo porque no los has abandonado porque ellos no viven solos, porque ellos viven en tu fe, ellos viven en tu enseñanza, ellos viven bajo el manto de la Elección”. Seguramente como premio al trabajo visible, tanto en el aspecto material en su construcción, como en el aspecto espiritual; pues el templo contaba con una cantidad enorme de visitas que estaban sintiendo la bendición de Dios, les hizo una hermosa y bendita promesa: “Yo sé hermano que todavía falta tiempo para inaugurar esta Casa de oración, pero yo no quiero irme sin decirte: Yo no solamente vengo a verte… yo deseo lo mejor para ti porque ¿Qué padre no desea lo mejor para sus hijos? y yo sé que vosotros me habéis recibido como un Siervo de Dios, sé que sabéis que Dios me ha puesto en la tierra para bendición para anunciar esta palabra de vida eterna, para prosperidad y engrandecimiento de esta Iglesia…”

 

Maravillosa manifestación en las visitas

Haciendo énfasis en la fe de los hermanos en este lugar, continuó diciendo: “En esta fe que vosotros tenéis en Dios en ese reconocimiento, yo quiero doblar mis rodillas y pedirle a mi amigo que los siga bendiciendo, que los siga prosperando, yo veo hoy a las almas que nos honran con su presencia, yo veo que Dios me ha bendecido en ellas – y digiriéndose a las personas que esa tarde visitaron la Iglesia, les dijo: A vosotros les digo que esto no es casualidad, vosotros también estáis destinados a ser Hijos de Dios”.

En ese instante invitó a todos a orar junto con él, para pedir a Dios por la prosperidad de esta iglesia y ésta elevó una oración fervorosa, cómo es característica del pueblo de Dios, pero también las visitas, experimentaron esta comunión de Dios que no se puede explicar con palabras, solamente lloraban, pidiendo a Dios como les era posible.

Al despedirse de los hermanos, visiblemente emocionado en su espíritu, les dijo: “Yo me voy con un grande orgullo, al ver vuestro trabajo en el señor, saber que no has estado de ocioso, sino que es el nombre hermoso que Dios ha puesto en ti, ha sido trabajado por ti… así es que vuestro trabajo material testifica que no estáis de ociosos, pero también hermanos hay una alegría mayor al contemplar vuestra Casa de oración y las almas que yo veo que han pisado hoy en este día, porque más hermoso que este templo, son los corazones que Dios ya está preparando para también darles de la adopción espiritual.

Entonces he visto que Dios ha bendecido este talento, ahora yo le pido: Multiplícalo Señor, engrandécelo y que siga prosperando yo espero en un futuro no muy lejano volver a pasar por estas regiones, volver a pisar este lugar y alegrarme con vosotros en los triunfos que se Dios ya tiene preparado Ejido Mora, los espero el próximo domingo en Tepic para alegrarnos con toda la Iglesia, hasta entonces, la paz de Dios quede con vosotros, la comunión de su hijo amado Jesucristo os siga abarcando en su gracia”.

Al descender del púlpito, antes de retirarse dijo a las personas que visitaban quienes estaban ocupando las bancas de adelante; que no dejaran de asistir a la iglesia, que el próximo domingo los esperaba y les aseguró que pronto también ellos formarían parte de esta Iglesia, porque para eso los trajo Dios.

De esa manera, entre mucha bendición de Dios, el Apóstol y padre en la fe de Jesucristo, se despidió de sus hijos del Ejido Mora, quienes lo acompañaron hasta la camioneta y alzando sus manos le despedían, sin bajar sus brazos, hasta que la caravana apostólica se perdió de su vista, pero quedando con ellos la gloriosa bendición de Dios.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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