Agenda Apostólica

“Huitzila: ¡Qué honor! estar entre ustedes!” exclama, feliz, el Apóstol Naasón Joaquín

(Berea Internacional) — Acá en la Sierra de Zongolica, alejados de la ciudad, donde en la década de los 70´s sufrieron y padecieron persecución, acá el Excelentísimo Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García, honró a los hermanos que al congregarse en una pequeña obra a cargo de la Iglesia de Nogales Veracruz, los calificó como ¡carísimos! y los llamó a más prosperidad.

¡Qué bendición se vivió en esta montaña veracruzana! El Gran Apóstol de Jesucristo no ocultó en ningún momento su alegría ni su orgullo por ver a estos santos y así se los expresó: “Hermanos de Quechulingo, de Teotlalco, de San Miguel Acultzinapa, de Ahuacuitlapa y hermanos de Huitzila, ¡Qué alegría! ¡Qué honor poder hoy estar entre todos vosotros!

“Yo no conocía vuestro testimonio hasta el día de ayer que me platicaba su ministro cómo ustedes empezaron la obra en estas regiones de esta sierra, ¡cuánto tuvieron que padecer, cuánto tuvieron que pasar, cuánto tuvieron que soportar para que la iglesia en este lugar hoy se viera como está: radiante y bella!

“Yo me quedaba asombrado porque a pesar de que erais un grupo muy pequeño aquí en Huitzila y vuestra fe fue probada como se prueba el oro, ¡fuisteis hallados preciosos!, ¡hermosos!, ¡vosotros tenéis un valor más grande que el mismo oro!

“Por eso yo tenía ese deseo de venir a vosotros, el hombre separa hermanos al hombre, por su posición social, o por su dinero, o por el color de su piel pero ¡para Dios no hay posición social!, ¡para Dios no hay riqueza!, ¡para Dios no hay color de piel!, ¡para Dios vosotros sois hermosos! ¡y si para Dios sois hermosos para su hermano Naasón también son hermosos! y hoy vengo a alegrarme con vosotros, con los Hijos de Dios, a decirles, ¡carísimos de Dios!.

“Así es que voltear hermanos hacia atrás y recordar lo que vivisteis en aquel tiempo, en aquella época, en los años 70 y ver ahora el crecimiento que Dios ha dado, podemos decir, ¡Dios cumplió las promesas que le dio a Su Apóstol Samuel! Pero no solamente se detiene ahí estas promesas, ¡también Dios me ha prometido a mí! ¡No veo a un pueblo pequeño, no veo a un pueblo chico, no veo a grupitos pequeños esparcidos por diferentes lugares!, ¡no!, ¡yo contemplo una Iglesia hermosa!, ¡una iglesia grande!, y esta es la promesa que Dios me viene a decir.

“Si hoy ves a este pueblo grande yo lo voy a multiplicar. Quiere decir que vuestro trabajo no termina aquí, al contrario, ¡empieza el tiempo de abundancia!, ¡empieza el tiempo de prosperidad! y vosotros que creísteis en un verdadero apóstol de Jesucristo llamado Samuel Joaquín y que hoy vivís este triunfo yo te digo, sigue unido a tu hermano Naasón porque Dios traerá también el cumplimiento de su promesa”.

Los invitó a cantar una alabanza a Dios y les anunció: “Si vosotros os unís a su hermano Naasón y seguís en esta batalla, no, ya no te van a golpear porque ahora te respetan, ya no te van a despreciar, porque ahora te admiran, porque han visto que esta Iglesia como la luz de la aurora se ha hermoseado día a día, brillante como aquel oro fino que se pulió en el elemento más fuerte que existe que es el fuego ¡y saliste brilloso!, ¡precioso! ¡y valioso! y te han visto como un ejército ordenado, imponente que nadie puede detener, así es que ya no te digo yo vas a seguir sufriendo, no, pero hay que seguir predicando, hay que seguir dando testimonio, hay que seguir hermano extendiendo nuestras tiendas y alargando nuestras estacas porque el tiempo de la abundancia ha llegado y Huitzila y todas las regiones de aquí alrededor, si hoy eres grande, ¡Dios te va a multiplicar!”

Los hermanos de Huitzila están viendo rebosar su copa, hoy, como les dijo el Gran Apóstol de Jesucristo, ¡La victoria es de Cristo! Pues no solo perseveran los hermanos que sufrieron persecución, sino que algunos de quienes los golpeaban, hoy forman parte de la familia espiritual.

Huitzila está de pie, en paz, y en abundancia. El Embajador del Reino de los Cielos, Naasón Joaquín García, les aconsejó que cuando sufran desprecios, recuerden que Dios les ama, que Cristo les ama y Él mismo los ama.

¡Gloria al Señor!