El Apóstol Naasón Joaquín bendice a sus hijos de Santiago de Tulantepec, Hidalgo

(Coordinación de Crónica Apostólica).— El domingo 11 de junio, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, impartió su bendición a la iglesia de la colonia Pedregal de San José, en Santiago de Tulantepec, Hidalgo, durante su histórica visita vespertina.

La imponente construcción fue del agrado del Apóstol del Señor, quien, al estar recorriendo el majestuoso santuario de la Iglesia La Luz del Mundo que los hermanos están construyendo en esa localidad, con capacidad para 600 personas, fruto de la liberalidad y fe de esa Iglesia —en donde se congregan alrededor de cien miembros—. El predio en el que se erigió fue donado por el hermano Rafael Villalba, una de los primeros hermanos que aceptaron el Evangelio de Jesucristo en la entidad.

Mientras el Apóstol caminaba por el interior del edificio que aún está en obra negra, el hermano Cosme Sánchez M., encargado del Pedregal de San José, le informó del diseño del templo, así como de la parte externa, cuya calle lateral llevará el nombre de Privada Apóstol Naasón Joaquín García, nomenclatura que ya fue autorizada en el proyecto arquitectónico de este santuario.

Luego de recorrer el lugar, el Siervo de Dios se dirigió a los hermanos que se regocijaban en el Señor, durante el desarrollo del servicio de adoración, presidido por el hermano Adoraim Joaquín y el P.E. Leandro Ramírez, en su Punto doctrinal. El júbilo de los hermanos se desbordó aún más, al ver al padre en la fe tomar su ministerio y dirigirles unas palabras de bendición.

El Apóstol de Jesucristo expresó que estaba feliz al ver la magnífica obra de fe y amor que están construyendo para la gloria de Dios y bienestar de la Iglesia que ahí se congrega y para la que será atraída por la belleza del templo. Agregó que se sentía muy orgulloso del trabajo, esfuerzo y sacrificio de los hermanos al levantar esa hermosa Casa de Oración, manifiesta respuesta de Dios a la promesa de crecimiento de la Iglesia, igualmente será una de las primeras iglesias de las cuales se dará testimonio del cumplimiento de las promesas de Dios.

Y agregó: “Vengo a decirte que en ese orgullo y alegría que siento, espero que cuando este templo esté terminado me aviséis porque quiero venir a inaugurarlo y quiero sentir esa alegría y orgullo de decir: yo conozco a esta Iglesia, pequeña, pero que tiene una hermosa fe y una visión de futuro”.

Les anunció que muy pronto ese templo será insuficiente, porque conforme alarguen sus estacas y extiendan sus tiendas, así Dios los va a multiplicar. Los invitó a unirse en una oración en la que deseaba solicitarle al Creador que los fortalezca en su fe y ánimo para seguir adelante. Niños, ancianos y visitas que acompañaban a los hermanos, doblaron sus rodillas y con fervor espiritual glorificaron al Señor por tan hermosa bendición, después de la cual el Apóstol bendijo a la Iglesia y a los hermanos que con liberalidad aportaron para la ampliación del terreno, así como para levantar el templo.

“¡Que cumpla Dios en ellos su promesa de prosperidad¡; y así será, porque no he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan (v. Salmo 37:25). Me voy orgulloso, feliz de este lugar y contaré este hermoso testimonio, fruto de la fe de cada uno de vosotros. ¡Santiago de Tulantepec, Dios te siga bendiciendo en el nombre de Cristo Jesús!”.

En la casa pastoral que acondicionaron para atenderlo, el Apóstol volvió a comentar la sorpresa y alegría que recibió al conocer el proyecto de los hermanos y su fe, virtudes del poder de Dios y de las maravillas que ha hecho con su iglesia, para la que no limita sus bendiciones, pues Él quiere engrandecer la Iglesia para gloria de Dios. Igualmente, el trabajo y esfuerzo tampoco se detiene en la Iglesia del Señor, porque cuando esto ocurra significará que Dios ya no está en este lugar, afirmó.

Al hermano ministro de Tulantepec, le dirigió palabras de alegría y bendición, para que su ánimo de trabajar no disminuya y agregó que espera verlo con la misma decisión de aquellos valientes de los ejércitos de David, quienes frente a los obstáculos de una ciudad sitiada por los filisteos, entraron por agua y buscaron darle una satisfacción al rey David, como un verdadero guerrero e hijo en la fe (v. 2 de Samuel 23:15-16).

Cuatro días antes, el 7 de junio, el Siervo de Dios transitó cerca de allí cuando iba rumbo a Tulancingo,y los hermanos lo esperaron a orillas de la carretera con palmas y carteles, por lo que llamaron su atención y detuvo su automóvil para saludarlos. Cuando supo que ellos estaban construyendo una obra que sobrepasa por mucho a su membresía, sintió el deseo de visitarlos.

“Su esfuerzo y sacrificio me obligan a decirles que me siento muy feliz al ver su obra —dijo el Ungido del Señor—, y como se los prometí, cuando terminen me informan, porque me gustaría inaugurar este templo, construcción que servirá como ejemplo para las demás iglesias, a fin de que también busquen extender y alargar sus tiendas para la llegada de las cientos de miles de almas que aceptarán el Evangelio de Cristo, como lo ha prometido el Señor”.

Ya para subir a su automóvil y partir, los hermanos le llevaron un presente, que recibió como fruto del amor y esfuerzo de sus hijos en la fe; lo agradeció y agregó que lo aceptaba y deseaba ofrecerlo para la continuación de la Obra Señor, en la construcción de ese majestuoso templo que muy pronto espera ver concluido, para regresar a consagrarlo a la gloria de Dios. Los hermanos expresaron su gratitud, con fervorosas manifestaciones y exclamaciones de reconocimiento.

La Iglesia de Santiago Tulantepec, comenzó en la década de 1980, cuando los hermanos de Tulancingo evangelizaron al hermano Antelmo Velazco Huerta, quien es el primer creyente, seguido por su progenitora, la hermana Romana Huerta Gallegos. Ahora que su tiempo ha llegado y que el templo y los atrios fueron pisados por un Apóstol de Jesucristo, esta Iglesia se multiplicará en gran manera porque ha sido de Dios bendecida en labios de su Apóstol y con su grata visita.

Fuente: Coordinación de Crónica Apostólica.

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